España: Gobierno de resistencia

El principal éxito del Ejecutivo progresista será durar lo máximo posible. Para ello debe dar satisfacciones a sus votantes y responder con dureza a las agresiones de los ultras.

« —El caso es resistir —convino Juan.

—O sobrevivir —corrigió Agustín.

—Que es otra forma de resistir ».

Alexis Ravelo, Los milagros prohibidos.

Seguro que ustedes recuerdan la escena más divertida de la película Casablanca, aquella en que el capitán Louis Renault aparenta escandalizarse al “descubrir” que en el Rick´s Cafe se juega a la ruleta. El capitán Renault sabe perfectamente que el Rick´s es, entre otras cosas, un casino, y además cobra sabrosas comisiones por permitirlo, pero en ese momento preciso de la historia le toca hacerse el policía honrado. Y al hacerlo con tanto descaro nos arranca una risa a todos los espectadores.

El pasado lunes me acordé de esa escena ante la escandalera con que los tres partidos de la ultraderecha acogían el anuncio de que Pedro Sánchez pensaba proponer a la exministra Dolores Delgado como nueva Fiscal General del Estado. Los mismos que no ocultan su intención de usar a esa mayoría del poder judicial que es afecta a sus ideas e intereses para perpetrar una especie de golpe de Estado 2.0 contra el Gobierno de Sánchez, esos mismos Abascal, Casado y Arrimadas, invocaban el cuento infantil de la despolitización de la justicia, la separación de poderes y la independencia de fiscales y jueces en España. Su llanto, crujir de dientes y rasgar de togas me pareció tan cómico como la falsa sorpresa del capitán Renault.

Ojalá tenga razón Ignacio Escolar cuando dice que el nombramiento de Delgado –poco estético, sin duda- es una muestra tanto de que Sánchez es consciente de que los ultras van a librarle una feroz y sucísima guerra judicial como de que está dispuesto a devolverles golpe por golpe. « El nuevo Gobierno de coalición –escribe- ha decidido responder a la derecha con sus mismas armas. Cumplir con la ley, pero sin asumir una ingenuidad naif que solo lleve a la derrota ». Si es así, no me parece mal de antemano. No soy de los que ponen la otra mejilla cuando le abofetean; eso siempre me ha parecido deber de cristianos, no de progresistas. Y no creo que la izquierda deba seguir jugando el partido con las reglas del baloncesto cuando la derecha, con el consentimiento del árbitro y la prensa, lo hace con las del rugby. Regalitos, los justos.

En materia de separación de poderes, no me merecen la menor credibilidad los correligionarios de Federico Trillo, Ignacio Cosidó, Jorge Fernández Díaz y todos aquellos que promovieron las carreras de fiscales como Jesús Cardenal, José Manuel Maza y Manuel Moix, siempre dispuestos a afinarle las cosas al PP. Ni me merecen el menor respeto los políticos que jalean a sus amigos los fiscales ultras del Tribunal Supremo y a cualquier otro Torquemada dispuesto a acusar de terrorismo a unos desgraciados titiriteros. Que, por cierto, son los que siempre le encuentran una colocación al caradura del juez Enrique López y los que siendo minoría social, política y parlamentaria bloquean la renovación del Poder Judicial porque allí son ahora irregularmente mayoritarios los togados conservadores y hasta reaccionarios. Miren, he llegado a una edad en la que es de gilipollas comulgar con ruedas de molino.

« El trío de Colón ha tocado zafarrancho y viene con el cuchillo entre los dientes », escribía ayer Benjamín Prado aquí mismo. Escúchenle, por favor. El trío de Colón –también llamado Trifachito– ha sido transparente: va a hacer todo lo que esté en sus manos para que el primer Gobierno progresista de coalición en muchas décadas dure lo menos posible. Desde una permanente campaña de propaganda mediática hasta un no menos permanente sabotaje parlamentario, desde la denuncia de cualquier cosa ante sus muchos tribunales amigos hasta los llamamientos a la fuga de capitales y –el eurodiputado Hermann Tertsch ha señalado el camino– la sublevación militar.

Así que el principal éxito de este Gobierno será durar lo máximo posible. Dos años mejor que uno, tres mejor que dos, cuatro sería glorioso. Y solo puede durar si da satisfacciones, por pequeñas que sean, a los millones de españoles que han votado a las fuerzas que lo integran o lo apoyan desde afuera. La democracia no es un sistema angelical, la democracia es intentar cumplir el programa por el que te ha votado una mayoría de los electores. La democracia te obliga a ser adulto y asumir que no puedes dar satisfacción a todo el mundo todo el tiempo, que en cualquier sociedad hay división de intereses y opiniones.

El Gobierno ha empezado bien al subir este martes las pensiones un 0,9 por ciento. Tiene que seguir así. Tiene que blindar su actualización según el IPC y tiene que ir aumentando el salario mínimo, satisfaciendo las reivindicaciones justas de los funcionarios, derogando lo más salvaje de la reforma laboral y la ley mordaza del PP, frenando las subidas de los alquileres y los recibos de la luz… Estas medidas y otras similares son las que esperan sus votantes. Y por supuesto, debe poner coto al machismo y la contaminación e intentar resolver de modo pacífico la crisis catalana. Aunque a la ultraderecha se lo parezca, no es un programa revolucionario.

Pero el Gobierno no podrá hacer nada de todo esto si va de blando.

Artículo de Javier Valenzuela, publicado en infoLibre, socio editorial de Mediapart, el 14 de enero de 2020.

Granada 1954. Autor del blog Crónica Negra. Comenzó en Ajoblanco y Diario de Valencia.Trabajó 30 años en El País, donde fue corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington, y director adjunto. Fundador y primer director de tintaLibre. Doce libros publicados, el último la novela Pólvora, tabaco y cuero.

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