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Billet de blog 20 juillet 2023

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Colombia y un tal 20 de julio de 1810

Nos cuentan, desde la escuela, que el 20 de julio es feriado en Colombia porque ese día de 1810 se dio el grito de independencia en Bogotá, y  que al instante empezaron las luchas contra las tropas de la Corona española. Pura mentira.

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La primera verdad es que el primer Grito de Independencia del reinado español fue dado en Cali el 3 de julio de 1810. Y desde ese momento aumentó lo que ya estaba: la confrontación con las tropas reales por ahí desplegadas. Nada se negoció: se iban o se iban. 

Por eso en Bogotá no se dio el Primer Grito como se enseña en la escuela y hasta en la universidad, y se repite y celebra cada 20 de julio. 

Ha sido y sigue siendo el puro cuento de la "versión oficial", bastante arregladito para que la inmensa mayoría de "patriotas" bogotanos de ese momento no queden al desnudo, pues de "héroes" no tuvieron ni pitico!

Dice, repito, el cuento de la historia oficial, que un grupo de aristócratas criollos necesitaba un florero para adornar el salón donde se rendiría homenaje a un visitante de la monarquía, y lo pidieron prestado a un aburguesado español.

Este les dijo que no. 

El grupo se indignó enormemente, empezando a vociferar. Siendo un día de mercado, las gentes se fueron arremolinando por curiosidad. De un momento a otro los aristócratas criollos sacaron a relucir las contradicciones que tenían con la Corona. Los ánimos se fueron  caldeando, siendo la gente del pueblo la que exigió el redactar un acta de separación del dominio español, incluyendo la expulsión y hasta la cabeza de los representantes de Su Majestad.

Ahí los "patriotas" se dieron cuenta que lo del florero no tenía por qué dar para tanto. 

El interés fundamental que tenían estos hijos de europeos nacidos en las nuevas tierras, de Bogotá, muy en particular, era que la Corona les diera total reconocimiento social y político.

Pero nunca, nunca, aspiraban a dejar la tutela del rey. Que en Cali sí se deseó desde el primer momento. 

Aunque eran parte de la élite económica e intelectual, se les tenía apartados de los altos cargos estatales y de la jerarquía eclesiástica.

Al final de aquel veinte de julio, ante la efervescencia reinante, se creó una junta de notables que suscribió un Acta. Ese manifiesto hablaba de “soberanía del pueblo” pero declaraba como autoridad suprema al déspota Fernando VII, rey de España. Y esto no se ha contado en ninguna celebración del 20 de julio.

Los firmantes, ninguno de la plebe, se encomendaban a la autoridad eclesial, mientras que al “excelentísimo señor” virrey se le rogaba tomar “el empleo que le ha conferido el pueblo de presidente de esta Junta”.

¡Así fue! En algunos libros se puede encontrar esa verdad, la no oficial. Hasta Google la sabe, sin le saben preguntar.

Bajo la presión del pueblo, días después se levantó un Acta de Emancipación y se expulsó al virrey. Pero el recelo de la casta dominante era tanto que la Junta decidió “se declarará como reo de traición a quien convocase al pueblo” a la subversión armada.

Los hechos superaron a los deseos oficiales porque la insurrección popular estaba desatada y el proceso emancipador se había iniciado en otras regiones del país.

Desde el occidente los rebeldes se multiplicaban mientras avanzaban hacia Bogotá. Y por el oriente los bravos venezolanos y llaneros colombianos ayudaban al cerco de la capital, mientras los que la historia oficial nombra como "patriotas" o "héroes" de aquel 20 de julio,  temblaban de cobardía.

Esos, que ante la realidad no tuvieron más opción que tomar las armas o hacerse los bobos: ¡El pueblo los había superado ! 

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