Entrevista con Álvaro Brechner, director de “La Noche de 12 años”

“La Noche de 12 años” de Álvaro Brechner se estrenara en Francia a partir del 27 de marzo 2019 con el título “Compañeros” y esta parte de la programación Cinélatino, Rencontres de Toulouse 2019. En septiembre 2018, obtuve el Premio del publico en el festival de cine latino de Biarritz.

Álvaro Brechner © Rubén Vega Álvaro Brechner © Rubén Vega

Cédric Lépine : ¿Cómo fue el trabajo de escritura para transformar una biografía en un guión?
Álvaro Brechner : Creo que cuando uno se lanza a escribir un guión, uno se convierte en una especie de aventurero, de explorador, acerca de la condición humana. Independientemente de dónde se parte, de lo único que se dispone es de una brújula que le indica el Norte. Un punto al que nunca se llega pero que permite transitar una selva en la que nunca se está seguro de qué se va a encontrar. En La Noche de 12 años la pregunta fundamental era: "¿cómo hace alguien ante circunstancias extremas, que niegan todo aquello que conoce de su existencia, para seguir conservando su condición humana?" Yo me encontré ante todo con la dificultad que frente a cierto horror hay un límite que el lenguaje no puede abordar. En La Noche de 12 años partimos de un libro (Memorias del Calabozo) en el que dos de los tres sobrevivientes daban testimonio de la experiencia real que sufrieron en los 12 años de aislamiento. A partir de ahí empecé a reunirme con José Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernandez Huidobro, quienes además de abrir el baúl de sus recuerdos me dieron la confianza indispensable para llevar adelante el proyecto, desde la libertad artística esencial: "Nosotros ya lo vivimos. Te contamos lo que cada uno recuerda y sentimos de esos años. Ten la libertad de hacer lo que sientas que nuestro testimonio te inspira.” Fueron casi 4 años de investigación y trabajo.

C. L.: ¿Los años ‘70 en Uruguay están presentes en la memoria de los ciudadanos de Uruguay?
Á. B.: Obviamente; pero depende. Es una década que marcó a fuego la historia del país y las generaciones venideras. Aun cuando en la sociedad actual se tengan preocupaciones sobre sucesos actuales, hay heridas que son difíciles de disimular. Igual es imposible uniformar una respuesta ya que debería darte 3.000.000 de puntos de vista.

C. L.: ¿La memoria del pasado todavía esta presente? 
Á. B.: La memoria es una palabra compleja, porque tiene los infinitos atenuantes que queramos ponerle. Toda persona puede escapar de su pasado, salvo interiormente. El tema, o la única pregunta valida a hacerse, es qué cosas de su pasado le sirven para ser quién es hoy. El problema surge cuando en el presente queremos arreglar cuentas que no se pueden arreglar salvo por la aceptación del pasado.

C. L.: ¿La película podría ser una tentativa para reflexionar la época y la fuerza de convicción de los hombres para sobrevivir?
Á. B.: El que ellos le encontraran sentido a su supervivencia es lo esencial de está historia.
Los 3 individuos, en la soledad más impenetrable del cautiverio, debieron reinventarse para poder resistir a uno de los experimentos más siniestros posibles de imaginar. Una tortura física/mental para llevarlos a la locura, cuyo objetivo último era aniquilar la última resistencia del yo más intimo.

Álvaro Brechner (a la izquierda) dirigendo a Antonio de La Torre (a la derecha) durante el rodaje de “La Noche de 12 años” © Tornasol Films Álvaro Brechner (a la izquierda) dirigendo a Antonio de La Torre (a la derecha) durante el rodaje de “La Noche de 12 años” © Tornasol Films


C. L.: ¿Por qué elegir el brillante actor español Antonio de La Torre para la interpretación de Pepe Mujica? ¿Que te interesa en él?
Á. B.: Aún recuerdo la primera vez que me reuní con Antonio en una cafetería para contarle la historia. No llevaba ni 10 minutos cuando me interrumpió: "Que esta historia hay que contarla está claro. ¿Para que hemos quedado? ¡Sólo dime cuando empezamos!" Como director que ama trabajar con actores, tener enfrente a un actor único e inigualable como Antonio de la Torre es un sueño. También un desafío. Uno dirige con la mente, con el corazón y con el estomago. En estado de gracia, los tres órganos están alineados. Pero el que te anima a lanzarte a la verdad es el estómago. Y Antonio maneja los tres. Pero su mirada, llena de poderosa verdad, desvela su estómago indómito, auténtico y valiente.

El desafío era enorme. No era un viaje fácil ni placentero. Exigía descender al abismo físico y mental, bajo una responsabilidad que traspasaba fronteras. Además de perder 15 kilos para reflejar el realismo impuesto por el cautiverio, debía adaptarse al acento uruguayo, transformarse -en sus años más joven- en una personalidad internacional como Pepe Mujica, y sobre todo, bajar al mismísimo infierno mental que experimentaron estos hombres en 12 años de aislamiento y confusión, en los que fueron despojados de casi todo aquello que los constituía como individuos. La locura y la capitulación estuvieron a punto de ganarles la partida. Ante la pregunta: “¿cómo se sobrevive a algo así?” Mujica nos respondió: “nadie sabe lo fuerte que es, hasta que ser fuerte es la única opción que te queda.” Y desde nuestro humilde lugar intentamos abordarlo. No buscamos una imitación. Queríamos animarnos a vivirlo, a experimentar ese pasaje por las tinieblas en dónde se debaten los dilemas más profundos de la existencia humana. El vértigo no lo desanimó. Lo asumió con brutal entusiasmo y valentía. Más allá de su investigación, sus encuentros con Mujica, lo más importante era ir más allá de los hechos sucedidos. Sumergirnos en cómo afecta esa lucha psicológica e inalienable del ser humano por conservarse como hombre y no convertirse en animal. Fue un salto al vacío sin red. Creo que ninguno de nosotros salió de esta experiencia igual que como entró. Como repetimos siempre con Antonio, las películas que vale la pena hacer son en las que uno, como ser humano, aprende del viaje y vuelve distinto.

C. L.: ¿Cómo vino la idea de tratar de manera sensorial la experiencia de los años de cárcel?
Á. B.: Fueron muchos años de investigación y charlas con otros presos, militares, historiadores, psicólogos y hasta neurólogos, para intentar exponer cómo experimenta un ser humano el aislamiento, la falta de lenguaje, la oscuridad, la desorientación espacio-temporal. Una de las principales dificultades que encontré fue que era imposible contar la historia de forma realista si sólo me limitaba a una puesta en escena objetiva. En el fondo el "¿qué les pasó?" estaba determinado por una fuerte base subjetiva del "cómo" lo vivieron. Muchas veces no podían saber si estaban despiertos, soñando o imaginando, si estaban siendo traicionados por sus sentidos. Mi intención fue intentar trasladar la “experiencia” del aislamiento, cuyo gran protagonista es el silencio, la incomunicación más absoluta, la exploración del hiper-desarrollo de los sentidos, el deterioro y la renuncia de todo aquello que constituye la condición humana. Era algo que representaba un desafío estético, humano y cinematográfico mayor. Me pregunté ¿qué queda de ese hombre al que le han quitado todo? Pero había algo que nadie les podía quitar: su imaginación. La última de las libertades inalienables para decidir quién uno quiere ser. Un refugio, a través del cual los tres hombres se aferraron a su espíritu para mantener su humanidad y su esperanza. Esta debía ser una película de un "viaje", no de "turismo". Un viaje al corazón de las tinieblas, que más allá de las descripciones realistas debía abordar las sensaciones entendidas desde la lógica y la naturaleza de un sueño largo, deconstruido en el tiempo, lleno de luz y oscuridad, de ruidos y silencios. Perverso y a la vez vitalista. Solo así podría acercarme a una definición de lo real.

C. L.: En tu película, ¿qué lugar tuvo el tiempo en la narración de la experiencia de los prisioneros?
Á. B.: En La Noche de 12 años era fundamental contar la experiencia de vivir 12 años alejados del mundo, de todo aquello que conocían como individuos y que ya no les servía para nada. El tiempo en una cárcel es lineal. Uno es capaz de ir quitando días a su condena, de organizarse bajo una estructura narrativa. Lo que ellos vivieron fue circular. De pronto se encontraron con un universo en el que ayer se confundía con el mañana, ante la falta de estímulos (voz, sonidos, luz natural) carecían de la capacidad narrativa para poder dar orden a sus pensamientos. La ausencia del lenguaje, ante el cual formular narrativas, hace que los humanos modifiquemos nuestras percepciones del tiempo.

C. L.: ¿Qué representa para ti la figura política de Pepe Mujica?
Á. B.: Como uruguayo e individuo del mundo del siglo XXI, José Mujica es una figura que abarca muchas cosas a nivel cultural, político y filosófico. Pero a mí la que más me impacta es su figura como individuo, su capacidad de resistencia, de valentía y su resiliencia. Por fuera de los estigmas ideológicos o políticos, está el ser humano y su inquebrantable espíritu. Y ese es el que me maravilla. Hay quienes ante determinadas circunstancias son quebrados, hay quienes la sobreviven a través de situaciones morales, o su sentido del humor, o su sentido de la humildad, o su sentido del compromiso social que establecieron. Creo que la vitalidad con la que Mujica emprendió cada faceta de las que le tocó vivir en su vida me parece fascinante. De cómo de las peores circunstancias siempre hay espacios para sacar esperanzas.

 

C. L.: Para ti, ¿cuáles son las relaciones que pueden hacerse entre el mundo político y social de los años ‘70 y el mundo actual?
Á. B.: Creo que los años 70 estuvieron cargados de ideologías, que ninguna de ellas es adaptable al mundo de hoy -si es que lo fueron entonces- probablemente post caída del muro de Berlín. Han quedado obsoletas aunque sigan retumbando en nuestras consciencias. De alguna forma, aquellas generaciones intermedias nos vemos huérfanas de lo que puede ser absoluto y explícitamente actable. Y las nuevas generaciones se encuentran desesperadas intentando adaptarse al vacío. Creo que en el 2019 es imposible enfrentarse a un mundo con los ideales románticos, tan amplios como “cambiar el mundo” de los 70, sin una mirada distante entre todo lo que se obtuvo y lo que se perdió entonces. Hoy encontramos un combate y una resignación mucho más profunda y desorientada. Pensamientos que yo históricamente consideraba de derechas ahora están en la izquierda, y lo mismo al revés. Todo ha perdido sentido y paradójicamente, nada nuevo ha cobrado sentido o iluminación. Creo- en mi humilde opinión- que deberíamos cultivar un futuro más desapegado de lo ideológico y con más de la libertad de pensamiento.

 

 

gracias al apoyo de Paula Oróstica por su lectura gramatical

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