¿Europa puede aprender de América Latina sobre historia y justicia?

Las investigaciones que se están llevando a cabo actualmente en la justicia argentina sobre los crímenes de la dictadura de Franco han puesto de relieve el tema de la memoria política europea. Guatemala y Argentina constituyen ejemplos de que asumir un compromiso democrático frente a violaciones de los derechos humanos del pasado puede llevar a hacer justicia, escriben el historiador Federico Finchelstein y el editor argentino Fabián Bosoer.

Las investigaciones que se están llevando a cabo actualmente en la justicia argentina sobre los crímenes de la dictadura de Franco han puesto de relieve el tema de la memoria política europea. Guatemala y Argentina constituyen ejemplos de que asumir un compromiso democrático frente a violaciones de los derechos humanos del pasado puede llevar a hacer justicia, escriben el historiador Federico Finchelstein y el editor argentino Fabián Bosoer.


¿América Latina puede cambiar la memoria política europea? ¿Puede una larga historia europea de silencio ser abordada desde el otro lado del Atlántico? Las investigaciones actuales de la justicia argentina sobre los crímenes de la dictadura de Franco han puesto de relieve estas cuestiones. Como vimos esta semana, muchos en Europa no están contentos con esta « intrusión judicial » del Tercer Mundo al amparo de la jurisdicción universal. Sin embargo, la situación fue exactamente al revés en los años 1990, cuando la justicia española solicitó la extradición de Pinochet y la detención de un criminal notorio de la guerra sucia argentina. En el caso chileno, esta intrusión española permitió incluso que los chilenos emprendieran una interrogación judicial e histórica más seria sobre el pasado. ¿Puede América Latina desempeñar ese papel en Europa?

¿La democracia debe oponerse a la negación histórica? Guatemala y Argentina constituyen ejemplos de cómo el compromiso democrático asumido ante las violaciones pasadas de los derechos humanos puede llevar a hacer justicia. En ambos países, la eficacia del sistema judicial no es algo que deba darse por sentado, pero en ambos países los regímenes dictatoriales finalmente están siendo considerados desde una perspectiva judicial e histórica. En Europa la situación es y fue históricamente distinta. Ni Italia ni Alemania (tanto del Este como del Oeste) juzgaron un número significativo de criminales fascistas. España directamente evitó la cuestión.

La transmisión del poder del fascismo español se originó con la afirmación de esta idea de oposición entre democracia e historia. En España, hubo una frontera infranqueable entre la política de la historia aplicada por políticos tanto de derecha como de izquierda y la política de la memoria mantenida viva por las familias de las víctimas. En cierto sentido, no había lugar para las víctimas en la España democrática. Pero ahora más que antes, incluso, el silencio judicial español parece una forma dudosa de dar un salvoconducto a viejos autores de crímenes dictatoriales. Si bien el modelo español del silencio histórico en el pasado fue influyente en América Latina, ahora el sistema judicial latinoamericano es el que está guiando el camino hacia la verdad.

El modelo español inspiró la Transición Chilena a la democracia y, en menor medida, también las experiencias uruguaya y brasileña. Argentina llevó a juicio a sus criminales de la Guerra Sucia en los años Ochenta durante el gobierno del presidente Radical Raúl Alfonsín, pero cuando el gobierno peronista populista de Carlos Menem llegó al poder en los Noventas, Argentina se volcó hacia el modelo de «conciliación» de los españoles. En 2002, esto cambió cuando el Congreso argentino declaró inconstitucionales las leyes de amnistía. Desde entonces, el sistema judicial argentino ha juzgado inexorablemente los crímenes de la dictadura de la junta. Esta situación fue promovida por los gobiernos Kirchner y no es totalmente aceptada en este momento por políticos tanto de izquierda como de derecha.

El sistema judicial argentino tiene, sin duda, varias fallas; el gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner suele frenar investigaciones judiciales actuales de corrupción, y últimamente en áreas relacionadas con los derechos humanos como el reciente caso del nombramiento por parte de la presidenta del general César Milani al frente de la cúpula militar del país. Milani ha sido acusado por numerosas víctimas de haber sido responsable activo en la Guerra Sucia pero el gobierno está activamente empeñado en promocionarlo en vez de llevarlo a la justicia. No obstante, el sistema judicial de Argentina está mostrando grados de independencia con respecto a la presidencia populista y su cambio específico de política con respecto a las violaciones de derechos humanos. Sería difícil afirmar, como hacen algunos conservadores españoles, que la investigación argentina de los crímenes del fascismo español se relaciona con los objetivos de la presidenta peronista.

Las cosas son diferentes en Europa. Dicho de una manera simple, los fascistas de España no pueden ser juzgados y eso está escrito en la ley de amnistía española de 1977. No obstante, las peticiones legales del otro lado del Atlántico han comenzado a cambiar la situación. Una jueza argentina pidió recientemente la extradición de  integrantes del régimen franquista. Víctimas españolas los acusaron en Buenos Aires de haber torturado a presos políticos en España, del mismo modo que el sistema español acusó a criminales argentinos de la llamada Guerra Sucia conforme la interpretación legal de la jurisdicción universal en los años Noventa. En aquel momento, Argentina tenía una ley de amnistía similar a la española. Fueron muchos los argentinos que creyeron que las acciones judiciales españolas eran la única posibilidad de combinar historia y justicia. Irónicamente, ahora que la justicia argentina está haciendo lo mismo, muchos políticos y expertos españoles creen que se trata de una intrusión irreverente del Tercer Mundo en asuntos europeos. Pero la verdad es que la justicia de Argentina le ofrece a España la posibilidad de un juicio legal e histórico. Esto ocurre porque el modelo de transición español estuvo arraigado en la estricta separación entre historia y justicia de un lado y democracia del otro. La democracia sólo se puede tener, afirmaba el modelo, si los criminales dictatoriales de atrocidades en masa no son juzgados sino invitados a participar activamente en el sistema político.

¿Argentina y Guatemala representan un modelo alternativo de transición a la democracia susceptible de influir en futuras transiciones desde Egipto hasta Siria y Myanmar o incluso el caso europeo de Belarús? Como historiadores y politólogos, ahora sabemos que el modelo argentino de juzgar a los criminales de la dictadura combinó históricamente objetivos de largo plazo con la inestabilidad institucional a corto plazo. Los valientes esfuerzos guatemaltecos de enfrentar su pasado genocida, bajo la influencia clara de las experiencias argentinas, también está evidenciando rasgos similares de inestabilidad y resistencia de parte de los poderes conservadores. Pero en contraste con Guatemala y Argentina, silenciar el pasado como hace España aportó una estabilidad inicial en detrimento de la historia y la justicia. Ahora, después de transcurridas muchas décadas, ha llegado el momento de que las democracias europeas como España enfrenten su pasado fascista.

Los esfuerzos del sistema judicial griego de abordar los crímenes fascistas actuales muestran una perspectiva distinta para el resto de Europa. En este contexto, América Latina también ofrece un modelo que difiere de Europa. Si los políticos españoles de izquierda y de derecha permiten al sistema judicial argentino proveer una justicia que el país europeo no puede implementar, sería una instancia en la cual la globalización histórica y legal desempeña un rol democratizador que no puede manifestarse por sí solo en suelo europeo.

Federico Finchelstein, profesor de historia y director del Programa Janey de Estudios Latinoamericanos en la New School for Social Research y el Eugene Lang College de Nueva York. Obras publicadas: Transatlantic Fascism: Ideology, Violence and the Sacred in Argentina and Italy, 1919-1945 (Duke University Press, 2010) y The Ideological Origins of the Dirty War (Oxford University Press, de próxima publicación en 2014). Colabora en Clarín, The New York Times y otras publicaciones.

Fabián Bosoer, editor de la sección opinión del diario argentino Clarín. Obras publicadas: Braden o Perón: La Historia Oculta (El Ateneo, 2011). Ha colaborado en The New York Times y otras publicaciones.

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.