Edwy Plenel: «El bla bla bla de la opinión está matando a la información»

Coincidiendo con el aniversario de infoLibre, socio editorial de Mediapart, Edwy Plenel conversa sobre el periodismo, Francia y el 2020. Con más de 218.000 suscriptores, ¿cuál es el secreto de Mediapart?: « Periodismo, periodismo y periodismo. Estar al servicio de un derecho fundamental de los ciudadanos [...] el derecho a saber todo lo que es de interés público ».

Podría parecer imposible, pero Mediapart lo logra. El medio de comunicación, de referencia en Francia, acaba de cumplir 13 años con un modelo exclusivamente para socias y socios (si no lo eres, no puedes leerlo) y sin publicidad. Y les va mejor que bien, según los resultados publicados hace unos días. Busque algún medio de esas características y relevancia nacional en España. No lo encontrará.

Ajenos a lo que otros consideran urgente (y mientras éstos escupen al minuto titulares prácticamente clonados unos de otros), Mediapart se centra en los asuntos que considera importantes y los cuece a fuego lento. Nicolas Sarkozy no prestó atención a su propia olla hasta que las informaciones de Mediapart lo acabaron sentando en el banquillo. Fue condenado en una sentencia histórica.

Coincidiendo con el aniversario de infoLibre, socio editorial de Mediapart, Edwy Plenel (Nantes, 1952) conversa sobre el periodismo, Francia y el 2020, en el que el periódico que cofundó y preside ha llegado a 218.000 suscriptores y 118 empleados.

¿Cuál es el secreto?

Edwy Plenel: Periodismo, periodismo y periodismo. Estar al servicio de un derecho fundamental de los ciudadanos que no es un privilegio de nuestra profesión. Es el derecho a saber todo lo que es de interés público y lo que permitirá a las y los ciudadanos decidir libremente. Los ciudadanos deben saber lo que se hace en su nombre, las decisiones del Gobierno, del poder político o del económico. Para mí, no es un trabajo como los demás. No es una carrera profesional.

Estamos en el corazón de una responsabilidad democrática, de un reto democrático. Hace poco tiempo volví a encontrar una declaración del principio de la Revolución Francesa, antes de la Declaración de Derechos del Hombre, del 13 de agosto de 1789. « La publicidad es la protección [salvaguardia] del pueblo ». La palabra « publicidad » no quería decir lo que hoy: la mercancía, el comercio, los reclamos… La publicidad en el sentido de hacer público aquello que es de interés público, es la salvaguardia del pueblo. El mejor ejemplo reciente son las investigaciones sobre la violencia contra la mujer. Gracias a las revelaciones de la prensa movimientos como el #Metoo lograron una importancia mundial impulsados por activistas y un nuevo feminismo.

Las noticias falsas se distribuyen a una mayor velocidad que las verdaderas, según estudios especializados. ¿Le preocupa?

No demonizo internet. El primer productor de fake news en internet es el poder: los partidos políticos, potencias estatales o profesionales de la comunicación. No creo en la demonización del pueblo digital. Al contrario, la digital es una oportunidad formidable para la democratización de la información. Gracias a internet podemos crear una educación popular, podemos alertar y crear movilizaciones, denunciar… es simplemente un campo de batalla en el que nosotros somos pequeños soldados frente a grandes potencias. Hagamos balance de lo que pasó en EE.UU., Facebook fue el primer responsable de la fabricación de noticias falsas y de todas esas campañas.

¿El periodismo está en crisis?

Nuestro oficio vive una gran crisis: moral, económica y social con la precariedad de los periodistas. Esta crisis se traduce en una rebaja de nuestros valores profesionales. En el fondo, y lo vemos bien en el universo audiovisual de los talk-shows, la opinión está matando a la información, el bla bla bla de las opiniones y, además, de las noticias falsas y los rumores, del odio y la violencia, asfixian la información. Más que nunca, la defensa de la verdad de los hechos frente a las verdades relativas, o de opinión, de convicción o de creencia, es una batalla esencial.

No es sólo un problema en Francia, aunque aquí lo vemos de manera muy sencilla. Los grandes empresarios industriales, externos al oficio de la información, oligarcas, patrones del lujo, la telefonía y de la industria conectada con intereses en África son los que controlan el conjunto de medios, ya sean escritos o audiovisuales. Hay muchos buenos periodistas en esos medios, pero la cuestión de la independencia está más que nunca sobre la mesa.

Creamos Mediapart para resistir en el contexto francés, pero nuestro combate es común con infoLibre y es un combate por la integridad de la información y el periodismo, por la responsabilidad democrática del periodismo. Es un combate más de actualidad que nunca. 

Usted es muy crítico con las plataformas digitales, con las grandes empresas.

Recientemente revelamos en Mediapart cómo Youtube permite vídeos neonazis, racistas y fascistas que llaman a la violencia. Si nosotros publicásemos artículos de ese tenor, nos pedirían que los retirásemos de inmediato. Esos empresarios consideran que pueden permitirlo todo online, hacer dinero y no sentirse responsables. Como director de Mediapart, soy responsable de todo lo que se publica. Si hay un juicio por uno de nuestros artículos, voy yo mismo al juzgado. El sistema de grandes plataformas digitales consiste en la irresponsabilidad editorial. Es un verdadero problema. ¿Y los responsables públicos, qué hacen frente a estas grandes plataformas? ¿Por qué se dirigen en vez de a ellas, al pueblo?

Ahora en Francia tenemos medios de comunicación que son medios de odio a los musulmanes. Está el semanario Valeurs, propiedad de un antiguo empresario armamentístico involucrado en un caso de corrupción mundial. También la cadena de televisión C News, propiedad de un multimillonario que hizo fortuna en África, que es una tribuna abierta para los que defienden una ideología que se sitúa fuera del espacio democrático. No hay que señalar a los que usan internet como un pueblo estúpido o violento. Hay que volver a una responsabilidad editorial de aquellos que permiten ese tipo de contenido.

Entre los periodistas en España hay un debate sobre cómo cubrir las actividades, proclamas y mensajes de la extrema derecha que en Francia conocen bien. ¿Es necesaria una actitud de combate o es mejor no prestarle más atención de la cuenta, ya que es lo que buscan?

Tenemos que hacer nuestro trabajo con normalidad. Investigamos a todos los partidos. Nuestro papel no es servir al discurso y la comunicación del partido. Lo segundo es separar a esos partidos de aquellos que votan por ellos. Hay que intentar comprender y hacer nuestro trabajo sobre el terreno. ¿Qué hace que haya personas desesperadas, decepcionadas y abandonadas por los partidos democráticos hasta el punto de poder votar por partidos autoritarios o que utilizan el racismo para acceder al poder?

En tercer lugar, y en España creo que han vivido el mismo problema con el ascenso de Vox… el verdadero problema no es la extrema derecha. Siempre ha habido y habrá en Europa ideologías de la desigualdad natural. Porque se trata de eso: de personas que creen que hay civilizaciones superiores, culturas, naciones, religiones, colores de piel superiores.

La verdadera pregunta es cómo se logra que renazca políticamente. ¿Cómo pasa de ser minoritaria, de algunos ensayistas e intelectuales, de ser una postura estética, a convertirse en una fuerza política masiva con fortaleza electoral? No hay que mirar a la extrema derecha sino a partidos de gobierno de derecha e izquierda que le han hecho de trampolín.

Hoy, en 2021, en Francia el poder político que ha sido elegido para cortar el paso a la extrema derecha, Emmanuel Macron y su mayoría, que vino a Mediapart dos días antes de su elección, le está haciendo de trampolín a la extrema derecha. Han abrazado su discurso y hablan del separatismo, de la islamoizquierda, dicen que el islam, el hecho de ser musulmán, y no el terrorismo, es un problema en nuestra sociedad.

En resumen, tenemos a partidos políticos, de derecha o izquierda, que no logran responder a los desafíos de nuestra época y que, en medio de ese fracaso, evolucionan, abandonan sus posiciones y permiten la posibilidad de la extrema derecha. Es la historia de Europa. No está escrito en el destino que la extrema derecha acceda al poder. Lo hace cuando partidos republicanos, democráticos, piensan que no es peligrosa, que pueden aliarse con ella, le hacen el juego, abrazan su ideología y le dan carta de naturaleza. En Francia, olvidamos que las élites mayoritarias, políticas, económicas e intelectuales, colaboraron con el nazismo entre 1940 y 1944, no fue el pueblo. Y estas élites no eran fascistas o nazis. Simplemente se derrumbaron, renunciaron, creyeron que podía ser una opción. Vivimos la misma época.

¿Cómo es la Francia que sale de la pandemia y la Francia que comienza a ver el fin del quinquenio de Macron?

El panorama es muy triste. En otoño escribí un editorial en el que sostenía que no se puede evitar la catástrofe porque ya está aquí. Nuestra responsabilidad como periodistas no es deprimir a todo el mundo sino mirar a la cara a la catástrofe, documentarla para poder hacerle frente. En Francia, el fracaso de esta presidencia es patente. No ha estado a la altura de las promesas. Macron ha incrementado su poder personal, el verticalismo, el presidencialismo francés que nos fragiliza, propio de un Estado débil y no fuerte. Se han incrementado las desigualdades y beneficiado a la minoría más rica. No ha respondido a la urgencia ecológica. La gestión de la crisis ha agravado todos estos problemas. Lo ejemplifico con la fábula de La Fontaine de La liebre y la tortuga. La liebre cree que es muy rápida, inteligente y puede descansar, mientras que la tortuga avanza. Macron es la liebre y el covid-19, la tortuga. Siempre ha llegado más tarde que la tortuga del covid-19. Mintieron sobre las mascarillas, hasta dijeron que no servirían para nada. No estuvieron a la altura con los test, arrastraron los pies con las vacunas a pesar de que en Francia están Pasteur o Sanofi, y recientemente no tomaron las decisiones correctas sobre el confinamiento.

No hay atajos en política. No sé si las fuerzas progresistas en Francia llegarán a comprender que deben unirse ante el gran peligro y la gran urgencia. infoLibre y Mediapart, medios independientes, tenemos que apostar por la sociedad, apostar por la movilización, la lucidez de la sociedad, la juventud como actor de su futuro.

Nuestro tiempo es a la vez trágico y enormemente estimulante. Un periodista puede reencontrarse con el ideal, con el origen del siglo XIX: el periodismo como paladín de la democracia. El periodista de Victor Hugo, de Émile Zola, que está en la batalla democrática más que nunca.

¿Cómo ha sido 2020 en Mediapart?

Ha sido una prueba hermosa para construir la solidaridad entre nosotros. Los instrumentos digitales nos han permitido trabajar en línea. Mi responsabilidad ha sido estar con los demás. Durante el confinamiento se creó un gimnasio virtual por videoconferencia con el que nos pusimos en forma. Se creó una sala virtual donde estaba prohibido hablar de trabajo para tomar por las noches el aperitivo.

El discurso político que hemos vivido en Francia ha sido de infantilización y una estrategia de salud pública no puede hacerse contra la sociedad sino con la sociedad, escuchándola.

Ahora, en Mediapart, estamos dando voz a las secuelas, a los que siguen sufriendo la pandemia. A todo eso hay que darle visibilidad. Es necesario que la enfermedad se exprese. El éxito de Mediapart en 2020, que nos ha dejado estupefactos a nosotros mismos, es, para empezar, un éxito humano. Y eso debería ser una gran lección de humildad para aquellos que están en el poder. Tenemos que inventar una ecología de la política, no sólo una política que haga ecología.

Artículo publicado en infoLibre, socio editorial de Mediapart, el 25 de marzo de 2021.

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