Racismo institucional

“Lo peor es ser negro. Hasta ahora, cuando veo a la policía me piden papeles. Pueden sacarte del tren o del metro. Dicen ‘estamos buscando delincuentes’, pero ser negro no es delito”. Detrás de estas declaraciones, recogidas por Amnistía Internacional, está un senegalés residente en Madrid, todos sus papeles están en regla.

En Europa, miles de inmigrantes se enfrentan cada día a redadas indiscriminadas basadas en perfiles raciales. El color de su piel o su pertenencia a una minoría étnica son motivos suficientes para ser retenidos e identificados en cualquier lugar y momento. De camino al trabajo, de vuelta a casa, jugando un partido de fútbol o yendo a buscar a sus hijos al colegio; en estaciones de metro, autobús, aeropuertos o en plena calle, miles de personas son retenidas sólo por su color, raza, o etnia para que acrediten que todos sus papeles están en regla.

La operación Mos Maiorum, lanzada el pasado 13 de octubre en la Unión Europea (UE), pusó de relieve una política migratoria basada en el racismo y la discriminación. Recopilar información sobre la inmigración “ilegal” fue el objetivo de esta polémica campaña.

“Ocho policías encubiertos en una pista pública de baloncesto, frecuentada por jóvenes inmigrantes […] entraron por la puerta de la cancha, les pidieron la documentación y se llevaron a tres en una furgoneta”. Así describen los vecinos del barrio madrileño de Lavapiés una de las redadas policiales dentro de la operación Mos Maiorum. eldiario.es recogía estas declaraciones para explicar cómo se lleva a cabo la política europea.

No “parecer europeo” es el principal requisito para ser requerido e identificado en el marco de esta campaña. La aplicación de perfiles raciales ha sido condenada por ONG y organizaciones internacionales. Esta política, advierten, contribuye a la estigmatización de los inmigrantes y vulnera derechos humanos elementales: la igualdad y la no discriminación. La xenofobia y el racismo son actores principales en estas prácticas que, como consecuencia directa, dificultan la integración de los inmigrantes en la sociedad.

Tratados internacionales ratificados por España, así  como por la mayor parte de los estados de la UE, prohíben de manera expresa cualquier tipo de discriminación, ya sea por raza, color o nacionalidad. Las redadas basadas en perfiles raciales violan, entre otros convenios, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así como el Convenio Europeo para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas (ONU) insta a todos los estados a adoptar medidas necesarias “para impedir los interrogatorios, las detenciones y los cacheos basados de facto exclusivamente en el aspecto físico del individuo, su color, sus rasgos faciales, su pertenencia a un grupo racial o étnico”. Así, tanto en la teoría, como en la práctica, la operación Mos Maiorum transgrede tratados y vulnera derechos esenciales.

Ante este atropello de derechos humanos, cientos de organizaciones se han movilizado para condenar la xenofobia y el racismo anclados en la política migratoria europea. La página web Refugees Welcome recoge las redadas masivas e indiscriminadas que se han llevando a cabo en Europa bajo el marco de Mos Maiorum. Gracias a la colaboración ciudadana, “es posible mostrar el enorme esfuerzo de la UE por dar caza a los refugiados y a los llamados ’inmigrantes irregulares’”, explican. La organización francesa Sans Papiers Ni Frontières, o la plataforma europea Getting Your Voice Out, han condenado el racismo y la discriminación institucional evidentes en la aplicación de perfiles raciales durante estas operaciones policiales.

Ser negro no es un delito, ni ser musulmán, ni chino, ni indio. Ser un inmigrante “ilegal” tampoco lo es. Se trata de una falta administrativa. Sin embargo, las redadas en espacios públicos, con sus consecuentes trámites de documentación y retención, provocan la estigmatización y criminalización de aquellos que son diferentes por su mero aspecto físico.

Irene Casado Sanchez

Artículo difundido gracias al Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.