Sucedió un día : Una cámara más poderosa que la belleza

Una historia, una anécdota, que muestra el poder que los medios de prensa, en particular los audiovisuales, tienen sobre la sociedad. Sin importar el país...

Walter Martínez es uruguayo nacionalizado venezolano. Fue corresponsal de guerra en varios países y dirige desde Venezuela “Dossier”, uno de los mejores programas de análisis político en lengua castellana. Dada su objetividad periodística no es muy querido por las grandes cadenas comerciales. En cualquier sitio del mundo llamará la atención por el parche que cubre su ojo derecho, como un pirata moderno.

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En una ocasión coincidimos en Ecuador. Pasamos tres días, junto a otros periodistas, en una región de la Amazonía conociendo el desastre ambiental realizado por la compañía petrolera Chevron-Texaco.

Regresamos a Quito sudorosos, un poco cansados pero en un excelente ambiente de grupo. Mientras esperábamos el equipaje, que incluía los equipos de trabajo, nos llamó la atención una joven bella y elegante que también esperaba lo suyo, aunque sentada, pues tres personas lo hacían por ella. Empezamos a preguntarnos: ¿Quién será? Pero nadie se atrevía a preguntarlo. Con nosotros no había viajado.

Coincidió que su equipaje era casi la misma cantidad que el nuestro, y nosotros éramos como quince.

Dos colegas quisieron salir adelante para tomar un café, pero cuando se les abrió la puerta dieron media vuelta. Los vimos regresar corriendo para avisarnos: ¡era la reina de belleza de Ecuador! Un numeroso y eufórico público la esperaba. No sé de quién fue la idea, pero organizamos lo que no creo que se le haya ocurrido a ningún otro grupo de periodistas en la historia.

Los dos camarógrafos de Walter abrieron las cajas que contenían sus equipos y los montaron al hombro. Pero también lo hizo el reconocido camarógrafo y realizador cubano Roberto Chile. Tres reporteros y yo dispusimos de nuestro material de registro y fotografía.

Otros tres del grupo rodearon a Walter, pusieron cara de malos y fungieron de guardaespaldas.

- Si ella es la Señorita Ecuador, yo soy el Señor Venezuela, dijo Walter, mientras sacaba pecho y caminaba erguido hacia la salida.

Lo particular del asunto es que esperamos con toda la paciencia a que todas las maletas de la dama salieran y ella estuviera lista a caminar casi a la par nuestra.

Cuando la puerta se abrió, efectivamente la sala estaba repleta de personas que, con pancartas, le daban la bienvenida a la joven, que llegaba de representar a su país en un concurso internacional.

Y sucedió lo extraordinario, que ni lo esperábamos, pero que nos dio una lección práctica, en carne propia, del poderoso efecto de las cámaras en la sociedad.

Al ver toda la parafernalia que habíamos montado alrededor de Walter, una gran porción del público se vino hacia nosotros, a tal punto que los “guardaespaldas” tuvieron que actuar como si en verdad lo fueran. Walter saludaba con el brazo en alto y cada vez sacaba más pecho.

Posiblemente quienes se desplazaron hasta tan distante lugar de la capital por una reina de belleza no son del público que ve “Dossier”, por tanto no sabían quién era Walter. Pero las cámaras, tres guardaespaldas, los que le seguían cargando maletas y nosotros que nos apretábamos “buscando” que nos contestara una pregunta, ya eran suficientes para que las personas creyeran que estaban ante una súper personalidad.

Dos reporteros de la TV nacional, que venían a cubrir la llegada de la reina, prefirieron filmar a Walter. Quizás estos sí sabían quién era Walter, y no querían perder la oportunidad de tener unas imágenes. Algunos de los policías que estaban para proteger a la reina vinieron hacia nosotros.

Varias personas nos preguntaron, discretamente, de quién se trataba: Unos dijeron que el “Señor Venezuela”. A mí se me salió un “Míster Venezuela”. Walter hasta tuvo que firmar autógrafos y fotografiarse con sus imprevistos admiradores. No recuerdo que alguna mujer lo hubiera besado.

En un momento detuve mi parte en el show y busqué a la Señorita Ecuador: no muchas personas la reclamaban. Y ella poca atención les prestaba pues estaba consternada mirando tal espectáculo, que ella misma había visto armar.

La improvisada y breve obra teatral terminó abruptamente: Uno de los escoltas de la estrella le dijo sin ninguna discreción:

- Walter, deja ya de caminar como pavo enamorado y agarra tu maleta que pesa mucho.

 

* Esta historia hace parte del libro "No fly list y otros cuentos exóticos", publicado en Francia, Cuba y Venezuela.

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