Aída: mujer, indígena y migrante en la lista de Podemos

España: en las elecciones del próximo 28 de abril, hay candidatos que no son figuras públicas pero que tienen a su haber un importante pasado de resistencia. Perfil de Aída Quinatoa: una gran luchadora, hoy candidata de Podemos.

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Conocí a Aída Quinatoa hace unos ocho años. En ese entonces, yo investigaba por algo muy improbable, las movilizaciones sociales de migrantes.

Es muy improbable que los migrantes, especialmente los primo-migrantes, y especialmente los que no tienen un alto capital educativo, contesten el orden social de su país de acogida. No hablo de los hijos de los migrantes, sino de los que emigraron de adultos.

Esta baja recurrencia de la movilización de los primo-migrantes ha sido documentada por sociólogos en diferentes países. Por supuesto, no significa que nos les faltan razones a los migrantes para impugnar su suerte. Argumentos, y de sobra, tienen los obreros indios que trabajan como esclavos en los países del Golfo; las empleadas domésticas filipinas que trabajan en condiciones serviles en Polonia; los hondureños traficados en Estados Unidos, o los bolivianas indocumentados en Brasil… y tantos otros.

Los investigadores han observado que los primo-migrantes, y especialmente quienes ocupan los puestos más bajos en la jerarquía socio-económica en su país de acogida, se someten por un amplio abanico de circunstancias: una es que han huido de situaciones peores; otra, que esperan que sus padecimientos sean pasajeros, y conceden a esa forma de sacrificio porque imaginan que implicará beneficios a lago plazo, o para sus hijos; otra razón de peso es que desconocen cuáles son sus derechos, especialmente si están en situación irregular; por otra parte, aun si los conocen, les resulta mucho más difícil que a los locales tener acceso a medios de comunicación, apoyo militante o sindical; por último, muchos de estos migrantes –y haciendo esto, se comportan como la inmensa mayoría de los mortales- prefieren acomodarse con la situación, así sea de opresión, antes que emprender luchas cuyo resultado es incierto.

Así, se requiere de circunstancias muy excepcionales –por ejemplo, de un apoyo externo importante- o de condiciones humanas extraordinarias para que los migrantes emprendan la lucha. Aída Quinatoa es, precisamente, una de las excepciones a esta regla sociológica. Y habría que investigar en su vida, incluso desde su niñez, para entender esta excepcionalidad.

Su historia es la de una niña indígena ecuatoriana, que muy joven emigró a la gran ciudad para conseguir dinero y apoyar a una familia que, como tantas familias campesinas, no podía vivir de cultivar una tierra que no le pertenecía; que ayudó a esa familia a emigrar para mejorar sus condiciones de vida; que en la gran ciudad, Quito, descubrió la Teología de la Liberación y cantó el Pablo liberador; que para los 500 años del “Descubrimiento” de América hacía parte de las Comunidades Eclesiales de Base y se familiarizaba con una de organizaciones sociales más interesantes de Ecuador. Que quiso hacer política de manera honesta en su país y por eso mismo no fue elegida. Que emigró de nuevo, como muchos de sus compatriotas que habían perdido sus ahorros, su trabajo y sus ilusiones una vez más, pero de forma más grave porque la economía ahora se había dolarizado. Esta vez, la emigración la llevó a España, país que en esos mismos años 2000 atravesaba un buen momento económico y recibía con interés a estos migrantes que compartían lengua, religión y muchos otros aspectos culturales.

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Aída lleva 8 años luchando colectivamente –pero estas luchas de largo aliento son desgastadoras, y no todos tienen las posibilidades, o la energía, de proseguir. Su lucha, como la de tantos otros, es para evitar perder sus ahorros o los bienes adquiridos. Su lucha es contra los subterfugios de los bancos y de las inmobiliarias en los años de prosperidad y contra los vendedores de mentiras. Su lucha es contra los abusos de la banca, contra un sistema económico y político en el que son siempre los mismos sectores de la población los que se mantienen endeudados, con bajos salarios, con condiciones precarias de vida, y que pueden ser bamboleados de un país a otro. Su lucha es contra el sistema financiero y su apetito voraz, en el que los migrantes constituyen una de las variables de la que más fácilmente se puede prescindir.

 Aunque está a punto de perder su casa por el encadenamiento de abusos de la banca, Aída no baja la guardia. De las altas montañas de su pueblo natal, del aire que respiró en su juventud, de la compañía de otros luchadores, de las aspiraciones de la Conaie, Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador, de ahí posiblemente le venga la fuerza para trabajar por un orden social más justo y para no olvidar que aun siendo migrante, aun siendo primo-migrante y mujer e indígena, tiene derechos, tiene voz.

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