22-M: nueve apuntes urgentes y una primera conclusión

Los resultados electorales del 22-M en Andalucía pueden seguir siendo analizados como cualquiera de los comicios anteriores, desde el manejo de las expectativas creadas por los sondeos y por los objetivos confesados por cada cual. Pero sería absurdo que los principales actores del sistema político no asumieran que el primer asalto de este largo año electoral confirma que asistimos a un nuevo ciclo político que exige cambios profundos en el fondo y en las formas.

Los resultados electorales del 22-M en Andalucía pueden seguir siendo analizados como cualquiera de los comicios anteriores, desde el manejo de las expectativas creadas por los sondeos y por los objetivos confesados por cada cual. Pero sería absurdo que los principales actores del sistema político no asumieran que el primer asalto de este largo año electoral confirma que asistimos a un nuevo ciclo político que exige cambios profundos en el fondo y en las formas.


1.- Podría interpretarse que Susana Díaz, líder del PSOE en Andalucía, ha hecho un pan con unas tortas al adelantar un año las elecciones andaluzas, sobre todo si se recuerda el principal argumento: la supuesta « inestabilidad » del acuerdo con Izquierda Unida. El resultado de ese adelanto supone que tendrá que gobernar en « inestabilidad » permanente, a expensas del apoyo puntual o la abstención de otros partidos (suma mayoría con cualquiera de ellos excepto, precisamente, con Izquierda Unida).

2.- Pero nadie tiene tampoco la bola mágica capaz de predecir lo que habría ocurrido un año más tarde. El PSOE andaluz ha recuperado la primera posición en número de votos, tiene los Presupuestos de 2015 aprobados y se puede permitir mantener la calma y esperar a que escampe, es decir a que vayan sucediéndose las otras citas electorales hasta el curso siguiente. Una eternidad en política, más aún en momentos convulsos.

3.- A efectos internos, la arriesgada decisión de Susana Díaz, que todo el mundo interpretó también en clave de competencia con Pedro Sánchez por el liderazgo socialista, ha desembocado en un « tiempo muerto ». Habrá que esperar, como mínimo, al 24 de mayo para confirmar o descartar definitivamente si Díaz se plantea o no algo más que presidir Andalucía. O si da su apoyo o no a Sánchez como candidato a la Moncloa. Nadie podrá discutir que ya tiene una victoria electoral en su haber y que ha conseguido desmontar el ascenso que en 2012 el PP había logrado.

4.- El desastre electoral del Partido Popular tiene pocos paliativos. Si en el PSOE quien más se jugaba era Susana Díaz, con una campaña además muy personalista, en el PP ha sido Mariano Rajoy quien se la ha jugado. Andalucía era el primer laboratorio que podía medir el nivel de desgaste del Gobierno por sus políticas de recortes de los últimos tres años. Y el castigo ha sido contundente. La estrategia de vender que se ha iniciado la « recuperación económica » tras una etapa de « sacrificios colectivos » no ha calado, pese a tratarse de la comunidad del escándalo de los ERE y que sufre la mayor tasa de paro de España y de Europa.

5.- El bipartidismo sigue cayendo. Quienes se aferran a la obviedad de que PP y PSOE siguen sumando una mayoría clara no quieren cambiar de gafas pese a su galopante presbicia política. Esa suma ha perdido respecto a 2012 17 escaños y 18 puntos. La segunda obviedad es la de que los resultados de Andalucía no son extrapolables. Y así es. Pero si había un territorio donde Rajoy podía utilizar otras bazas más allá de la defensa de su gestión de gobierno era precisamente Andalucía. Y ha fracasado estrepitosamente.

6.- Uno de los motivos por los que Díaz adelantó las elecciones era el de frenar el aparentemente imparable ascenso de Podemos en las encuestas. Hasta qué punto lo ha logrado es un enigma, por supuesto. Lo cierto es que un partido que pasa de 0 a 15 diputados autonómicos con un año de existencia en la comunidad en la que más fuerza ha tenido y tiene la izquierda ha cosechado un éxito innegable. Las expectativas que la propia dirigencia de Podemos alienta cuando sitúa como único objetivo en todas partes la victoria y el « asalto a los cielos » pueden hacer pensar que « no hay para tanto ». Las próximas citas electorales despejarán dudas acerca de dónde están el cielo y el suelo de Podemos. 

7.- El caso de Ciudadanos ofrece un análisis similar. En Andalucía también partía de cero, y se ha convertido no sólo en cuarta fuerza sino en bisagra con capacidad de decidir gobierno o de inclinar programas. Un estudio más detallado de la procedencia de voto confirmará si ha ocurrido lo que un vistazo urgente aparenta: Ciudadanos ha mordido al PP tanto o más voto del que Podemos ha podido restar a IU y al PSOE. En cualquier caso, Ciudadanos se ha ganado en el laboratorio andaluz la confirmación como nuevo jugador en la partida política estatal.

8.- Izquierda Unida es sin duda la víctima principal de la irrupción de Podemos y sufre un durísimo batacazo electoral. Se diría que su colaboración con el PSOE estos tres últimos años incluso le ha restado, pese a tener en su haber el impulso de algunas de las medidas sociales que más apoyo reciben en las bases de la izquierda. 

9.- Respecto al otro aspirante a entrar en el parlamento andaluz, UPyD, lo dice todo el hecho de que su líder, Rosa Díez, prefirió irse a su tierra y ni siquiera esperó a que cerraran las urnas. Si Podemos está comiendo a bocados a IU, Ciudadanos ejerce el mismo canibalismo político con UPyD.

Conclusión.- Las urnas han confirmado en lo esencial aquello que venían anunciando las principales encuestas. Esta vez no se puede poner en solfa la solvencia de los institutos de opinión. Y queda en evidencia aquella pertinaz insistencia en que las elecciones europeas de mayo pasado tampoco eran extrapolables. El mapa político andaluz da fuerte presencia a dos nuevas fuerzas y establece distintas posibilidades de mayoría, que es lo que están mostrando los sondeos de cara a las generales. Se confirma un cambio de ciclo, y con él la necesidad de hacer política, de demostrar talla y capacidad de diálogo. Lo cual, contra lo que pretenden agoreros bien amarrados a viejos aparatos políticos o a poderes económicos o mediáticos, no tiene por qué identificarse con inseguridad o debilidad democrática. La imperiosa necesidad de convencer a otros puede fortalecer la democracia mucho más que la acostumbrada prepotencia de las mayorías absolutas o de una alternancia bipartidista supuestamente intocable.

* Jesús Maraña, director editorial de infolibre.es, socio editorial de Mediapart.

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