Paz para hoy, guerra para mañana

Los líderes europeos llegaron a un acuerdo de alto al fuego en el este ucraniano a partir del domingo a las cero horas · La retirada de armamento pesado y la creación de una zona desmilitarizada en el frente batalla debería concretarse en un plazo de dos semanas · El periodista argentino Leonardo Plasencia nos cuenta desde París las dificultades para reintegrar la región de Donbass al resto del país.

 

13 de febrero. Columna radial en el programa argentino "Rico al Cuadrado" para discutir sobre los acuerdos de paz en en Ucrania.

Leonardo Plasencia

 

 

Luego de dieciseis horas de tensas negociaciones, una declaración de principios fue concretada en la capital bielorusa de Minsk. Bajo el llamado 'formato de Normandía', la presidenta de Alemania, Angela Merkel, de Francia, François Hollande, de Ucrania, Petro Porochenko y de Rusia, Vladimir Putin, lograron acordar una serie de medidas que permiten sentar las bases de una resolución al conflicto. No obstante, algunos puntos del acuerdo, sumado al contexto actual del paisaje político ucraniano, ponen en riesgo la esperanza de una paz duradera y amenazan con convertir las negociaciones en una frágil tregua pronta a quebrarse ante la primera violación de cualquiera de los dos bandos, como ocurriera a principios de septiembre a sólo unos días del primer 'acuerdo de paz'.

 

Con el fin de comprender los desafíos para la resolución de las crisis ucraniana es importante rever los puntos claves del conflicto. Primero que nada, cabe destacar que la Federación Rusa no forma oficialmente parte del conflicto, que enfrenta al gobierno central de Kiev con las regiones del Este. Luego del golpe de estado el 22 de febrero, que derribara al gobierno 'rusofílico' de Viktor Ianoukovitch tras su rechazo a firmar el acuerdo de cooperación con la Unión Europea, las regiones de mayor presencia ruso-étnica se negaron a aceptar la legitimidad del gobierno de transición. En este contexto Crimea y Sebastopol, al sur del país, decidieron realizar un referendum independentista el 16 de marzo, más del noventa por ciento votó afirmativamente y la región fue anexada por Moscú 48 horas después.

 

En este contexto, la región de Donbass, al este del país manifestó su intención de seguir los pasos de sus vecinos rusofílicos comenzando así una serie de manifestaciones que se transformó rápidamente en un conflicto armado durante el mes de abril. El enfrentamiento dio origen a las autoproclamadas República Popular de Donetzt y República Popular de Lugansk, quienes realizaron elecciones locales el dos de noviembre. Las mismas no fueron reconocidas ni por Kiev ni por la comunidad internacional. En nueve meses, el conflicto armado ha dejado ya más de cinco mil muertos y un millón de desplazados.

 

En el camino quedarían los llamados "Acuerdos de Minsk" firmados en septiembre por los representantes de Kiev y de las regiones rebeldes de Donetzt y Lugansk. Los cuales lograron mantener la paz sólo 48 horas. Tras una "relativa" calma en los últimos meses, a mediados de enero las milicias de las regiones del este y el ejército, apoyado por grupos paramilitares privados (algo pocas veces comentado en la prensa occidental), aumentaron las tensiones en diferentes zonas de la región. Ante la amenaza de una reavivación del conflicto, el congreso americano comenzó a estudiar la posibilidad de apoyar al gobierno central de Kiev con armas, incluyendo armamento pesado.

 

En este marco de fuertes tensiones en el terreno y la amenaza de una participación más activa de Washington, comenzó este miércoles una nueva ronda de negociones promovida por París y Berlín. El acuerdo conseguido anoche consiste basicamente en una ratificación y ampliación de los principales puntos ya obtenidos en la reunión de septiembre entre Kiev y los separatistas. En este sentido, Moscú insistitó que no se presentó a la reunión como parte del conflicto sino simplemente como un 'país garante' para la resolución de lo que Vladimir Putin considera un 'problema interno' de Ucrania. "Rusia es una garante de la reconciliación ucraniana, no una parte del conflicto sujeta al cumplimiento de los acuerdos", destacó el vocero del Kremlin Dmitri Peskov.

 

En conferencia de prensa el jefe del Kremlin explicó que se habían firmado dos documentos, uno detallando las medidas para implementar los Acuerdos de Minsk, y el segundo, una declaración de "apoyo al proceso encaminado por el grupo de contacto", en septiembre pasado. Los puntos a destacar son los siguientes. Un alto el fuego a partir de las cero horas de Kiev, el 15 de febrero de 2015. La retirada de todo el armamento pesado en las próximas dos semanas con el fin de crear una zona de seguridad de 50 kilómetros entre ambos bandos. Amnistía general para todos los combatientes de Donetzt y Lugansk. Liberación de todos los rehenes y prisioneros de guerra y garantizar el suministro de ayuda humanitaria a través de un mecanismo internacional.

 

El triunfo del Kremlin

Más allá de que el acuerdo pueda proporcionar un cese (momentáneo) de las hostilidades, susceptible de salvar vidas en un sangriento conflicto que parece no tener fin, Moscú tiene mayores razones para sentirse triunfador frente a los diálogos con Kiev. Es que ha ganado la batalla más importante, la ausencia de control por parte de Kiev de las fronteras entre Rusia y las regiones rebeldes. Según el documento aceptado por los líderes de Ucrania, Rusia, Francia y Alemania, la frontera ruso-ucraniana volverá bajo control del gobierno central recién a finales del corriente año.

 

Antes de ello se deberá resolver el conflicto de fondo, es decir, una reforma constitucional que garantice una descentralización del país y por consiguiente un estatus especial para la región de Donbass. De esta manera, la frontera entre las regiones rebeldes y Rusia seguiran virtualmente abiertas a cualquier posible traspaso de combatientes y armamento durante todo el proceso de paz que deberá garantizar una considerable autonomía para las regiones rusoparlantes.

 

Integración en riesgo

"Hay un acuerdo pero es fundamental de mantener la prudencia" destacó anoche el presidente de Francia, François Hollande. La 'prudencia' europea tiene una razón de ser. Una que es rara vez mencionada en los principales medios de comunicación occidentales. La virtual ausencia de representantes de las regiones rusoparlantes en el gobierno. Tras la caída del gobierno de Ianukovitch, se realizaron el 25 de mayo las elecciones presidenciales que pusieron al frente al Petro Porochenko. En el mes de octubre se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias. En pleno conflicto armado, la población de la región de Donbass (20% del total), no participó de las mismas. Así las cosas, las presencia de "ruso-fílicos" en el gobierno ucraniano es hoy prácticamente inexistente.

 

Es justo entonces preguntarse. ¿Cómo integrar a una región del país que ha sido borrada del paisaje político nacional? Los miedos de los rusoparlantes no son así en vano. Cabe recordar que, tras el golpe de Estado del 22 de febrero (antes de que se levantara en armas el este ucraniano y antes que Crimea decida independizarse de Kiev), la Rada, el parlamento ucraniano, decidió derogar la ley que permitía a las regiones mantener el uso de su lengua local en el marco de las actividades del Estado. Lo cual fue visto como un atentado directo a las comunidades rusoparlantes.

 

El ministro de relaciones exteriores de Polonia, Radoslaw Sikorski, declaró entonces a la CNN que "el parlamento ucraniano ha cometido lo que yo considero un grave error". Aunque la iniciativa fue luego retirada los miedos de las minorías lingüísticas han encontrado así un argumento irrefutable para una retórica independentista ante la amenaza de una latente persecución por parte del gobierno central de Kiev. Mientras las poblaciones al este del país teman un eventual ataque a su cultura e idiosincracia, la solución duradera al conflicto en un país históricamente dividido será muy dificil de conseguir, más allá de las promocionadas charlas y firmas de acuerdo entre los líderes mundiales.-

 

 

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