¿QUÉ ES LA LIBERTAD? O LIBRE ALBEDRÍO

Ante las restricciones impuestas a la población a causa de la pandemia por algunos gobiernos  no pocas personas protestan porque consideran vulneradas sus libertades. Libertades que consistirían en hacer turismo, en ir al restorán a comer o al bar a tomar el aperitivo. El error de esa gente consiste en creer que son personas  libres y no saben que nunca lo fueron.

¿QUÉ ES LA LIBERTAD? O LIBRE ALBEDRÍO

 

Ante las restricciones impuestas a la población a causa de la pandemia por algunos gobiernos –algunas justificadas y otras no-  no pocas personas protestan porque consideran vulneradas sus libertades.

Libertades que consistirían en hacer turismo, en ir al restorán a comer o al bar a tomar el aperitivo.

El error de esa gente consiste en creer que son personas  libres y no saben que nunca lo fueron, con o sin pandemia.

Debieran preguntarse qué es la libertad o, dicho en otros términos, qué es  el libre albedrío.

Mi respuesta a esa pregunta la escribí en un fragmento de mi libro El colapso del progresismo y el desvarío de las izquierdas.Ediciones La Carreta Colombia, publicado en Buenos Aires por la Editorial Dunken con el título El papel desempeñado por las culturas dominantes en la preservación del orden vigente y que se encuentra en interrnet: https://www.surysur.net/teitelbaum-el-colapso-del-progresismo-y-el-desvario-de-las-izquierdas/

 Allí escribí:

…Los hechos no se perciben con la mente en blanco, sin ideas previas. La percepción de la realidad está condicionada en todos los seres humanos por conceptos anteriores, por categorías inscritas en la mente por la educación que se ha recibido, por el medio ideológico y sociocultural dominante en que se vive, etcétera. Un trabajador manual o intelectual, por el sólo hecho de serlo, no siempre tiene conciencia de que es un explotado y que su compromiso debería ser luchar colectivamente por abolir la explotación. E inversamente ese automatismo tampoco funciona cuando un individuo o grupo, cualquiera sea su clase social, alcanza a superar la conciencia espontánea que le impone la ideología y la cultura capitalista hegemónicas y logra tomar conciencia de las contradicciones inherentes al sistema capitalista y de su nefasta esencia explotadora, no sólo de los seres humanos sino del hábitat natural de éstos. 

Y en todos los dominios de la actividad humana (laboral, cultural, educacional, filosófica, política, científica, etc.), esa percepción de la realidad está mediada por la ideología y cultura hegemónicas, inherentes al sistema capitalista: la conciencia espontánea de la gran mayoría de la gente –su visión del mundo– está conformada por la ideología y la cultura dominantes. 

El biólogo francés Henri Laborit escribe que le parece indispensable tener conciencia del determinismo biológico, pues las cosas son: no son ni verdaderas ni falsas, ni justas ni injustas…más allá de los condicionamientos del sistema nervioso humano que les atribuye esas cualidades. 

Sigue diciendo Laborit que según la experiencia que tenemos, que varía según nuestra clase social, nuestra herencia genética, nuestra memoria semántica y personal, las clasificamos jerárquicamente en una escala de valores que es la expresión de nuestros innumerables determinismos. 

“Nuestros determinismos sociales son dominantes, porque las sociedades, como todas las estructuras vivientes, tiene tendencia a mantener el estado en que se encuentran para preservar su existencia, sometiendo al individuo a sus prejuicios, sus preceptos, sus ‘valores’. Tal sujeto está –se dice– equilibrado con su medio, estado ideal porque no será el origen de ninguna revuelta. No tendrá siquiera necesidad de pensar…”.[1] 

Sostiene Laborit que tal comportamiento, que evita recurrir a construcciones imaginativas de nuestro cerebro estructurante, ha sido muy útil a través de ciertas etapas de la humanidad, cuando el ser humano debió defenderse rápida y eficazmente contra las agresiones del medio exterior. Pero ahora –que el ser humano puede dominar el medio– dicho comportamiento ha perdido su finalidad primera. Sin embargo –resumimos la exposición de Laborit– el dominio sobre el medio dio lugar a la aparición de la acumulación y del capital y “es difícil imaginar un capital que no se constituya para acrecentarse”. El resultado es la persistencia de un comportamiento (en la gran mayoría de los seres humanos, agregamos nosotros) determinado por el sistema dominante y el bloqueo del surgimiento del “hombre imaginante”, capaz de pensar una sociedad diferente. 

En ese sentido, puede leerse en el libro de Laborit La nouvelle grille esta excelente síntesis de la cuestión: 

“En resumen, ¿dónde situar a la clase de los “trabajadores” y sus intereses de clase? Es probable que un cuadro superior o un obrero especializado, puedan tener conciencia, o no, de pertenecer al proletariado, a la clase de los “trabajadores”, según las satisfacciones –o insatisfacciones– de dominación jerárquica que sientan. 

En la clase obrera existen perfectos burgueses y felices de serlo, aunque sean excplotados y despojados de su plusvalía, del mismo modo que existen en la burguesía auténticos proletarios y orgullosos de serlo, aunque por otra parte aprovechen plenamente de su poder económico y político que consideran equitativo porque no discuten la existencia de un poder jerárquico, sino su modo de distribución”.[2] 

Marx, escribió en la Ideología alemanaLas ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época. Por ejemplo, en una época y en un país en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesía, en que, por tanto, se halla dividida la dominación, se impone como idea dominante la doctrina de la división de poderes, proclamada ahora como “ley eterna”.[3] 

La ideología y cultura dominantes forjan y mantienen su hegemonía mediante lo que Gramsci, siguiendo a Hegel [4] y a Marx, denominó la “sociedad civil”: el gran capital, los medios de comunicación controlados por aquél, la parte de la intelectualidad y de las diferentes organizaciones sociales al servicio del sistema, funcionando junto al Estado pero fuera de él como aparatos de dominación económica, hegemonía ideológica y control social. 

Las técnicas para mantener la hegemonía de la ideología capitalista han adquirido jerarquía científica. Los mecanismos de manipulación mental son objeto de trabajos académicos y de seminarios internacionales, (i.e.: el Laboratorio de tecnología persuasiva de la Universidad de Stanford) que ya hemos mencionado en el punto 1 del Capítulo referido a Habermas. También hemos citado, en relación con este tema, a Alain Accardo (Notre servitude involontaire, Edit. Agone, Francia, 2001), a Lars Svendsen (Lars Svendsen, Le travail. Gagner sa vie, à quel prix? Editions Autrement, Paris, setiembre 2013), a Armand Mattelart (Historia de las teorías de la comunicación”, “La invención de la comunicación y “Communication and Class Struggle: Para un análisis de clase de la comunicaciónIntroducción a Comunicación y lucha de clases, vol. 1 (Cooperativa Gráfica El Río Suena, Buenos Aires 2010) a Enrique Pichon-Rivière y Ana Pampliega de Quiroga (Psicología de la vida cotidiana) y a Hans Magnus Enzensberger (Culture ou mise en condition? Collection 10/18, Paris 1973). 

Un medio muy importante de dominación ideológica y cultural es el idioma. Existen desde siempre una serie de expresiones que tienen un preciso contenido ideológico que confortan el orden establecido. Políticos, economistas, periodistas, etc., crean y popularizan otras expresiones o cambian el sentido habitual de algunas en función de la necesidad del sistema dominante de enmascarar la realidad y mantener el consenso de las mayorías. 

Víctor Klemperer, escritor y filólogo alemán que sufrió persecución bajo el nazismo a causa de sus orígenes judíos, escribió un libro donde muestra a través de anécdotas, pasajes y lecturas, las palabras más mencionadas por las autoridades del Tercer Reich (y por el pueblo que, sin reflexionar sobre las mismas, las repetía) como ‘heroísmo’, ‘fanatismo’, ‘eternidad’, entre muchas otras, unidas a diversas ideas que fueron conformando la teoría (y la práctica) del nazismo. 

Según Klemperer, “el nazismo se introducía en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, de formas sintácticas que imponía repitiéndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente”.[5] 

Eric Hazan, en su libro LQR, (Lingua Quintae RepúblicaeLa propagande au quotidien, Editions Raisons d’Agir, Paris, 2006, se inspira en el trabajo de Klemperer para analizar la actual “novlange” en Francia. Se ha dicho, con razón, que cada idioma o grupo de idiomas contiene una estructura propia de pensamiento. No cabe duda que actualmente el inglés es la lengua vehicular a escala mundial, propulsada en los últimos decenios por las comunicaciones y los juegos electrónicos y utilizada de manera predominante en todos los medios: artísticos, políticos, culturales, científicos, etc. Esta situación produce un doble efecto: por un lado se imponen los contenidos ideológicos de muchas expresiones utilizadas comúnmente en inglés y las estructuras mentales propias de ese idioma y por el otro se pierde, por no uso, la diversidad ideológica y estructural de otros idiomas. Además, teniendo en cuenta la interrelación dialéctica entre el lenguaje y el pensamiento, el predominio del inglés como “lingua franca” conduce a una especie de pensamiento único mundial, como sostiene el lingüista francés Claude Hagège.[6] 

Cabe agregar que la “twitterización” del lenguaje, es decir su empobrecimiento extremo, conduce inevitablemente al empobrecimiento del pensamiento.[7] Las redes de comunicación electrónica como Facebook, suelen tener consecuencias negativas para el ejercicio de la conciencia reflexiva o introspección,[8] uno de los elementos fundamentales (el otro es la comunicación externa) del desarrollo de la conciencia y la formación de la personalidad. En efecto, el momento indispensable de la introspección (¿quién soy? ¿qué hago? ¿qué haré?) es suplantado por la comunicación irreflexiva a terceros (a veces a una cantidad indeterminada de personas desconocidas) de esas cuestiones existenciales. 

Evgueni Morozov, un intelectual de origen bielorruso residente en Boston, respondió a un reportaje que se publicó en El Pais Semanal (España) el 21/12/2015 (http://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450358550_362012.html ) 

El reportaje comienza así: Fue a mediados de la década de los años 2000, en los días en que Morozov vio cómo los blogs y los mensajes de texto espoleaban la “revolución naranja” de Ucrania y el crowdfunding avivaba la campaña del candidato demócrata norteamericano Howard Dean. Poco tardó en darse cuenta de que las nuevas herramientas tecnológicas también podían ser usadas por los Gobiernos para vigilar, generar propaganda y manipular la conversación en las redes. Fruto de estas reflexiones fue El desengaño de Internet (Editorial Destino, 2012), libro en el que se mostraba escéptico sobre la capacidad de las redes de ser instrumento de cambio político. Un escepticismo que se expande en su nuevo libro, La locura del solucionismo tecnológico (Editorial Clave Intelectual, 2015). 

A continuación, algunos de los comentarios de Morozov en el mencionado reportaje: 

Silicon Valley hizo una especie de alianza en los setenta con intelectuales. Siempre habrá gente, a los que llamaré idiotas útiles, que intentarán capturar el zeitgeist [espíritu de la época]. Habrá libros, conferencias y charlas para que esos intelectuales puedan hacer de portavoces de la causa. Silicon Valley promueve mininarrativas. Nos habla de la web 2.0 y, cuando se agota, habla del Internet de las cosas, de la economía colaborativa…Identifican pequeños fragmentos, ocupan el debate durante dos años y luego salen con una nueva historia. No hay mucho contenido en esas narrativas. He trabajado durante suficiente tiempo en esto como para decir que son tonterías. Después de la economía colaborativa vendrá la economía solidaria, de los cuidados. Lo que nos dicen estas empresas es falso. Cuando voy por ahí diciendo que para entender a Silicon Valley hay que mirar a Wall Street, al Pentágono, a las finanzas, a la geopolítica o al imperialismo, les resulta incómodo escucharlo porque prefieren hablar de los fondos de capital riesgo, de los emprendedores, del garaje de Steve Jobs, del LSD… 

Esos dispositivos que usamos, llamados inteligentes, ¿nos pueden convertir en más estúpidos? Hay que impugnar la palabra inteligente. Me gusta aplicar una perspectiva histórica. Muchos de los dispositivos inteligentes que nos rodean reflejan intereses y compromisos de la gente que los fabrica o configura. El motivo por el que la gente comprueba una y otra vez su Facebook Twitter en el teléfono es que los sistemas han sido diseñados para crear esas dependencias. El modelo de negocio de este tipo de servicios es así. Cuantos más clics hago, más valioso soy; ocurre, casi, como con el condicionamiento de Pavlov. Cuantos más clics míos consiguen, más dinero hacen conmigo, lo que hace que diseñen los servicios para maximizar esos clics. Yo tengo una perspectiva cínica, banal y racional de que el dinero es lo que rige el mundo. Y eso explica el modo en que se conciben los servicios. ¿Que ese sistema nos distrae y dificulta que nos centremos? Por supuesto. ¿Es un problema de los dispositivos inteligentes? No. Es cuestión del modelo de negocio. Me niego a creer que no haya otra manera de generar comunicación entre la gente sin generar distracción. Sería la derrota final de la imaginación”. 

Una de las últimas novedades en la materia es el Pokemon Go, que hemos mencionado en la nota 9.  

Jacques Rancière, conocido filósofo francés y profesor emérito de la Universidad de Paris VIII, teoriza sobre la explotación capitalista cuando afirma que no hay que explicarles a los trabajadores qué es la plusvalía y la explotación, pues basta que ellos mismos se piensen capaces de vivir en un mundo sin explotación: 

“…Desde que comencé a trabajar sobre la historia del pensamiento obrero me resultó una evidencia que nunca se ha necesitado explicarle a un trabajador que es la plusvalía o la explotación. El problema para ellos no es “tomar conciencia” de la explotación, sino, al contrario, poder “ignorarla”, es decir poder deshacerse de la identidad que dicha situación les confiere y pensarse capaces de vivir en un mundo sin explotación. Eso es lo que significa la palabra emancipación”. 

(Entrevista a J. Rancière: http://www.philomag.com/article.entretien.jacques-ranciere-il-n-y-a-jamais-eu-besoin-d-expliquer-aun-travailleur-ce-qu-est-l-exploitation.375.php ). 

Dicho de otra manera (más vulgar): frente a la explotación capitalista la solución para los trabajadores es “no darle bola” y “pensarse capaces de vivir en un mundo sin explotación”.[9] Y esperar tiempos mejores. Rancière, que es otro “maître à penser” de no poca gente que se cree de izquierda, hace de la idea de la explotación y no de la explotación misma, el sujeto de la problemática. De modo que basta con ignorar la explotación para resolver el problema.---- 

 

 

[1] Laborit, Henri, L’homme imaginant, essai de biologie politique, Union Générale d’Editions, 1970, págs. 16-17. 

[2] Laborit, Henri, La nouvelle grille, Edic. Robert Laffont, Francia, 1987, págs. 184-185. 

[3] Marx, Ideología alemana, Cap.I.A. 2. Sobre la producción de la conciencia. 

[4] Hegel a veces la denominaba sociedad civil y otras, más claramente, sociedad burguesa (bürgerliche Gessellschaft). 

[5] Víctor Klemperer, Lingua Tertii Imperii, La lengua del Tercer Reich. Reflexiones de un filólogo. Editorial Minúscula, Barcelona, 2001). 

[6] Claude Hagège, Contre la pensée unique, Edit. Odile Jacob, enero 2012. 

[7] Existe una interdependencia o relación dialéctica entre la expresión oral y escrita y la formación del pensamiento lógico, la capacidad de abstracción y de conceptualización y la capacidad de diferenciar lo real y lo virtual. Lev Vigotsky escribe: Todas las funciones psíquicas elementales habitualmente relacionadas con el proceso de formación de conceptos participan de hecho en él, pero de un modo completamente diferente. No se desarrollan como procesos independientes según la lógica interna de sus propias leyes, sino como procesos mediados por el signo o la palabra, como procesos orientados a resolver una tarea dada, formando parte de una combinación nueva, una nueva síntesis en la cual, cada uno de los procesos participantes adquiere su verdadero valor funcional. En relación con el problema del desarrollo de los conceptos, esto significa que ninguno de estos procesos, ni la acumulación de asociaciones, ni el desarrollo de la capacidad y de la estabilidad de la atención, ni la combinación de ideas, ni las tendencias determinantes, por muy desarrollado que esté, puede por separado llevar a la formación de conceptos.Por consiguiente, ninguno de esos procesos puede ser tomado como el factor evolutivo determinante, esencial y decisivo del desarrollo de los conceptos. El concepto es imposible sin palabras, el pensamiento en conceptos es imposible sin el pensamiento basado en el lenguaje. El aspecto nuevo, esencial y central de todo este proceso, que puede ser considerado con fundamento la causa de la maduración de los conceptos, es el uso específico de la palabra, la utilización funcional del signo como medio de formación de conceptos. (Vigotsky, Pensamiento y Lenguaje, pag 72 de la edición electrónica http://www.ateneodelainfancia.org.ar/uploads/Vygotsky_Obras_escogidas_TOMO_2.pdf ) Jean Piaget, con un enfoque diferente al de Vigotsky, resaltó también la íntima relación entre el pensamiento y el lenguaje (Piaget, J. e Inhelder, B. (1968). Psicología del niño; Piaget, J. (1968/1976). El lenguaje y el pensamiento en el niño. Estudio sobre la lógica del niño (I), etc. Michel Desmurget proporciona estadísticas sobre los efectos extremadamente nocivos del sobreconsumo de televisión y de la utilización del lenguaje twitter sobre los niños y los adolescentes franceses (Desmurget, TV Lobotomie, la vérité scientifique sur les effetts de la televisión.Edit J‘Ai Lu, Paris, reedición septiembre 2013). 

[8] La introspección o percepción interna tiene como fundamento la capacidad reflexiva que la mente posee de referirse o ser consciente de forma inmediata de sus propios estados. Cuando esta capacidad reflexiva se ejerce en la forma del recuerdo sobre los estados mentales pasados, tenemos la llamada “introspección retrospectiva”; pero la introspección puede ser un conocimiento de las vivencias pasadas y también de las presentes, de las que se dan conjuntamente y en el presente del propio acto introspectivo. 

[9] Rancière parece adherir a la teoría del “constructo”. Véase nota 3. 

 Como escribió el poeta Nicolás Guillén:

Te faltó quien viniera,…
y al oído te dijera:
«Eres esclavo, esclavo
como esos bueyes gordos,
ciegos, tranquilos, sordos,
que pastan bajo el sol meneando el rabo

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