Billet de blog 28 avr. 2022

Entrevista con Iván Guarnizo, director del documental "Del otro lado"

El documental "Del otro lado" estuvo en competencia oficial en la 34° edición del festival Cinélatino, Rencontres de Toulouse, donde recibió el Premio del Público. Es en el marco de este festival en Toulouse (Francia) en marzo 2022 que se realizó esta entrevista.

Cédric Lépine
Critique de cinéma, essais littéraires, littérature jeunesse, sujets de société et environnementaux
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Cédric Lépine: ¿En qué momento el proyecto del documental se transformó de algo íntimo, en algo más colectivo?
Iván Guarnizo:
La película la empecé como algo totalmente íntimo. Estaba intentando entender mi propio dolor y el de mi familia. Pero muy rápido me di cuenta que yo no quería que mi película se quedara solamente en el pasado, sino que fuera una película que mirara hacia el futuro de alguna manera. Entonces cuando empecé a leer los diarios de mi mamá y quise conocer al guerrillero que la cuidó, me di cuenta de que estaba mirando al futuro. Y empezó todo como una cosa muy familiar, en el sentido de yo quería que mi hijo, que en el momento en que yo empecé la película tenía un año, viera esto que estaba haciendo, como una forma de reescribir nuestra historia de dolor desde desde otro punto de vista. Entonces digamos que esa fue la primera vez que yo me di cuenta cuando lo veía a él, que la película iba más allá de mí, que estaba mi hijo y luego estaba mi familia.
Y empezó a pasar algo lentamente, que fue socializar el dolor. Primero lo hablé con mi hermano, después lo hablé con mi familia, pero yo no me di cuenta hasta más adelante, cuando empecé a presentar el proyecto todavía no terminado en diferentes talleres, encuentros y festivales que este proceso resonaba con otras personas colombianas. No era mi intención, pero en un momento me di cuenta de que este proceso, estas ganas de resignificar el dolor y de tratar de encontrar algo que se abrió, una especie de esperanza que se abrió con los acuerdos de paz del 2016, se transformaba en algo que podía ser colectivo, en el sentido de muchos esfuerzos individuales hacia un mismo lugar. Y eso es lo que está pasando.

Hay muchos esfuerzos individuales, lo que pasa es que la guerra en Colombia, o sea la guerra después de 50 años, pues pesa mucho y todavía tira para abajo muchas cosas. Pero realmente no fue sino hasta que yo estrené la película en Colombia, en octubre del año pasado, que no me di cuenta de la potencia colectiva que la película podía alcanzar a tener.

Iván Guarnizo © Francisco Muñoz

Tuvo una doble función. Primero de esta función más cinematográfica de estrenar el cine en salas de cine y mantener el oficio vivo. Pero luego la experiencia colectiva en la sala de cine y precisamente en esta película, se convertía en una catarsis colectiva. Los últimos 30 minutos de la película son conscientemente con un volumen más bajito que el resto de la película. Y yo lo hice para que la gente tuviera que acomodarse en sus sillas e intentar escuchar un poco con atención lo que él decía. Entonces, en la mezcla de sonido junto con el mezclador, bajamos un poquito el sonido y esto generóuna cosa que yo no me esperaba, y es que en la sala de cine la gente que se estaba aguantando llorar, escuchaba a alguien más que empezaba como a sollozar y entonces ellos ya no se sentían solos y podían soltar y podían dejar que sus emociones salieran. Entonces la experiencia de verlo colectivamente se convirtió en una catarsis colectiva. Al final, en el turno de preguntas, lo primero que hacía la gente no era preguntar, sino hablar de su propia experiencia y de cómo esta película le permitía incluso pensar en una nueva narrativa para su propia vida.
Varias veces pasó que alguien hablaba, levantaba la mano y decía: “A mi padre lo mataron los paramilitares hace 16 años y esto nunca lo hemos hablado con mi familia. Y ahora esta película me da el impulso para ir a hablarlo con ellos” Estuvimos en un festival de cine en Ciudad Bolívar, que es un barrio en Bogotá, el más grande y seguramente más pobre. y allí un chico se me acercó, no dijo absolutamente nada, me abrazó y me dijo al oído “Me voy ahora a mi casa a pedirle perdón a mi mamá”. Y este tipo de cosas empezaron a pasar y entonces ahí me di cuenta realmente cómo estaba conectando, pero yo no estaba esperando esto. Obviamente uno dice ojalá la película conecte, pero nunca lo hice pensando en un proceso colectivo.

Porque pienso que el esfuerzo de la paz es una colección de esfuerzos individuales que se transforman en colectivos. Obviamente hay esfuerzos colectivos muy necesarios, pero yo no soy una institución. Yo me siento una persona sola con mi familia y al final fue un esfuerzo individual pero familiar, que resonó con mucha otra gente que también quería hacer ese esfuerzo colectivo. Entonces fue una cosa que vino muy paulatina.

C. L.: ¿Cómo comenzó la escritura del guión?
I. G.:
La primera vez que yo escribí la película, fue justo la noche después de la firma de los acuerdos de paz. La película era un recuento sobre el pasado y sobre nuestro dolor. Luego empecé a socializar mi película, tanto con mi productor, con mi hermano, con otras personas, y empecé a hacer el proceso de la película, de buscar los diarios, leerlos, luego buscar afuera. Y cuando encontré el nombre Del otro lado me di cuenta de que el nombre era muy polisémico porque hablaba de muchas cosas, hablaba de ese lado que había vivido mi mamá y del lado que yo estaba. Mi hermano lo ve como los dos lados en donde estábamos todos, él estaba en Colombia y yo vivía en España en esa época. Pero además me di cuenta que era una película.

Eso sí es algo que lo escribí conscientemente en ese proceso. Y es que era una película que partía de lo individual y me iba a buscar ese otro lado de Colombia. Y fue en el proceso cuando decidí ir al lugar donde habían secuestrado a mi mamá y hablar con las personas que me encontraba ahí.

Pues empecé a abrir un poco también mi historia, a escuchar la historia de los demás. Y cuando uno encuentra eso, hay un término que se usa mucho en los procesos de paz y de reconciliación, que es la escucha activa. Cuando uno hace escucha activa en el sentido de no solamente estás recibiendo, sino estás recibiendo para poder retornar algo. Se crean unas relaciones en donde el universo se abre porque empieza a ser compartido y eso empezó a pasar tanto en la selva con mi hermano, y después con toda la gente que me ayudó, desde productores y otros colombianos, que me ayudó a buscar hasta el final. Y ahora, luego, en el momento de la socialización de la propia película, sigue pasando. Me encuentro con gente no solo colombiana, hay gente que conecta por ejemplo con cosas que no tienen que ver con el conflicto y que es algo que a mí me sorprendió porque yo tampoco lo pensaba. En Canadá, por ejemplo, una mujer hablaba de que una de las cosas que más le impresionaba era ver a tres hombres expresando sus emociones de una manera tan vulnerable y decía “es un ejemplo de nueva masculinidad”,. Eso es algo que yo no había pensado, pero me gusta porque siento que sí, que estamos construyendo eso, sobre todo en un país y en una región como Latinoamérica, en donde la figura del hombre siempre es el que no llora, el que responde una agresión con violencia.

Estábamos tratando de romper ese molde, no conscientemente, pero simplemente porque nos había salido y entonces conectaba un poco con ciertas cosas. Y además en los procesos de reconciliación que van, mi hermano suele decir ahora, cuando hemos estado presentando la película en España, que también habla de dialogar en las pequeñas cosas y que se puede aplicar en un montón de otras situaciones que no solo en un conflicto armado, sino como intentar escuchar al otro en pequeñas situaciones cotidianas. Y pues ahora más con las cosas que están pasando en el mundo, parecería ser que estamos hablando apropiadamente.

C. L.: La historia es la de dos hombres que se encuentran con un tercero y todos evocan la figura de una mujer, su madre.
I. G.:
Hasta el corazón de una mujer. Si yo creo que lo que dices es es muy potente, porque también la película es muy masculina en el sentido en que mi hermano y yo somos los protagonistas y luego Güérima. Pero mi mamá, que es una mujer, es realmente la que marca la pauta de toda la película. Nosotros estamos siguiendo no solo el rastro de ella, sino estamos siguiendo el rastro de su perdón. Es como el legado que ella nos dejó, no solamente a mi hermano y a mi. Por eso para mi era muy importante esa última imagen de la película en donde estamos los tres sentados alrededor de la mesa. Yo creo que en ese momento los tres estamos pensando en lo mismo sin decirlo. No está explícito, pero queda claro a través de cómo estamos sentados después de estar hablando, estamos pensando en mi mamá, estamos ahí gracias a ella.Y sí, es una película que es masculina, pero es gracias al poder de algo muy femenino como son los cuidados que ella fue capaz de dar y de recibir.

C. L.: Eso revela el proceso terapéutico del cine de permitir de expresar sus emociones.
I. G.:
Creo que habría que normalizar más el hecho de que los hombres en Colombia y en cualquier parte del mundo seamos vulnerables. Creo que la vulnerabilidad luego rompe muchas otras reacciones que se han tildado de típicamente masculinas, ¿no? de la reacción violenta, de la defensa del honor, de un montón de cosas, de la venganza.

Hay una cosa que a mí me impresionó mucho. Hay un grupo que funciona en España, en Inglaterra y en Noruega, y también en Bélgica, que se llama Mujer Diáspora. Es un grupo de mujeres colombianas que empezaron a reunirse antes de la firma de los acuerdos de paz, y luego han seguido. Ellas se dieron cuenta de una cosa: la mayoría de mujeres colombianas en la diáspora o mujeres colombianas que se habían ido de Colombia, nunca habían hablado de su experiencia en el conflicto. Entonces ellas empezaron a sentarse y a pedirles sus testimonios, pero ellas lo hicieron de una manera muy diferente. Porque hay veces cuando uno se sienta y alguien nunca hablado de su experiencia y tú le dices “cuéntame tu experiencia” puede ser muy revictimizante, puede ser muy duro para esa persona. Entonces ellas hacen una cosa que es: “vamos entre todas a cocinar la comida que más nos gusta, nos sentamos a comer y después, al final de la comida, cuando estamos satisfechas, hablamos. Y entonces las barreras caen y se habla desde otro lugar y de ahí saqué yo mi idea para la secuencia con mi familia.

Una de las cosas que hizo que la guerra se perpetuarse y que la convirtió en una guerra fratricida,era, por ejemplo, que un hombre mataba al padre de una familia , luego alguien de esa familia vengaba y mataba al hijo del otro. Esta cosa que pasa en las guerras de larga duración, en donde hay retaliación y venganza constantemente. Las mujeres para romper ese ciclo de venganza y de retaliación, lo que hacían era dos cosas: una era irse de ahí y callarse, romper el ciclo de violencia y quedarse en silencio. Era su manera muy valiente, porque es irse del lugar que en vez de continuar el ciclo de violencia, romperlo. Y entonces yo me ponía a pensar es muy fuerte lo que los hombres les hemos hecho a las mujeres, que se tengan que ir y quedarse calladas por este dolor. Por lo menos en Colombia. Y a mí me gustaría que los hombres empezáramos a resolver las cosas de otra manera también.

Y eso es algo que alguna gente que no termina de entender fDe hecho, Güérima dice cosas con las que yo no estoy de acuerdo y yo digo cosas con las que él no está de acuerdo. Pero nos tenemos ahora. Él es amigo mío y lo quiero mucho y él me quiere a mí. Pero pensamos muchas veces diferente, pues somos capaces de resolverlo hablando.

C. L.: Esto retoma la idea de que muchas veces en América Latina, ante la injusticia, los hombres toman las armas, mientras que las mujeres se manifiestan pacíficamente para reclamar a sus desaparecidos en medio de una dictadura, por ejemplo.
I. G.:
Claro, es muy bonito lo que dices, porque yo usando la cámara, que es mi trabajo, es la manera en la que traduzco la realidad. Yo entiendo la realidad gracias a que hago cine. Pero sí, ahora que hablabas de los procesos de la mujer en América Latina, hay algo que a mí sí me gustaría: que los hombres puedan empuñar otras cosas y que usáramos más herramientas consideradas como femeninas. Y en ese sentido, por eso digo que la película tiene esta enseñanza de una mujer concreta que es mi mamá y que los tres hombres la hacemos nuestra. No soy ingenuo, no creo que somos los únicos tres hombres en Colombia ni en el mundo que hacemos esto. Hay tantos otros hombres que empiezan a utilizar otro tipo de herramientas o empiezan a transformar incluso las herramientas de muerte, como lo hace en la película Güérima, que transforma una bala en una aguja de tejer, de crochet.
A mí me parece muy, muy brutal. Un escritor colombiano que se llama Fernando Vallejo, tiene una biografía que hizo de un poeta y escritor colombiano que se llamaba Porfirio Barba Jacob. Hay un momento en donde él habla de cómo en Colombia y en América Latina, pero sobre todo en Colombia, los hombres transformaron los objetos de trabajo en objetos de muerte. Los machetes, los azadones eran para labrar la tierra. Los hombres lo transformaron en objetos de muerte. Una de las cosas que más me gusta es que Güérima hace el camino contrario: coge un objeto de muerte que es una bala y lo transforma en un objeto de vida, porque al final una aguja es para crear vida. Y a mí me gustaría que más hombres fueran capaces de hacer ese tipo de cosas. Yo creo que es un acto poético increíble haberlo hecho, y creo que la vida debería estar llena de ese tipo de actos poéticos.

C. L.: ¿Existen otras iniciativas como la tuya para apoyar a la Comisión de la Verdad?
I. G.:
Yo creo que hay un montón de iniciativas parecidas a la mía. Tal vez no todas son públicas en el sentido de que no todas se transforman en películas que tienen vocación de convertirse en un relato público. Pero hay muchas iniciativas personales que se han retratado de ciertas formas.

Hay una parte importante de la gente que hemos sufrido directamente la guerra en Colombia, donde se cuentan 8 millones de víctimas, de un país de 52 millones. Es un porcentaje altísimo. Y eso que el Registro Único de Víctimas solo cuenta desde el año 1964 hasta el año 2016, Entre las cuales 6 millones son desplazadas por la violencia, que es el mayor porcentaje y hay muchas personas que sufrieron dos o tres tipos de agresión: violación, desplazamiento, desaparición, tortura, asesinato. Pasó un montón de veces. Los secuestros es uno de los números más pequeños en Colombia, pero tuvo como una importancia nacional, porque al principio los secuestros se empezaron a hacer a la burguesía y a la gente que era dueña de los medios de comunicación. Entonces se hablaba más de eso que los desplazados, pero eso no significa que fuera el mayor de los crímenes, aunque es un crimen tan terrible como cualquier otro.

"Del otro lado" de Iván Guarnizo © DR

Hay muchas iniciativas y la Comisión de la Verdad ha hecho o ha acompañado a muchas diferentes iniciativas. Pero como te digo, hay muchas que son públicas y muchas que son privadas. La Comisión de Paz en Colombia está omo dividida por regiones. Hay alguien para el Caribe, alguien para el Pacífico, etc. Hay un comisionado de paz que trabaja la diáspora colombiana. Y este comisionado de paz no es colombiano, es Carlos Martín Beristain, español, vasco, y él es alguien que ha acompañado muchos procesos de paz , por ejemplo en Guatemala, incluso en el País Vasco fue uno de los de los organizadores con otro grupo que era el Grupo de Acción Comunitaria de encuentros entre miembros de ETA y víctimas de ETA a principios de la década del 2000. Hace poco se hizo una película de Icíar Bollaín que se llama Maixabel, que es referente a eso. Pero entonces estos encuentros entre víctimas y victimarios es algo que se ha hecho en muchos procesos de paz en Sudáfrica, en Guatemala, pero Carlos nos contaba que de esos procesos se aprendieron cosas diferentes: primero que todo no pueden ser encuentros obligados, no pueden ser encuentros institucionales. Y eso es una cosa que yo he descubierto. Una de las cosas principales para una víctima es que tiene que tener la agencia absoluta de querer perdonar o no perdonar. Nadie puede obligar a nadie a perdonar. Solo es un proceso que tú puedes acompañar.

Cuando personas como yo o como mi hermano, conseguimos perdonar, lo que uno puede hacer es intentar decirle a la gente que no ha sido capaz o que no quiere o que no puede, mostrarle tu propia experiencia.
Aunque no están obligadas puedo decir que perdonar es algo sublime y que lo transforma a uno como persona. Cuando perdoné , me quité una montaña de los hombros. Cuando perdoné me hice mejor persona, porque me quité el odio. La Comisión de la Verdad ha acompañado muchos procesos así, muchos privados, y algunos no han sido exitosos, hay que saber que no todos los procesos tienen que acabar como acabó el nuestro.

Yo tuve mucha suerte en el sentido de que encontré a una persona que era Güérima, que había tenido suerte de haberse encontrado con mi mamá y mi mamá con él. Pero yo tuve suerte de que, por ejemplo, lo que nos pasó a nosotros no acabara en tragedia, no acabara en la muerte de mi mamá en la selva, o por enfermedad, o por asesinato. Pero precisamente el hecho de que hablamos en la película no terminó así también por algo activo que hizo él para que no terminara así. Y eso es una de las cosas que a mí sí me gusta reivindicar y que creo que Güérima no es una excepción.
Creo que en la guerrilla hubo muchas más personas como él y eso es algo que en Colombia nos han vendido justo lo contrario. A mí me interesaba mucho poder contar la experiencia de lo que viví yo, que era la humanización del otro por el lugar en el que crecí, en Colombia, Y eso sí fue una cosa consciente ya en la sala de montaje cuando estaba montando la película. En la época en la que crecí, fui adolescente en los años 90, que fue el momento en donde la guerrilla tuvo más poder en la historia de Colombia. A mí me demonizaron y me deshumanizaron el guerrillero. A mí solo me faltaba que me dijeran que tenía cuernos y que olía a azufre porque era el diablo. Y entonces yo tuve que hacer un camino de vuelta para empezar a humanizarlo a él. Y eso me parece muy importante, porque creo que eso es algo que sí hice conscientemente en la película, era mostrar lo que me había pasado a mí y humanizar a esa otra persona que está frente a ti, cuando humanizamos al contrario, de repente deja de ser el contrario.

Del otro lado

Dirigida por Iván Guarnizo
2021, Colombia
Duración: 83'

Guión: Iván Guarnizo, Núria Polo  
Fotografía: Carlos Villaoslada
Montaje: Ariadna Ribas, Iván Guarnizo
Sonido:  Alejandro Castillo, Alejandro Molano
Música: Nicolás Muñoz M
Producción: Gusano Films
Productores : Jorge Caballero, Iván Guarnizo

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