Paquete Energía-clima 2030: la contrarrevolución energética de la Unión Europea

La Comisión Europea propone convencer a las sociedades europeas de seguir un modelo energético fósil y fisible. Anunciará un objetivo de reducción de emisiones minimalistas y abandonará toda ambición de mejora significativa de la eficacia energética y del despliegue de las energías renovables. Todo ello dando luz verde a la explotación de energías fósiles no convencionales. Explicaciones.

La Comisión Europea propone convencer a las sociedades europeas de seguir un modelo energético fósil y fisible. Anunciará un objetivo de reducción de emisiones minimalistas y abandonará toda ambición de mejora significativa de la eficacia energética y del despliegue de las energías renovables. Todo ello dando luz verde a la explotación de energías fósiles no convencionales. Explicaciones.

La política climática de la Unión Europea (UE) está basada en el paquete Energía-clima 2020 que prevé reducir en un 20%, de aquí a 2020, las emisiones de gases de efecto invernadero; aumentar en un 20% el gasto destinado a la parte de las energías renovables en el consumo energético europeo (con objetivos nacionales vinculantes, un 23% para Francia); realizar una mejora del 20% de la eficacia energética. Este 22 de enero, la Comisión Europea publicó sus proposiciones para el período 2020-2030 que se discutirán en el próximo Consejo Europeo del 21 al 23 de marzo y que deberán ser adoptadas de aquí al año 2015. Estas proposiciones acabarán convirtiéndose en la posición negociadora de la UE para la conferencia internacional de la ONU sobre el clima, que se celebrará en París en diciembre de 2015.

Aplazar a después de 2030 la mayor parte de la reducción de emisiones

Los climatólogos consideran que, si deseamos conservar la oportunidad de permanecer dentro de los 2ºC de aumento de las temperaturas mundiales de aquí a finales de siglo, los años venideros son clave para comprometerse con la reducción de emisiones significativas. Puesto que quedan seis años completos hasta 2020, las organizaciones de la sociedad civil reclaman a la Unión Europea que de aquí a entonces se comprometa con un objetivo de reducción de emisiones más ambicioso que el 20% fijado inicialmente. Sobre todo teniendo en cuenta que este objetivo del 20% debería alcanzarse antes de la fecha, si no se toma en cuenta las emisiones incorporadas en los bienes y servicios importados. Inflexible, la Comisión Europea se resiste.

Para después de 2020 y de aquí a 2030, la Comisión Europea propone un objetivo del 40% de reducciones en comparación a 1990. La Comisaria de Acción por el Clima y algunos comentaristas señalan este objetivo como ambicioso: los lobbies industriales y los comisarios de economía e industria exigían no sobrepasar la barrera de 35%. Sin embargo, este objetivo es muy insuficiente. Primero porque alcanzar un objetivo del 40% de reducción de emisiones en 2030 se convertiría en una reducción real del 33%, teniendo en cuenta los considerables excedentes de cuotas de emisión de las que disponen los Países Miembros. Por otro lado, la Comisión Europa aplaza a después de 2030 la mayor parte de los esfuerzos que hay que realizar de aquí a 2050. Para obtener una reducción del 80% de emisiones en 2050 en comparación a 1990 ―objetivo mínimo que fijó la Unión Europea, suponiendo que la UE alcance el objetivo de - 40% en 2030―, habría que dividir de nuevo casi por tres las emisiones de la Unión Europea entre 2030 y 2050. Lo que supone planificar una disminución del 5% por año desde 2030 a 2050, contra apenas un 1,3% por año hasta 2030. Por tanto, un esfuerzo continuo en el tiempo permitiría contar con una tasa de reducción de emisiones más razonable del 2,5% al año.

¿Reducciones acumuladas o no acumuladas?

En materia de desajustes climáticos, los científicos recuerdan que lo importante no solamente es el nivel de emisiones en un sólo año, sino la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera a lo largo de los años. Dicho de otra manera, lo importante no es tanto saber cuál será el nivel de emisiones en 2050, sino conocer el camino hacia la reducción de emisiones año tras año. Cuanto más se reduzcan las emisiones al principio del período, más fiable será la cantidad de emisiones acumuladas en la atmósfera; y cuanto mayor sea la demora del fin del período para reducir las emisiones, más importante será la cantidad acumulada. De modo que, aplazando los esfuerzos de reducción de emisiones a después de 2030, la Comisión Europea maximiza la cantidad total de emisiones que la UE va a acumular en la atmósfera a lo largo del período 2020-2050. Sería actuar en detrimento de la estabilidad climática y de sus compromisos en relación a los 2ºC de recalentamiento máximo.

De forma similar, es sintomático de la falta de ambición de la Comisión Europea que haya propuesto un objetivo de reducción de emisiones de la UE del 40% de aquí a 2030 con respecto al nivel de 1990, y que no se haya comprometido a reducir en un 40% la cantidad acumulada de emisiones para el período 2020-2030. El segundo objetivo, el único que cuenta de verdad para el clima, provocaría un nivel de emisiones en 2030 inferior a al menos el 60% frente a 1990. Hasta aquí, los dos métodos eran sustancialmente equivalentes debido a una escasa reducción de emisiones programada de aquí a 2020 y a la posibilidad de que las autorizaciones de emisiones del período 2008-2012 se remitan al período 2013-2020. Este no es el caso para 2030 y la UE ha elegido claramente la vía menos ambiental.

Preservar la opción nuclear frente a las energías renovables

El artículo 194 del Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea sienta las bases de una política energética europea que se apoya en el funcionamiento del mercado de la energía, la seguridad del abastecimiento energético, la eficacia energética, las economías energéticas y las energías renovables, así como la interconexión de redes. Igualmente, este artículo 194 recuerda que los Estados Miembros son libres de determinar su mix energético y sus fuentes de abastecimiento. Sin embargo, la Unión Europea había depositado claramente las bases de lo que podría ser una política de orientación del mix energético europeo, acumulando objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, de desarrollo de energías renovables y de eficacia energética. Efectivamente, se puede considerar –de manera muy esquemática–
que las fuentes de energía que permiten a la vez reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar la parte de las energías renovables en el mix energético y mejorar la eficacia energética, se vean limitadas… a las energías renovables.

Los gobiernos británico, polaco, francés y español lo han entendido muy bien y han puesto todo su empeño en la batalla para abandonar esta lógica. Así, en 2012, durante el debate sobre la directiva de la eficacia energética que debía concretar el objetivo de mejora de la eficacia energética (la eficacia energética de un sistema se define como la relación entre la energía útil en la salida de este sistema y la energía suministrada por los usuarios en la entrada de este sistema) del 20% incluido en el paquete Energía-clima 2020, los lobbies de la nuclear, ayudados por el gobierno francés, lo han torpedeado y reducido a una porción congruente. De hecho, una mejora drástica de la eficacia energética –ya sea en la producción eléctrica o en la renovación térmica de viviendas–, habría contribuido respectivamente a hacer menos atractivos la energía nuclear (el rendimiento energético de las instalaciones nucleares es del 33 %) y la calefacción eléctrica. Impensables para Areva, EDF y consortes. La Comisión Europea, escaldada y lejos de poder asegurar que el objetivo del 20% se alcance en 2020, ha decidido simplemente no proponer un nuevo objetivo, dejándolo para una futura revisión de la directiva sobre posibles nuevos objetivos. 

Desarrollar los hidrocarburos no convencionales

El pasado octubre, una docena de grandes energéticos europeos habían instado a la Unión Europea a frenar el apoyo público al desarrollo de energías renovables. Por decirlo de alguna manera, se les ha tenido en cuenta. La Comisión Europea se ha limitado a un objetivo escaso del 27% de energías renovables en Europa de aquí a 2030. Un objetivo que no hará más que prolongar las tendencias actuales, sin aceleración del despliegue de energías renovables en Europa si se crea un documento de trabajo interno de la Comisión. Todo ello en un momento en el que las inversiones en energías renovables se contraen en Europa y en el mundo. Al contrario que el paquete Energía-clima 2020, este objetivo –supuestamente vinculante a nivel europeo– no se acompaña de ninguna clave de reparto nacional vinculante, dejando a cada país determinar su nivel de energías renovables. Concretamente, Alemania podrá continuar desarrollando las energías renovables, mientras que el Reino Unido, Polonia, Francia y España tendrán las manos libres, ya sea para desarrollar o mantener su propia producción eléctrica de origen nuclear o para fomentar la explotación de hidrocarburos de esquisto.

La explotación de hidrocarburos convencionales sobre suelo europeo también se siente alentado por la Comisión Europea, que menciona en su documento Energía-clima 2030 que es «del interés de la UE» tener «un mayor uso de la energía limpia producida en la UE». Una declaración general que se acompaña de actos concretos ya que la Comisión Europea ha abandonado todo objetivo de directiva vinculante con la que se había comprometido, enmarcando y limitando la extracción de hidrocarburos no convencionales sobre suelo europeo. Estos compromisos, obtenidos con arduo esfuerzo por las movilizaciones ciudadanas que se desarrollan en todos los rincones de Europa contra la explotación de gas o de petróleo de esquisto, se han olvidado. Bajo la presión de los gobiernos de Reino Unido y Polonia, ejercida para la cuenta de empresas petroleras y gaseosas deseosas de profundizar en toda Europa, la Comisión Europea prefiere publicar una lista de recomendaciones no vinculantes excesivamente escasas. Recomendaciones que estas mismas empresas se han apresurado a adoptar. La Comisión Europea abre la vía a la explotación de hidrocarburos no convencionales en Europa, indicando que «una transparencia reforzada debería facilitar la aceptación del público». Así, elige el campo de los lobbies de energías fósiles, cuando más de 370 grupos de ciudadanos a través de Europa le habían rogado expresamente que se comprometiera por una directiva vinculante.

El inamovible mercado del carbono europeo, pone trabas a la transición post-fósil

Más allá de los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, el mercado del carbono es hoy el pilar central de los instrumentos de puesta en marcha de las políticas europeas de la lucha contra los desajustes climáticos. La Comisión Europea le profesa un constante apego ideológico y está determinada a mantener este instrumento cueste lo que cueste. Sin embargo, la lista de quejas contra el mercado del carbono europeo es interminable: un fiasco reglamentar, una ganga para las industriales, un instrumento ineficaz y no iniciativo, un dispositivo sujeto a fraudes y malversaciones, etc. como lo resumen precisamente varias decenas de organizaciones sociales y ecologistas exigiendo que se ponga fin. Con tal balance, cualquier dispositivo habrá sido suprimido y enterrado. Pero, no el mercado del carbono europeo.

La Comisión Europea ha pasado (¿perdido?) cerca de diez años a validar una proposición, denominada backloading encaminada a retrasar la introducción de unos 900 millones de permisos para el período 2013-2020. Las estimaciones más bajas sugieren que son por lo menos varios miles de millones de permisos, lo que es demasiado. Para obtener esta decisión, la Comisión Europea también se ha atado las manos, comprometiéndose a no intervenir de nuevo directamente en el mercado del carbono… para permitir el juego del libre mercado. Este mismo juego del libre mercado ha impulsado algunos euros el precio de la tonelada de carbono, haciendo que el dispositivo quede completamente ineficaz. Teniendo en cuenta la cantidad de permisos existente, no será la nueva tasa de reducción anual del «límite» de emisiones de sectores industriales sometidos al mercado del carbono europeo –que debería elevarse a un 2,2% después de 2020–, lo que modificará la situación.

La «reforma estructural» del mercado del carbono anunciada por la Comisión Europea este 22 de enero se limita a todas las pequeñas medidas que no serán efectivas antes del 2021. En cuanto a la sobreasignación de permisos, la Comisión propone crear un mecanismo de reserva que se movilice según la coyuntura económica –la cual, hipotéticamente permitiría retirar los permisos en período de recesión, y al contrario, de distribuirlos en caso de crecimiento económico con el fin de mantener un precio mínimo–. El precio de la tonelada de carbono, –que es extremadamente escaso hoy en día y por el que no existe ninguna razón objetiva de que remonte a niveles ampliamente superiores de aquí a 2020–, la Comisión Europea propone simplemente ratificar el hecho de que el precio de la tonelada de carbono no sea jamás incitativo. Para tomar una imagen como referencia, la Comisión propone erigir diques, olvidando bombear el agua de avenidas que se han acumulado entre los diques. Como prueba extraordinaria de la abdicación de la Comisión ante los intereses financieros de las industriales, este mismo 22 de enero ha autorizado la asignación gratuita del equivalente a 404,6 millones de euros de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero en el sector industrial polaco. 

No hay prevista una revisión de la directiva sobre la calidad de los carburantes

El documento generado por la Comisión Europea no hace ninguna mención de la directiva sobre la calidad de los carburantes que concluyen en 2020. En esta directiva, los países de le UE se comprometen a reducir en un 6% la intensidad media del carbono de los carburantes utilizados sobre suelo europeo de aquí a 2020, pero sin distinguir el tipo de carburante. Así, la intensidad de carbono de las energías fósiles no convencionales, como el petróleo procedente de arena o esquisto bituminoso, se ha subestimado demasiado. Bajo la presión de Canadá y de las principales compañías petrolíferas como Total, BP, Shell o ENI, la Comisión Europea y los Estados miembros –incluida Francia– han cuestionado varias veces las proposiciones encaminadas a adosar al petróleo procedente de arenas bituminosas una intensidad de carbono más elevada y cercana a la realidad. Al contrario que el lobby canadiense, 53 científicos han escrito14 a José Manuel Barroso el pasado 16 de diciembre instando a la Comisión Europea a mantener y desarrollar una verdadera política de iniciación a las inversiones en las energías limpias, en detrimento de los carburantes que emiten más gases de efecto invernadero. La óptica, compartida por la sociedad civil, es clara: contribuir a la puesta en marcha de una «estrategia para restringir las arenas bituminosas desde el exterior». Sin prever prorrogar esta directiva más allá de 2020, la Comisión Europea incita a Canadá y a las industriales a perseguir sus inversiones en la extracción del petróleo procedente de arenas bituminosas. Se desentiende de cualquier objetivo de mejora de la eficacia energética en el sector de transportes, mientras que éste contribuye ya en un 25% al conjunto de las emisiones de gases de efecto invernadero y debería ser el principal sector emisor en Europa de aquí a 2020.

Primicia en la competitividad-coste y en la competencia

En la declaración de objetivos perseguidos por la Comisión Europa a través de sus proposiciones para el futuro paquete Energía-clima 2030, la competitividad-coste de la economía europea ocupa un lugar privilegiado, a menudo el primero: «una economía de la UE competitiva, segura y con bajas emisiones de carbono». El objetivo se ha repetido hasta la saciedad. Se trata de establecer un «sistema energético competitivo y seguro que garantice una energía a un precio asequible para todos los consumidores». Esta competitividad se debe sopesar con frecuencia con la lucha contra el cambio climático. Para la Comisión Europea, esta lucha no debería deteriorar la competitividad. La Comisión Europea se preocupa por el aumento de los precios de la energía en los Estados Miembros desde 2008, pero no menciona los efectos notables en la materia de sus propias políticas de liberación y privatización del sector energético. Muchas de las políticas que la Comisión Europea no desea que sean cuestionadas. Al contrario, afirma que «el aumento de los precios de la energía puede ser compensado por (…) mercados de energía competitivos». Si se invita a la industria europea a hacer esfuerzos en términos de eficacia energética, es correcta «la comparación con los socios internacionales» y «el aumento de las diferencias de precio, especialmente con respecto a las clases de gas en Estados Unidos» que «podría dañar la competitividad en Europa». Este es un elemento clave de la reflexión de la Comisión Europea. Aquí nos encontramos con las directrices fijadas por el Consejo Europeo de la energía del 22 de mayo de 2013: «los desafíos energéticos a los que la UE debe hacer frente se limitan a los precios demasiado elevados de la energía, a la competitividad industrial, a la terminación del mercado interior, a las infraestructuras de interconexión de circuitos de distribución y a la necesidad de fomentar el sector privado para financiar e invertir». Por consiguiente, se comprende mejor por qué las proposiciones del paquete Energía-clima 2030 son tan limitadas y por qué la Comisión europea abre la puerta a los hidrocarburos de esquisto. 

Conclusiones

Promoviendo objetivos climáticos y políticos basados en energías fósiles y nucleares, la Comisión Europea invita a los Estados Miembros –que se reunirán en el próximo Consejo Europeo (21-23 de marzo) para hablar de estas proposiciones– a mantener un modelo energético insostenible, tanto sobre el plano del clima como en términos de dependencia a las importaciones y a las energías fósiles. Mientras que la Unión Europea debería orientarse hacia una economía post-fósil et post-fisible, la Comisión Europea bloquea cualquier transformación importante, tanto a través de objetivos y políticas propuestas como en el mantenimiento de un mercado del carbono débil. Un verdadero obstáculo para cualquier política de
transición energética, que combina objetivos de sobriedad y de eficacia energética con objetivos de reducción de emisiones.

Traducción de mi nota La contre-révolution énergétique de l'Union européenne 
realizada por amigos de la asociación Ecologistas en Acción 

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