Otra historia real: No pedía para él

Este Primero de mayo supe que él llevaba varios años viviendo en Miami, retirado del "negocio", dedicado a su familia...

Eran como mis 6pm de este Primero de mayo cuando me llegó la noticia. Inmediatamente recordé su imagen.

Pero, no se por qué, vino a mi memoria una escena donde él nada tenía que ver. Recordé aquel ya lejano día en Cali, cuando al bus se subió un joven caminando penosamente debido a la torcedura de piernas, manos y brazos. Expresándose con dificultad, pues tenía la boca deformada, nos contó que necesitaba una limosnita para comprar los medicamentos que le mitigaban los dolores producidos por ese terrible y desconocido mal que lo tenía inválido. 

Estaba explicando que lo había adquirido trabajando en las selvas del sur de Colombia, cuando vimos cómo otro joven, negro y sin camisa, montó al bus sin ni siquiera pedir permiso al chofer, empujó al inválido, y dijo con voz fuerte: "señoras y señores, miren la hora que es y no he desayunado. Regalemen unas monedas que tengo hambre".

En esos momentos fuimos testigos del más grande milagro realizado en directo y sin rezos: el inválido, muy sorprendido, se fue enderezando y sin decir nada por esa perfecta boca bajó del bus a grandes pasos.

Todos los pasajeros estallamos en risotadas, mientras se le daban monedas al honesto.

Recordando esta anécdota, mis pensamientos volvieron a la noticia.

Entonces vi aquella vez, lejana también, cuando se subieron al bus tres hombres. A uno de ellos lo reconocí inmediatamente, pero él no me distinguió en medio de los pasajeros que íbamos sentados. Por ser tan negro, feo, alto y fornido por el barrio le decían "Pichón de gorila". Yo llevaba mucho tiempo sin verlo.

Pues bien, Pichón sacó de una bolsa plástica unos papeles y empezó a decir: "No venimos a pedir limosna, pero si que nos ayuden con lo que puedan".

Contó que pocas semanas antes habían salido de la cárcel, luego de pagar una condena de dos años, por haber intentado robar un banco. Y mostró recortes de prensa que lo atestiguaban. 

"Ahora necesitamos que nos ayuden para comprar armas y poder robar bancos y casas de ricos. No robamos a los pobres".     

Antes de ese día, ni hasta hoy, he visto acto tan masivo, solidario, sin el mínimo cuestionamiento: toditos todos le aportamos. Yo hasta le di lo que tenía para mi almuerzo en el colegio.

Cuando los tres se bajaron, escuché murmurar: 'Así deberían ser todos los ladrones, que roben al que tiene'. Otros expresaron entre sonrisas: 'el negro ese no necesita armas para robar, con esa cara le entregan la caja de puro miedo'.

Averiguando, supe que Pichón vivía en otro barrio, humilde también, donde su banda no permitía que se robara a los vecinos. 

Me contaron que cuando una organización guerrillera llegó a sus territorios para hacer trabajo político, Pichón puso a su disposición todas las posibilidades. Parece que hasta propuso compartir su experiencia en grandes asaltos.

Este Primero de mayo supe que llevaba varios años viviendo en Miami, retirado del "negocio", dedicado a su familia.

Y que lo mataron, sentado, por robarle el reloj.

Me dijeron que en la sala de su casa había un gran frase hecha con billetes de a dólar: 

"Bandidos del mundo unios contra los ricos hijueputas"   

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