Entrevista con Sergio Huidobro, critico de cine en México

Sergio Huidobro es critico de cine en Mexico, fue parte del jurado de los nuevos criticos en la Semana de la critica en 2014 en Cannes, colaborador regular de las revistas “La Tempestad” e “Icónica.”, participante del programa "Micine, tu cine" en Canal Once.

Cédric Lépine : ¿Que haces en relación con el cine ?

Sergio Huidobro : Tengo una formación doble: periodismo por un lado, letras por el otro. El cine es el marco que me permite ejercer las dos sin preocuparme nunca por la divergencia. Escribo crítica de cine en medios impresos y electrónicos; solo recientemente me permití expandir mi quehacer a otros dos ámbitos, la docencia cinematográfica (formar espectadores) y la crítica en radio y televisión. 

 

C. L. : ¿Cómo y porque participaste en la promoción 2014 de Talents critique de la Semana de la Critica ?
S. H. :
Participé gracias a una convocatoria abierta en colaboración por la Semana de la Crítica, la Embajada de Francia en México y la Cineteca Nacional. El primer paso fue un concurso nacional de crítica para menores de 30 años; el segundo fue la participación en un seminario. Al terminar éste, resulté seleccionado.

 

C. L. : ¿Cómo fue la experiencia en Cannes ? ¿Esperabas algo en particular ?
S. H. :
Fue una mezcla de aprendizaje profundo del oficio, de descubrimiento y de profesionalización. Sin esperarlo, fue muy útil en el entendimiento de la industria cinematográfica de mi país, y de la de Francia: organización de festivales, métodos de trabajo, perfiles profesionales, gajes del oficio... comparar lo que ya conocía en México con lo que encontré en Francia fue fructífero, tanto por las diferencias por lo que encontré en común.

 

C. L. : ¿Podemos decir que esta experiencia en la Semana de la critica contribuye a tu aprendizaje de la critica de cine ?
S. H. :
En el ejercicio profesional, si. En el que hacer diario del oficio: sus artistas, sus técnicas, sus particularidades o responsabilidad. Su deontología, en tanto periodismo. Las películas no: para eso, basta esperar un poco para encontrarlas disponibles en el país donde se viva. México enfrenta problemas históricos con la distribución y exhibición en salas. El chivo expiatorio siempre es el corporativismo de Hollywood, pero esa es una verdad a medias: la pasividad consumista y escasa formación de públicos también abona, y mucho. Si no se participa activamente, por medio de la autodocencia fílmica, como espectador, muy poco puede hacerse para cambiar las condiciones de la industria. Francia es un buen ejemplo para un modelo industrial nacional que funcione.

 

C. L. : Fueron cuatro personas de cuatro países distintas : ¿cómo se relacionan o se diferencian la manera de entender y hacer critica de cine ?
S. H. :
Es curioso, porque nuestras posturas eran hasta cierto punto idiosincráticas, casi regionales, y no sabría decir hasta que punto eran autoasumidas o conscientes. Veníamos de Francia, Rumanía, Argentina y México; el colega rumano, por ejemplo, respondía a una idea "rumana" del cine de festivales que empataba, perfectamente, con la poética de Cristi Puiu; cuando Louise, de Francia, argumentaba a favor o en contra de una película, podía intuirse en ella una tradición muy específica, la de la crítica francesa que emana de Bazin y que, si bien ya no es la de Cahiers du Cinéma, si puede ubicarse hoy en un punto medio entre Positif y Télérama. Caí en cuenta que la crítica, en tanto género de escritura, sigue siendo profundamente regional en muchos casos.

 

C. L. : ¿Es decir que la manera de hacer critica de cine viene de una relación con una historia propia de la cultura ?
S. H. :
Si, parcialmente, al menos. La respuesta anterior sería mi mejor ejemplo personal en torno a eso. Pero también en la crítica altamente profesionalizada, la de los grandes medios que se presentan como globales, pervive esto que me preguntas. Hay toda una forma de entender la crítica ligada al estilo de Variety, Screen International o The Hollywood Reporter; es un estilo propio, pero también es un rostro muy definido de la idiosincracia anglosajona y su abordaje de productos audiovisuales entendidos a la vez como productos utilitarios y como envases de contenido, de ideas. No es la única, por supuesto: Film Comment no es menos anglosajona, pero lo es en un sentido muy distinto, el de la costa este americana, que históricamente bebe de su pasado anglicano-europeo para asentar su personalidad, que es fuertísima. En consecuencia, Film Comment es un estandarte estadounidense con el que un europeo se puede sentir cómodo también.

 

C. L. : ¿Que significa por ti la « critica de cine » ?
S. H. :
Significa la posibilidad de compartir y dialogar. El cine es el gran espacio conversatorio del siglo XX, y seguirá siendo uno de los formatos dominantes en el XXI, aunque ya no sea el único ni el dominante. Escribir crítica es abrir ventanas para pensar a los productos audiovisuales a partir de nosotros mismos –como individuos, como sociedad, como se quiera– y viceversa. Compartir pasiones, filias, amores, argumentarlos y encontrar respuesta en otros espectadores es uno de los mayores privilegios de este oficio.

 

C. L. : ¿Porque escribes sobre el tema de una película en ves de una otra ? Cómo elegís las películas para escribir tus artículos ?
S. H. :
Depende de la naturaleza del trabajo que se realice. En el programa de televisión que hacemos con Canal Once, Mi cine tu cine, existe el imperativo de revisar y comentar los estrenos de cada semana; si no todos, la mayoría, y se eligen los más relevantes para nosotros. Pero no puedes descartar, en este caso, una película mala solo por ser mala: quizá hay mucho que decir en torno a ella, independientemente de su interés fílmico. Para las revistas con las que colaboro, La Tempestad e Icónica, me encargan textos sobre películas o autores específicos, pero casi siempre son cintas que, a juicio de los editores, empatan con mi perfil. Y a veces no, por supuesto. Pero un profesional de la crítica tendría que poder escribir con la misma inteligencia y capacidad de análisis sobre cualquier película, sea una comedia de puro consumo o una de Michael Haneke.

 

C. L. : En tu experiencia propia, ¿cuáles fueron las cosas las más importantes para estar dispuesto a hacer critica de cine ?
S. H. :
Asumir la inestabilidad profesional del oficio. Nadie publica anuncios en el diario buscando críticos de cine, ¿sabes? La forja de un nombre, de cierta legitimidad o respetabilidad para ejercer y para vivir de ello, es un camino que siempre se recorre solo. Se puede, pero no es un camino sencillo que cualquiera querría tomar. Nadie vive de la crítica en México, y en Francia son cada vez menos, porque esta crisis está enmarcada en otra más grande: la de los medios impresos y su sustentabilidad económica. 

 

C. L. : ¿La critica de cine se enseña ?
S. H. :
Si, quiero creer que si. No se enseña para formar críticos que mañana publiquen artículos o libros, sino para formar espectadores que sepan y quieran ver cine con la mirada más limpia, más lúcida. Formar audiencias críticas, responsables, que gocen del cine como una actividad a la vez intelectual y estética, es una de las tareas más relegadas por los sistemas educativos de casi todo el mundo. Recién en Argentina se probó un modelo en las escuelas públicas para introducir clases de cine a edad temprana: no para hacer cine, sino para verlo. La idea es espectacular y, si me preguntan a mi, necesaria como pocas.

 

C. L. : ¿Cuál es la situación de la critica de cine en México ?
S. H. :
Aunque, como te decía antes, la crisis de los medios informativos golpea directamente a la crítica de artes, la de cine va encontrando vías para poner el oficio a resguardo. En esta década, el Seminario de Crítica para jóvenes de la Cineteca puso en evidencia el enorme interés por el cine y por la crítica que existe en la generación que hoy está entre los 20 y los 35 años, más o menos. Por supuesto, pocos de ellos terminarán publicando en medios impresos o forjando una carrera en la crítica, pero muchos otros se interesarán por la programación, la curaduría, la investigación, la distribución, y todos esos son avatares de la crítica en tanto forman públicos y despliegan la pasión por el cine en capas amplias de población.

 

C. L. : En México, ¿cuáles son los medios de comunicación para hablar de cine ?
S. H. :
Cualquiera, en realidad, pero con muchas reservas y matices. Cada noticiero de radio dedica una sección al cine, pero la enorme mayoría de estos espacios son ocupados por periodistas de espectáculos cuya formación fílmica va de escasa a nula. Son opinadores sin criterio, cuya agenda es la de los grandes estudios y las noticias relativas a los actores como figuras públicas. Lo mismo pasa con revistas dedicadas enteramente al cine: en la mayoría de los casos, su modelo de negocios está adaptado a las necesidades de promoción de la gran industria. No es culpa de ellos: hoy en día, ese modelo es prácticamente el único que permite sostener a una revista impresa a gran escala. Yo he tenido la suerte de mantenerme como colaborador de los medios que más me interesan como cinéfilo: la revista La Tempestad, de arte contemporáneo, e Icónica, un proyecto valioso que impulsa el pensamiento en torno al cine.

 

C. L. : ¿Para ti la critica de cine es un aliado al cine de bajo presupuesto y al cine de autor ?
S. H. :
No. No necesariamente. Debe ser aliada del buen cine, o de lo que el crítico entienda por buen cine. Parte de mi tarea como crítico es desmontar esta idea categórica, ambivalente y falsa de que el cine barato o el cine personal valen más por exhibir estas condiciones. Nos ahorraríamos mucho mal cine si reconociéramos, finalmente, que el rey muchas veces va desnudo. La crítica, para mí, es aliada del pensamiento, del juicio crítico, del discernimiento, de la inteligencia, pero nunca de un tipo determinado de cine.

 

C. L. : ¿Puedes presentar los talleres de formación a la critica de cine ?
S. H. :
La iniciativa original viene del Espacio de Reflexión Estética, que es el centro de formación abierto por la revista La Tempestad en sus instalaciones. Los alumnos son diversos, y eso me entusiasma: provienen de distintos campos de formación y de al menos dos generaciones distintas. El contenido y el método se basan en ver fragmentos de cine, que a veces son escenas y a veces cortometrajes completos, para desmenuzarlos entre todos. Esto como complemento a una breve sesión teórica, explicativa, que procura ser al mismo tiempo analítico (del cine como "forma") y con una perspectiva histórica e incluyente: revisamos cine tan diverso como sea posible.

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