Tras los militares, los jueces, los policías y los periodistas turcos, el gobierno conservador turco sigue encontrando enemigos internos. Ahora les toca a los corresponsales de los medios de comunicación internacionales. Son ellos el blanco de ataques que van desde el linchamiento verbal en la prensa o las redes sociales, hasta el juicio.

El 6 de enero de 2015, a mediodía, un tuit se extendió entre la comunidad de los corresponsales extranjeros instalados en Turquía : “La policía antiterrorista está en mi casa, un grupo de 8 tipos, me llevan a comisaria, acusación : propaganda de una organización terrorista”. El texto fue escrito a toda prisa por Frederike Geerdink, una periodista holandesa conocida en el microcosmos de corresponsales porque es la única que vive en el sureste del país, en Diyabakir, la “capital” de los kurdos de Turquía. Diyabakir, para las autoridades kurdas es, sobre todo, una ciudad que hay que mantener bajo una alta vigilancia por estar situada en el corazón del conflicto con los kurdos desde 1980.

En el momento de la detención, el ministro de exteriores de Holanda se encontraba de visita oficial en Ankara. A la hora del almuerzo, se propaga la noticia del arresto. Difícil de digerirla. El diplomático protesta. La fuerte indignación mostrada por el atropello cometido es, sin duda, lo que evita una detención más larga de la periodista. Después de varias horas es liberada.

Al día siguiente, el atentado en la redacción del semanario Charlie Hebdo desvía todas las miradas hacia París donde, el 11 de enero, Ahmet Davutoğlu, primer ministro turco, desfila en nombre de la libertad de expresión. El presidente Recep Tayyip Erdoğan asegura, por su lado, que «no hay otro lugar en Europa o en el mundo donde la prensa sea más libre que en Turquía ». Unas afirmaciones que provocan la risa de Hidayet Karaca, periodista turo detenido en diciembre de 2014 durante una redada mediatizada, algo que comienza a ser una costumbre en Turquía. El periodista, que sigue encarcelado hoy, publicó una carta abierta recordando que los periodistas turcos son los primeros que sufren la ira de las autoridades actuales en el poder.

Marcha de apoyo de los periodistas turcos después del atentado donde Charlie Hebdo © Alain Devalpo Marcha de apoyo de los periodistas turcos después del atentado donde Charlie Hebdo © Alain Devalpo

 

Para los corresponsales extranjeros, el origen de esta situación es claro, se produce a partir de los hechos del Parque Gezi en mayo de 2013. “A partir de ese momento se organizó una reacción estructural y las esferas cercanas al poder comenzaron a deslegitimar a los periodistas extranjeros”, afirma Erol Onderoğlu, representante de Reporteros sin Fronteras en Estambul. “Recuerdo la reunión en la que esa preocupación fue tratada”.

Los hechos de Gezi marcan un primer punto de inflexión para el partido islámico-conservador AKP, que dirige Turquía desde 2002. La segunda ruptura llega cuando en diciembre de 2013 se relaciona al presidente Erdoğan y a su círculo más cercano con asuntos de corrupción.

Desde entonces el primer ministro de la época, convertido en presidente en junio de 2014, declara la guerra sin cuartel contra lo que él denomina un “complot” de la fraternidad Gullen que estaría amenazando la seguridad nacional. A partir de ese momento se realizan grandes purgas en ese supuesto “estado paralelo” y miles de policías, jueces y periodistas se convierten en el objetivo de la cólera estatal.

La investigación a la que es sometida Frederike Geerdink muestra la crispación creciente de las autoridades. La periodista holandesa tiene, a ojos de las autoridades, un doble rol negativo: no solamente es testigo curioso en una región muy sensible, sino que además ha comenzado a publicar en lengua turca, en un medio de comunicación alternativo de oposición. Por eso este proceso no se limita a una investigación para intimidar, sino que se hará un juicio en abril de 2015.  La periodista podría ser condenada a 5 años de prisión por haber enviado tuits que violarían, según las autoridades, el artículo 7 de la ley antiterrorista. “Es un uso abusivo de la ley, porque el artículo en cuestión trata de la incitación a la violencia, algo que no ocurre en este caso”, denuncia RSF.

Frederike Geerdink no es la única periodista extranjera víctima de amenazas debido al ejercicio de su trabajo. En mayo de 2014, un accidente en la mina de carbón de Soma provoca más de 300 muertos. El periodista Hasnain Kazim, reportero del diario alemán Der Spiegel, entrevista a un minero partidario de la AKP que critica duramente la gestión del drama por parte de Erdoğan : “Yo quisiera decirle: vete al infierno”. El diario retoma la frase como titular y el corresponsal recibe una avalancha de mensajes de amenaza en Facebook y Twitter.

Los incidentes se multiplican. Un equipo de la BBC es atacado expresamente con gases lacrimógenos por la policía. El día del aniversario de Gezi, un corresponsal de la CNN es detenido en directo. “Ese mismo día la policía me estuvo molestando a mí también pese a tener mi carta de prensa”, afirma un corresponsal veterano en Turquía. “El gobierno está convencido de que la prensa extranjera manipula a la opinión internacional”. La brutalidad ejercida contra los periodistas extranjeros se multiplica, así como la restricción y negación de permisos de residencia, confirmando así una presión contra los corresponsales extranjeros que ya no se disimula.

Para asentar su discurso el poder cuenta con los medios audiovisuales. El 8 de enero el diario islamista Yeni Akit publica un artículo titulado ¿Serán espías los periodistas extranjeros? El diario cita a un periodista que supuestamente habría reconocido su colaboración con la CIA. Unas semanas antes, un ex consejero de prensa de Erdoğan había publicado una carta parecida en el diario Hurryet. Una forma de sembrar la duda en la opinión pública, de alimentar la tesis del complot desde dentro y dar así argumentos a los simpatizantes más virulentos.

El mensaje enviado a los corresponsales está claro: “ustedes no son bienvenidos”. Por otra parte, el gobierno prepara un contra-ataque. Un viejo proyecto de la televisión pública de crear un canal en inglés y que ha sido sacado de nuevo del cajón y debería concretarse. En el país de la “libertad de prensa”, este canal contará sin duda con una redacción pendiente de la voz de sus amos, el gobierno de Davutoğlu y el presidente Erdoğan.

Alain DEVALPO - Periodista plural dependiente de su independencia

Website - Blog - Facebook - Twitter

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.