Si el papa hablara de las Malvinas con la reina de Inglaterra

La reina de Inglaterra se encontrará mañana jueves con el papa Francisco en el Vaticano. Como obispo argentino, Francisco expresó su creencia de que el Reino Unido debería devolverle las Malvinas o Falklands a Argentina. Para muchos argentinos, y para muchos latinoamericanos, la reunión genera mucha expectativa, dicen el historiador Federico Finchelstein y el editor argentino Fabián Bosoer.

La reina de Inglaterra se encontrará mañana jueves con el papa Francisco en el Vaticano. Como obispo argentino, Francisco expresó su creencia de que el Reino Unido debería devolverle las Malvinas o Falklands a Argentina. Para muchos argentinos, y para muchos latinoamericanos, la reunión genera mucha expectativa, dicen el historiador Federico Finchelstein y el editor argentino Fabián Bosoer.


La reina de Inglaterra se encontrará mañana con el papa Francisco en el Vaticano.

Para muchos argentinos, y para muchos latinoamericanos, la reunión genera mucha expectativa.

El papa latinoamericano se encuentra con la líder formal del país al que todavía muchos de ellos consideran como al primero de los imperios informales que dominaron el continente en los últimos siglos. Como obispo argentino, Francisco expresó su creencia de que el Reino Unido debería devolverle las Malvinas o Falklands a Argentina, y ahora se encontrará con la líder formal de los ciudadanos británicos que viven en esas islas del Atlántico sur.

Argentina tiene un reclamo histórico por las islas pero también lo tiene el Reino Unido.

Las islas eran originalmente reconocidas como argentinas (y antes de eso pertenecieron al imperio español) y luego fueron ocupadas por Inglaterra en 1833. En esos tiempos del siglo XIX, el Imperio Británico mantenía un predominio informal en el mundo de las emergentes naciones latinoamericanas. Previamente a la ocupación de las islas, Inglaterra había intentado dos veces ocupar Buenos Aires (en 1806 y 1807). Estos intentos se conocen en Argentina como “Las invasiones inglesas.” Luego, en el periodo de entreguerras, la larga tradición argentina de nacionalismo anti-imperialista de derecha nació en el marco de una competencia regional con el Imperio Británico. Finalmente en 1982, la dictadura militar argentina fue a la guerra por las islas.

Pero todo esto pertenece al pasado, los eventos originarios ocurrieron hace dos siglos y Argentina, con una democracia de 30 años, está hoy muy lejos de su pasado dictatorial. Ambos países deberían ser realistas sobre sus reclamos unilaterales. Ambos países podrían establecer negociaciones directas sobre soberanía compartida. Deberían dejar en el pasado su nacionalismo territorial. Establecer responsabilidades compartidas sobre recursos naturales constituiría un primer paso en esa dirección.

El legado de la política de no establecer compromisos es una historia que debe ser tratada como tal. En este marco, el análisis histórico puede jugar un papel para distanciar al pasado del presente y el futuro. La historización de la guerra como pérdida y no como constante ausencia, o incluso como trauma fundacional, es importante para la elaboración de una política compartida. Sin embargo, lo contrario ocurre en ambos países. Los gobiernos de Cameron y Fernández de Kirchner tienden a usar las memorias de la guerra como herramienta política. La inclusión del tema de la soberanía en negociaciones abiertas representaría un cambio con o sin la presencia del papa.

Pero ¿Participará el papa de este proceso como se lo ha pedido personalmente la presidenta argentina? Hace unas semanas, el papa se encontró en Roma con veteranos argentinos de la guerra de Malvinas/Falklands que le pidieron al papa que intervenga. ¿Intervendrá Francisco I en la resolución del conflicto? Quizás, su intervención podría señalar un primer paso en la constitución de una futura reunión Argentino-Inglesa. Si esto pasara, y con nuestro proverbial pesimismo de académicos argentinos, creemos difícil que esto suceda, se daría un importante precedente en el que una cumbre supra-gubernamental inauguraría nuevas y significativas instancias , como ocurriera en otros procesos de resolución de conflictos binacionales.

Incluso una modesta declaración de ambos (el papa y la reina) podría destrabar los innumerables desentendimientos entre ambos países. Estos desencuentros están enraizados en sendos nacionalismos y políticas locales. Una declaración conjunta sobre las islas podría empezar a resolver aquello que los organismos internacionales no han podido resolver. Para el papa esto constituiría una oportunidad. Su novedosa retórica podría ser acompañada por acciones significativas. Un mensaje compartido podría representar un avance en la elaboración de historias pasadas de violencia, colonialismo y conflicto. Ubicaría a Argentina y al Reino Unido en un espacio compartido y reflexivo de negociaciones abiertas. Este sería un efecto inesperado de un tipo de reunión entre líderes que se distingue por su atención al espectáculo de lo visible y no tanto a la sustancia de lo políticamente posible. Pero hasta ahora este papa argentino se lleva bien con la sorpresa y lo inesperado. 

Federico Finchelstein, es Associate Professor y director del departamento de historia de The New School en Nueva York. Es autor del nuevo libro The Ideological Origins of the Dirty War published by Oxford University Press
Fabián Bosoer es politólogo y editor de opinión en el diario argentino Clarín. Es autor del libro Malvinas, capítulo final. Guerra y diplomacia en la Argentina (1942-1982).

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