Chile sigue sufriendo las secuelas de la dictadura

Los militares no sólo derrocaron el gobierno de Allende, sino que cambiaron radicalmente las relaciones sociales en Chile, dice Ricardo Parvex, vice-presidente de la Asociación de expresos políticos chilenos. Las leyes de la dictadura siguen fijando el marco constitucional, económico y social del país, más de veinte años después del regreso a la democracia.

Los militares no sólo derrocaron el gobierno de Allende, sino que cambiaron radicalmente las relaciones sociales en Chile, dice Ricardo Parvex, vice-presidente de la Asociación de expresos políticos chilenos. Las leyes de la dictadura siguen fijando el marco constitucional, económico y social del país, más de veinte años después del regreso a la democracia.


Comentar o analizar acontecimientos ocurridos hace cuarenta años, como el Golpe de Estado de septiembre de 1973 contra el presidente chileno Salvador Allende, es una tarea que corresponde más bien a los historiadores que a los periodistas. Evidentemente, en el transcurso de la vida de una nación siempre hay un momento en que los hechos políticos atraviesan el umbral del tiempo para transformarse en acontecimientos históricos. Podría pensarse que cuatro décadas después del Golpe militar contra el gobierno de la Unidad Popular, este acto brutal, lo mismo que sus consecuencias serían ya un asunto para los libros de historia más que un tema de actualidad. Sin embargo no es exactamente lo que ocurre.

¿ Se trata sólo de una porfiada voluntad por hacer vivir la memoria ? ¿ O de la feroz voluntad de no ceder al olvido ? Tal vez eso sea una parte de la explicación. No obstante, dos razones parecen ser la causa para que las cosas ocurran de otra manera. Por una parte la mayoría de los protagonistas de esta experiencia política democrática y de nuevo tipo eran jóvenes que comenzaban su vida de adultos. Era un proceso des profundos cambios que tenían como actores la fracción más preclara y más dinámica de la juventud chilena de la época. Aun cuando hoy en día la mayor parte de ellos haya ya alcanzado o sobrepasado los 60 años, la interrupción brutal de su sueño creador de los años Allende sigue siendo una llaga abierta  

Por otra parte, la principal razón de esta testarudez reside sin lugar a dudas en la violencia y en la profundidad de los transtornos provocados por la dictadura militar. En efecto, durante los años sesenta y setenta Chile era considerado por la mayor parte de los observadores internacionales como un, y hasta como el único, país más democrático de América latina. Su estabilidad política marcada por elecciones regulares y  democráticas, con un Estado presente en el desarrollo económico, en la protección social, en la educación, etc. hacían aparecer al país como una excepción en medio de la miseria y la opresión impuestas por las dictaduras de los países vecinos.

Lo que los militares chilenos lograron hacer no sólo fue derrocar un gobierno que no era de su gusto sino que operaron una verdadera revolución que cambió radicalmente las relaciones sociales y de clase en el país. Anulada la Constitución política, tirado a la basura el Código del trabajo, no más sindicatos ni partidos políticos, terminada la libertad de prensa y sobre todo desaparecido el poder legislativo y cerrado el Parlamento. Una vez que el país fue totalmente sometido, los militares hicieron retroceder el reloj de la historia y terminaron con todo lo que había hecho de Chile la nación progresista y democrática que conocíamos.

Aunque formalmente terminada en 1990, la dictadura y sus leyes siguen fijando el marco constitucional (Constitución pinochetista de 1980 aún vigente), la realidad económica (con una economía de libre mercado, ultra-liberal sin control ni regulación del Estado) y el contexto social del país. Esta pesada herencia ha hecho de Chile uno de los países más desiguales del mundo, pese a su importante desarrollo económico. En la medida en que nada de lo impuesto por la tiranía ha cambiado, parece normal que cuarenta años después del golpe de 1973, las persistentes secuelas dejadas por ese régimen en la vida cotidiana de todos los Chilenos sigan teniendo una cruel y agobiante actualidad.

Ricardo Parvex, vice-presidente de la Asociación de expresos políticos chilenos en Francia

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.