No callarás

La semana pasada, en los días previos a la Cumbre Iberoamericana, se celebró en Ciudad de Panamá el XIX Foro Eurolatinoamericano de Comunicación, organizado por la Asociación de Periodistas Europeos y por la Fundación Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez. Durante tres jornadas, voces de uno y otro lado del océano compartimos, escuchamos y discutimos sobre periodismo, política, revolución digital, protestas sociales, crisis del papel, desigualdad, libertad de expresión, relación entre los medios y los poderes... Una especie de diagnóstico poliédrico sobre el delicado estado de salud del periodismo y de la democracia. Participaron responsables de medios, economistas, sociólogos. Algunos compañeros, como el ecuatoriano Juan Carlos Calderón, director de 'Plan V', contaron que viven bajo una amenaza permanente por culpa de sus investigaciones sobre la gestión del Gobierno. Con amenazas de muerte, con policías y soldados protegiendo y vigilando su casa y a su familia. En el acto de clausura del Foro, el secretario general de Iberoamérica, Enrique Iglesias, recordó la necesidad de medios libres y plurales para avanzar en el progreso de un continente. El ministro de Exteriores de Panamá, Fernando Núñez Fábrega, ex periodista y dueño de un grupo de comunicación, habló del "undécimo mandamiento: no callarás". Casi a la misma hora, ya entrada la noche en España, la web de infoLibre sufría un primer ataque informático que la hacía enmudecer, poco después de haber recibido correos con amenazas explícitas en nombre de un partido de ultraderecha.

Hay centenares de periodistas que cada día se juegan la vida en distintos lugares del mundo ejerciendo el oficio de informar. Según el último balance de Reporteros Sin Fronteras, 88 informadores fueron asesinados en 2012 en distintos lugares del mundo. Hay periodistas (como Marc Marginedas, de El Periódico de Catalunya) que ahora mismo están secuestrados en Siria por parte de grupos yihaidistas. El citado Juan Carlos Calderón no sabe cada mañana si él o sus compañeros de Redacción llegarán a la noche sin sufrir un atentado. Dicho de otra forma: que a un medio digital le tumben la transmisión parece algo menor en comparación con el precio de una vida humana o de la libertad personal. Por eso desde infoLibre hemos procurado evitar en todo momento hacer un ruido excesivo con nuestra indignación. 

Pero estamos indignados. Como lo están nuestros socios suscriptores y nuestros lectores. Este martes, infoLibre ha sufrido el cuarto y más intenso ataque informático desde el pasado miércoles. Cada día más sofisticado, con la intención de superar todos los sistemas que los especialistas utilizan para prevenir o defendernos de esos ataques. Durante la última semana no se ha podido acceder a infoLibre desde el extranjero, y los 'motores' de Google no encontraban noticias o análisis publicados por infoLibre. Los hechos han sido denunciados y están siendo investigados por la Policía, al igual que las reiteradas amenazas explícitas dirigidas contra la Redacción de infoLibre.

Para entendernos: tumbar un diario digital, impedir que la página sea visible, equivale a volar la rotativa de un periódico o impedir que las furgonetas de reparto lleguen a los quioscos. Enmudecer un diario digital es lo mismo que silenciar una emisora de radio o cortar la señal de un canal de televisión. Es un ataque a la libertad de expresión y al derecho a la información de los ciudadanos. Es fundamental que se comprenda esto, más allá de que el atacado se llame infoLibre o Diagonal o Periodismo Humano o Nodo50 o Kaosenlared o El Plural... o cualquier otro medio de los que han sufrido también ataques en los últimos días. Más allá de cualquier tipo de corporativismo y más allá de la legítima queja por los daños y perjuicios económicos causados. 

Pretenden callar a quien molesta. Se trata de volver a tiempos que creíamos (ingenuamente) superados. Siguen existiendo grupos organizados dispuestos a intentar silenciar a un medio de información independiente. Utilizan (ellos o la gente a la que contratan) métodos y herramientas acordes con la revolución digital, pero beben la misma pócima de siempre: la intolerancia. Siembran el miedo, hacen daño. Dedican a ello tiempo y, sobre todo, dinero.

Olvidan algo fundamental: con sus ataques demuestran que el periodismo independiente importa. Que tiene consecuencias. Que hace falta. Y que un periodista no debe saltarse el mandamiento que le obliga con sus lectores: no callarás. Y no lo haremos en infoLibre.

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