Sobre la poesía quechua*
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Así como el primer libro que se imprimió en el Perú fue un catecismo en quechua, podemos afirmar que la primera expresión de la literatura escrita peruana se realizó cuando los misioneros comprendieron que la conversión de los indios al catolicismo no podía alcanzarse sin el auxilio del lenguaje artístico. Y compusieron himnos en quechua.
Es notable la semejanza de imágenes y aun de conceptos que pueden encontrarse entre el primer himno religioso incaico, transcrito por Santa Cruz Pachacuti, y el primero de los himnos católicos que figuran en esta selección. Parece evidente que los misioneros con sabiduría metodológica y artística, aprovecharon los elementos de la poesía y la música incaica en la composición de los cánticos que hicieron entonar a los indios para cimentar en ellos las nuevas creencias. Las composiciones más antiguas de este género conservan un carácter ciertamente erudito que va diluyéndose, hasta que los himnos católicos más recientes son de naturaleza muy indígena, escritos en un quechua popular, de tal manera que tienen el estilo de los cantos folklóricos.
Para la selección que ofrecemos hemos clasificado nuestra antología con criterio cronológico. La más antigua poesía es religiosa, porque los cronistas no prestaron atención a la poesía profana incaica. Y sólo dos, un español, Cristóbal de Molina, y un indio, Santa Cruz Pachacuti, recogieron textos completos de la poesía religiosa. Más tarde, cuando el quechua había incorporado ya muchos términos castellanos, Guamán Poma, recogió algunas muestras de poesía profana sobreviviente de la época incaica.
Sin embargo, las pocas muestras transcritas por Santa Cruz Pachacuti, son suficientes para revelar el carácter de la poesía incaica. No hay recreación lingüística en ella; las palabras expresan, rigurosamente, pensamientos, o imágenes esencialmente necesarias para interpretar concepciones poéticas que sirven de medios, de instrumentos estrictos, para la expresión de las ideas o de los estados de ánimo. Es interesantísimo comprobar cómo sobrevive este carácter de la poesía incaica en los himnos religiosos actuales no católicos, por lo menos hasta donde tenemos elementos para juzgar este capítulo de nuestra poesía tradicional. Los Himnos de los Aukis de Puquio conservan el estilo de la poesía incaica recogida por Santa Cruz Pachacuti, aunque no con la misma majestad, que podía calificarse de monolítica. Es que los himnos de los Aukis de Puquio están dirigidos a dioses menores y locales que han empequeñecido ante la lucha desencadenada contra ellos por el catolicismo.
Figuran, pues, en primer término los incaicos; luego, hemos recogido la elegía a Atahualpa: “Apu Inka Atawallpaman”. Dudamos que esta poesía sea incaica. Fue escrito con conocimiento histórico de los sucesos del ajusticiamiento del Inca, del reparto del rescate, y del gran infortunio que cayó sobre el pueblo quechua después que fue consumada y consolidada la conquista.
Esta elegía es un poema que se aproxima mucho, en lo formal y en la propia concepción general de la composición, a la poesía occidental. Está escrita en estrofas de pie quebrado. El ritmo, un elemento formal, es blandido como un medio de la expresión. Los versos cortos, tal como en las Coplas de Manrique, golpean al oyente, como campanas cuyas voces agudas se hundieran en la conciencia, agobiándola, luego de haberse escuchado los versos largos que narran la tragedia, lentamente. No pudo haber sido escrita sino mucho después de que fuera cruelmente implantado el dominio español. El poeta contempla el hundimiento del mundo antiguo, lo despide clamando con voz profundo: “ Todos los hombres han desfilado / A sus tumbas…”. “Bajo extraño imperio, aglomerados los martirios / Y destruídos…”
Sirve como de pórtico, esta elegía a los tremendos himnos católicos. Los himnos católicos fundan en la conciencia de la grey conquistada la convicción de que este mundo no es de gozo, sino de martirio; que el dolor, el sufrimiento sin límites, es un don que debe ser recibido no sólo con resignación, sino con gratitud, porque el hombre es un ser miserable, contaminado por el pecado inmundo. El hombre antiguo peruano era humilde pero feliz, porque no temía la destrucción por la miseria. Los himnos católicos lo convierten o tratan de convertirlo en un ente para quien el martirio físico debe constituir la médula de la vida, un hecho natural no sólo inevitable, sino necesario.
En los tiempos actuales estos himnos son entonados cada vez por menor número de fieles y con menor fe, a pesar de que el pueblo indígena es todavía quien mejor celebra las fiestas religiosas católicas. El período de la poesía religiosa católica quechua concluyó y se cerró, hace tiempo.
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La difusión de los instrumentos musicales europeos (arpa, violín, flauta, guitarra, mandolina…), obra iniciada también por los misioneros, enriqueció los medios de expresión de la música autóctona. Los indios aprendieron muy fácilmente a tocar muchos de los instrumentos occidentales, especialmente el arpa y el violín, que ahora son de uso universal por los indios, quienes fabrican arpas, violines y mandolinas con materiales indígenas y estilizándolos, según su propia inspiración. El arpa tiene formas distintas según las regiones; los temples de la guitarras varían de Provincia a Provincia y según sea mestizo o indio quien la toca. La música y la danza, y la poesía oral, fueron una compensación de las más apreciadas e importantes, que tuvo el indio en su nueva vida de martirio, desde la conquista. Se refugió en ella; creó centenares de nuevas transfigurando los temas occidentales. Y creó millares de canciones nuevas, incorporando en el quechua palabras castellanas, como el bellísimo término mixto, apasiblilla (de apasible) que usan los aukis de Puquio en su himno al agua y a los Wamanis (espíritu de las montañas). Algunos de los antiguos géneros de la canción indígena se conservaron, como los himnos de las fiestas agrarias y del ganado, las canciones funerarias, los harawis o cantos de imploración… En nuestra antología figuran 23 muestras de estas canciones; todas de los Andes del centro y del sur.
No hay en ellas, como en la poesía Inka, recreación lingüística. Palabra y concepto, o pasión, se corresponden exactamente. Aun en el caso de las canciones de la trilla de Angasmayo, admirablemente traducidas por Lourdes Valladares, la repetición aparentemente formal, es necesaria para marcar el ritmo de la danza. En la poesía oral como en la alta poesía erudita, no se encuentra lo superfluo.
Excepto las tres canciones de la trilla que figuran en el último capítulo de nuestra selección, todas las demás han sido traducidas por mí. Luego de muchos ensayos, creo haber encontrado cierta equivalencia, en castellano, del valor, siempre inalcanzable, que toda poesía tiene en su lengua original. El haber aprendido el quechua en mi infancia, como mi lengua materna, me ha auxiliado en la muy difícil empresa de la traducción.
Este pequeño libro de poesía quechua anónima tiene cierta unidad, a pesar de su vastísima cronología y de los múltiples y complejos acontecimientos humanos que han padecido los hombres que hablan el lenguaje en que fue creado. Aun los himnos católicos están impregnados del estilo quechua, del espíritu de la lengua. Fueron compuestos para ser entonados por los indios.
Un libro de toda la poesía quechua, que comprendiera la poesía dramática colonial y la actual obra de los poetas quechuas, mantendría esta misma unidad, que existe en la literatura de todas las grandes culturas. La unidad del idioma que alcanzó a realizar el Imperio Incaico hizo posible la indestructible sobrevivencia del lenguaje y la formación de una literatura quechua que los propios misioneros se vieron obligados a fundar y que está siendo continuada en nuestros días, mediante un renacimiento de la literatura quechua, tan espléndida en la época colonial, y tan excelente ahora, en el Perú, Bolivia y el Ecuador.
Estamos seguros que esta antología será útil y reveladora. Llevará al lector a una de las fuentes más ricas y originales de la creación literaria de nuestro país; lo vinculará, tal como sólo el lenguaje artístico es capaz de hacerlo, con el espíritu del hombre actual de habla quechua y con la tradición que representa. Los himnos recogidos por Santa Cruz Pachacuti le transmitierán mucho del lenguaje perfecto con que los Incas se dirigían a sus dioses, y la letra de los huaynos actuales le dará una visión entrañable de la belleza de nuestro mundo, de nuestro patrimonio geográfico y humano que es de los más hermosos e inquietantes del mundo.
Los relatos folklóricos que, finalmente, se han agregado a la antología poética, darán necesario complemento a esta selección de la literatura quechua de autor anónimo.
La creación oral es fugaz y cambiante. Por fortuna, el actual interés de las ciencias sociales por el folklore ha hecho posible la recopilación fiel de la literatura oral, especialmente de la narrativa, en la que todos los intereses y el carácter de los pueblos se refleja con tanta fidelidad como belleza
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José María Arguedas
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Sur la poésie quechua*
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De la même manière que le premier livre qui s’imprima au Pérou fut un catéchisme en quechua, nous pouvons affirmer que la première expression de la littérature écrite péruvienne se fit quand les missionnaires comprirent que la conversion des indiens au catholicisme ne pouvait être un succès qu’avec l’aide du langage artistique. Et ils composèrent des hymnes en quechua.
Elle est notable la ressemblance des images et puis des concepts que l’on peut trouver entre le premier hymne religieux incaïque, transcrit par Santa Cruz Pachacuti, et le premier des hymnes catholiques qui figurent dans cette sélection*. Il paraît évident que les missionnaires, avec une sagesse méthodologique et artistique, profitèrent des éléments de la poésie et de la musique incaïque dans la composition des cantiques qu’ils firent entonner aux indiens pour cimenter en eux les nouvelles croyances. Les compositions les plus anciennes propres à ce genre conservent un caractère assurément érudit qui va se diluant, jusqu’à ce que les hymnes catholiques plus récents acquièrent une nature très indigène, écrits dans un quechua populaire, de telle sorte qu’ils ont le style des chants folkloriques.
Pour la sélection que nous présentons nous avons classé notre anthologie selon un critère chronologique. La plus ancienne poésie est religieuse, parce que les chroniqueurs ne prêtèrent pas attention à la poésie profane incaïque. Et seulement deux, un espagnol, Cristóbal de Molina, et un indien, Santa Cruz Pachacuti, recueillirent des textes complets de la poésie religieuse. Plus tard, quand le quechua avait incorporé déjà beaucoup de termes castillans, Guamán Poma, recueillit quelques exemples de poésie profane survivante de l’époque incaïque.
Cependant, le peu d’exemples transcrits par Santa Cruz de Pachacuti, sont suffisants pour nous instruire du caractère de la poésie incaïque. Il n’y a pas de jeu linguistique en elle; les mots expriment, rigoureusement, les pensées, ou les images essentiellement nécessaires pour interpréter les conceptions poétiques qui servent de moyens, de strictes instruments, pour l’expression des idées ou des états d’âme. Il est intéressant de constater comment survit ce caractère de la poésie incaïque dans les hymnes religieux actuels non catholiques, du moins à en juger par les éléments dont nous disposons pour définir ce chapitre de notre poésie traditionnelle. Les Hymnes des Aukis de Puquio conservent le style de la poésie recueillie par Santa Cruz Pachacuti, bien qu’avec une magnificence moindre, que l’on pouvait qualifier de monolithique. C’est que les hymnes des Aukis de Puquio sont dirigés à des dieux mineurs et locaux qui se sont vus amoindris face à de la lutte engagée contre eux par le catholicisme.
Figurent, ici, en premier lieu les hymnes incaïques**; nous avons ensuite recueilli l’élégie à Atahualpa: “Apu Inka Atawallpaman”. Nous doutons du fait que cette poésie soit incaïque. Elle fut écrite avec une connaissance historique des événements et du procès de l’Inca, du partage de ce qui fut sauvé, et de la grande infortune qui s’échoua sur le peuple quechua après que fut consommée et consolidée la conquête.
Cette élégie est un poème qui s’apparente beaucoup, sur le plan formel et la conception propre à la composition, à la poésie occidental. Elle est écrite en strophes hétérométriques. Le rythme, un élément formel, est brandi comme un moyen de l’expression. Les vers courts, à l’instar des couplets de Manrique, frappe l’auditeur, comme cloches dont les voix aigües s’insinueraient dans les profondeurs de l’esprit, l’écrasant, après d’avoir écouté les vers longs qui narrent la tragédie, de manière lente. Elle ne put être écrite que longtemps après que fut cruellement implantée la domination espagnole. Le poète contemple l’effondrement du monde ancien, l’abandonne clamant d’une voix profonde: “Tous les ont défilé / Vers leurs tombes…”. “ Sous un étrange empire, agglomérés les martyres / Et détruits…”.
Elle sert de portique, cette élégie, aux immenses hymnes catholiques. Les hymnes catholiques insinuent dans la conscience de la grise conquête la conviction que ce monde n’est pas pour le plaisir, mais bien pour le martyre; que la douleur, la souffrance sans limites, est un don que doit être reçu non seulement avec résignation, mais aussi avec gratitude, parce l’Homme est un être misérable, contaminé par l’immonde péché. L’Homme péruvien des temps jadis était humble mais heureux, parce qu’il ne craignait pas la destruction par la misère. Les hymnes catholiques le convertissent ou tentent de le convertir en un être pour qui la misère physique doit constituer le noyau de la vie, un fait naturel non seulement inévitable, mais nécessaire.
En les temps actuels ces hymnes sont entonnés par un nombre toujours moindre de fidèles et avec moins de foi, en dépit du fait que le peuple indigène est toujours celui qui célèbre le mieux les fêtes religieuses catholiques. La période de la poésie religieuse catholique quechua arriva à son terme et se clôtura, il y a longtemps.
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La diffusion des instruments musicaux européens (harpe, violon, flûte, guitare, mandoline…), œuvre initiée aussi par les missionnaires, enrichit les moyens d’expression de la musique autochtone. Les indiens apprirent très facilement à jouer de beaucoup d’instruments occidentaux, en particulier la harpe et le violon, qui aujourd’hui sont d’un usage universel pour les indiens, qui fabriquent harpes, violons et mandolines avec des matériaux indigènes et en les stylisant, selon leur propre inspiration. La harpe possède des formes différentes selon les régions; les “temples” de la guitare varient de Province en Province et selon les critères de celui qui en joue, métisse ou indien. La musique et la danse, et la poésie orale, furent une compensation, des plus profitables et importantes, qu’eut l’indien dans sa nouvelle vie de martyr, depuis la conquête. Il s’y réfugia, créa des centaines de nouvelles danses transfigurant les thèmes occidentaux. Et il créa des milliers de chansons nouvelles, incorporant dans le quechua des mots castillans, comme le très beau terme mixte, “apasiblilla” (de paisible) qu’utilisent les aukis de Puquio dans leur hymne à l’eau et aux Wamanis (esprits des montagnes). Certains genres de la chanson indigène se perpétuèrent, comme les hymnes des fêtes agraires ou du bétail, les chansons funéraires, les yaravís*** ou chants d’imploration… Dans notre anthologie figurent 23 exemples de ces chansons; toutes issues des Andes du centre ou du sud.
On ne trouve pas en elles, comme dans les poésie Inka, de jeu linguistique. Mot et concept, ou passion, se répondent parfaitement. Jusque dans le cas des chansons du battage de Angasmayo, admirablement traduites par Lourdes Valladares, la répétition manifestement formelle, est nécessaire pour poser le rythme de la danse. Dans la poésie orale comme dans la haute poésie érudite, on ne trouve pas le superflu.
À l’exception des trois chansons du battage qui figurent dans le dernier chapitre de cette sélection, toutes les autres ont été traduites par moi. Après de nombreuses tentatives, je crois avoir trouvé une certaine équivalence, en castillan, de la valeur, toujours inatteignable, que toutes poésies possèdent dans sa langue originelle. Le fait d’avoir appris le quechua dans l’enfance, comme ma langue maternelle, m’a aidé dans le travail très difficile de la traduction.
Ce petit livre de poésie quechua anonyme possède une certaine unité, et ce malgré sa vastissime chronologie et les multiples et complexes événements humains qui accablèrent les Hommes qui parlent le langage dans lequel il fut créé. Même les hymnes catholiques sont imprégnés du style quechua, de l’esprit de la langue. Ils furent composés pour être entonnés par les indiens.
Un livre de toute la poésie quechua, que contiendrait la poésie dramatique coloniale et l'œuvre actuelle des poètes quechuas, conserverait cette même unité qui existe dans la littérature de toutes les grandes cultures. L’unité de la langue à laquelle parvint l’Empire Inca rendit possible l’indestructible survivance du langage et la formation d’une littérature quechua que les propres missionnaires catholiques se virent obligés d’intégrer et que se perpétue de nos jours, via une renaissance de la littérature quechua si grandiose en l’époque coloniale, et si excellente aujourd’hui, au Pérou, en Bolivie et en Équateur.
Nous sommes sûrs que cette anthologie sera utile et révélatrice. Elle emmènera le lecteur vers une source des plus riches et originales de la création littéraire de notre pays; elle le reliera, ainsi tel qu’uniquement le langage artistique est capable de le faire, à l’esprit de l’Homme actuel de parler quechua et à la tradition qu’il représente. Les hymnes recueillis par Santa Cruz Pachacuti lui transmettraient bien des choses du langage parfait avec lequel les Incas s’adressaient à leurs dieux, et la parole des huaynos**** actuels lui donnera une vision intime de la beauté de notre monde, de notre patrimoine géographique et humain parmi les plus beaux et inquiétants au monde.
Les récits folkloriques qui, finalement, ont été ajoutés à l’anthologie poétique, donneront un complément nécessaire à cette sélection de la littérature quechua d’auteurs anonymes.
La création orale est fugace et changeante. Par chance, l’actuel intérêt des sciences sociales à l’égard du folklore a rendu possible la recopilation fidèle de la littérature orale, en particulier de la narrative, dans laquelle tous les intérêts et le caractère des peuples se reflètent avec autant de fidélité que de beauté.
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José María Arguedas
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* Ce texte de José María Arguedas sert de préambule à une courte anthologie de poésie traduite du quechua inclue dans les éditions Peisa à Ollantay y Cantos y Narraciones Quechuas dans la version de J. M. Arguedas, César Miró et Sebastián Salazar Bondy.
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** Hymnes incaïques que nous traduirons du castillan à partir de la version traduite de J. M. Arguedas dans un prochain papier.
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*** Les yaravís (du quechua Harawi) sont des chants tristes ayant pour sujet l’amour.
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**** Le huayno est un genre musical et de danse originaire des Andes et dont les racines sont précolombiennes.
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Le fichier pdf:
Sobre la poesía quechua (traduction)