En una sola jornada, la de este lunes 13 de julio, la opinión de los ciudadanos griegos y el peso político del Gobierno español han quedado ubicados a un mismo nivel por la mano que mece la cuna del proyecto europeo: un cero a la izquierda. El mismo día en que los líderes de la Unión Monetaria imponían a Grecia un acuerdo que la convierte de facto en un protectorado sin garantizar su recuperación económica, se decidía también dejar a Luis de Guindos compuesto y sin presidencia del Eurogrupo.

Una de las acusaciones más repetidas por Mariano Rajoy en la campaña electoral de 2011 fue la de que Zapatero había convertido España en un cero a la izquierda en la escena internacional. Por entonces, España ostentaba una vicepresidencia de la Comisión Europea, tenía representación en el consejo directivo del Banco Central Europeo (BCE) y ocupaba también una vicepresidencia del Banco Europeo de Inversiones. Hacía algún tiempo (desde 2009) que Javier Solana ya no dirigía los Asuntos Exteriores de la UE ni Rodrigo Rato (por espantada propia en 2007) manejaba la dirección del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Devolveremos a España el peso que merece en el mundo, proclamó Rajoy en aquella campaña, con la misma convicción y capacidad de cumplimiento que cuando dijo que no tocaría la Sanidad ni la Educación ni las pensiones.

¿Y qué tiene que ver lo de Grecia con el ninguneo al Gobierno de Rajoy? El nexo lo puso la propia Angela Merkel en sus primeras declaraciones tras la aprobación de lo que el semanario alemán Der Spiegel ha calificado como un catálogo de crueldades para los griegos. Según Merkel, el plan para el tercer rescate a Grecia “está en línea con los programas que hemos acordado con otros países”. Y citó expresamente a España, Portugal e Irlanda con los nombres de sus líderes políticos. Quede claro de una vez que, para Merkel, España ha tenido un programa de ayuda cuya diferencia con el griego es un asunto de cantidad. Ni siquiera especificó que la ayuda estuviera destinada directamente al rescate de cajas de ahorro, porque para el Imperio, un rescate es un rescate, un memorándum es un memorándum y un protectorado es un protectorado. La diferencia, puramente económica, consiste en que Grecia representa el 2% del PIB de la eurozona y España el 12%.

  • Lo que Rajoy esperaba

En lo que se refiere al retroceso de España en las instituciones internacionales hay un plus de recochineo. Rajoy creyó (y no lo disimuló en absoluto) que su disciplinado cumplimiento de todas las directrices de Angela Merkel y de la troika sería recompensado con un tratamiento de aliado fiel. Por eso alentó en su día el vaticinio de que Arias Cañete tendría una vicepresidencia y España una comisaría de peso, y que Guindos sería presidente del Eurogrupo, ya fuera compaginando la función con la de ministro de Economía o bien con dedicación exclusiva. Lo que petara. Los periódicos menos sospechosos de zancadillear los planes del presidente dieron cumplida cuenta del espléndido futuro que las instituciones continentales reservaban para España.

Y lo que petó fue todo el plan. Primero, Cañete tuvo que conformarse con una comisaría que debería ser importante pero que en realidad es menor, la de Energía. Cómo será de menor que hasta Rajoy se ve obligado a repetir que no sólo es de Energía sino que además asume competencias sobre acciones contra el cambio climático, una realidad ante la que Rajoy es escéptico después de escuchar los argumentos de un primo suyo que es físico y algo sabe de eso.

El problema de fondo ya no es que Grecia o España sean un cero a la izquierda en este modelo de Europa. El cero a la izquierda somos los ciudadanos. Fue una ingenuidad absoluta pensar que, por muy improvisado y táctico que fuera el referéndum convocado por Tsipras, su contundente resultado inclinaría a las instituciones de la troika a un planteamiento diferente sobre Grecia. Cuesta ya mucho encontrar un economista que no crea que la economía griega es irrecuperable sin una reestructuración de la deuda (llámese o no quita). Pero costará todavía más escuchar una mínima rectificación de Merkel y el núcleo duro europeo de las políticas austericidas. Se trata de política, y cueste lo que cueste se trata también de imponer unas recetas que no admiten alternativas por evidente que ya sea su fracaso.

  • Un 'trágala' y un portazo

Lo que se está produciendo estos días es una demostración de fuerza, de poder imperial, manejado por el núcleo duro de la UE con Merkel al frente y con algunos socialdemócratas como Hollande o Renzi colocados de perfil y enrocados en el mal menor o en cualquier cosa vale con tal de no romper el euro. El mensaje a Tsipras con la imposición del ‘trágala’ es el mismo que a Rajoy con el portazo a De Guindos: aquí manda el dinero, vosotros necesitáis dinero y nosotros lo tenemos. Que se esté entendiendo y construyendo (o deconstruyendo) Europa desde el más puro mercantilismo puede costar muy caro, en términos políticos y democráticos, incluso en términos económicos a medio y largo plazo.

El profundo problema político que ahora tendrá que afrontar Tsipras por asumir lo contrario (se diga lo que se diga) de lo que el pueblo griego votó abre una herida en Grecia respecto a Europa que no habrá modo fácil de cerrar. Si lo que se ha pretendido de paso es dar un escarmiento a cualquier grupo de la izquierda o de los nuevos populismos que puedan surgir en Europa, el tiro quizás se haya dado, si no en la sien, sí al menos en la rodilla de la eurozona. En las redes sociales, el hastag #ThisIsACoup puede durar un par de días. La humillación de un país tras otro y la evidencia de que la democracia resulta molesta en el modelo de Europa que se pretende imponer sólo serían soportables a cambio de un bienestar generalizado, y no precisamente desmontándolo. Tony Judt lo explicó mucho mejor. Y mucho antes.   

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.