Entrevista con Alejandro Fadel, director de "Muere, monstruo, muere"

Desde el 15 de mayo 2019, un año después su primera en la selección Un Certain Regard del festival de Cannes 2018, el nuevo largometraje de Alejandro Fadel "Muere, monstruo, muere" se estrene en las salas francesas con el titulo "Meurs, monstre, meurs".

Alejandro Fadel © Laura Morsch Kihn Alejandro Fadel © Laura Morsch Kihn
Cédric Lépine: Muere, monstruo, muere explora otro tono : él de cine de género, de horror. ¿Puede hablar de la importancia de manejar el genero para apropiarse de otr maniera propia ?
Alejandro Fadel:
Siempre me interesó el terror. Fue, como supongo les pasa a muchos, mi primer acercamiento a la cinefilia, aún antes de conocer siquiera la palabra. En los videoclubes de las ciudades pequeñas (ese era mi caso al menos) el terror solía estar cerca del porno y como porno no podía alquilar entonces me llevaba las de terror. Con el tiempo, mientras mis gustos se ampliaban, pude reflexionar un poco porque me gustaban esas atrocidades, desmembramientos y seres monstruosos. Es que el terror es un género que tiene en su esencia una potencia vital, es su condición renovarse, ya que desde el artificio, el horror piensa el mundo, refleja la política de su tiempo. Es vanguardia y tradición. Es siempre moderno, ya que nuevos tiempos requieren de nuevas imágenes y sonidos que sacudan al espectador, que lo emocionen, que estimulen su fe en las imágenes y lo lleven al misterio, a esa zona incómoda, incierta, a la que todo arte debería aspirar. Claro, como cineasta frente a un relato que se cruza con el horror, intenté encontrar una manera propia de enfrentarme a estas cuestiones que aquí intento expresar. Porque también es cierto que el mercado impone un molde narrativo al género al que es necesario poner en estado de pregunta. Si el terror se repite, se muere, se lo come el algoritmo. No me interesa tanto el terror de impacto (visual y sonoro) sino aquellos filmes donde el horror parece emerger de manera misteriosa e implacable para contaminarlo todo, esa niebla que llega a la bahía y aloja el mal. En este sentido, me gustaría pensar que en Muere Monstruo Muere, dentro de una historia de género se esconde otra película que habla sobre el miedo y las distintas formas de controlarlo en el mundo moderno. Y, también, una película de amor, de su presencia y su carencia.


C. L.: Tambien, se refleto mucho en la película de la sociedad humana en sus miedos, su sexualidad, las relaciones entre géneros masculinos y femeninos. ¿ Por usted, parece que el cine de genero es una buena oportunidad para reflectar la complexidad de la sociedad ?
A. F.:
Algo de esto mencionaba en la respuesta anterior. Efectivamente, creo que el género en sus mejores exponentes tiende una mano estrecha con la política. Pienso en Carpenter o Cronenberg, su trabajo sobre los cuerpos, biológicos y sociales. Pero también mucho más atrás, en Freaks y su interés por los marginales, por el punto de vista de los anormales, lo olvidados del sistema. Quizás podemos pensar a Muere Monstruo Muere como una película de género y género: ¿Porqué son mujeres solamente las que mueren en la película? Seguramente porque uno de los temas que trabaja la película es la mirada del hombre, los sistemas históricos de poder construidos a partir de la masculinidad, la virilidad y la sumisión vertical. En tiempos donde estas ideas se ponen en crisis, las mujeres siguen siendo los cuerpos donde se libra la batalla, donde se imprimen las marcas del hombre asustado a perder el territorio que supuestamente nos pertenece. No hace falta mas que leer los diarios de todos los días.
Desde la concepción del guión sabía que la anatomía del monstruo estaría signada por evidentes componentes sexuales. Que el diseño de nuestra criatura estaría atravesado por distintas formas alteradas de sexualidad. Un monstruo ambiguo, un cuerpo extraño, imposible de clasificar o "normalizar". Como las sexualidades hoy en día, debatiéndose, poniendo en duda, con la potencia del presente, eso que nuestra cultura se empeña en mantener de manera binaria, unívoca. Una sexualidad corrida de lugar, los órganos sexuales en posición de muerte y no como potencias de goce.


C. L.: Cómo fue el trabajo de casting de los actores, donde se encuentran profesionales como Esteban Bigliardi y actores que actúan por la primera vez al frente de una camera ?
A. F.:
Al filmar a una persona poco me importa si se trata de un actor profesional o no. Los dos protagonistas de la película y también sus voces, son el centro del relato. Escribí pensando en Estaban Bigliardi para interpretar a David, con sus parlamentos extraños que atraviesan el film y que dan pistas y despistan. Era esa voz, esos textos los que debían embrujar al otro protagonista, el oficial a cargo de la investigación y sumergirlo poco a poco en un desconcierto que por otra parte lo hacía ponerse en movimiento hacia el misterio. Respecto a Cruz, no tenía la menor idea quien iba a interpretarlo, pero intuía que sería mejor si se trataba de un actor (o no actor, profesional o no, poco me importan estos conceptos, en general el concepto de profesionalismo está fuera de mis intereses personales) que estuviera por primera vez frente a cámara. Encontrar a Victor, con su personalidad, sus marcas, su cuerpo y su voz, terminaron de dar forma a ese otro que David invoca. Creo que la relación entre los dos, ese extraño afecto, es el centro de la película, su pregunta principal. Había escrito una película en la que el lenguaje, sus límites y sus ecos, eran parte central de la historia y de repente apareció Victor trayendo la voz extraña y la película se volvió mejor. Lo mismo pienso de cada uno de los actores de la película.

Intento no cargar a los personajes con psicologías, grandes historias previas o motivaciones para accionar o reaccionar. En este sentido me interesan mas los cuerpos, las voces, los movimientos, que la construcción dramática. Alguien que viene y ejecuta su instrumento con precisión no pertenece al universo de lo que me moviliza. Digamos que busco que lo que el lente y el micrófono registren sea la ambigüedad que nace entre la persona que interpreta y el personaje imaginado. Ir tras ese espíritu que inevitablemente buscará salir a la luz.
Así como las condiciones de rodaje eran casi siempre poco confortables, el cuerpo de los actores estaba sometido a las mismas dificultades y por momentos la experiencia se volvía agotadora. Descubrí en una noche interminable y fría, que el cuerpo de un actor en situaciones extremas tenía la misma resistencia que el de un deportista de alto riesgo. Envidio esa entrega, ese compromiso y esa confianza. Porque lo que haría de este relato algo verdadero era la capacidad de sus actores de dotar de ternura a los personajes. Y eso solo se lograría mediante el cariño sincero. También por eso les estoy profundamente agradecido.


C. L.: ¿ La diversidad entre actores profesionales y no profesionales fui algo muy estimulante en el rodaje ?
A. F.:
Todo tipo de cruces siempre me parece estimulante, a nivel creativo y personal. Que sea el choque entre cosas en apariencia disímiles lo que haga nacer lo imprevisible, lo nuevo. Me gusta pensar que nuestras vidas serían mejor así, si no nos sometiéramos al encierro de nuestras propias certezas.
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C. L.: ¿ Que podían proponer los actores para construir su personaje ?
A. F.:
Como decía, intento trabajar lejos de la psicología y la construcción clásica de personaje. Los actores leían el guión, ensayábamos para encontrar el tono justo de habla y simplemente marcábamos ciertos límites dentro de lo que era posible y lo que estaba fuera de nuestro registro. En rodaje, las cosas estaban claras creo para todos. Por otro lado, es una película donde los actores estaban expuestos a condiciones de rodajes adversas, de frío profundo, de altura de montaña, de noches largas, de desnudez. Entonces, había en el momento de empezar a filmar donde ciertas emociones se articulaban de manera directa sin que el actor las pudiera controlar del todo. El frío era frío, el cansancio era cansancio. Ahí donde el cuerpo logra ganarle a la cabeza, intuyo, se aloja un lugar de verdad al que me interesa acceder.


C. L.: ¿ En que punto fui interesante artistícamente y técnicamente, la coproducción francesa Rouge international et Uproduction ?
A. F.:
El aporte francés no sólo fue necesario sino indispensable para la película. Fueron las amigas de Rouge International las que primero creyeron en el proyecto, fueron ellas las que introdujeron a UProduction y entre todos se estableció una colaboración no sólo económica sino creativa, fundamental. Me gusta trabajar con amigos, que el rodaje sea una experiencia que nos atraviese a todos y que, en el mejor de los casos, esa vitalidad se refleje en la pantalla. Es una experiencia larga y agotadora filmar y los vínculos humanos deben ser sólidos. Lo mismo sucedió con nuestros colegas de Cinestacion en Chile y todos aquellos que se fueron sumando e interesando por esta película, desde el guión hasta el día de hoy. Tuve a través de nuestros compañeros franceses la oportunidad y el placer de trabajar en la construcción del monstruo con personas increíbles y talentosas, tanto de Atelier 69 como de Mikros. Y finalmente encontrar en UFO un distribuidor que amara nuestra película. De todos aprendí mucho, sentí su compromiso, me sentí querido y acompañado.


C. L.: ¿ Cuales fueron los facilidades o dificultades para producir una película de genero a la diferencia de otro tipo de cine ?
A. F.:
Intuíamos que esta película iba a demandarnos un gran trabajo para conseguir los fondos necesarios para llegar a la película que imaginábamos. Y si bien sabíamos que se trataba de una película de género, también éramos conscientes que lo trabajaba de manera lateral y, en el mejor de los casos, novedosa. Fue una camino largo. Hubo que aprender a esperar. Por suerte encontramos grandes compañeros de aventuras. Se trató, desde un primer momento, de sumar esfuerzos y voluntades que creyeran en la película tanto como nosotros. Empresas, fondos, instituciones públicas y privadas, en varios países del mundo. Fue vital recorrer ese camino acompañados por nuestros valientes coproductores. Hubo mucho trabajo y la cuota de suerte necesaria para hacer que otros fueran interesándose en el proyecto y sumándose y que encontraron en ese guión la ilusión de una película posible y novedosa. El rodaje fue arduo, 7 semanas en la Provincia de Mendoza, en pleno invierno y en alta montaña. Todo el equipo y elenco resistió estoica y generosamente las condiciones de rodaje, con entrega y alegría. Finalmente, habíamos vuelto de la montaña con horas y horas de imágenes y sonidos. Montamos la película en Buenos Aires, mientras desarrollábamos los VFX entre Francia y Argentina. Finalmente, terminamos la imagen entre San Pablo, Brasil y Bordeaux, el sonido entre Chile y Argentina y, mezclamos la película en Francia. Misteriosamente, parece que las partes encajan. Todo el proceso implicó un gran trabajo de todas las partes, buscando en cada instancia nuevas maneras de acorralar al monstruo.

Creo que estamos en un momento, en Argentina particularmente (aunque la situación se reproduce cada vez más en las pantallas del mund0), donde películas como éstas, salvo con la intervención fuerte de la televisión o plataformas digitales difícilmente encuentren manera de financiarse sin resignar sus ambiciones estéticas. Me siento un gran afortunado en ese sentido. Claro, ahora llega el momento de exhibirla comercialmente y ver si en el apocalipsis de las pantallas y la concentración, todavía queda un lugarcito.


C. L.: ¿ La selección en el festival de Cannes constituye un apoyo por la película ? En que sentido ?
A. F.:
En el 2012 habíamos presentado en la Semana de la Crítica, Los Salvajes, la primera película que dirigí. Teníamos un recuerdo hermoso, de un gran cariño de parte del equipo del festival, tanto hacia las películas como hacia los que las realizábamos. En este caso, la experiencia grata se repitió. Primaron el cariño y la confianza frente a nuestro trabajo. Siento enorme alegría por eso. Imagino que muchos cineastas desean este destino para mostrar por primera vez lo que es trabajo de años. El festival es una vidriera importante para todas las películas y su futuro pero quizás más aún para películas como ésta, difíciles de ubicar en el mercado y el vértigo del consumo de imágenes televisivas cada vez más codificadas. Creo que ha sido una decisión arriesgada haberla programado y me causa placer que otros hayan podido ver belleza en aquello que imaginamos. Los festivales de cine, aún con aquellas cosas que podemos objetarles, siguen siendo un lugar de resistencia en la batalla cultural. Si me preguntás si ayuda respecto al mercado, no tengo una respuesta cierta. La situación del cine en salas está en momento de crisis y quienes hacemos películas debemos hacer lo imposible por no perder el Gran Salón Oscuro.


C. L.: ¿ Cual fue la consecuencia del premio del FIFIB (Festival Internacional del Cine Independiente en Bordeaux) ?
A. F.:
Me siento muy ligado a Bordeaux, tengo familia allí cerca, mi mujer y mi hija son francesas, tengo grandes amigos, me gustan sus vinos y la ciudad. Y si, me encanta que le película haya obtenido uno de sus primeros premios allí, por un jurado que respeto y admiro. Y que se haya proyectado en el Utopia, ese cine-templo hermoso y acogedor, con su elegante bar.
Por otro lado, la región Nouvelle Aquitaine apoyó fuertemente nuestro filme y fue entonces una gran oportunidad de compartirla con ellos y dar las gracias.

C. L.: Si la recepción, las reacciónes por el publico en Argentina fueron distintas de otros países ¿ en que forma ?
A. F.:
La película se ha mostrado en muchos países pero poco en Argentina. Estamos pronto a nuestro estreno comercial en el país (casi en simultaneo con el estreno francés) y podré quizás sacar alguna conclusión. No lo sé, estoy ansioso y expectante. Se que es una película que exige espectadores atentos, y espero podamos encontrarlos. Me haría feliz que así sea.

 

Esta entrevista con el director fue una primera ves publicada en el sitio Éclairs, revista numerica de ALCA, agencia de libro, cine y audiovisual en la región francesa Nouvelle-Aquitaine.

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