La promesa de igualdad de género se difumina en la UE

Pese a que el programa de igualdad de género de Juncker está respaldado por el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, parece probable que éste vaya a dirigir una Comisión más desequilibrada en términos de género que la del presidente José Manuel Barroso. Por Maari Põim, asesora política de la Fundación Europea de Estudios Progresistas.

Pese a que el programa de igualdad de género de Juncker está respaldado por el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, parece probable que éste vaya a dirigir una Comisión más desequilibrada en términos de género que la del presidente José Manuel Barroso. Por Maari Põim, asesora política de la Fundación Europea de Estudios Progresistas.


El sábado 30 de agosto, Europa vio cómo la igualdad de género se caía de su lista de prioridades durante la cumbre europea celebrada en Bruselas, donde las cuestiones de paridad se vieron comprometidas en favor de las políticas de seguridad y de los compromisos. A pesar de las emotivas declaraciones, la presencia femenina en los altos cargos sigue siendo una constante. En lugar de los comentarios de última hora sobre la ausencia de mujeres, un cambio de enfoque hacia modificaciones estructurales a largo plazo permitió giros sustanciales. Existe la necesidad de hacer ver el problema que suponen las posturas de la mayoría (masculina) invisible en lo que respecta a oponerse a la igualdad de género.

En el momento de su elección, el presidente electo de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, prometió que el 40% de su equipo estaría formado por comisarias. En vez de cumplir este mínimo de igualdad, su retórica política pronto se dirigió a la negociación de sustitutos. A las mujeres se les ofrecieron carteras importantes y altos cargos como un gesto de expiación para una misión a punto de echarse a perder. Sin embargo, en la cumbre, una preocupación inesperadamente elocuente sobre la seguridad de las fronteras del Este de Europa convenció al Consejo Europeo para que el puesto de presidente fuese ocupado por el primer ministro polaco Donald Tusk.

Igualdad con una salida de emergencia

Cuando Tusk fue nombrado, no se habló expresamente de que se trataba de una designación masculina a la hora de elegir quien ocuparía el cargo, sino más bien que dio a entender que estábamos ante una elección del Este de Europa. No se aplicó una política similar a la ministra italiana de Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, la próxima alta representante de la UE para Asuntos Exteriores. Tanto Mogherini como su predecesora Catherine Ashton fueron presentadas para ocupar el puesto por su condición de mujeres. Según parece, solo las mujeres políticas tienen género, mientras que la mayoría masculina no lo tiene. Tras conocerse los resultados, el rival danés de Tusk, la primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning-Schmidt, nombró a Margrethe Vestager como candidata a comisaria. Actualmente, con seis candidatas mujeres a la Comisión y solo dos cargos pendientes de designación, la promesa de paridad de Juncker parece hacer aguas.

Pese a que el programa de igualdad de género de Juncker está respaldado por el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, parece probable que éste vaya a dirigir una Comisión más desequilibrada en términos de género que la del presidente José Manuel Barroso. Pero podría haber una salida para Juncker. Para escapar de la perspectiva de una agenda de género fracasada, desde el principio se introdujeron prioridades adicionales, aunque delicadas desde un punto de vista intersectorial. Equilibrar la nueva Comisión en términos de opiniones políticas, geografía regional y situación económica comparativa, así como la falta de un cambio estructural en las mujeres que ocupan puestos de liderazgo en los últimos años permite cierto margen de maniobra.

El Lobby Europeo de Mujeres (EWL, por sus siglas en inglés) ha seguido muy de cerca las matemáticas de género aplicadas por el presidente, mientras que los medios de comunicación no han desaprovechado la oportunidad para ilustrar la historia de la lucha de un hombre por la igualdad con retratos de un Juncker profundamente preocupado. La imagen de un señor de pelo blanco de la generación de la postguerra que “lideró” la lucha por la causa del género provocó diferentes reacciones, según las cuales Juncker se estaba complicando la vida al aspirar a la igualdad y sobre lo difícil que debe ser para un solo hombre alcanzar toda esta “corrección política” en el seno de una estructura de la Comisión. Uno de los posibles giros en el discurso hacia un cambio estructural pasaría por nombrar a la comisaria europea para la Igualdad de Género y los Derechos de la Mujer, como han estado exigiendo en sus campañas tanto el EWL como las mujeres del Partido de los Socialistas Europeos (PSE).

Comentarios de última hora

Aunque lo más esencial para el progreso sea formular demandas institucionales firmes en lo que respecta a la igualdad de género, tales como cuotas de género y una mejor labor informativa por parte de los Estados miembro, también se debe cuestionar las políticas de género informales existentes en las estructuras de los partidos. La falta de apoyo por parte de los comisarios masculinos a la igualdad de género no se cuestiona, mientras que el tema se tilda, como un estereotipo, de “asunto de mujeres”. En el caso de Juncker, el currículum invisible sugiere que la igualdad de género sigue siendo un tema marginado en lo que respecta a qué rebajas se permiten y, además, los Estados miembro mantienen su autonomía para seguir ignorando en gran medida los derechos de igualdad, si así lo quieren.

Según el estudio de la Comisión Women and men in leadership positions in the European Union (2013), la representación femenina en la Comisión Europea ha aumentado un 8% durante los últimos veinte años. Desgraciadamente, el deficiente programa de igualdad de género de Juncker amenaza con poner en peligro incluso este modesto progreso. Ahora que se ha demostrado que designar al 40% de mujeres para la Comisión es misión imposible, quizás sea la ocasión de preguntarnos si los vientos del sector conservador no están soplando con demasiada fuerza en Europa.

Maari Põim, asesora política de la Fundación Europea de Estudios Progresistas

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