Género y Conflicto Armado en el Perú: un camino sinuoso

15 de marzo 2017. 7.30pm. Más de un centenar de personas acuden a la casona que alberga el Gremio de Escritores del Perú. Me toca abrir el evento de presentación del último número de la revista pluridisciplinaria EOLLE sobre “Género y conflicto armado en el Perú”, que he tenido el honor de co-dirigir con la socióloga peruana Maritza Felices-Luna.

15 de marzo 2017. 7.30pm. Más de un centenar de personas acuden a la casona que alberga el Gremio de Escritores en Jirón Lampa, centro de Lima.

Me toca abrir el evento de presentación del último número de la revista pluridisciplinaria, internacional y virtual EOLLE (online desde diciembre 2016) sobre “Género y conflicto armado en el Perú”, que he tenido el honor de co-dirigir con la socióloga peruana Maritza Felices-Luna, quien trabaja en el departamento de criminología de la Universidad de Ottawa. Estoy acompañada de algunos autores como Rocío Maldonado, Antonio Zapata y Oscar Gilbonio, junto al comentarista invitado Dynnik Asencios, investigador en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP). 

 © Oscar Morera Herrera © Oscar Morera Herrera

Así como el mar se retira antes de producir un tsunami, hay silencios que anuncian desbordes premeditados. Antes de tomar la palabra, pude percibir un silencio espeso. Antiguamente, los truenos del norte no eran signo de buen presagio. El Perú acumula heridas con sangre incesante. Mientras que por efecto del Niño Costero buena parte del país está quedando sepultado, y crece cada día el número de muertos y damnificados a causa de gobiernos que no se preocuparon por proteger a sus ciudadanos, ese día abordamos el tema de la guerra que opuso en los 1980 y 1990 dos grupos subversivos (PCP-SL y MRTA) al Estado peruano. Una guerra que se ha vuelto tema prohibido, el gran tabú.

Empecé recordando que este número de revista continúa la reflexión iniciada en el primer coloquio internacional sobre el conflicto armado peruano realizado en Ayacucho en julio 2014, que co-organicé con el Grupo Universitario de Estudios Histórico-Sociales Annalicemos Historia de San Marcos, la Asociación Nacional de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP), y el Groupe de Recherche Identités et Cultures (GRIC) de la Universidad Le Havre Normandie, donde me desempeño como profesora e investigadora.

Dije que el objetivo del coloquio y del número publicado era, a través de las ciencias humanas y sociales, examinar el papel que tuvieron las guerrilleras marxistas y maoístas, y analizar la manera en que se articularon las dimensiones de género y de clase en el conflicto. Era también una ocasión para visibilizar historias que quedaron ocultas con el fin de cuestionar la manera en que se escribe el pasado y presente del Perú.

Subrayé que tanto la organización del coloquio como la publicación habían enfrentado numerosas dificultades a raíz de un sistema peruano hegemónico de producción académica del saber que no acepta perspectivas innovadoras. El discurso oficial y un cierto discurso académico han confluido para dar una versión única y dominante del conflicto.

Precisé que la producción de conocimientos sobre el conflicto está marcada por la existencia de un círculo intelectual que condiciona lo que se puede estudiar, cómo se debe hacerlo, lo que puede decirse sobre el tema, y quien puede hablar o investigar.

Generalmente, se silencia a las mujeres combatientes, no se les considera como actores políticos, se desdeña su posible aporte al conflicto y correspondientes luchas sociales, y muchos estudios contribuyen a la producción de imágenes que las estigmatizan y las demonizan, sirviendo a justificar, legitimar y reforzar el tratamiento penal y no político del conflicto por parte del Estado peruano.

Fuera de esta línea, todo intento por visibilizar a las mujeres combatientes recogiendo sus testimonios, aunque sea de manera crítica, es visto como sospechoso. Prueba de ello es que ninguna universidad o instituto de Lima quiso acoger el coloquio en 2014, y que algunos académicos limeños, colegas nuestros, trataron de boicotearlo.

Pasé a explicar que los 7 textos publicados, aunque desde ángulos diferentes y hasta contradictorios, tienen como objetivo desplazar los límites de la supuesta objetividad de la ciencia, y por ende los límites de la producción de la “verdad” sobre el conflicto, con el fin de complejizar la comprensión de la guerra desde las personas que participaron plenamente en uno de los dos movimientos revolucionarios. Expliqué también que este proyecto de publicación opera desde la memoria de las vencidas. Pero no nos referimos aquí a una memoria derrotada, sino a una memoria social y política.

Se expresaron a continuación los que componían la mesa. El público, muy atento, nos estuvo escuchando por una hora. Rocío Maldonado y Oscar Gilbonio participaron en el coloquio de Ayacucho, mientras que en julio 2016 me acerqué a Antonio Zapata para invitarlo a publicar en EOLLE su trabajo sobre Elena Yparraguirre, porque considero que es la primera vez que un investigador explora de esta manera la historia de una dirigente maoísta peruana, y yo no entendía porqué hasta ahora nadie lo había publicado en el Perú.

Contrariamente a las críticas lanzadas en las redes sociales antes del evento, considero que todas las voces están representadas en la revista: desde los investigadores que no quieren evidenciar su posicionamiento político, como los que sí y lo reivindican, hasta investigadoras trabajando desde diferentes vertientes feministas, pasando por autores ex insurgentes, planteando explícitamente su pasado o dejándolo fuera de su investigación, porque es su derecho.  

Aunque es poco usual en el mundo académico, nos hemos empeñado en publicar a ex prisioneros. Creemos que los estudiosos del conflicto estarán cada vez más llamados a trabajar con ellos, a escucharlos y publicarlos desde los foros universitarios, porque tantos años después de acabado el conflicto, la palabra empieza a liberarse y opera en el sentido de descolonizar el saber hasta ahora impuesto por un sector conservador. Si pretendemos escuchar a todas y todos, habrá que abrir espacios para hacerlos entrar en diálogo. Esta fue, sin duda alguna, nuestra intención con esta publicación y su presentación pública.

Sin embargo, aquella noche pudimos constatar que estamos aún lejos de la posibilidad de un debate racionalmente fundamentado. Todas las perspectivas, incluyendo a las prisioneras políticas, están ampliamente presentes en la publicación, aspecto que por lo visto muchos entre el público presente ignoraron o no quisieron valorar.

Me refiero en particular a los textos de 4 investigadores bien conocidos de las prisioneras y ex prisioneras, por su valiente trabajo de campo recogiendo testimonios orales dentro y fuera del penal de máxima seguridad de Chorrillos: Marta Romero con el texto “Las “Otras” olvidadas: Apuntes sobre agencia y transgresión con nombre de mujer(es)”; Camille Boutron con “La cuestión de género en situación de conflicto armado: la experiencia de las mujeres combatientes en el Perú”; Antonio Zapata sobre “Elena Yparraguirre: la mirada de la número tres”, y Pilar Meneses sobre: “Las mujeres peruanas sobrevivientes a penas de cárcel de más de 15 años por delito político”. Finalmente, quien escribe estuvo también haciendo trabajo de campo en Chorrillos del 2011 al 2014, y puedo afirmar que el diálogo que tuve con Elena Yparraguirre, Margie Clavo y Victoria Trujillo fue bastante más alturado que aquello que tuvimos en el Gremio de Escritores.

Parece que muchos asistentes esa noche desconocían el trabajo de campo de Maritza Felices-Luna, mi coeditora, quien a inicio de los años 2000, llevó a cabo largas entrevistas en el penal de Chorrillos para su doctorado sobre la implicación de las mujeres en los grupos armados (Perú-Irlanda). Además, el texto de Pablo Malek tampoco fue considerado entre el público, cuando en realidad su investigación “Voces, memorias y realidades de las mujeres excombatientes en los documentales sobre el conflicto armado peruano”, aborda entre otros los documentales “Héroes de hoy. Pregoneros del mañana”, “Luz de libertad”, “People of the Shining Path”, y el video “A 30 años del día de la Heroicidad”.

Además, durante el coloquio de 2014, las perspectivas de las prisioneras fueron representadas por Mónica Cruvinel (Universidad de Campinas, Brasil), con su excelente ponencia “Mujeres en trinchera: Un análisis discursivo de testimonios de prisioneras políticas del Perú”, después de un trabajo de campo en el penal de Chorrillos. También fue analizada por Tania Romero (Universidad de Paris VIII), la poesía de Elena Yparraguirre y Milagros Chávez (MRTA) en su ponencia: “Poéticas desde el encierro: entre resistencia y empoderamiento en la producción literaria de las presas del PCP-SL y el MRTA”.

Trato siempre de recoger todas las voces, hasta el punto de considerar el pronunciamiento del Movimiento Hijas del Pueblo (MHIJAS) que para la ocasión me llegó personalmente, justo antes del coloquio de 2014, con el título: “¡Enarbolemos el derecho a reivindicar nuestra memoria histórica proletaria!” Se me había pedido que lo lea o distribuya durante el evento en Ayacucho, lo que no me pareció adecuado en un espacio académico. Decidí sin embargo publicarlo en el blog del evento (ver el punto 3): https://pazperu.wordpress.com/2015/08/14/alrededor-del-coloquio/

En mi opinión, el investigador, por más empatía cognitiva que haya desarrollado en su trabajo de campo, no tiene vocación a someterse a las exigencias de sus entrevistados, salvo si hablamos del derecho a la confidencialidad, de la aceptación o no de participar a una entrevista y, a veces, de la entrega del trabajo una vez publicado.

Los jóvenes seguidores del llamado “Pensamiento Gonzalo”, presentes en el Gremio de Escritores, expresaron de manera desproporcionada su hostilidad contra Oscar Gilbonio, invitado a la revista y a la mesa. Se trata de un ex insurgente hoy opuesto a dicho “pensamiento”, quien explora en su texto no solo los escritos de Jovaldo, Edith Lagos e Hildebrando Pérez Huarancca, sino también la valoración del arte por parte del PCP-SL durante la guerra, con un análisis que no favorece a la organización.

A pesar de haber dado al público plena libertad de expresión, estos jóvenes mostraron una bajeza recalcitrante. Si desde sus mismas filas, nos llegan comentarios que critican ese desborde y descontrol, uno se pregunta porqué se empeñan en provocar su propio aislamiento.

Fui desatinadamente atacada con recursos propios de la violencia psicológica -es decir amedrentamiento, gritos, humillación e insultos- por mi publicación sobre Augusta La Torre y el Movimiento Femenino Popular, recientemente editada por la revista española de historia MILLARS, que no era para nada objeto de presentación esa noche:  https://www.academia.edu/30900302/ENCRUCIJADA_DE_GUERRA_EN_MUJERES_PERUANAS_AUGUSTA_LA_TORRE_Y_EL_MOVIMIENTO_FEMENINO_POPULAR._Revista_MILLARS_XLI_2016_2_Universidad_Jaume_España

Rocío Maldonado fue también agredida sin fundamento, y no dejaron hablar a Antonio Zapata que tenía varias preguntas por contestar.

Pareciera que aquellos que alientan ese espíritu quieren apropiarse de la memoria del conflicto y de “la verdad histórica”, y por ende atacar a los investigadores cuando expresan planteamientos divergentes a los suyos.

Por ser una investigadora independiente que trabaja desde el feminismo materialista descolonial, rechazo tanto los parámetros impuestos por un cierto sector de la academia que en 2014 nos quiso censurar, como todo tipo de dogmatismo que perturbe el acceso al conocimiento. Los jóvenes desbordados en su ley fundamentalista han mostrado que no solo son incapaces de valorar las investigaciones que van a contracorriente de los estudios hegemónicos, sino también de debatir con altura, sabiendo solo acallar a gritos y golpes.

Esperemos que las heridas aún abiertas que dejó el conflicto interno sanen con diálogos constructivos y mayor tolerancia frente a las maneras de construir la memoria de la guerra, tarea difícil en un contexto de control y represión, pero no imposible.

 

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