¿Guerra contra el fundamentalismo islámico?

Tras el asesinato del turista galo Hervé Gourdel, los partidos políticos más importantes de Francia se alinearon detrás del gobierno en su lucha contra el Estado Islámico de Siria e Irak · El salvajismo de este grupo radical armado provocó la unión de un país fuertemente dividido por la crisis económica · El periodista argentino, Leonardo Plasencia, nos cuenta desde París las contradicciones de la política exterior francesa

 

26 de septiembre de 2014. Participación en el programa de radio argentino "Rico al Cuadrado" para discutir sobre la guerra internacional contra el terrorismo islámico y el papel de Francia.

Leonardo Plasencia

 

 

Las banderas amanecieron hoy a media asta. Manifestaciones y homenajes  se desarrollarán a lo largo y a lo ancho de todo el país. Francia se encuentra en duelo tras la confirmación, el miércoles, del asesinato por decapitación del montañista galo. Hervé Gourdel fue secuestrado el domingo al norte de Argelia por Jun al-Jalifah (los soldados del califato), un grupo radical que se reclama aliado de Estado Islámico en Siria e Irak. Los principales dirigentes de la comunidad islámica del país europeo no tardaron en expresar su indignación ante el hecho y recordaron que esta organización no representa ni al Islam ni a los musulmanes del mundo.

 

El presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, Dalil Boubakeur, llamó a una manifestación a desarrollarse hoy frente a la Mezquita de París para denunciar "el horror de la barbarie sanguinaria de estos terroristas". "Somos todos unos malditos franceses", declaró un dirigente musulmán en alusión al comunicado de Estado Islámico dónde se llama a matar a occidentales, "especialmente a esos malditos franceses".

 

En medio de una crisis económica internacional sin precedentes y de una batalla encarnizada en el plano interno entre el gobierno socialista de François Hollande y la derecha conservadora de Nicolas Sarkozy, la unión de los principales partidos políticos resurgió ayer frente la amenaza de la avanzada fundamentalista en Medio Oriente. "La unidad es la mejor respuesta" declaraba Hollande desde Nueva York. Efectivamente, los principales partidos manifestaron su rotundo apoyo a los ataques aéreos de las fuerzas francesas en Irak. "La emoción y la unidad nacional para la guerra" titulaba el medio digital Médiapart destacando el acuerdo de los líderes de la oposición a la estrategia de París.


El apoyo llegó aún desde las filas de los más fervientes opositores a la administración actual. Es así que el conservador François Fillon, quien fuera primer ministro de Sarkozy y un posible candidato a las presidenciales de 2017, mostró igualmente su sintonía con la política internacional implementada por las autoridades galas. "Negarse a intervenir, sería asegurar la instalación de un Estado fanático en las puertas del Mediterráneo, significaría convertirse en complice de un crimen en contra de todos los valores humanos", declaró.

 

"La Unión Sagrada ¿Hasta cuándo?" se pregunta hoy el matutino francés Le Figaró. "L'Union Sacrée", fue la expresión elegida por el presidente de Francia, Raymond Poincaré, en su llamado a la unión nacional en 1914. La amenaza de la primera guerra mundial imponía así un alineamiento de los partidos, sectores sociales y sindicatos de todos los colores políticos. Pero hoy la 'inminente amenaza' a la integridad del suelo francés no se levanta desde la capital de un vecino país europeo como occurriera a lo largo del siglo veinte. Los peligros llegan hoy desde el desierto del Medio Oriente, dónde reinan hoy "los degolladores del Estado Islámico", según palabras del jefe de la diplomacia francesa, Laurent Fabius.

 

No cabe duda alguna que el barbarismo de esta peligrosa agrupación terrorista pertenece más a la salvaje Edad Media que al siglo veintiuno post-Convenciones de Ginebra. La comunidad internacional (lo que sea que eso signifique) no puede, ni debe, permanecer pasiva ante la violación masiva y sistemática de los derechos humanos, ante la impunidad de un 'Estado' que aplica de manera retrograda y fundamentalista la Sharia (ley islámica), ante el aniquilamiento, por métodos inhumanos, de todo adversario, sin respeto alguno por la ley y los valores democráticos.

 

La ironía, que los gobiernos occidentales prefieren ignorar, es que tales acusaciones no sólo pueden levantarse en contra de la organización terrorista Estado Islámico. El principal y más importante aliado árabe de Estados Unidos y de los países europeos, presenta un perfil escandalosamente similar al de los "degolladores" de Laurent Fabius que impusieron un "Estado fanático" que tanto indigna a François Fillon. ¿Cuál es ese país? Nada más y nada menos que la petromonarquía más rica y poderosa de la Península Arábiga.

 

"Agracedemos a Arabia Saudita por su apoyo" afirmó ayer el presidente norteamericano Barack Obama. Es posible que el 'líder del mundo libre', escandalizado por las lamentables decapitaciones de los dos periodistas estadounidenses, desconozca que esa técnica de ejecución es moneda corriente dentro de las fronteras de su principal aliado en la región.  Sevag Kechichian, de Amnesty International, afirmó que solamente en 2014 se llevaron a cabo 41 decapitaciones. Esta metodología es utilizada aún en casos de crímenes menores, como posesión de drogas, u ofensas morales, tales como apostasia, adulterio y hasta brujería.


Según al-Jazeera, el 18 de agosto, cuatro miembros de una misma familia en la ciudad de Najran fueron decapitados por poseer "grandes cantidades de hashish"; mientras al día siguiente un hombre fue ejecutado en Qurayyat por "brujería". "Las autoridades saudíes quieren enviar un claro mensaje de firmeza luego de que en las manifestaciones de 2011 el pueblo exigiera reformas en el país" declaró Kechichian a la cadena qatarí.

 

Los 'degolladores' de Arabia Saudita no parecen provocar la indignación de los líderes occidentales. La violación sistemática de los derechos humanos y la opresión de la mujer no es criticada por Washington o Bruselas. Mientras la petromonarquía continúe llenando los tanques de gasolina de los países de la OTAN las denuncias en contra del 'salvajismo' y la 'barbarie' saudí se limitarán a las organizaciones no gubernamentales y a algún olvidado partido de izquierda. Vacías quedan entonces las palabras de aquellos que se erigen en grandes defensores de los valores humanos solamente cuando ello no afecta otro tipo de valores, los económicos. Como ironizara el pensador americano Noam Chomsky : si las dictaduras logran controlar a su pueblo ¿Cuál es el problema?.-

 

 

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.