CHILE / Victor Toro exiliado en el Bronx, entrevistado por "Interferencia"

Instalado en Nueva York desde hace más de tres décadas, este reconocido activista y parte del Comité Central del MIR en los 70, ha mantenido un perfil bajo, alejado de apariciones y entrevistas. Sin embargo, conversó con INTERFERENCIA sobre su vida como inmigrante indocumentado, lo que incluye la fundación de la emblemática Peña del Bronx, y sobre el Chile que ve desde lejos, pues no puede volver.

Entrevista en el Bronx

Exclusivo, habla Víctor Toro, uno de los más buscados del MIR: “No veo al Frente Amplio como una nueva alternativa”

Joaquín Riffo Burdiles

22/09/2019 - 01:43

 

 

Instalado en Nueva York desde hace más de tres décadas, este reconocido activista y parte del Comité Central del MIR en los 70, ha mantenido un perfil bajo, alejado de apariciones y entrevistas. Sin embargo, conversó con INTERFERENCIA sobre su vida como inmigrante indocumentado, lo que incluye la fundación de la emblemática Peña del Bronx, y sobre el Chile que ve desde lejos, pues no puede volver.

Desde mediados de los ochenta, Víctor Toro, ex miembro del Comité Central del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) al momento de ocurrir el Golpe, está establecido en Estados Unidos de manera ilegal. Radicado en el emblemático Bronx neoyorkino, fundó junto a su esposa -la también activista chilena, Nieves Ayres- la organización La Peña del Bronx en 1987, iniciativa que cumplió una importante misión en las comunidades latinas y centroamericanas del sector, ofreciendo programas contra la violencia doméstica, la adicción a las drogas y el sida. 

En su momento, Toro fue una de las 13 personas más buscadas en Chile por los militares después del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. Fue detenido y torturado, pero finalmente logró salir de Chile de forma clandestina. Su familia intentó ubicarlo, pero al no tener resultados solicitó a los tribunales que iniciaran el procedimiento para declararlo legalmente muerto, lo cual fue ratificado en el Diario Oficial en 1984. Esto le impide obtener un documento de identidad, y por el momento se mantiene en una ambivalente situación legal en Estados Unidos, cuyas políticas migratorias se han endurecido tras el gobierno de Donald Trump. Después de varios procesos judiciales, un permiso de trabajo lo mantiene en la Gran Manzana, sin posibilidad de salir de suelo norteamericano si es que desea retornar a Estados Unidos. 

Cercado por una fuerte red de protección producto de sus años de activismo, Toro tiene una cadena de contactos que coordinan quiénes se le pueden acercar. En los últimos años ha preferido mantener un perfil más bajo, pese a ser un reconocido dirigente y activista por los derechos migratorios. Por ello, se ha mostrado reacio a dar entrevistas a grandes medios y a académicos que lo contactan para sus investigaciones. 

INTERFERENCIA accedió por medio de un contacto chileno en Nueva York a su círculo íntimo, el cual visó la realización de esta entrevista. Las preguntas fueron enviadas por correo por la redacción de este periódico y realizadas en persona por este chileno, quien estuvo de cuerpo presente con Toro en su residencia en el Bronx. Posteriormente el audio fue enviado de vuelta a Chile para su transcripción. 

Historia de un migrante 

- Usted llegó en 1983 a Nueva York, luego de un periplo por varios países. Siendo un dirigente reconocido del MIR ¿de dónde viene la decisión de establecerse en lo que podría considerarse la capital del imperialismo?

- En los 80 los servicios represivos de la dictadura estaban muy activos y muy fuertes en casi todos los países de América Latina, especialmente en México, y también en Europa. Resultado de eso es lo que podemos ver en hechos como la Operación Cóndor. Yo y Nieves éramos personas muy conocidas y además activos. En los 80 llegamos a México después de haber estado un año en Nicaragua. 

Era una Centroamérica bien agitada, con luchas en Guatemala y El Salvador. Recientemente había triunfado la revolución sandinista y por lo tanto, nuestras vinculaciones eran con grupos activos de la lucha revolucionaria centroamericana y mexicana. A partir de ello, empezamos a ser hostigados y perseguidos, tanto por las policías centroamericanas como por la policía chilena, especialmente quienes estaban detrás de la Operación Cóndor. Así, empezamos a vivir una situación bastante complicada en México, tanto para escabullirse como para poder sobrevivir, ya que además de luchar había que trabajar para ganarse la vida, considerando que andábamos con una hija a cuestas a la que había que mantener. Sentíamos que nos pisaban los talones. 

Habíamos generado algunos grupos de solidaridad con Chile y apoyo a la resistencia chilena en varias ciudades de Estados Unidos. Algunos compañeros nos empezaron a visitar en México y nos propusieron que yo saliera cuanto antes de ese país, y que ellos me iban a sostener en Norteamérica. Incluso en algún momento se nos llegó a decir que Michael Townley había infiltrado una reunión en México, en la cual yo y Nieves habíamos hablado. Varios miembros de aparatos de inteligencia de distintos partidos de izquierda nos informaron cómo estaba actuando la represión, por lo que aceptamos la proposición de unos compañeros de San Francisco, California para instalarnos allá. Así, nos vinimos pueblo por pueblo hasta llegar a la frontera con Juárez en enero de 1983. 

Empezamos a ser hostigados y perseguidos, tanto por las policías centroamericanas como por la policía chilena, especialmente quienes estaban detrás de la Operación Cóndor.

En aquellos tiempos la represión no era tan declarada como ahora. Prueba de ellos es que yo fui arrestado tres veces en El Paso y devuelto a Juárez. Era complejo pasar, tanto por tu cuenta como con ayuda de coyotes. Finalmente un compañero de una organización revolucionaria mexicana me propone que él tiene una táctica para pasar por vía aérea. Él hizo una buena operación y el mismo día en que yo pasé, se publicó en el diario El Paso Times -el periódico más importante de la ciudad- una entrevista que yo había dado. Unos compañeros me estaban esperando en Nuevo México y así pude ingresar definitivamente. 

Víctor Toro contesta a las preguntas de INTERFERENCIA en su hogar.

Víctor Toro contesta a las preguntas de INTERFERENCIA en su hogar.

Estuve en Texas, Colorado y Kansas, hasta llegar a San Francisco donde hicieron un acto grande en la Peña de Berkeley, fundada por el MIR en los primeros años tras el Golpe, en un terreno otorgado por un norteamericano. Los compañeros nos decían que en estas ciudades había mucha población latina y que no había problemas para vivir acá, y que uno podía esconderse en urbes grandes como Chicago, Washington, Los Angeles o Nueva York. Ellos se organizaron para que yo hiciera una gira por todo el país, y así los primeros meses fueron de puro activismo político en contra la dictadura. Y no notamos que estuviésemos teniendo algún nivel de persecución aquí, aunque hacíamos todas las actividades de solidaridad bajo nombres falsos. En el intertanto, Nieves estaba gestionando la posibilidad de ingresar aquí, y finalmente logró entrar con mi hija. Ella también empezó a realizar giras de activismo una vez ingresada. 

Yo venía en conflictos con el MIR, ya que había sido expulsado por el grupo de Pascal Allende, Nelson Gutiérrez y Roberto Moreno, entre otros. La denominada Comisión Política Exterior, de la cual yo era suplente, siendo el tercer hombre del MIR en el exterior. 

- Pese a la resistencia del partido, a usted lo movilizaba la causa de la resistencia chilena de la dictadura, lo que justifica su presencia en las giras. En cierto modo, le importó poco que lo quisieran jubilar

- La verdad, no le hicimos ni caso a la Comisión Política, porque seguimos actuando como miristas, haciendo campañas y juntando recursos para la lucha y la resistencia. Tampoco sabíamos nosotros que en esos mismos años, en paralelo en Chile, el MIR se estaba dividiendo, en especial tras el congreso de Argentina. Nosotros nunca paramos y lo más importante era lo que seguíamos haciendo, ya que generamos una red a nivel nacional de solidaridad. Hasta el día de hoy mantenemos una buena relación y contacto con todas las facciones que han aparecido en Chile y que han desarrollado un trabajo más serio, al igual que con organizaciones de derechos humanos. 

Una vez finalizadas nuestras giras, decidimos quedarnos en EEUU. Yo había pensado que si había un lugar que me gustaba, ese era Nueva York y en particular el Bronx, el cual había visitado en jornadas de activismo. Y así nace la idea de venirse aquí. 

Un barrio estigmatizado

- Estamos hablando del Bronx de hace 36 años atrás. ¿Cómo era el barrio cuando llegó y con qué comunidad se sintió identificado para insertarse y comenzar a trabajar? 

- La razón principal para venirse era que los estados de pobreza aquí eran extremos, en especial en el sur del Bronx. La delincuencia, la drogadicción y la violencia a todos los niveles en un escenario de efervescencia social bien fuerte, que costó mucho poder identificar. Desde ahí yo definí los frentes con los cuales iba a empezar a trabajar. 

- ¿Cómo nace la idea de generar La Peña del Bronx, organización por la que es reconocido en el barrio?

- Cuando llegué, empecé a buscar contactos con quien trabajar y me contacté con unos curas centroamericanos que estaban relacionados con la lucha independentista de los puertorriqueños. Ahí empecé haciendo trabajo comunitario y me fui expandiendo, hasta que fui tomando contactos con muchos ecuatorianos y chilenos músicos. Ahí me di cuenta que había un gran espacio en la iglesia para hacer actividades culturales y ahí les comenté mi proyecto de armar una peña musical, aunque fuese una vez al mes. Así entramos en buenas relaciones con músicos y la compañía Teatro Itinerante Puertorriqueño en Manhattan (Pregones PRTT), que es famosa y reconocida hasta la actualidad. 

Esto se mezcló con el activismo que yo hacía sobre la dictadura en Chile, y así integramos los temas sociales, transformándose la peña en un movimiento multiétnico, multirracial y multicultural, que además de lo artístico, ponía en discusión distintos problemas que aquejaban al barrio. 

Con el tiempo, pudimos generar recursos para rentar un local propio en una calle bien central del Bronx e instalamos una galería de arte, para exponer y para poder hacer la Peña. Así empezamos a hacer ruido en algunos medios de prensa locales. 

Nuestras aspiraciones y reivindicaciones eran múltiples, por lo que rentamos otro local detrás del Lincoln Hospital y empezamos a funcionar con la Peña del Bronx, juntando a más de dos mil personas entre cada viernes y sábado. Así nos convertimos en una especie de símbolo entre las nuevas comunidades de migrantes que estaban llegando al Bronx, especialmente centroamericanos. Ellos eran afrodescendientes directos y llegaban con una música increíble que le daba un toque especial a la Peña. Eran muchos y una comunidad muy antigua en el Bronx, que estaba silenciada. Así, empezamos a hacer carnavales en el barrio, que ocupaban a veces dos o tres cuadras. En paralelo, se integraban muchísimas otras comunidades presentes en el barrio. 

Además, llegaban muchos militantes de la vieja izquierda estadounidense. El MIR era conocido entre ellos, y cuando vieron que nosotros estábamos detrás de ese movimiento, nos apoyaron. 

Con el éxito de esta iniciativa, empecé a dejar de lado mi seudónimo y a utilizar mi nombre real. Así, comencé a dar entrevistas a distintos medios de comunicación y así a ganar un espacio para poder explicar la situación de lo que ocurría en Chile. 

En paralelo, trabajaba en la industria del Bajo Manhattan como obrero, gracias a la gestión de gente de izquierda de los sindicatos, por lo que obtenía trabajos que me permitían subsistir. 

Finalmente decidimos cerrar el local por varios motivos: nos planteaba mucha exigencia, desgaste y sacrificio para llevar a cabo el trabajo, y también como que estábamos trabajando para los rentistas, ya que los locales no eran nuestros. Y lo otro es que por el trabajo de limpieza de drogadicción y violencia que nosotros hicimos en la zona por medio del trabajo social, el lugar empezó a tomar una plusvalía que antes no tenía y nuevos negocios empezaron a aparecer. 

 

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El activista posa junto a uno de los murales del Bronx.

Victor Toro posa junto a uno de los murales del Bronx. © Interferencia Victor Toro posa junto a uno de los murales del Bronx. © Interferencia

- Usted sigue viviendo en el Bronx, que es una zona muy estigmatizada en la cultura popular ¿cómo ve a la comunidad actualmente? 

- Cuando recién llegamos, había que levantar la moral de la gente y ponerlos en movimiento, tanto por sus propias reivindicaciones como a través del sentido de pertenencia, reflejado en lo artístico y cultural. 

No es que nosotros hayamos cambiado toda la situación. Todavía se vende mucha droga y quedan algunas pandillas, pero con el mismo crecimiento de las comunidades se han ido neutralizando algunas situaciones que en el pasado eran incontrolables. 

Por la fuerte represión que hay en la actualidad a la migración,  estimamos que era necesario que yo explicara cómo he logrado sobrevivir 36 años indocumentado. Estados Unidos es mi cárcel, no puedo salir del país. Si lo hago, no puedo retornar nunca más. 

Ilegal en Estados Unidos

- El 5 de octubre se realizará un acto que coincide con el aniversario de muerte de Miguel Enríquez en combate, pero en realidad es el relato de su historia como migrante. 

- Claro, como está el problema de la represión a la migración muy fuerte en estos tiempos, nosotros estimamos que era necesario que yo explicara cómo he logrado sobrevivir 36 años indocumentado. Y cómo uno en esta situación puede integrarse a la lucha de las comunidades, cualquiera de ellas sea, asumiendo los cuidados necesarios. 

Por ejemplo, cuando transparenté mi nombre fui arrestado por migración y me pusieron en una cárcel de alta seguridad, ya que no hice declaraciones hasta que apareciera un abogado. Hubo un movimiento social a propósito de mi detención, toda mi historia política salió a relucir y hubo medios de prensa como The New York Times o el Daily News que cubrieron la noticia, lo que permitió que me dejaran libre. 

Yo he estado en una campaña sistemática de que en Estados Unidos estamos sobrepasando los 30 millones de inmigrantes indocumentados. En el Bronx todos los días aparecen camiones y buses que vienen con decenas de indocumentados. 

 

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Este acto de octubre será la primera aparición pública de Toro en 2019.

Este acto de octubre será la primera aparición pública de Toro en 2019.

- ¿Cuál es su situación legal hoy en día? 

- Estuve siete años en juicio en Estados Unidos. Perdí un juicio para lograr el asilo político, pero apelé a una corte superior de Washington. Era casi un caso perdido, que parecía imposible de revertir. Sin embargo, hubo tres jueces de esa corte que sí estudiaron el proceso y la decisión que había tomado la jueza que me había negado este asilo. Ellos recomendaron a los jueces de Nueva York estudiar las características del Golpe militar en Chile y revisar que en ninguna documentación oficial de Washington aparece el MIR como una organización terrorista, la cual era una de las acusaciones que caía en mi contra. 

Me citaron nuevamente a la corte de Nueva York y el juez me dijo que no podía darme el asilo político, pero que tampoco me iba a deportar. Así, me ofreció quedarme en este país con un permiso de trabajo. Eso significaba quedar preso, sin ningún estatus de ninguna naturaleza, básicamente indocumentado. Hasta hoy estoy en esa situación, Estados Unidos es mi cárcel. No puedo salir del país, si salgo no puedo retornar nunca más. 

En las condiciones endurecidas de las políticas de migración actual, se me cierran todas las puertas de una gestión legal que pudiera ganar. 

- Igual da la sensación de que están las ganas de expulsarle del país, por la red de protección que tiene que movilizar...

- A la gente que tenemos el permiso de trabajo, el presidente Trump nos ha declarado de nefastos. Y quiere quitar 100.000 de estos permisos. Todas las leyes de migración que se dictan me afectan, por lo que tengo que ir lento. Ahora realizaré este acto el 5 de octubre, porque tampoco puedo estar tan callado. 

La izquierda en Chile

- Sé que sigue muy de cerca la situación de Chile a través de la prensa. ¿Cómo ve la izquierda chilena de la actualidad, y en particular estas nuevas expresiones políticas tales como el Frente Amplio?

- Para mí, es bastante difícil opinar de lo que ocurre en Chile, porque -respetuosamente- hay muchos compañeros que están en lucha, y nunca se han detenido en ella. Que todavía siguen intentando generar algún nivel de organización popular y revolucionaria.

En Chile sufrimos una catástrofe política social. La clase dominante se dio la maña para adueñarse de toda las victorias que estábamos tratando de consolidar en la lucha contra el golpe militar y el pinochetismo. Desde la Concertación hasta amplios sectores del propio pinochetismo, nunca dejaron de tomar parte en esta derrota y generar medios para continuar gobernando. Eso fue lo que ocurrió con el el triunfo del NO en el plebiscito de 1988, el cual en mi concepto fue el triunfo del , dado que los sectores más conservadores de la oposición contra la dictadura son los que toman el poder, y administran lo que construyó Augusto Pinochet, mientras se aniquila a las fuerzas revolucionarias y de izquierda que se la jugaron en la lucha contra el derrumbe del pinochetismo. 

Lo más de izquierda que surge en la actualidad son entes socialdemócratas, como el Frente Amplio. Por lo tanto, no son organizaciones que amenazan el status quo. Quieren surgir y ampliarse sobre la base del respeto a la legalidad institucional heredada por el pinochetismo. Mientras no se planteen el derrumbe de toda la institucionalidad generada por el gobierno militar, no hay posibilidad de la realización de algún cambio que sea favorable a las inquietudes y los deseos de ese pueblo que fue aplastado por la dictadura y acallado por los gobiernos de la Concertación y la derecha actual. 

No veo que el Frente Amplio se proyecte como una nueva alternativa, más bien es una vieja. Pese a tener dirigentes jóvenes, alrededor de ellos se han aglutinado antiguas fuerzas que un grueso venía del Partido Comunista y el otro de la Democracia Cristiana. Es la política de los novios porfiados, y generaron una unidad en torno al FA, pero sin cambiar nada. 

Entes socialdemócratas, como el Frente Amplio, no amenazan el status quo. Quieren surgir y ampliarse sobre la base del respeto a la legalidad institucional heredada por el pinochetismo.

Por lo menos el PC tiene la virtud de ser cabeza dura. Ellos siguen siendo una fuerza significativa en la situación chilena. Si bien es cierto no crecen, se mantienen. Y a veces incluso producen hasta ciertos repuntes en la lucha e iniciativa política. Creo que al menos el PC ha buscado la forma de manera más hábil que el FA para ampliarse en las condiciones políticas actuales, aunque lo hace sobre la base de ciertas negociaciones con fracciones de la burguesía. Aunque ellos no han sufrido las consecuencias de la DC, que en el último tiempo se ha fraccionado de forma importante. Del PS ni hablemos, la imagen que da hacia afuera es la de un partido cooptado por el narcotráfico. 

- ¿Y qué le parece el escenario que está fuera de la institucionalidad en Chile?

- Hay una rearticulación social que aún es lenta, mirada desde afuera. El surgir de una nueva dirección social, sindical, popular, población o estudiantil que no está a la altura de las exigencias de la lucha de clases actual en Chile. Pero existen a nivel embrionario en todo el país, y eso tiene un tremendo valor. Desde los portuarios a los estudiantes. Es una lucha larga, que requiere de una mayor maduración de los conflictos y de las dirigencias nuevas que tendrán que surgir. 

La juventud mostró que estaba rebelde, generó una revolución pingüina, ganó la presidencia de federaciones y los poderes las achataron. Y hoy están amarradas por la política reformista y conciliadora, por arriba, en vez de tener a la juventud en las calles para pedir la renuncia de la ministra Marcela Cubillos, ellos han preferido encapsular la lucha en el Parlamento. Ahí se ve al Instituto Nacional peleando solos, e incluso permitiendo que grupos se radicalicen al extremo y aíslen más una lucha, que ya es compleja. 

El sacrificio que realiza el movimiento mapuche me parece heroico. Todas las formas de lucha que ha levantado ese pueblo es ejemplar. Mientras no se plantee una alianza social entre los mapuches, los movimientos de mujeres, los obreros, los campesinos y los pobladores, y generen organizaciones de clase, superiores para enfrentar la lucha, seguirán siendo opacados en sus distintas batallas. Y seguramente sufriendo muchas consecuencias, tal como hemos visto en las muertes de distintos comuneros. Hay que integrar estas luchas. 

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