Ebru Öztürk: una belga en el corazón de la revolución de las mujeres kurdas

Ebru Öztürk es de origen turco, de nacionalidad belga y de corazón kurdo. Trabaja desde el 2004 en el municipio de Diyarbakir, en el sud-este de Turquía (Kurdistán del Norte o Bakur para los Kurdos). Ella nos lleva a su oficina del departamento de relaciones internacionales. En el menú de nuestra conversación, la revolución de las mujeres kurdas.

Ebru Öztürk es de origen turco, de nacionalidad belga y de corazón kurdo. Trabaja desde el 2004 en el municipio de Diyarbakir, en el sud-este de Turquía (Kurdistán del Norte o Bakur para los Kurdos). Ella nos lleva a su oficina del departamento de relaciones internacionales. En el menú de nuestra conversación, la revolución de las mujeres kurdas.

¿Cómo llega una belga al municipio de Diyarbakir ?

Es el amor el que me guió aquí. Nací, crecí, hice mis estudios y comencé mi vida profesional en Bélgica, antes de encontrar mi futuro marido que es kurdo. Era refugiado político en Suecia, donde viví durante dos años después de mi matrimonio. Fui asistente del Agregado comercial de la Embajada de Turquía en Estocolmo. Mi marido, que tiene una formación de abogado, recibió una proposición de trabajo en Diyarbakir. En el 2004 nos instalamos aquí. Él había recuperado sus derechos cívicos y podía volver a Turquía. Fue asesor general del Alcalde del 2004 al 2006. Y yo, comencé a colaborar en el departamento de relaciones internacionales.

Para muchos turcos la ciudad tiene mala reputación. Pero ¿acaso toda esa gente que denigra la ciudad ha venido aquí? Son prejuicios. No es una ciudad despreciable. Hay que venir a descubrir su población. Hay que vivir en esta ciudad para ver lo que tiene de misterioso, de místico, de fabuloso.

¿Ser una mujer de origen turco plantea un problema en el ámbito profesional?

No, en absoluto. Los kurdos son abiertos. Cuando llegué, me preguntaban porqué no hablaba el kurdo. Yo respondía: “Soy turca de origen, pero mi marido es kurdo”. Me dijeron: “Entones tu eres nuestra nuera”. Me abrieron los brazos y me acogieron diciéndome que yo ocupaba un lugar importante. No es el caso de mi marido. No fue aceptado por mi familia de Afyon (centro de Anatolia), porque es kurdo.

 

Háblenos de este municipio del que se dice que es el modelo del proyecto político del movimiento kurdo.

La ciudad de Diyarbakir tiene una importancia simbólica para los kurdos. Como en todos los municipios ganados por el BDP (partido de la paz y la democracia), el movimiento kurdo preconiza la igualdad de las minorías. Poco importa la pertnenecia étnica, religiosa o cultural. Abdullah Ocalan (líder del PKK) dijo: “Una sociedad solo puede ser libre si en ella la mujer es libre”. Muchos adhieren a esta máxima en la sociedad kurda. Desde los años 1990, existe un movimiento de mujeres que luchan por su emancipación. Están las que tomaron las armas en el seno del PKK. También está todo el movimiento legal y la multiplicación de organizaciones de mujeres en la sociedad civil. Es algo que no se ve en el oeste del país. Este movimiento de mujeres va hasta los pueblos, entra en los hogares en donde la presencia de la mujer y su importancia son muy reales. Es lo que se puede llamar la revolución de las mujeres kurdas.

¿Cuáles son los cambios concretos?

En los municipios dirigidos por el BDP hay un sistema de co-alcaldes: un hombre y una mujer son elegidos para administrar esas ciudades. Eso asegura la paridad hombre-mujer y garantiza la presencia de mujeres en todas las decisiones. Hace falta una mirada femenina sobre el urbanismo, los espacios comunes, las actividades sociales o deportivas. En Turquía, hay que aportarle un toque femenino a estas decisiones técnicas y políticas.  

¿Y en la vida cotidiana? Muchas mujeres llevan velo en Diyarbakir.

El velo no se opone a la emancipación de las mujeres. Las kurdas que portan el velo lo llevan por costumbre, está en sus usanzas. Ahora, en las manifestaciones, las mujeres kurdas están presentes y en primera fila. Ya no están detrás de los hombres ni son representadas por ellos. Son las primeras a manifestar contra una decisión tomada por el gobierno.

En las familias, ya no dudan a expresar sus puntos de vista y en decir sus desacuerdos. Antes, aceptaban la decisión del marido sin discutir. Este movimiento va más allá del feminismo que conocemos en Europa. El movimiento kurdo instituyó la noción de gineología. La gineología, es la historia de la mujer, la evolución de su estatuto a lo largo de la Historia y en las diferentes culturas. En tanto ciencia de la mujer, la gineología engloba el feminismo. Al principio, las resistencias fueron numerosas, pero todo hombre que se inscribe en el movimiento kurdo debe respetar esta noción. Poco a poco, ceden las tradiciones patriarcales.   

¿Qué ocurre en las otras regiones del Kurdistán?

En Siria son compartidas las mismas ideas. Yo discutí con la presidente del Consejo del cantón de Rojava.  Ella me explicó que había sido adoptada una constitución igualitaria. Poco importan los sexos, las ideas, la pertenencia étnica, religiosa o cultural. Todo el mundo está en el mismo plano. La repartición hombres-mujeres es 50/50. En razón de su autonomía, en Siria, ya pasaron a la etapa siguiente. En Irán, la situación de los kurdos es muy diferente.

¿Cómo reaccionan los visitantes que vienen del extranjero al descubrir todo esto?

Los visitantes se sorprenden de la emancipación de las mujeres y de la importancia de su papel en la región del Kurdistán del norte. Para darle un ejemplo, fuimos a Adana a una conferencia internacional. Allí vimos una mujer que participó en la redacción de la Carta Europea por la igualdad de género en las comunidades y las regiones. Le dijimos que el Consejo municipal de Diyarbakir le había dado poder a la Alcaldesa, la Sra. Gültan Kisanak para firmar esta Carta.

Propusimos que la firmasen todos los municipios dirigidos por el BDP que tienen este sistema de co-alcaldes. Esa mujer estaba estupefacta y nos dijo que quería estar presente en la ceremonia de firmas. Es una sorpresa para los europeos ver tantas mujeres dirigiendo un municipio en el sud-este de Turquía, en la frontera de Iraq y de Siria. Con lo que ocurre en Kobané, los europeos se interesan ahora más a lo que sucede en la región. Descubren este ejército de mujeres que combate a los extremistas. Pero la génesis de todo eso remonta a los años 1980, la época de la constitución del PKK. Y la lucha es sobre todo civil y pacífica.

¿No lamenta su decisión de venir vivir a Diyarbakir?

Para mí, criada a la europea, la integración se hizo sin problemas. Me di cuenta que mi educación occidental sobre la cuestión de las mujeres era atrasada. Seguí yo mismo formaciones en gineología. Tenía lagunas sobre la historia de la mujer. Yo pensaba a la europea. Nuestro cerebro se habituó a vivir según un modelo femenino erigido por sistemas como el de la moda. ¿Cuáles son esos criterios? Son criterios capitalistas que hacen de la mujer una mercancía. Además, es un capitalismo masculino. Yo, encontré mi lugar entre los kurdos. Me hice verdaderamente mujer en Diyarbakir.


Comentarios del autor

Las realidades de las mujeres kurdas es compleja y diversa. Lo que dice Ebru es el testimonio de una mujer que habla de su experiencia en el Kurdistán de Turquía. Ebru es una militante. No se trata de una análisis global. Pero hay que notar que el discurso del movimiento kurdo afiliado al PKK sobre el tema de la mujer es bien diferente de lo que dice el Presidente turco Erdoğan, quien no para de decir públicamente que la « mujer no es igual al hombre ».

 

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