Escenarios (catastróficos) para las elecciones de EEUU

En la puesta en escena de su salida victoriosa del hospital militar Walter Reed, Donald Trump cruzó todas las fronteras de irresponsabilidad.

Empecemos por el final: nada es imposible, ni siquiera la posibilidad de una guerra civil en EEUU. Ya hubo una entre 1861 y 1865. Dejó heridas profundas que no han terminado de cicatrizar. La sociedad de hoy, un siglo y medio después, está más polarizada que nunca. Si saben inglés, tienen tiempo y paciencia les recomiendo It Could Happen Here, una serie de diez podcast realizados por Robert Evans. De momento, solo es ficción.

En la puesta en escena de su salida victoriosa del hospital militar Walter Reed, Donald Trump cruzó todas las fronteras de irresponsabilidad. Estamos ante un personaje desmedido, inculto y peligroso con un único interés en la vida: él, su imagen, venderse como el más fuerte. Ese ha sido el motor de su éxito como empresario inmobiliario, y no pagar impuestos federales. Es un tramposo en un sistema económico, el capitalismo de barra libre, que se basa en la trampa, no tanto en el mérito.

La presidencia de EEUU se ha reducido a un plató de televisión en el que desarrolla la segunda parte de su reality show favorito, The Apprentice. No hay colaboradores ni amigos, ni siquiera público. Todos son extras que bailan alrededor del emperador desnudo.

Salir del hospital contra la opinión de sus médicos, poner en riesgo a los pilotos de helicóptero Marine Number One, a los agentes del servicio secreto –que ahora saben que su misión no es proteger AL presidente, sino protegerse DEL presidente– y a los empleados de la Casa Blanca, muestra a un hombre fuera de control, una amenaza para su país y para el mundo.

No son los esteroides que ha tomado en su breve hospitalización los que le provocan euforia, es que es así, un tipo sin otra estrategia que amarse por encima de todas las cosas. No tiene plan, es un improvisador, un tipo que basa sus movimientos en la intuición. Los que sí tienen un plan son los políticos y empresarios de extrema derecha que cabalgan a su sombra.

La gran catástrofe para Trump sería regresar al hospital.

Minimizar el riesgo de un virus que ha matado a más de 200.000 estadounidenses y arrancarse la mascarilla delante de todos, como si fuera Vivien Leight en Lo que el viento se llevó, son signos de que nos encontramos ante un político que se comporta como un dictador.

Quizá lo sea en unos meses.

Lo que queda de campaña

Trump intentará regresar a la campaña lo antes posible, contamine o no. Se juega la presidencia en once Estados. Su mensaje va a ser: « yo sé lo que es el Covid, lo he vivido; Biden, no ». Da igual que este juego obsceno de narcisismo patológico se desarrolle sobre decenas de miles de cadáveres. Lo que importa es él.

Biden, si es que le permite hablar, tiene un caso claro: presentar a Trump como un elemento divisivo, antipático y sin empatía por el sufrimiento en un momento de grave crisis sanitaria y económica. Quizá le funcione entre los escasos indecisos que quedan en un país polarizado y cada vez más enfadado. La clave será movilizar el voto presencial para reducir el peso del voto por correo y bloquear la estrategia de Trump de denunciar un fraude masivo.

Aunque Biden ha ampliado su ventaja en las encuestas nacionales, no se dejen guiar por ellas. Las encuestas que ofrecen información real y precisa de lo que puede suceder el día 3 son las de los once Estados en los que se decide la presidencia. En estos, Trump está en dificultades. En este artículo, David Wasserman analiza diez condados: The 10 Bellwether Counties That Show How Trump Is in Serious Trouble.

Biden mejora en Florida y Pensilvania, donde Hillary Clinton perdió por solo 44.292 votos. Son claves Michigan, Ohio, Wisconsin, Arizona y Carolina del Norte. Necesita una victoria inapelable.

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Les recomiendo Real Clear Politics para seguir las últimas noticias de las elecciones y la evolución de las encuestas.

La noche electoral

No habrá resultados definitivos en varios de esos Estados clave. Florida es el único que procesa anticipadamente el voto por correo, que se abrirá al cierre de los colegios. Otros, permiten recibir las papeletas hasta una semana después. Si fuera masivo, no habría resultado en la noche electoral (madrugada del 4 de noviembre en España) en Wisconsin, Michigan y otros. Trump aprovechará para declararse vencedor si está por delante en el colegio electoral. Si Biden fuera el favorecido, pondría en marcha su plan B: denunciar el fraude, judicializar cada papeleta, emponzoñar el proceso.

Si los resultados oficiales finales no le dieran la victoria llamaría a los suyos a defender la Casa Blanca. Los suyos son los supremacistas blancos armados hasta los dientes. Por eso jamás los condena. Su entorno está cerca de los Proud Boys. EEUU es un país que tiene en la calle más armas que personas.

Trump tendrá a favor un Tribunal Supremo, la última instancia que ejerce de Tribunal Constitucional. Por eso tiene tanta prisa por colocar a la jueza Amy Coney Barrett, una ultra católica, para no depender del voto del presidente John Roberts, un tipo conservador que a veces se ha salido de la línea. Trump no quiere un empate 4-4 que le deje sin presidencia, trata de garantizarse un 5-4. Recuerden que hablamos de un país democrático.

Los demócratas no aceptarán un pufo como el de Florida en el año 2000. También hay armas entre la gente enfadada, las minorías y los grupos anti Trump. Portland es un aperitivo.

Peligro de enfrentamiento civil y de una dictadura 

Existe un riesgo elevado de que se produzcan enfrentamientos civiles tras las elecciones, durante el periodo de transición hasta el 20 de enero y después. No me atrevo a escribir guerra civil, pero una vez que empiezan los muertos es difícil poner un límite a la barbarie de los humanos. Tenemos múltiples ejemplos, el más reciente e inesperado en la antigua Yugoslavia.

El problema de fondo es el racismo incrustado en el tejido social de EEUU. Los blancos sienten que están perdiendo poder, y que el país les pertenece. Tuvieron que conceder el derecho de voto a los afroamericanos en los años 60, pero han trabajado a fondo para que no lo ejerzan. Las herramientas son la pobreza y la ignorancia y, cuando no son suficientes, se modifican las circunscripciones y se reducen los colegios electorales para que tengan que desplazarse. Todo son obstáculos. Las minorías no se sienten representadas por la política de Washington, una desafección que afecta a los demócratas.

Los republicanos blancos tienen la misma reacción que los machistas que sienten que han perdido poder tras la liberación de la mujer. Su reacción es el maltrato y el asesinato.

Tras convocar a los suyos por Twitter, Trump trataría de utilizar la Guardia Nacional de los Estados con un gobernador republicano, o movilizar el Ejército. Es lo que intentó para poner fin a las manifestaciones por la muerte de George Floyd en un nuevo caso de brutalidad policial (blanca). El Pentágono se lo desaconsejó. ¿Seguirá en esa línea?

Los republicanos van a desplegar miles de observadores para vigilar los comicios, algo que estaba prohibido. Era una manera de acosar a los votantes. Hace poco, un juez levantó el veto. Trump no se detendrá en ninguna línea roja.

La Constitución indica que el 20 de enero de 2021 a las 12:00 del mediodía decae el mandato de Trump-Pence. ¿Qué pasaría si no jura otro presidente? Los años 30 están de regreso con una versión sofisticada de fascismo. Trump es solo el actor principal en una maquinaria de extrema derecha que lleva años preparando este momento. El año 2020 aún no ha terminado.

Artículo de Ramón Lobo, publicado en infoLibre, socio editorial de Mediapart, el 8 de octubre de 2020.

Venezuela, 1955. Corresponsal de guerra de El País durante más de 20 años. Testigo directo de conflictos en Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Chechenia, Irak, Afganistán, Sierra Leona, Liberia, Ruanda y otros muchos países africanos. Fui redactor jefe de Internacional de El Sol, donde descubrí que no servía para mandar. Empecé en la radio como guionista. He trabajado en tres periódicos económicos pero sigo sin saber de economía. Con el tiempo he aprendido a escuchar, que es una de las esencias del periodismo.

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