Francia, en primera fila para atacar al Estado Islámico

 

12 de septiembre de 2014. Participación en el programa de radio argentino "Rico al Cuadrado" para discutir sobre el conflicto en Siria e Irak.

Leonardo Plasencia

El presidente galo François Hollande llegó hoy a Bagdad para manifestar su apoyo político y militar al nuevo gobierno iraquí. El lunes se desarrollará en París una conferencia internacional para cristalizar la coalición y concertar una estrategia militar. Desde la capital francesa el periodista argentino Leonardo Plasencia explica las dificultades de una alianza política con los países de la región.

 

 


"Quería estar presente hoy en Bagdad para recibir al gobierno de unión, es un honor ser el primer jefe de estado en ser recibido por este nuevo gobierno a quien le extendemos nuestra amistad francesa" declaró esta mañana el presidente François Hollande. El líder galo fue recibido por el presidente Fuad Massum y el flamante primer ministro Haidar al-Abadi cuyo gabinete fue aprobado el lunes por el parlamento iraquí.


La visita del presidente francés a la capital iraquí tiene como objetivo mostrar al mundo que París se encuentra en primera fila para luchar contra el Estado Islámico. "Si Francia está junto a Iraq es porque este país ha sabido hacer la transición democrática para elegir a sus representantes y unir al pueblo iraquí" aseguró Hollande, y agregó que la colaboración será tanto en el plano humanitario como militar. "Enfrentamos a un grupo terrorista que tiene un objetivo territorial, pero que al mismo tiempo no tiene fronteras, porque pretende hacer la guerra no solamente a Iraq sino a todos lo pueblos que no comparten su visión del mundo basado en el terror" explicó.


Hollande aprovechó la visita para entregar 15 toneladas de ayuda humanitaria y anunciar la "Conferencia por la Paz y la Seguridad" que se desarrollará el lunes en la capital francesa. La cumbre internacional girará en torno a tres objetivos : coordinar la lucha en contra del Estado Islámico, afirmar el apoyo de la comunidad internacional al nuevo gobierno y coordinar los esfuerzos humanitarios para la reconstrucción de Iraq. No obstante el entusiasta discurso del líder galo la complejidad del conflicto en el Medio Oriente dificulta la cristalización de una alianza internacional.

 


Los desafíos de una coalición internacional


En su discurso del miércoles el presidente americano Barack Obama aseguró que "destruirá" al grupo radical Estado Islámico gracias a una "estrategia global y sostenida". Sin embargo las alianzas, se trate de países arabes u occidentales, serán el resultado de un complejo ajedrez diplomático en la que cada pieza deberá moverse con extrema cautela. Diez países de la región ya han manifestado su interés en participar de la Coalición, sin embargo la búsqueda de alianzas presenta luces y sombras, logros y desafíos.


Entre los logros de la Casa Blanca se encuentra la 'entusiasmada' colaboración de París cuyo presidente ya se encuentra en la región para poner de manifiesto su intención de encabezar la lucha. Lejos del rechazo de la Francia de Jacques Chirac en la operación anglo-americana de 2003, François Hollande declaró días atrás que las fuerzas galas podrían participar en los ataques aéreos que realiza actualmente Estados Unidos en territorio iraquí. Sin embargo, la primera economía de Europa, Alemania, se negó a participar militarmente en el conflicto limitando su colaboración al plano humanitario y al envío de armas. Asimismo, otro gran aliado regional, Turquía, rechazó la posibilidad de una intervención de sus fuerzas armadas por miedo a alentar políticamente a las minorías kurdas dentro de su propio territorio y al PKK (el Partido de los Trabajadores de Kurdistán) considerado "organización terrorista" por Turquía y Occidente.


En segundo lugar, para comprender la actual crisis en el Medio Oriente es fundamental entender que la lucha político-militar encuentra argumento en el conflicto confesional. Así las cosas, resulta necesario retroceder unos años. Además de pequeñas minorías, entre las que se encuentran diferentes ramas del cristianismo, Irak posee dentro de sus fronteras tres grandes grupos étnico-religiosos : árabes shiitas (75%), árabes sunnitas (15%) y Kurdos (10%), en su mayoría de confesión sunnita. En este contexto, Iraq estuvo durante décadas bajo dominio de la minoría sunnita, de manos del depuesto Saddam Hussein, oriundo de la ciudad Tikrit, en pleno corazón de la región sunnita.


Tras la caída de Hussein, las comuidades shiita y kurda tomaron el poder (con el apoyo occidental) dejando de lado a la minoría sunnita, símbolo de la dictadura árabe. Es así como el Estado Islámico, de origen sunnita, logró captar adeptos en el seno de esta comunidad bajo la bandera de la liberación de la opresión shiita. Es justamente allí, en el conflicto entre un gobierno iraquí kurdo-shiita y un grupo armado de confesión sunnita, dónde radica el desafío para una alianza entre Estados Unidos y los países de la región.


Los grandes aliados de las potencias occidentales en la región (las petro-monarquías de la península arábiga) son en su mayoría de origen sunnita, comenzando por Arabia Saudita y Qatar. En este sentido, sectores importantes dentro de estos países 'no ven con malos ojos' la avanzada de un grupo fundamentalista religioso de origen sunnita frente a un gobierno dominado por la rama shiita del Islam. Por otro lado, las atrocidades del Estado Islámico, especialmente las decapitaciones, no escandalizan a los sectores más radicales de Arabia Saudita dónde las condenas a la decapitación son moneda corriente y se encuentran avaladas por el gobierno ultra-conservador de Riad. Según fuente iraníes, las monarquías del Golfo, particularmente Qatar, estarían ofreciendo apoyo económico al Estado Islámico.


Así las cosas, y en el marco de estas tensiones confesionales, se encuentra un fenómeno de extrema importancia en la geopolítica de la región : la alianza de facto entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán. El gobierno de Teherán, de origen shiita, se opone fervientemente a la avanzada del Estado Islámico y, al igual que las potencias occidentales, apoya política y militarmente al gobierno central irakí. Por lo que la lucha en contra de la mayor amenaza que enfrenta actualmente la región ha empujado a los dos enemigos históricos (EEUU e Irán) a pelear del mismo lado del conflicto. Asimismo, en guerra declarada contra Washington, el gobierno de Bashar al-Asad, ofreció su colaboración a la Casa Blanca para luchar contra este grupo armado que ya controla un cuarto del territorio sirio. La oferta fue rechazada por el presidente americano Barack Obama.


Finalmente, este rechazo de Estados Unidos de colaborar con el régimen de Assad y la posibilidad de realizar ataques aéreos en Siria sin la autorización de Damasco, abrió un nuevo frente en la arena diplomática. El principal aliado de Siria, Moscú, no ve con buenos ojos las declaraciones de Obama sobre una posible ataque aéreo americano en territorio sirio. El ministro de relaciones exteriores ruso Sergueï Lavrov afirmó esta semana que una intervención militar sin la autorización de la ONU o del gobierno Sirio constituiría una "violación del derecho internacional y un acto de agresión".


Estados Unidos y Francia han decidido ponerse al frente de la coalición internacional para luchar contra la avanzada de grupo radical más peligroso del Medio Oriente. Sin embargo, la intervención militar se limitaría, al menos por ahora, a una serie de ataques aéreos sin participación de las fuerzas de tierra. Si la política de drones en Pakistán y Yemen han enseñado algo a EEUU es que es necesario una fuerte intervención militar en tierra para hacer la diferencia. Es allí dónde las potencias occidentales deberán jugar hábilmente las cartas diplomáticas para concertar una alianza sólida con las diferentes comunidades iraquíes y los aliados regionales, y sobre todo, para lograr un terreno de entendimiento con los históricos enemigos Irán y Siria, con quién comparten un interés en común... la destrucción de Estado Islámico.-

 

 

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