Tras veintidos meses de discusiones, las potencias mundiales lograron cerrar un acuerdo nuclear con la República Islámica. Sus mayores rivales, Israel y Arabia Saudita, rechazan el trato que significaría la recuperación económica y la legitimación política del gobierno de Teherán

Fue en la capital austríaca de Viena, que la Répública Islámica de Irán logró cerrar este martes un acuerdo con el denominado G5+1, es decir, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EEUU, Inglaterra, Francia, China y Rusia) y Alemania. El resultado exitoso de las negociaciones podría ser el comienzo de una nueva Era en las relaciones económicas y diplomáticas entre el Occidente y la mayor potencia shiita del mundo islámico.

El Plan Integral de Acción Conjunta, un escrito de 159 páginas, es el resultado de la nueva ronda de pláticas iniciada tras la llegada del nuevo Gobierno presidido por Hasan Rohani. El mismo exige a Irán remover dos tercios de las centrifugadoras (maquinaria para la podrucción de uranio enriquecido) para ser almacenadas en un depósito que será monitoreado por inspectores internacionales. Al mismo tiempo, el país podrá enriquecer uranio a un grado menor al 4%, muy por debajo de lo necesario para contruir una bomba atómica. Finalmente, la Agencia Internacional de Energía Atómica, tendrá acceso permanente a todos los sitios dedicados al área nuclear.

Como contrapartida, los países occidentales levantarán la sanciones económicas aplicadas contra la República Islámica desde el 2012, así como el embargo contra la venta de hidrocarburos. Sin embargo, se mantendrá por cinco años el embargo de armamento pesado y por ocho años el de la venta de misiles.

Así, las potencias mundiales esperan poder garantizar que el programa nuclear iraní se mantendrá en el área civil. "Con este acuerdo cortamos cada uno de los caminos de Irán hacia la bomba nuclear" aseguró Barack Obama. En conférencia de prensa, el presidente de EEUU defendió los términos del acuerdo y aseguró que el mismo es un gran logro que permitirá construir una región más segura y estable en el Medio Oriente. "Sin este trato, corremos el riesgo de más guerras en la región y otros países podrían verse motivados a desarrollar su propio programa de armas nucleares", declaró en su discurso que espera convencerá al Congreso Americano que debe ahora aprobar el acuerdo.

Además de la problemática nuclear, la iniciativa incluye otras áreas de colaboración, tales como el comercio, la tecnología y el suministro energético. Finalmente, si los pasos previos son cumplidos por ambas partes, se espera que Washington de la orden para liberar más de 100 billones de dólares en activos iraníes congelados en los bancos occidentales en el marco de las sanciones para forzar a Teherán a sentarse a la mesa de negociaciones.

TRIUNFO DE IRAN

El acuerdo permite al gobierno iraní adjudicarse triunfos en ambos frentes. En el plano de la política internacional, se asegura el regreso y la legitimación ante potencias occidentales, históricamente hositles al régimen teocrático de la nación shiita. Estados Unidos, había cortado las relaciones diplomáticas tras las revolución islámica y toma de la embajada americana en Teherán en 1979, para volver al diálogo recientemente con la llegada de Obama a la Casa Blanca. Por otra lado, el resultado exitoso de las negociaciones ratifica el derecho de Irán a desarrollar una industria nuclear de caracter civil, virtualmente negado bajo el gobierno de George Bush y su política de "producción cero de uranio" en territorio iraní.

El gobierno islámico se vera también reforzado en el frente interno. En primer lugar por el "triunfo" antes las presiones políticas y económicas sufridas por el país durante años. Y por el otro, porque el desbloqueo de los activos iraníes en occidente permitirá al gobierno acceder a una enorme caja que podrá ser utilizada para realizar reformas que apunten a mejorar la calidad de vida de la población, la cual sufre los avatares de una crisis económica.

Finalmente, el mayor triunfo de la República Islámica es, sin lugar a dudas, su reposicionamiento como potencia regional y aliado de occidente en los planes de estabilizacion de la región. El miércoles, el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, sostuvo que ahora podrán hacer frente a los "retos comunes que amenazan nuestra región, como el extremismo del Estados Islámico, que opera en países como Siria, Irak, Libia y últimamente en Afganistán".

Tal vez sea este último punto, el que impulsara el acercamiento de la administración de Barack Obama a Teherán. La República Islámica de Irán, posee la población shiita más numerosa de la región y es una eterna enemiga de los movimientos sunnitas, tales como el Estado Islámico. Por su parte, los históricos aliados árabes de EEUU, Qatar y Arabia Saudita, pertenecientes a la misma rama del Islam que el EI, han sido acusados de apoyar económicamente a este grupo terrorista. Es así que la llegada del EI podría romper, o al menos debilitar, la alianza entre EEUU y las monarquías sunnitas del Golfo Pérsico, y así modificar la lucha de fuerzas entre la República Islámica de Irán y Arabia Saudita, quién aprovechó más que nadie el aislamiento internacional de su rival político-religioso.

Estos dos países pelean hoy una suerte de Guerra Fría árabe que parece hoy estar ganando Teherán. Irán es el principal aliado regional de la "nueva" Irak, ahora dominada por la comunidad shiita en detrimento de la minoría sunnita, quién fuera privilegiada durante la Era Saddam Hussein. En Siria apoya al resistente gobierno de Bashar al-Assad, mientras Arabia Saudita sostiene a las ineficaces fuerzas antigubernamentales. Caso contrario ocurre en Yemen, donde Irán se encuentra del lado les rebeldes shiitas Hutis que ya se han apoderado del norte del país frente a un muy debilitado gobierno sostenido a duras penas por Riyad. Todos estos frentes han sido conseguidos por Teherán en el marco de un aislamiento económico, financiero y político. Grande es el temor de la monarquía saudí frente al inminente regreso de la República Islámica al flujo de capitales y a la arena política internacional.

DESCONTENTO ISRAELI

Lejos del enfrentamiento entre potencias islámicas se encuentra el líder del gobierno de Israel, que considera al régimen teocrático de Teherán "más peligroso que el Estado Islámico". La república shiita es acusada de apoyar al grupo extremista Hezbollah en el Líbano y al movimiento palestino Hamas, hoy a cargo del gobierno de la Franja de Gaza. "Este acuerdo es un error histórico" aseguró el Benjamin Netanyahu.

El primer ministro israelí criticó el acuerdo y consideró que abrirá el camino a la bomba nuclear iraní. "Tienen que esperar 24 días antes de poder acceder a un sitio sospechoso" criticó, y aseguró que ese tiempo es suficiente para esconder cualquier prueba de una eventual actividad nuclear militar. De esta manera, Netanyahu adelantó que planea "presionar" al Congreso de Estados Unidos para que no apruebe el acuerdo. "En la política no hay amistades, hay presiones" sentenció el líder israelí.

El acuerdo entre el G5+1 y la República Islámica de Irán contiene decenas de páginas, anexos y cláusulas detallando los planes para garantizar el carácter civil del programa nuclear de Teherán. Sin embargo, las consecuencias van muchos más allá de la temida arma atómica en manos de los Ayatolas. Con arma o sin arma, el éxito de las negociaciones implica un modificación en la juego de fuerzas entre las dos principales naciones islámicas y un resurgimiento de la fuerza shiita en la región. Por otro lado, el Estado de Israel, parece alejarse aún más de una Casa Blanca que ya no escucha los tambores de guerra que algunos esperaban sonaran camino a la ciudad de Teherán.

Habrá que ver, si el próximo gobierno, seguramente republicano, continúa la política dialoguista del presidente Obama o retoma la actitud beligerante tan característica de los "halcones" de Washington.

  

El artículo original fue publicado el 19 de julio de 2015 en la agencia argentina de noticias, DERF 

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