Entrevista con Martin Deus, director de “Mi mejor amigo”

La película argentina "Mi mejor amigo" del director Martin Deus esta estrenado en Francia con el titulo "Mon meilleur ami" por EPicentres Films desde el 27 de marzo 2019. Aqui esta la entrevista con el director.

Martin Deus © DR Martin Deus © DR

Cédric Lépine: ¿Por qué elegiste la Patagonia para plantear tu historia?
Martin Deus:
Mi mejor amigo es una historia que, si bien es actual y realista, también está teñida por muchos recuerdos personales de mi propia adolescencia y por mis fantasías más íntimas. Yo nunca viví en la Patagonia e, incluso, comencé a escribir el guión apenas con un recuerdo vago de algunas vacaciones pasadas allí hacía muchos años. En ese sentido, quería que fuera más un lugar imaginario, inventado por mí.
Para ser riguroso, es una historia que transcurre más en el mundo interior del protagonista que en un lugar geográfico. Quería que el entorno no fuera más que una sutil metáfora: bello, natural y puro, pero también dolorosamente solitario.

C. L.: Es un guión original : ¿cuál fue el proceso de escritura ?
M. D.:
La escritura del guión comenzó hace tres años, en circunstancias un poco curiosas. Me fracturé una pierna jugando al fútbol y tuve varios meses de reposo. Acostado en la cama, con un yeso, empecé a escribir, a recordar cómo era yo a los 15, esa sensación de no encajar en ningún lado, y esas ganas desesperantes de tener un mejor amigo.
Después de la primera versión, que se contaba en paralelo desde un presente en el que los protagonistas, ya adultos, se reencontraban después de más de diez años sin verse, hubo varias versiones más. Fui escribiendo por oleadas. Escribía un mes, dejaba descansar seis. Puse el punto final dos meses antes de comenzar a filmar. Hubo mucha reescritura, muchas escenas que quedaron fuera pero que igualmente siguieron ahí, en mi cabeza, enriqueciendo de vivencias y de pasado a los personajes. Creo que podría filmar dos películas más con todo lo que quedó afuera.


C. L.: ¿Que tal la situación LGBT en Argentina de hoy ?
 
M. D.: Yo crecí en un país bastante homofóbico, bastante tradicional y conservador en sus valores. Pero el cambio cultural que se produjo en los últimos años es realmente impresionante, sobre todo por su velocidad. Y creo es un cambio que va más allá de los asuntos LGBTQ. La mujer ha ganado terreno en la igualdad y los hombres se han permitido salirse del molde machista. Creo que no sólo ha ganado la libertad, sino que la gente valora cada vez más la diversidad en su sentido más amplio.
En 2010 el congreso argentino debatió la Ley de Matrimonio Igualitario. fueron dos meses muy intensos en los que todo el país habló del tema en sus casas, en la televisión, en los descansos del trabajo. Fue realmente sorprendente ver que no sólo las personas afectadas sentían la necesidad de expresarse. A mí me conmovió mucho ver en todos lados a personas heterosexuales defendiendo vehementemente la ley. Y yo siento que eso también fue un guiño, una invitación a que el hermano gay, la compañera de colegio lesbiana, el peluquero del barrio, el bailarín famoso, se animaran a hablar con naturalidad de ese aspecto de su vida, a no ocultarlo más. De a poco vamos cumpliendo ese sueño de que la elección sexual no sea un tema. Que la gente incorpore eso como una característica más.
Por supuesto que todavía quedan resabios de discriminación y violencia, y cada tanto nos desayunamos con la noticia de que algún chico fue agredido a la salida de una discoteca. Pero también en esos casos, es interesante ver el repudio inmediato que reciben esos sucesos de parte de la sociedad toda.

C. L.: ¿Puedes hablar de la importancia de acercarse de la adolescencia en Mi mejor amigo ?
M. D.:
La adolescencia me marcó para siempre, no sé por qué. Le he dedicado varios cortometrajes, una película e infinidad de cosas escritas que tengo guardadas en mi computadora. Ahora tengo 38 y creo que he superado muchas cuestiones. Pero sigo fascinado con esa edad en la que todo es nuevo, todo está por descubrirse y muchas cosas no tienen nombre aún. Mucho menos, las emociones.

C. L.: ¿Como fue la dirección de actores durante el rodaje, entre un actores con un largo experiencia con Guillermo Pfenning y Mariana Anghileri de un lado, y Angelo Mutti Spinetta y Lautaro Rodríguez del otro lado ?
M. D.:
Dirigir a los actores adultos fue un placer enorme. Yo, en broma, durante el rodaje les decía que era como manejar una Ferrari. Nunca había trabajado con actores con trayectoria, actores de cine, y sentí que todo se volvía fácil, que era muy rápido entenderse y que eran muy precisos, que podíamos hablar de matices muy sutiles. Por mi experiencia previa, estaba acostumbrado a tener que “hacer actuar” a mis actores. Digamos, a tener que “coachearlos” (to coach them), meterme en su proceso actoral para estimularlos, para provocarles estados. En el caso de Moro y Guillermo, eso no fue necesario y para mí fue un alivio poder descansar en su gran dominio de la técnica.
Con Angelo y Lautaro fue un proceso distinto, menos de charlar y más de hacer, de conectar, de jugar, de conocernos, de medirnos y provocarnos. Son actores con menos experiencia (¡no se puede tener experiencia a los quince años!), pero a su favor, tienen esa energía juvenil y esa falta de prejuicio, de conciencia. Gracias a ello, tomaron riesgos fabulosos.
Como sea, la relación con los cuatro fue necesariamente afectiva. Este no es un trabajo de oficina. En el cine hay que poner el cuerpo y las emociones.

C. L.: ¿Tu experiencia como director de muchos cortos fue un gran apoyo para hacer un largometraje ?
M. D.: Muchas veces me pregunté si no me había demorado demasiado en hacer mi primera película. Tengo una conocida que, siempre que me veía en algún festival, me decía “Martín, el chico de los cortos” y a mí eso por dentro me molestaba horriblemente. Hoy me doy cuenta que fue lo mejor que podría haber hecho. Hacer una película, vale decir, sostener un relato durante una hora y media con coherencia y progresión, es exponencialmente más complejo que hacer una película. Durante el rodaje, más de una vez agradecí la experiencia previa y muchas veces me pasó de decir “este mismo problema tuve cuando filmé tal corto”. Dirigir es algo que sólo se puede aprender haciéndolo. Las escuelas de cine ayudan. Mirar mucho cine también. Pero las horas de vuelo son imprescindibles.

C. L.: ¿Puedes hablar de las relaciones y diferencias entre tu corto Amor crudo y tu largometraje ?
M. D.:
Son historias muy cercanas, son medio hermanas, pero tienen sus diferencias. Y creo que la diferencia principal tiene que ver con la distancia entre los protagonistas.
Amor crudo era un corto sobre una amistad consolidada, sobre dos compañeros de colegio que pasan mucho tiempo juntos, hacen “cosas de varones” por el día, pero que también comparten ciertas experiencias sexuales un tanto inclasificables. A uno de ellos le empiezan a pasar cosas de índole sentimental, al otro no.
Mi mejor amigo tiene un protagonista que también está en esa edad de empezar a descubrirse y que vive sus sentimientos con confusión y desborde, pero es mucho más una historia de opuestos que se complementan. Es una relación mucho más peculiar, más curiosa. Y, definitivamente, menos sexual. Caíto y Lorenzo son tan distintos que, si no fuera por las circunstancias excepcionales que los obligan a convivir, jamás serían amigos.
Incluso creo que el título tiene un poco de ironía, o que en todo caso es Lorenzo el que le da el título de mejor amigo a Caíto, por lo fuerte que fue su paso por su vida, pero no llegan a ser “mejores amigos” en el sentido estricto, al menos como lo conocemos acá en mi país.

C. L.: Muchas veces, trabajas en codirección de película en tus cortos : ¿como fue la experiencia en dirección solo por este largometraje ?
M. D.:
Durante varios años trabajé casi exclusivamente codirigiendo con Juan Chappa, otro chico de mi edad que estaba más o menos en la misma situación que yo: empezando. Creo que fue una necesidad productiva, los dos queríamos filmar y era más fácil encarar los proyectos juntos que por separado. Fue un gran aprendizaje, porque nos complementábamos mucho. Yo por esa época venía de estudiar actuación y estaba fascinado con los actores. Para mí filmar era dirigir actores y punto, la cámara no me interesaba. Juan, por el contrario, tenía muy buenas ideas cinematográficas, era más cinéfilo, le interesaba más explotar los recursos narrativos propios del cine. Y era muy exigente con lo estético, estaba muy encima del arte, del vestuario, de la fotografía. Conformábamos una dupla envidiable, no necesitábamos hablar mucho para entendernos, nos manejábamos por telepatía. Y en muchos casos, confiábamos más en la visión del otro que en la propia . Creo que es la persona de la que más aprendí de dirección de cine en mi vida.
Hace algunos años tomamos caminos separados, pero seguimos siendo amigos. Para mí, dirigir solo fue un aprendizaje, un nuevo escalón a superar. Pero creo que era inevitable, que algún día tarde o temprano lo iba a tener que hacer.
Mi mejor amigo la dirigí solo, pero en ella trabajaron el director de fotografía y la directora de arte de todos mis trabajos previos. Llevamos más de diez años trabajando juntos. Creo que el cine es un proceso colaborativo y tengo plena seguridad de que esta película no hubiera sido la misma sin ellos a mi lado, sin la posibilidad de entenderme con tanta facilidad y de por momentos poder descansar en sus hombros.

"Mon meilleur ami" de Martin Deus © Epicentre Films "Mon meilleur ami" de Martin Deus © Epicentre Films


C. L.: ¿Cuál fue la importancia de tus estudios en la escuela de San Antonio de Los Baños : ¿es un lugar muy importante por ti para aprendizaje el cine ?
M. D.:
En la EICTV me recibí de realizador de documentales. Nunca tuve estudios formales de dirección de ficción. Pero no sería quien soy si no hubiera pasado por allí. Creo que la escuela fue fundamental para empaparme de cine, para aprender las cuestiones básicas de la realización audiovisual, y para aprender el valor de una mirada personal. Fue también una experiencia de vida, ya que la escuela funciona como un internado, son años en los que vivís en la misma escuela, alejado de todo y lo único que haces es cine, cine y cine. Las relaciones humanas con tus compañeros, con los profesores y los trabajadores de la escuela son muy intensas. A veces sentís que es un experimento social, pero pasan los años y seguís sintiéndote parte de esa gran familia.

C. L.: ¿ Cuál es el espacio para el cine independiente con historia muy intima de una crónica juvenil en la industria del cine argentino de hoy ?
M. D.:
Argentina es un país privilegiado porque hace cine. No son muchos los países en el mundo que hagan películas y, salvo contadas excepciones, son países que tienen políticas públicas de apoyo a esa industria. A su vez, Argentina es un país en vías de desarrollo, con todos los problemas económicos que eso conlleva, y la participación de sus productos en el mercado tanto local como internacional es muy modesta. Eso lleva a que, en general, la mayoría de las películas que se producen sean “pequeñas” en presupuesto y que sus historias sean intimistas, de pocos personajes. No quiere decir por eso que sean malas películas. Hay maravillosas películas, no me cabe duda. Pero creo que es más un condicionamiento económico que una tendencia artística.
Como contrapartida, es un país donde prolifera el cine de autor y donde hay muchísimas óperas primas. Te podrá gustar o no, pero es un cine predominantemente original, con miradas personales y a veces con temáticas novedosas.
Es difícil hablar del “espacio de una cinematografía” en un contexto de saturación del mercado con películas norteamericanas. La distribución se cine nacional se ha vuelto un problema gravísimo en Argentina. Y esto viene pasando desde hace por lo menos treinta años, por lo que es de esperar que “el gusto del público” se haya acostumbrado demasiado a lo que viene de afuera. En ese sentido, es admirable lo que han logrado en Francia y cómo han conseguido posicionar al cine francés. Estoy seguro de que en mi país, y también en Latinoamérica, hay un lugar para películas como
Mi mejor amigo, pero soy consciente de que quizás va a necesitar caminos alternativos como internet para encontrarse con su público.

C. L.: ¿Qué te interesa investigar en la oposición de las personalidad de los dos jovenes?
M. D.:
Yo me arrepiento de no haber hecho muchas cosas cuando era chico, sobre todo travesuras. Me reprocho haber sido tan serio, tan responsable. Seguramente, debo haber sido el ejemplo a seguir para las madres de muchos de mis amigos. Pero no me hizo bien a mí. Suena raro, pero a veces el mal ejemplo es el mejor ejemplo. Algunos necesitan que los enderecen y otros, como yo, lo contrario: que los despeinen, los sacudan, les enseñen a vivir la vida sin culpa. No tuve la suerte de cruzarme con un Caíto en mi vida, pero encontré en Mi mejor amigo la oportunidad de hablar de eso, de reescribir la historia de San Francisco y el lobo para que sea el lobo el que eduque a San Francisco.

C. L.: ¿Puedes hablar del personaje de la madre mas presente que el papa en el guión ?
M. D.:
Fue algo que se fue dando mientras escribía. No sé si fue una decisión muy consciente. Lo cierto es que generó vínculos y roles familiares muy particulares que, al día de hoy, cada vez que miro la película me dejan muy satisfecho: una madre que tiene que poner orden en la casa y un padre que conecta con sus hijos más desde lo afectivo. Quizás lo opuesto a las familias tradicionales del siglo pasado. Tanto en la escritura como en la edición, mucho de la historia previa del papá y de su amistad con el papá de Caíto se fue quedando en el camino. Creo que por eso perdió un poco de presencia en la película. Pero creo que es súper lindo ver cómo él, por dentro, se alegra de las travesuras de Lorenzo, y cómo Caíto le despierta ciertos sentimientos paternales. Call me by your name nos demostró que las charlas entre un padre y un hijo pueden ser iguales de potentes y trascendentales, pero, en este caso, a Lorenzo le tocó hablar con su mamá. Yo creo que está bien, que ella es mucho más sensible y que él es mucho más parecido a ella que a su papá.

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