Entrevista con Cristóbal Valenzuela Berríos, director de la película “Robar a Rodin”

La película “Robar a Rodin” Cristóbal Valenzuela Berríos fue en selección oficial del Festival Cinelatino, Rencontres de Toulouse en marzo 2018 y ganó la mención especial del premio del mejor largometraje documental.

Cristóbal Valenzuela Berríos © Laura Morsch Cristóbal Valenzuela Berríos © Laura Morsch
Cédric Lépine: ¿Qué es lo que más te interesa de este hecho real?: ¿La personalidad del «ladrón», la historia fuera de lo común, la manera en que se contaba en los medios de comunicación?
Cristóbal Valenzuela Berríos:
Lo que más me interesaba para hacer la película era el debate artístico que planteaba la historia. ¿Por qué lo que hizo Onfray no podía ser visto como una acción de arte? No es que yo diga que su robo haya sido una acción de arte, pero ¿por qué no puede serlo? Esa pregunta me quedó dando vueltas en mi cabeza en el 2005, cuando pasó esta historia, y fue esa interrogante la que años después creció en mi cerebro y me llevó a hacer esta película.

C. L.: ¿Qué significa para ti retratar esta historia doce años después?
C. V. B.:
Empezamos a investigar para la película en el 2011, 6 años después que ocurrió el caso, que en el tiempo de un documental no es tanto tiempo. Cuando empezamos las entrevistas todos los personajes estaban vivos y activos así que no sonaba como algo tan viejo. Lo interesante era que esta historia, para la gran mayoría de chilenos, era una gran estupidez. Nadie se lo había tomado con un mínimo de seriedad en su momento, así que el desafío fue adentrarse en un caso inexplorado y lograr extraer elementos interesantes de él. Para mí siempre fue un caso increíble y me extraña que nadie haya hecho algo antes con aquella historia.

C. L.: ¿Puedes hablar de la importancia de la música en la película, que abre una puerta entre el documental y la ficción?
C. V. B.:
Me interesaba con la música el poder generar atmósferas densas, que apoyaran la trama policial, la psicología delirante del personaje principal y la comedia del caso.
La música es original, la hizo Jorge Cabargas que tuvo una banda muy importante en el underground chileno a fines de los ‘90 y principios de los 2000 llamada “Tobias Alcayota”.
Conozco a Jorge hace años, fue una especia de mentor musical en mi adolescencia, me introdujo a un sonido electrónico muy diferente a lo que circulaba en los ‘90, me presentó bandas como Silver Apples, Suicide, Add N tú X o Panasonic. Jorge es un especialista en música electrónica de los años ‘50, ‘60 y ’70, por lo que era perfecto para la música de Robar a Rodin ya que me interesaba crear una musicalidad atemporal.
Jorge Cabargas es abogado y que tenía muy poco tiempo libre para hacer la música así que empezó a componer mucho antes de incluso empezar el montaje, empezó a crear composiciones desde el guión.
Robar a Rodin choca mucho entre la mentira y la verdad, lo cierto y lo falso, el documental y la ficción. La música potencia esa dualidad, de estar dentro de un laberinto confuso entre lo policial, lo artístico y lo delirante.

C. L.: ¿Cómo llegaste a darle a tu película ese tono especial, entre investigación policial y humor?
C. V. B.: La comedia era natural en esta historia. Durante la investigación, hablando con la gente la mayoría se acordaba con risa del caso, así que el humor en la película era inevitable, creo que era difícil hacer algo serio con este relato.
El lado policial también era inevitable porque estamos hablando del robo de arte más grande de Chile. Se dio una alarma internacional a Interpol y se cerraron las fronteras esperando dar con la escultura. Los policías, el abogado, el fiscal y la jueza son protagonistas de la historia, casi tanto como Onfray.
Robar a Rodin es un policial que es una comedia que habla sobre arte.
El lado policial fue fundamental para estructurar la película, que está muy inspirada en el cine negro clásico norteamericano. Durante el rodaje me encerraba a ver esas películas de los años ‘40 y ‘50. De ahí viene la idea de partir con el robo en la primera escena, del potenciar la imagen del anti héroe perdido, de la ciudad como un personaje omnipresente.

C. L.: ¿La obra artística de Augusto Rodin te genera interés?
C. V. B.: Admiro a Rodin, especialmente su trabajo con el azar y la naturalidad con que trabajaba la experimentación. Rodin cambió el rumbo de la escultura. Con todos los años metidos en este proyecto me terminé haciendo experto en su obra. Pero la película trata de Rodin porque Onfray se robó un Rodin. Si hubiera sido un Picasso la película se llamaría Robar a Picasso.
Para la película, Rodin toma importancia por lo que representa: uno de los mayores artistas europeos modernos. Esto en contrate con Onfray, que es uno de los más desconocidos artistas contemporáneos chilenos; ni en Chile lo conocen. Ese contraste nos resultaba muy interesante para la película.
"Robar a Rodin" de Cristóbal Valenzuela Berríos © DR "Robar a Rodin" de Cristóbal Valenzuela Berríos © DR

C. L.: Tu película habla de la reconciliación entre arte y democracia…
C. V. B.: En la película creo que es más importante la relación entre el arte y Chile, que sin duda tienen una mejor relación que cuando estábamos en dictadura, pero sigue siendo una relación difícil, problemática. La cultura en Chile no es algo muy valorado por los Chilenos, dedicarse al arte, o al cine, es casi un acto suicida en mi país.

C. L.: En relación con el robo del Rodin, ¿crees que el cine, como arte, tiene que salir de los museos, desarrollarse libremente de manera más popular?
C. V. B.: En Chile la gente ni va a los museos, siendo que son gratis. Tampoco va a ver cine chileno a los cines, así que si le presentas obras en la calles dudo que esto genere mayor impacto. Me parece que lo hay que hacer es darle importancia al arte y la cultura desde la educación, en los colegios, a los niños, re educar a la gente respecto al arte y enseñarle a apreciarlo y darse cuenta del mundo que hay en él.

C. L.: Pareciera que para ti el interés por este robo, más que la obra misma de Rodin, es la búsqueda extraordinaria de ficción por parte de la gente. ¿El arte, entonces, se definiría à partir de su fuerza para contar historias con distintas interpretaciones?
C. V. B.: La variedad de puntos de vista es lo que enriquece un diálogo. Robar a Rodin es parte de un diálogo cultural; el arte en sí es un permanente diálogo humano.
Este documental tiene la intención de generar más preguntas que respuestas. Nuestra intención era abordar esta historia desde todos los puntos de vista posibles y que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones. Cuando termina la película, para algunos Onfray es un farsante de la peor clase, pero para otros Onfray es un gran artista revolucionario. Me parece que las dos visiones son válidas. No nos interesaba entregar respuestas concluyentes sino que dejar un camino abierto al público.

 

Un gran agradecimiento por el apoyo de Paula Oróstica

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