Colombia: cómo avanzar desde la izquierda

Pasadas las elecciones presidenciales en Colombia, viene la hora de los balances. Más allá de la actualidad, siempre convulsionada, este escrito comenta los resultados electorales y señala pistas para que las fuerzas progresistas sigan avanzando en este país.

En la primera parte, un poco de memoria nos permitirá entender mejor el momento que estamos viviendo; la segunda parte muestra que el buen resultado de Gustavo Petro en junio de 2018 es el fruto de un acumulado histórico; la tercera parte comenta el resultado electoral y emite dos hipótesis sobre el voto de izquierda; la cuarta y última señala algunos desafíos pendientes (*).

1. Lo que se ha avanzado y porqué

La coyuntura electoral del 2018 recuerda fuertemente la de 2010. Salíamos del segundo mandato uribista, que había dejado una estela de crímenes, mafia, señalamientos ampliamente documentados. El candidato de los “tres huevitos” de Uribe era su ministro de defensa Juan Manuel Santos, que había proclamado su orgullo de haber bombardeado a las Farc en territorio ecuatoriano (violando reglas internacionales), y bajo cuyo mandato se había sistematizado la práctica de las ejecuciones de hombres jóvenes de la periferia para hacerlos pasar por guerrilleros (caso de los “falsos positivos”). En vísperas de la primera vuelta de 2010, el candidato Santos representaba la continuación del uribismo y sus políticas neoliberales, la corrupción de la clase política y una alta incertidumbre con la paz.

En contraste, la candidatura de Antanas Mockus fue percibida como una real alternativa, que despertó entusiasmo y atrajo a amplios sectores, en particular jóvenes y estudiantes, con una campaña activa por las redes sociales. Para la primera vuelta, sin embargo, las fuerzas tradicionales y el uribismo lograron la mayoría (70%). Santos obtuvo el 47% de los votos, y Mockus tan solo el 21%. La suma de las fuerzas progresistas (Antanas Mockus + Gustavo Petro y eventualmente Rafael Pardo (1) fue de 30% a 35%.

Ocho años después (2018), Colombia ha vivido una campaña intensa. Después de deliberaciones internas (Coalición Colombia) y de una consulta partidista (Colombia Humana), los sectores progresistas escogieron las candidaturas de Sergio Fajardo y Gustavo Petro. Como en el 2010, amplios sectores ciudadanos se motivaron y animaron esta contienda electoral, pues se trataba de evitar a toda costa el retorno del uribismo, esta vez bajo los ropajes de un candidato desconocido (Iván Duque). En la primera vuelta, estas dos candidaturas (más la de Humberto de la Calle, liberal) obtuvieron el 50% de la votación. Hubo, por lo tanto un progreso significativo de las fuerzas progresistas en este lapso.  

Otra manifestación de los cambios logrados tienen que ver con los resultados de Bogotá en la primera vuelta de 2010 y en la de 2018. Quizá no se recuerda: en aquel momento, Santos ganó en 16 de las 20 localidades de la ciudad, en Corferias y en las cárceles. El segundo fue Mockus, que ganó en tres localidades: Chapinero, Barrios Unidos y Teusaquillo. Germán Vargas Lleras (2) obtuvo la tercera votación y Petro, sólo la cuarta. Esto contraste fuertemente con lo que sucedió en el 2018. Como sabemos, en la primera vuelta Fajardo obtuvo el 34% y Petro el 30% de los votos. Su rival de derecha, Duque, obtuvo mayorías sólo en tres localidades (Usaquén, Teusaquillo y Mártires), donde casi empató con Fajardo. Es decir que las dos fuerzas progresistas sacaron, juntas, 64%.

Por último, una tercera evidencia de los cambios se refiere al nivel de violencia registrado. En el 2010, para seguir con el mismo momento electoral, la Misión de Observación Electoral, MOE, había detectado 420 municipios en riesgo, el 38% de los municipios del país. En 2018, eran 305, el 27% de los municipios del país. Aunque sigue siendo un nivel alto para una democracia, el informe de la MOE afirma que “estas elecciones [2018] registran el menor nivel de riesgo de violencia desde que la MOE hace esta medición”.

 2. El buen resultado de 2018 es fruto de un acumulado histórico:

El resultado de la segunda vuelta es histórico: nunca un candidato de izquierda había estado tan cerca de disputar la Presidencia. Es innegable que Petro tiene un gran carisma y que fue la figura de estas elecciones. Sin embargo, sería un error atribuirle solamente al candidato este triunfo. El resultado electoral es el fruto de un acumulado histórico, electoral y de movilización social. En el frente electoral, desde 1982 ha habido intentos para que exista una izquierda en el espectro político. Como bien sabemos los colombianos, esta lucha ha cobrado muchas vidas. Sobre este acumulado histórico se han consolidado, en años recientes, las candidaturas de la izquierda.

Porcentaje de votos por candidatos de izquierda en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez Porcentaje de votos por candidatos de izquierda en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez

Esta gráfica muestra también que los resultados del candidato pueden variar en función de la coyuntura: el mismo Petro tuvo 9% en 2010 y 25% en 2018. Paralelamente, Carlos Gaviria obtuvo una proporción alta (22%) en el año 2014, muy cerca del 25% de Petro en 2018. Las candidaturas de las fuerzas de izquierda no giran, por tanto, en torno a la presencia de un solo candidato. Por fortuna existe un abanico de posibilidades, y son las circunstancias las que definen el candidato idóneo.

Ahora, si incluimos también a los candidatos que no vienen de los partidos tradicionales, aunque no son necesariamente de izquierda en lo económico, obtenemos el siguiente gráfico:

Porcentaje de votos por candidatos de izquierda y alternativos en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez Porcentaje de votos por candidatos de izquierda y alternativos en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez

Desde la candidatura de Gustavo Rojas Pinilla en 1970, a las de Luis Carlos Galán (3) y las de Noemí Sanín en los noventa, a las de Mockus y los verdes (4) en los años 2000, las tercerías se han hecho escuchar (27% en 1998 con Noemí Sanín (5), 21% en 2010 con Mockus). Y como sucede con las candidaturas de izquierda, no hay figuras atadas a estos sectores: la prueba son Noemí Sanín y Mockus, que logran las mejores y también las más bajas votaciones de estos sectores a cuatro años de diferencia. En suma, tanto en la izquierda como entre los progresistas, son las circunstancias las que definen el mejor candidato.

En la gráfica siguiente se aprecia el resultado consolidado de las opciones de izquierda y tercerías. Como se ve, se tardó mucho en recobrar los niveles alcanzados en 1970: en esa fecha, la candidatura disidente de Gustavo Rojas Pinilla había alcanzado el 40% de la votación total. A partir de ahí, y tras el robo de esta elección, el sistema se cierra y solamente en el cambio de siglo despunta, de nuevo, una tercería. En los años 1998-2014, la unión de izquierda y otros sectores alternativos tiene un nivel promedio de 21% de los votos, (su nivel máximo de 30% del total del voto). En 2018, por primera vez la suma de estas opciones alcanza casi el 50% de los votos.

Porcentaje total de votos suma izquierda + alternativos en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez Porcentaje total de votos suma izquierda + alternativos en Colombia (1970-2018) © OL Gonzalez

En otro plano, es evidente que los resultados electorales de la izquierda desde hace unos veinte años, y en particular la tendencia a aumentar su proporción de votos, están relacionados con la fuerte movilización que ha tenido Colombia en los años 2000. Los movimientos sociales de mujeres, víctimas, el movimiento indígena, el movimiento negro han desplegado acciones por todo el territorio, y desde hace varios años. A estos se suman movimientos más recientes, como el de los jóvenes por la educación, el de las dignidades campesinas, el movimiento LGBT o las huelgas locales. En la sección siguiente se verá cómo estas movilizaciones se articulan con este aumento del voto de izquierda.

3. Tres observaciones y dos lecciones de estas elecciones

A. Tres observaciones:

Aunque falta aún analizar más en detalle las bases de datos de las elecciones, se pueden desde ya observar tres tendencias interesantes y que merecen ser tenidas en cuenta en el futuro:

  • Como ha sido señalado por otros analistas, salvo la región Pacífico (Cauca y Nariño) y, parcialmente, la región Caribe, la derecha domina en todas las regiones de Colombia. En el gráfico siguiente de John Guerra, que se puede consultar en línea, se ve el abultamiento de los municipio en torno a la candidatura de Iván Duque en la mayoría de las regiones de Colombia:

 

Voto en la segunda vuelta por regiones y tamaño del municipio © John Guerra Voto en la segunda vuelta por regiones y tamaño del municipio © John Guerra

  •  Duque aventaja fuertemente a Petro en los municipios pequeños (de menos de 50 mil votantes inscritos) y moderadamente en los municipios de tamaño medio (entre 50 mil y 100 mil votantes inscritos).

En efecto, el voto en los cerca de 1 100 municipios de menos de 50 mil votantes potenciales (que a su vez representan un tercio de los votantes) fue en su mayoría para Duque. En estos municipios, el 62% de los votantes lo hicieron por Duque, y tan sólo 38% por Petro. El nuevo presidente le sacó una ventaja a su rival de cerca de 1 millón y medio de votos. Es decir que el país rural, en su mayoría, no apoyó a Petro en esta ocasión.

En los 100 municipios de más de 50 mil votantes inscritos, que representan dos terceras partes de los votantes, Duque también obtuvo una ventaja sobre Petro, aunque inferior. Obtuvo 53% de los votos, frente a 46% de Petro, y le sacó a su rival una ventaja de casi 900 mil votos.

Si se toma en cuenta el acumulado de votos de las 5 ciudades más pobladas del país (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena), Petro logra aventajar a Duque. Esta ventaja se acorta con las siguientes 5 ciudades más pobladas (Cúcuta, Bucaramanga, Ibagué, Pereira y Villavicencio).

En suma, es correcto afirmar que el país más rural es mucho más favorable a Duque. Sin embargo, sería incorrecto afirmar que las principales grandes ciudades son favorables a Petro, pues en realidad en varias de estas grandes ciudades apoyaron masivamente a Duque.

  • En varios departamentos donde Duque ganó de forma contundente (Santander, Tolima, Huila, Caldas, Quindío, Meta, Casanare) las capitales votan de manera mucho más progresista que la mayor parte de los municipios de esos mismos departamentos. En estos gráficos de John Guerra se puede corroborar esta información.

 B. Dos lecciones

Lección 1: El voto de las grandes ciudades parece estar correlacionado con el estrato social

A continuación quiero ilustrar este punto con el caso de Bogotá. El siguiente mapa da cuenta de la división por estratos socioeconómicos de la ciudad (6). Esta es una situación que los colombianos conocen bien: las ciudades están segmentadas por estratos socio-económicos. Inicialmente, esta división buscaba, desde la institucionalidad, tener una mejor distribución de los subsidios (los estratos bajos tienen subsidios, los estratos altos no). Además de esta dimensión práctica, los estratos tienen otros niveles de significación. Son una de las formas en que los habitantes de las ciudades establecen fronteras de clase (con todo lo que esto conlleva, niveles de ingreso, formas de vida, simbología, etc). En el imaginario sobre Bogotá, el “sur” es donde dominan las clases bajas, los barrios con menor poder adquisitivo y menor valor de los bienes raíces. Paralelamente, el “norte”, o al menos fracciones muy especificas del “norte”, son los sectores de la ciudad donde hay mayor poder adquisitivo y donde la finca raíz alcanza los precios más altos de la ciudad. Veamos el mapa de la estratificación de Bogotá, donde cada color es asociado a uno de los 6 estratos:

Estratificación de Bogotá por localidades Estratificación de Bogotá por localidades

Ahora, si nos detenemos en el siguiente esquema (7), que da cuenta del voto en la primera vuelta en esta ciudad, vemos que la votación reflejó esta compartimentación socio-económica. En las localidades donde predominan los estratos 0 al 3, la votación por Petro fue masiva. En las localidades donde predominan los estratos 3 y 4, la votación por Fajardo fue masiva. Por último, Duque gana en las localidades donde hay mayor presencia de estratos altos.  

Resultado voto Bogota primera vuelta por localidad © El Espectador Resultado voto Bogota primera vuelta por localidad © El Espectador
 Si ahora nos detenemos en la segunda vuelta, vemos que el voto por Petro en los barrios del sur se ratifica y alcanza unos niveles muy altos, como se ve en este cuadro, donde figuran las localidades del sur donde ganó Petro desde la primera vuelta:

Porcentaje de votos en la segunda vuelta en localidades del sur de Bogotá © OL Gonzalez Porcentaje de votos en la segunda vuelta en localidades del sur de Bogotá © OL Gonzalez

Estas seis localidades que le dieron un cómodo triunfo a Petro se caracterizan por ser de las más abultadas en términos demográficos. Sumadas, tienen un potencial electoral de cerca de un millón setecientas mil personas, o sea casi una tercera parte del potencial de Bogotá (8).

Este resultado electoral de Petro es muy importante y merece ser tomado muy en serio, sobre todo si se tiene en cuenta el contexto en que se produjo. Recordemos dos hechos electorales anteriores: 1) en el año 2010, Santos logró la mayoría en estas localidades, mientras que Petro tuvo un mal desempeño. En Bosa, por ejemplo, llegó de tercero, por detrás de Santos y de Mockus. 2) En tres de esas localidades del sur de la ciudad (Ciudad Bolívar, Usme y Bosa) el referendo obtuvo una mayoría de “No”.

Si bien no disponemos en este momento de todas las bases de datos electorales del conjunto de ciudades de Colombia, nos atrevemos, con base en esta evidencia empírica, a formular la siguiente hipótesis: Petro obtuvo sus mejores resultados en los sectores populares de las grandes ciudades. Creemos que su discurso electoral, si bien buscó no identificarse con la palabra “izquierda”, de connotación complicada en Colombia (9), sí se centró en temas que son importantes para los sectores populares, como el de la desigualdad.

De hecho, puede parecer paradójico que al cabo un año y medio haya ganado el candidato más cercano a las posiciones del “Sí”, y con porcentajes muy abultados. Pensamos que esto se explica por la forma que tomó la campaña: Petro evitó centrarse en dos temas frente a los cuales los sectores populares son muy hostiles: el tema de los derechos LGBT y el tema de las Farc. Hablar sobre desigualdad, derechos laborales, crédito educativo, reparación a las víctimas fue un acierto.

Lección 2: el voto por la izquierda en municipios rurales está muy relacionado con las estrategias de resistencia y luchas sociales, en particular con sectores politizados como los indígenas, el movimiento negro y los campesinos cercanos a las Farc.

A continuación comento algunos casos muy elocuentes (por supuesto, el ejercicio debería ser ampliado para otras regiones del territorio nacional):

Cauca:

 

cauca

 

 

 

 

 

 

 En este departamento, Petro obtuvo excelentes resultados, y de manera homogénea: ni siquiera en los municipios en los que ganó Duque (El Tambo, Piendamó) éste obtuvo porcentajes altos, allí casi se produjo un empate. Petro obtuvo en varios municipios caucanos sus mejores resultados (90% o más en Argelia, Jambaló, Sucre, Toribío). Estos son, precisamente, lugares donde los movimientos sociales son fuertes, y donde la organización indígena tiene años de luchas (y es preciso recordar que dos movimientos políticos indígenas, Movimiento Alternativo Indígena y Social y Alianza Social Indígena hacen parte de la coalición Colombia Humana).

Valle del Cauca:

valle-del-cauca-2-vuelta

 

 

 

 

 

 

 

 En la primera vuelta los tres candidatos obtuvieron prácticamente el mismo número de votos (entre 28% y 30%). En la segunda vuelta se afirmaron las tendencias: el norte, que en los últimos treinta años ha sido muy corrompido por el narcotráfico y el crimen, es plaza segura de Duque. Buenaventura (con una de las más altas abstenciones de capitales de grandes ciudades) y el sur oriente (Jamundí, Florida, Candelaria, Pradera), son petristas. Incluso una de las “capitales religiosas” de Colombia, Buga, le da mayoría, 53%, a Petro. En el norte, Zarzal y Bugalagrande son dos enclaves petristas (60%) rodeados de municipios azules (Sevilla, Roldanillo, La Victoria…). Las razones de este oasis progresista tiene que ver, según informantes locales, con varios factores: Zarzal es una de las sedes de la Universidad del Valle (y los estudiantes de las universidades públicas son un motor progresista en todas las elecciones); es también la sede de Riopaila y de Colombina, así que cuentan con masa trabajadora, sindicatos (recordemos que casi todos los sindicatos estaban con Petro) y trabajadores de la caña negros.

Cundinamarca

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 Este es el departamento menos abstencionista de Colombia, que no es periférico y cuya capital es muy progresista. Aquí, Duque saca ventaja, y buena ventaja, en muchos municipios: es capaz de lograr porcentajes altísimos (por ej 90% en La Peña), mientras que el mejor resultado de Petro es Cabrera, con 64%. Petro logra ganar en municipios del norte: Sopó, Suesca, Tocancipá, Zipaquirá, donde fue personero y logra un honorable 61%, Gachancipá, y al occidente Soacha, Mosquera y Pasca (y varios de estos municipios estuvieron muy activos durante el paro agrario de 2013). Anotemos que su mejor resultado, Cabrera, es Zona de reserva campesina y que fue contemplada como zona de acogida de la guerrilla.

Antioquia

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 En este departamento, hubo más de una docena de voto casi unánime por Duque. Así, azul metileno Betulia (más de 95% de voto duquista) son Argelia, Nariño, Abriaquí; azul oscuro son Salgar (patria chica de Alvaro Uribe), Anza, Sonsón, Cañasgordas, Concordia, Abejorral, Concepción, Granada, Betania, Concepción (entre 90%-95% de voto duquista). Petro logró buenos resultados en las zonas fuertemente golpeadas por la violencia, en particular en el Urabá y en Segovia, pero en medio de una enorme abstención (72% de abstención en Segovia, 66% de abstención en Vigía del Fuerte).

Podríamos seguir con un ejercicio similar para el conjunto de las regiones colombianas. Más que ser exhaustivos, lo que queremos es señalar dos conclusiones importantes de estas elecciones, que además señalan un camino para las fuerzas de izquierda: la primera es que una campaña centrada en el tema de la desigualdad dio sus frutos en los sectores populares de la grandes ciudades. Es muy posible, además, que exista una correlación entre este voto de izquierda y la baja de la abstención en esos sectores (con más datos podremos verificar esta hipótesis). La segunda conclusión de esta sección es que en las regiones, en los municipios, lo que resulta determinante para lograr buenos resultados es la politización. Sectores politizados de diferentes maneras, por la vía de los movimientos sociales, de víctimas, identitarios y culturales le dieron su apoyo decisivo a Petro en estas elecciones.

 4. Desafíos pendientes

Uno de los principales desafíos que tiene la democracia colombiana es dejar de ser una democracia de minorías y pasar a ser una democracia de mayorías.

 Ampliar la democracia implica, por ejemplo, romper con las altísimas tasas de abstención. Como se aprecia en el siguiente cuadro, la abstención para elección de presidente en los últimos treinta años tiene niveles muy altos:

articipación en elecciones presidenciales en Colombia articipación en elecciones presidenciales en Colombia

Para el año 2018, la participación fue del orden de 53% en ambas vueltas (o sea, una participación similar a la primera vuelta del año 1998). Si bien se aumentó un poco con respecto a cuatro años atrás, la participación en Colombia sigue siendo muy baja, como sucede en varios países de América latina donde el voto no es obligatorio (Chile, Nicaragua o Venezuela). En contraste, recordemos algunos niveles de participación para presidente en países latinoamericanos donde el voto es obligatorio: en México (donde es obligatorio pero no es coercitivo), la participación en 2012 y 2018 fue de 63% (pero era considerada muy baja por los analistas políticos). En Argentina, donde el voto es un poco más coercitivo, la participación electoral es del orden de 81%. En otros países donde el voto no es obligatorio, como Francia, la participación actual, de alrededor de 75%, es considerada un problema de pérdida de legitimidad de las instituciones.

En Colombia, la abstención es particularmente alta en los territorios más alejados de los grandes centros urbanos. Departamentos con abstención enorme (cerca de 70% de abstención) son San Andrés y Vichada, y departamentos con abstención altísima (alrededor del 60%) son La Guajira; Guainía; Vaupés y Chocó. Así, importantes regiones del territorio colombiano, todas periféricas, no se sienten interpeladas por el debate político colombiano.

Otra “región” con altísima abstención son los Consulados. La participación allí es del 19%. Algunos países donde hay un abultado número de colombianos tienen altísima abstención. Es el caso de España (84% de abstención) y Venezuela (90% de abstención). En el exterior, Estados Unidos y Francia tienen una de las tasas más altas de participación (30% y 27%).

Con más datos electorales disponibles, y un trabajo sobre series históricas de las elecciones, podremos someter a prueba una de nuestras hipótesis: a la izquierda le va bien en los sectores abstencionistas.

Conclusión

Como se ha señalado en este escrito, Colombia tiene factores estructurales que anuncian un cambio de las tendencias electorales del pasado. Las más relevantes son:

  • El fin de la confrontación armada con las Farc, que libera un espacio para la existencia de una izquierda democrática.
  • La urbanización del país, espacio de mayor participación electoral y de buena proporción de voto progresista.
  • La pirámide etárea del país: la mayoría de los colombianos son jóvenes y son sensibles al tema del cambio
  • El desgaste de los partidos, asociados a la deslegitimada clase política.

 Los sectores progresistas de Colombia no pueden dilatar más la ocasión histórica que se presenta ante ellas. Los comentarios acá presentados sobre las elecciones de 2018 muestra que existen muchos movimientos sociales (campesinos, estudiantes, mujeres, indígenas…) que constituyen una base social de primer orden para la politización de amplios sectores. En nuestro sentido, se deben ampliar y continuar estos trabajos.

Las fortalezas del voto por Petro, como se ha visto, estuvieron en algunas grandes ciudades (y muy posiblemente en los sectores más populares dentro de ellas, hipótesis por verificar), y en algunas zonas específicas (y analizamos los casos del Cauca, Valle del Cauca y otros departamentos) donde ha habido procesos previos de politización. El voto por Petro se benefició en esta ocasión, además, del miedo al regreso del uribismo. Para la segunda vuelta, la transferencia de votos de Fajardo a Petro fue de 62% (es decir que casi dos terceras partes de los votantes optaron por Petro y una tercera parte optó por Duque –ver cuadro). Sin embargo, el debate electoral mostró también que el sentido de la segunda vuelta aun no es plenamente comprendido en Colombia (10).

Se aprecia también cómo los liderazgos son importantes, pero son fluctuantes y sobre todo, muy coyunturales (casos de Mockus en 2006 y Petro en 2006). Ligado a lo anterior, la ausencia de partidos políticos fuertes en las tercerías (izquierda y opciones alternativas) puede ser una fragilidad. Otras experiencias del mundo latinoamericano (Frente Amplio, Movimiento al Socialismo, Movimiento V República, Partido de los Trabajadores y Morena) muestran que el acceso al poder requiere de organización partidista sólida.

En suma, este análisis considera que la izquierda tiene opciones de llevar la voz de la tercería que la mitad de los colombianos anhela, si bien el sendero no será fácil. Bajo el gobierno entrante, nos esperan años de luchas para mantener intersticios democráticos y espacios de pluralidad. Este momento histórico difícil debe ser visto como una oportunidad para ampliar la toma de conciencia ciudadana y organizarse colectivamente en pos de una sociedad más justa.


Cómo votaron los “fajardistas” en la segunda vuelta

Con su capital político obtenido en la primera vuelta (4 600 000 votos), Sergio Fajardo decidió pregonar el voto en blanco antes que otras posibilidades (tuvo al menos dos: la primera, aceptar la fórmula de co-gobierno de uno de sus rivales; la segunda, hacer un acuerdo programático y endosar su voto al del candidato más cercano, o por lo menos, menos distante de sus principios). ¿Fue seguida su consigna? ¿En qué proporción? (11)

En la primera vuelta, los votos se distribuyeron entre Duque, Petro, los demás candidatos (Fajardo, Vargas Lleras, de la Calle y otros menores) y el voto en blanco (el cual se desagrega en dos: la lista por el voto en blanco y el voto en blanco directamente marcado en el tarjetón).

Para la segunda vuelta, es lógico presumir que los votantes de Duque y Petro repetirían su voto de la misma manera (son votantes convencidos). Falta entonces conocer cómo se distribuiría el voto de quienes votaron por los candidatos que no llegaron a la primera vuelta.

Asimismo, podemos razonablemente pensar que las hipótesis siguientes son muy plausibles:

Todos los votantes de Vivian Morales (41 mil votos) votan por Duque en la segunda vuelta y 2) Todos los votantes de Vargas Lleras (1 407 000 votos) votan por Duque en la segunda vuelta.

Así las cosas, quedan los votantes por Fajardo y de la Calle (y otros menores). Estos son los votantes potenciales, que votaron así: 63% por Petro, 27% por Duque y 8% en blanco. Hubo sin embargo grandes variaciones regionales. Por ejemplo, en Bogotá 58% de los fajardistas votaron por Petro, 21% por Duque y 10% por el voto en blanco. En Medellín, en contraste, 40% de los fajardistas votó por Petro, 46% por Duque y 9% votó en blanco.

Notas:

* Trabajo realizado por Olga L González, doctora en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Contacto : olgalu@free.fr -- La autora agradece a Javier Moreno por haber puesto los datos electorales en línea, para consulta.

(1) Rafael Pardo fue el candidato del Partido Liberal; obtuvo 4%.

(2) Candidato de Cambio Radical, otra de las emanaciones del uribismo.

(3) Se presentó como disidente del Partido Liberal.

(4) Para conocer el origen y enfoque de la Alianza Verde, se puede consultar su página.  

(5) Se presentó bajo la coalición de independientes encabezada por ella, Antanas Mockus y Carlos Lleras de La Fuente.

(6) La distribución espacial de los estratos es una manera sintética, si bien aproximativa, de dar cuenta de las fuertes divisiones socioeconómicas dentro de la ciudad. La distribución geográfica por avalúo catastral puede ser otra forma de inferir la estratificación (pero no disponemos de estas bases de datos).

(7) Realizado por El Espectador.

(8) Nótese los bajos porcentajes del voto en blanco en el sur. En localidades de sectores medios, como Teusaquillo, esta opción alcanza el 8%.

(9) Al viejo vector “anticomunismo” se le suma la extrema impopularidad de las Farc (90% de percepción negativa) y el vector “Venezuela” (las dificultades del sistema son interpretadas como el fracaso del “castrochavismo”).

(10) Los debates periodísticos y las mesas redondas con invitados lograban difícilmente poner de presente que el voto en primera vuelta es de adhesión, y en segunda vuelta de eliminación.

(11) Contactar a la autora para el detalle de la operación matemática.

 

 

 

 

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