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Billet de blog 14 janvier 2026

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El secuestro del presidente Maduro: una operación no muy heróica

Según Trump, fueron unos 200 Delta los que se vieron enfrentados por 32 cubanos. Y se debe dejar en claro: ningún grupo que conforma el primer anillo de seguridad de una alta personalidad en el mundo posee armas de gran calibre...

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Creí que había vuelto a dormirme y tenía pesadillas. No podía creer que esas imágenes que llegaban a mi pantalla fueran ciertas. En especial, veía y veía aquella donde nueve helicópteros iban en fila, como huyendo de una ciudad que, aseguraban, era Caracas. Allá eran como la dos de la madrugada del 3 de enero. La ciudad se veía iluminada, pero en algunos sitios surgían grandes reflejos que no podían ser otra cosa que los producidos por explosiones de misiles.

Seguramente habían falsificado las imágenes, pues como esas ya había visto muchas en películas.

Queriendo no despertar con llamadas, por si no era cierto todo ello, empecé a escribir a muchas amistades en la bella Caracas. Sí, ¡los yanquis se habían atrevido! No sé qué sentí. Sí: angustia revuelta con ira. ¿Cómo era posible bombardear a una ciudad con gentes tan alegres, tan cordiales, tan humanas? Y me salieron del corazón, del vientre y de cada pedacito de mi piel gritos muy latinos: ¡Yanquis triples hijos de puta! ¡Mierdas que no taparon los gatos! ¡Malditos, un millon de veces sean!

Bombardeaban la ciudad donde había nacido Simón Bolívar, el que con un ejército de pobres liberó a cinco naciones de las garras del imperio español, sin invadir ninguna.

Pocos minutos después, ya no se hablaba del sobrevuelo de helicópteros ni de bombardeos. Parecía que la calma regresaba. Allá todo era tensión y temor. Acá también, pues ya éramos muchos los que tratábamos, repletos de impotencia, de dar seguimiento a ese alevoso y cobarde ataque.

Como se ha vuelto normal en las redes, empezó a difundirse una cantidad inimaginable de versiones. La que más se repetía hablaba de la muerte, por misiles, del presidente Nicolás Maduro y de los ministros de Defensa e Interior, Vladimir Padrino y Diosdado Cabello. Unas horas después, aún de madrugada en Caracas, aparecieron los dos ministros demostrando que estaban vivos. Silencio oficial sobre el presidente. Era angustiante, aunque comprensible, pues cualquier información podría ser utilizada por el enemigo.

Hasta que apareció la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, para echarnos el baldado de agua helada: le pedía al gobierno estadounidense que diera prueba de vida del presidente y su esposa, Cilia Flores. Lo peor de lo peor fue cuando, casi a la par, el dictador Donald Trump anunciaba por Twitter que la pareja estaba en sus manos, luego de “una extraordinaria operación” realizada por sus “valientes muchachos”. Sabiendo lo mitómano que es, era preferible esperar a que presentara las pruebas que exigía Delcy.

Y llegaron. Fue terrible ver esposados al presidente bolivariano y su esposa, la que tiene el título de “Primera Combatiente”.

Aunque casi nadie lo creyó, en rueda de prensa ese 3 de enero Trump y su banda pretextaron que el bombardeo y el secuestro se había realizado para proteger a Estados Unidos del tráfico de drogas y del narcoterrorismo” que, supuestamente, encabezaba el gobierno bolivariano con un tal “cartel de los soles”. Era algo que venían diciendo desde meses antes y que la inmensa mayoría de prensa mundial repetía como loros mojados. Cargo que, sorpresivamente, la misma justicia de Nueva York rechazó por inexiste, el mismo día que la pareja fue presentada en el tribunal.

Luego de muchas bocanadas de aire, apareció la pregunta obligada: ¿Cómo hicieron para secuestrarlo?

En uno de esos nueve helicópteros que habían entrado a Caracas, la Fuerza Delta se habían llevado a la pareja, en una operación llamada por Washington Operación Absolute Resolve (Resolución Absoluta). Como se mostró en fotos, él había presenciado el operativo en directo desde su casa en Palm Beach, Florida, junto a los otros criminales de guerra: el secretario de Estado, Marco Rubio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto y John Ratcliffe, director de la CIA.

Illustration 1
Illustration 2

Oficialmente es conocida como Destacamento Operacional de Fuerzas Especiales Delta (1st Special Forces Operational Detachment–Delta), es una unidad élite, de operaciones especiales de primer nivel del ejército estadounidense, especializada en contraterrorismo, rescate de rehenes, secuestro o asesinato de “enemigos” de Estados Unidos.

Una de sus especialidades es infiltrar y preparar el terreno donde el “objetivo” se moviliza, recopilando información. Sus miembros pueden hacerlo durante meses, camuflados como vendedores callejeros, propietarios de almacenes o taxistas. De manera estrictamente compartimentada, recibe información y apoyo de la CIA y otras agencias de inteligencia, nacionales o extranjeras. Esta primera parte de sus operaciones es clave para las acciones militares consiguientes, que son muy rápidas, precisas, quirurgicas, como ellos las llaman. Su armamento y tecnología es de lo más avanzado que tienen las Fuerzas Armadas de ese país. Todos sus operativos están bajo la dirección y seguimiento del propio presidente.

Los Delta que ingresaron en los nueve helicópteros tuvieron el apoyo de más de cien aviones y drones, además de todos los navios especializados que estaban frente a la costa venezolana. La mayoría de bombardeos fueron selectivos, aunque afectaron edificaciones de civiles que dejaron varios muertos, incluídos, ironías de la vida, opositores que habían pedido la invasión. Unos cien venezolanos, entre civiles y militares, murieron por bombardeos.

Todo estaba calculado al centímetro para ser una operación perfecta y rápida, pero se les demoró casi dos horas pues los invasores se encontraron con una muralla humana que les resistió, defendiendo a la pareja pesidencial. El factor sorpresa no les había servido y por lo cual debieron utilizar hasta disparos de misil desde las naves hasta masacrar al último de sus componentes. Para poder secuestrar a la pareja habían tenido que pasar por encima de los cadáveres de los miembros del primer anillo de seguridad, compuesto por 32 oficiales cubanos.

Trump fue el primero que habló de "muchos cubanos muertos" en el operativo, precisando que habían presentado gran resistencia. Lo decía casi admirándolos. Y si vemos las fotos donde él y su banda veían en directo la operación, se les nota los rostros de preocupación. Las cosas no les estaban saliendo tan fácil a sus “muchachos”. Esa escolta hirió a varios Delta y averió un helicóptero, según Trump. Es muy posible que exisistan Deltas muertos, pero decirlo públicamente no es bueno para la imagen.

Por sus reconocidas capacidades, miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior de Cuba estaban en esa labor por convenio entre los gobiernos, desde tiempos del presidente Hugo Chávez.

Según Trump, fueron unos 200 Delta los que se vieron enfrentados por 32 cubanos. Y se debe dejar en claro: ningún grupo que conforma el primer anillo de seguridad de una alta personalidad en el mundo posee armas de gran calibre. Ellas están en manos de los otros cordones de seguridad, que no están cerca del protegido. O sea, esos 32 cubanos cayeron en una pelea bastante desigual.

El domingo 4, el gobierno revolucionario de Cuba dio la noticia de su muerte, catalogándolos de “Mártires”, “Héroes de la Patria” y “Héroes antimperialistas", decretando dos días de duelo.

Habían caído como Fidel enseñó: "ni un paso atrás". Y, muy seguramente enfrentaron a los Delta gritando: ¡aquí nadie se rinde, carajo!

Esa madrugada Trump y sus alcones guerreristas se dieron cuenta a quienes deberán enfrentar si intentan invadir a la isla rebelde.

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