Confiscar: andanzas de un cadáver exquisito. Sobre Abimael Guzmán.

“Confiscar”, del latín confiscare (cum+fiscus): “incorporar a la riqueza del Estado”.

Abimael Guzmán solía “agudizar las contradicciones” en vida, ahora las agudiza en muerte, aunque ésta resulte anacrónica. Las heridas del Perú vuelven a supurar y a sangrar. No podía ser de otra manera en medio de una crisis política donde el nuevo gobierno en el poder, desde julio pasado, es combatido por su línea “marxista-leninista-mariateguista”. El mayor “genocida”, “criminal más perverso”, "diablo", “terrorista” o “asesino más sanguinario” de la historia del Perú, la “bestia” o la “hiena” dicen los enemigos de Guzmán.

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El mayor “rebelde”, “el más importante preso político revolucionario del mundo”, “luchador social”, “máximo líder del Partido Comunista del Perú” y “el más grande Marxista, Leninista, Maoísta de la presente época”, dicen simpatizantes o ex-miembros del internacionalmente conocido como Shining Path, Sentier Lumineux o Sendero Luminoso. Mientras algunos piensan que SL y su ideología fueron decapitados, otros están convencidos de la inmortalidad del “Presidente Gonzalo”: “Mantenemos en alto la bandera roja del Presidente Gonzalo y seguimos su camino, combatiendo sin quebranto por la revolución socialista rumbo al comunismo, auténtica emancipación de la humanidad”.

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Elena Yparraguirre culpó al Estado peruano por la muerte de su esposo. Lo hizo por teléfono desde la cárcel, sin la autorización reglamentaria del INPE, por lo cual, el día que siguió la muerte de A.G., fue sancionada, trasladada y aislada según el régimen de máxima seguridad: “Yo en este momento responsabilizo al Estado peruano, a la Marina de Guerra del Perú y a los torturadores de la DIRCOTE y a los genocidas del Perú que durante 20 años asesinaron y desaparecieron pueblos del campo como los responsables del asesinato de mi esposo y de la desaparición de su cuerpo….convencida de que las causas de la opresión y explotación capitalistas no son sino eso, la separación de ricos y pobres, la separación de dueños del poder económico y la separación cada vez más grande de los pobres, desposeídos, hundidos en la miseria y la injusticia con 200 mil muertos a causa del desatender la salud del pueblo peruano de estos 30 años de postguerra”.

En solidaridad, sus compañeras empezaron una huelga de hambre el día 12 de septiembre. Ningún medio de comunicación habló de este acto de protesta y resistencia por parte de las internas. No fue tampoco objeto de preocupación para la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos o para la Defensoría del Pueblo, la cual declaró dos días después de la muerte de Guzmán, que sus “restos humanos” podían “afectar la seguridad nacional”. En suma, la Defensoría planteaba la incompatibilidad entre, por un lado, la garantía del derecho de las familias a dar sepultura, y por otro, la garantía de la “seguridad de la ciudadanía en su conjunto, y en especial de quienes fueron víctimas de un delito”. Para esa entidad, el objetivo es “evitar la comisión de actos que enaltezcan el delito o a la persona que los cometió”. En otras palabras: “En relación con las personas que han cometido delitos gravísimos como el terrorismo, la necesidad de evitar toda forma de apología se sustenta en el deber constitucional de combatirlo”, haciendo suyo el discurso de las fuerzas del Estado, es decir de los vencedores del conflicto armado.

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En ese sentido, el Creonte de esta historia, Anibal Torres, Ministro de Justicia y Derechos Humanos, comunicó, el 11 de septiembre, día del deceso de Guzmán, que “la vía más apropiada en estos momentos sería la incineración para no tener un lugar en el cual determinados peruanos puedan rendir homenaje a este personaje. Hay que hacer presente a la población que, rendirle homenaje, que hacer movilizaciones en memoria de Abimael, es apología al terrorismo y que pueden ser procesados por esta razón”, con una sentencia de hasta 15 años de carcel. En el centro de Lima, ya dos personas fueron detenidas por ese motivo.

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Por otro lado, ese mismo día, el Comité Nacional de Prisioneros Políticos y de Guerra del Perú volvió a publicar el video “Deben contarle al mundo”: “difundimos el presente video histórico hecho hace 28 años donde se muestra el inmenso apoyo y solidaridad del proletariado y los pueblos del mundo hacia el Presidente Gonzalo y la revolución peruana así como la brega por defender su vida que hoy se reimpulsa, barriendo todo el lodo que por décadas lanzaron las clases explotadoras y opresoras, dejando límpida su inquebrantable figura de comunista ejemplar hasta el fin. ¡El Presidente Gonzalo y el pensamiento gonzalo viven por siempre en la mente y corazón de la clase obrera y los pueblos del mundo! ”

El Ministerio de Justicia hizo valer la legislación antiterrorista con el fin de confiscar el cuerpo, confiscar las cenizas y confiscar la memoria. Éste declaró: “Se está viendo para que sea incinerado y sus cenizas sean esparcidas en el mar con el fin de que nadie pueda tener un recuerdo de ese personaje”. Un tratamiento político y no privado que por ende impide que un familiar pueda recoger el cuerpo. En la misma línea, Jueso Cueto, congresista, ex Comandante General de la Marina de Guerra y ex Jefe del Comando Conjunto de las FFAA, dijo: “Trabajamos un proyecto de ley para que los cabecillas terroristas sean simplemente cremados, olvidados y arrojados al mar”. Asimismo, nueve congresistas de diferentes bancadas comunicaron también que el cuerpo “debe ser incinerado y no generar espacios para que los rezagos senderistas y sus fachadas vigentes realicen actos de reivindicación del cabecilla terrorista”. Una lectura simbólica de la incineración en cuanto pretendida garantía del olvido y del no-lugar físico. El mismo Mao TseTung quería ser incinerado, por lo cual esta idea puede también surgir del líder mismo de una revolución.

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En el mismo momento, los aliados de Guzmán exigían la entrega de los restos mortales a E. Yparraguirre, o que su apoderada pudiera disponer del cuerpo, haciendo valer la ley vigente, de cara a casi 30 años transcurridos en aislamiento y “permanente tortura” en una cárcel militar. Así como E.Y. no tuvo derecho a visita conyugal durante los últimos dos años -lo cual había sido denunciado reiteradamente por los familiares de A. Guzmán desde Suecia- tampoco pudo comprobar el deceso de A.G., pedido suyo imposible de realizar frente a un Estado que domina y persigue a los subversivos desde su derrota en 1992.

Delia Carrasco de la Torre (Suecia), suegra de Abimael Guzmán Delia Carrasco de la Torre (Suecia), suegra de Abimael Guzmán

Sin embargo, plantean los seguidores de Guzmán que poco importa lo que hagan los enemigos con su cuerpo: “Ha muerto el hombre, ha nacido el mito”, claman en las redes sociales. Hasta se invoca la “Resurrección de los muertos” citando a Corintios: “Si hay un cuerpo físico, también hay uno espiritual”.

Por su lado, el Colectivo Trabajo analizó la situación presente a la luz de la represión de las rebeldías en el Perú, recordando el actuar del español José Antonio de Areche en el siglo XVIII: “Así como hubo un Areche que ordenó el descuartizamiento, la incineración y la dispersión de las cenizas de Túpac Amaru y Micaela Bastidas a la vez que perseguía hasta la muerte a todos sus familiares para que no quede rastro de esa ‘infame familia’, así los nuevos areches ante los restos del Dr. Guzmán Reinoso hoy chillan ‘incinérenlo’, ‘arrojen sus cenizas al mar más allá de las 200 millas’, ‘no permitir que se le rinda homenaje’”. Fue condenado a la « muerte segunda », al « lago que arde con fuego y azufre », dicen sus seguidores citando el Apocalipsis.

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En virtud a la nueva ley aprobada en apuros por el Congreso de la República, una ley “con nombre propio” hecha a la medida de las circunstancias, para “establecer el destino de cadáveres de internos que venían cumpliendo condena por los delitos de traición a la patria o de terrorismo en su condición de líder, cabecilla o integrante de la cúpula de organizaciones terroristas”, el día 24 de septiembre por la madrugada, la fiscalía dispuso la cremación de los restos de Guzmán que estaban resguardados en la Morgue Central del Callao desde hace 12 días. Se desconoce el destino final de las cenizas.

Dina Boluarte, Vicepresidenta del Perú y también ministra de Desarrollo e Inclusión Social, declaró el 18 de septiembre que la nueva ley “aporta tranquilidad y reafirma el compromiso con la vida, la paz y la democracia” del gobierno de Pedro Castillo. Un gobierno que -ante la presión y la demagogia de la derecha y de sus medios de comunicación que instrumentalizaron el tema para ganar terreno en su plan de vacancia de Castillo-, tuvo que aprobar esa ley inconstitucionalmente retroactiva. Keiko Fujimori, hoy empeñada en “rescatar al Perú del comunismo”, aprovechó para acusar el nuevo gobierno de practicar “una nueva variable del terror”: el “pro terrorismo de gobierno”. Una ironía de parte de la hija del ex Presidente Alberto Fujimori, cuyo gobierno y Fuerzas Armadas se especializaron en terrorismo de Estado de 1990 al 2000. Durante la última campaña electoral, los fujimoristas no dudaron en difamar en las redes sociales, falsificando fotografías para vincular a Pedro Castillo con el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso.

“Foto de Pedro Castillo con Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre es  falsa”, 17 de abril 2021, Lizet Roman, Perucheck.pe “Foto de Pedro Castillo con Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre es falsa”, 17 de abril 2021, Lizet Roman, Perucheck.pe

La Bancada de Perú Libre (PL) se pronunció condenando los actos terroristas de los grupos subversivos y del Estado, así como el actuar de Keiko Fujimori, y mencionando el proyecto de ley avalado por el gobierno dirigido por PL.

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A nivel mundial, colectivos, partidos políticos, medios de comunicación comunistas y un sector de la iglesia rindieron homenajes a Abimael Guzmán.

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Aunque no nos guste, la memoria no necesita lugar. Después de un conflicto armado de 20 años, las ideas no se confiscan. Hasta que no se incinere lo que, históricamente, no solo en Perú, sino en el mundo, dio origen a la explotación y opresión de los/las más desposeídos/as por las élites nacionales e internacionales, y por la violencia y el terrorismo de Estado, no se podrá tampoco incinerar las ideas de emancipación y de insurgencia popular para alcanzar la justicia social. De esta forma, la vida y la muerte de Guzmán cristalizan las tensiones y los conflictos más agudos que los/las peruanos/as deben procesar y solucionar para definir su destino en cuanto nación.

 

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