A Manu, el incorregible

Nuestro compañero, camarada y amigo Manuel Jardinaud falleció este martes 9 de marzo tras sufrir un infarto, tenía 49 años. Se unió a la aventura de Mediapart hace cuatro años, en abril de 2017. Y se había convertido en una figura indispensable. 

Le llamábamos Manu, y durante varias semanas engañábamos la espera forzando la esperanza. Tras el infarto que sufrió la noche del sábado 23 de enero, los equipos médicos del hospital parisino La Pitié-Salpétrière hicieron todo lo posible por salvarle, atentos a los signos de reanimación y a los gestos de conciencia. Pero en los últimos días, tuvimos que admitir que no volvería, y dejarle irse lentamente, rodeado de su familia y amigos, su hija Rosalie, sus hermanas, sus amigos, a los que todo el equipo de Mediapart da su más sentido pésame. 

Manuel Jardinaud en reportage. © AFP Manuel Jardinaud en reportage. © AFP

Cuando el pasado jueves compartimos la noticia de forma colectiva en una emotiva conferencia editorial, esta desaparición anunciada tuvo el efecto de un terremoto. Mediapart es un equipo joven, formado en su mayoría por personas de entre 30 y 40 años. En sus trece años de existencia, la redacción se ha acostumbrado a celebrar nacimientos y no a lamentar muertes. Ver a uno de los nuestros partir a sus 49 años, en la flor de la vida, es una conmoción emocional que, para nuestra pequeña comunidad, ha venido a sumarse al peso de una época ya de por sí pesada, cuya actualidad, que es nuestra materia prima, a menudo no tiene nada de alegre.  

Sobre todo, porque Manuel Jardinaud, un auténtico vividor, no es un muerto cualquiera. Hemos perdido a una bella persona, a un buen camarada y a un periodista honesto. En contraste con los bufones y los pretenciosos de nuestra profesión, estas sencillas palabras le sientan bien, ya que expresan una rara riqueza de generosidad amistosa, de disponibilidad y de confraternidad, de entusiasmo por los demás y de curiosidad por el mundo. 

Cuando se incorporó a la sección social de la redacción de Mediapart en 2017, Manu ya era un experimentado periodista que había hecho de los temas sociales su compromiso profesional. Hasta el punto de volver a ella en los últimos meses, después de una larga incursión en la sección política donde siguió tanto a las izquierdas como a la actual mayoría de LREM, los debates en el Parlamento, así como la vida de los partidos, asegurándose siempre de cuestionar la política profesional desde las vivencias cotidianas. Hasta el punto de unir, en cierto modo, la teoría a la práctica convirtiéndose en representante de los trabajadores en nuestro Comité Económico y Social (CSE), responsabilidad en la que aportó su generosidad y su capacidad de escucha a todos los sectores de nuestra empresa. 

Presidente durante tres años de la Association des journalistes de l’information sociale (AJIS), se incorporó a la revista Liaisons Sociales Magazine, una publicación periódica de referencia en este ámbito, que optó por abandonar en enero de 2017, haciendo uso de la cláusula de cesión tras un cambio de propiedad. Antes de eso, pasó diez años como freelance especializado en temas de empleo, formación y recursos humanos, colaborando con una docena de títulos de lo más diversos. 

En esa época se convirtió en uno de los pilares del colectivo « Los incorregibles », que todavía existe, un lugar de ayuda mutua e independencia creado por freelances para resistir los efectos nocivos de la precariedad. Así, no fue casualidad que el primer artículo de Manu en Mediapart fuera sobre la lucha pionera de medio centenar de conductores de VTC que exigían su recalificación como trabajadores fijos frente a su explotación por parte de las plataformas digitales. 

A aquel artículo le sucedieron un aluvión de reportajes, investigaciones y análisis salpicados de revelaciones, especialmente sobre la reforma del código laboral emprendida por el nuevo gobierno, hasta el punto de despertar la ira judicial de la ministra Muriel Pénicaud. Manu nunca miró por encima del hombro a sus temas, como suelen hacer los presuntos expertos fuera de onda o los relevos complacientes de comunicadores. Bajo su pluma, encontramos el arduo estudio de sus temas para explicarlos con pedagogía, acompañados de testimonios reales, de reportajes sobre el terreno, de investigaciones cercanas a los primeros interesados. Justamente, hace apenas una semana, el diario La Provence rindió homenaje a su investigación sobre las condiciones de los cuidadores a domicilio ante la pandemia de coronavirus, que contribuyó a poner fin a su invisibilidad. 

« Soy un hombre; considero que nada de lo humano me es ajeno » (Homo sum; humani nihil a me alienum puto): revisando sus trescientos artículos en Mediapart (encuéntrelos todos aquí), pensé en este famoso verso del poeta latino Terencio. Cuando, en el otoño de 2017, la redacción decidió arremeter contra la violencia sexual al comienzo del movimiento #MeToo, Manu se volcó en ello, desde el principio (léa aquí y aquí). Hizo lo mismo con muchos otros temas, desde cuestiones de asilo y migración hasta la ética democrática, donde su insaciable curiosidad siempre dejaba aflorar una ira contenida frente a la injusticia y las mentiras. 

Forma parte de una vieja coherencia que, además, no tiene fronteras. Como objetor de conciencia durante su servicio nacional, eligió unirse a Reporteros sin Fronteras (RSF), donde trabajó en la zona de Asia-Pacífico y en Turquía. Luego, al dejar RSF tras el estallido de la burbuja de Internet en 1999-2000, se fue a trabajar a Suecia en una start-up que desarrollaba guías turísticas para aplicaciones móviles, lo que le llevó a coescribir para la editorial Gallimard, sobre la Provenza y la Reunión

Fue entonces cuando Manu, a sus 29 años, tuvo que enfrentarse a un calvario cuyo dolor probablemente nunca le haya abandonado. Su padre, Gilles Jardinaud, era ingeniero de vuelo en el Concorde de Air France que se estrelló el 25 de julio de 2000, 90 segundos después de despegar del aeropuerto de Roissy-Charles de Gaulle, sin dejar supervivientes. El accidente fue causado por un listón metálico dejado en la pista por un DC-10 de Continental Airlines, que había despegado justo antes. Pero, como suele ocurrir en estas catástrofes, las familias tuvieron que enfrentarse a rumores y desmentidos antes de que se estableciera la verdad de forma oficial y judicial. 

Manu estuvo al frente de la reivindicación de esta verdad, con la misma preocupación por entender y explicar que le llevo a ser un periodista riguroso y cauto. Así lo demuestra un artículo de Libération, en 2004, en el que relata lo que su padre le confió sobre la fragilidad técnica de un avión que se había convertido en un orgullo nacional, hasta el punto de que se ignoraron las advertencias de sus pilotos (lea en Mediapart este artículo de 2013 de los abogados de la familia del capitán, Roland Rappaport y Claire Hocquet). « Mi padre no ocultó que el Concorde era un avión difícil -relató Manuel a Libération-Se trataba de un avión envejecido que requería una vigilancia constante en vuelo. De hecho, era bastante raro que una travesía del Atlántico transcurriera sin incidentes. Pero, a pesar de todo, pertenecía a una familia: la del Concorde ».  

No sé si Manu habría dicho que Mediapart se había convertido en su familia y, por mi parte, no me gusta decirlo porque la vida profesional no es un asunto íntimo. Pero no es menos cierto que pasamos gran parte de nuestra vida juntos, no sólo trabajando, sino también hablando, riendo, discutiendo, intercambiando, bebiendo, comiendo, celebrando, bailando, cantando, bromeando, etc. Porque, tras la fachada de su información, se teje un periódico vivo de infinitas relaciones e interacciones personales donde se juegan la felicidad y el azar, las sorpresas y los encuentros, en definitiva, las sensibilidades y las emociones. 

Esto es lo que nos hace sentir dolorosamente la partida de Manuel Jardinaud, al entrelazar la tristeza del presente y la alegría del pasado. Porque recordar a Manu es recordar tantos momentos compartidos, locos y alocados, convivenciales y musicales, atravesados por ese insaciable apetito de vivir que conjura todas las muertes. Cuando, el 2 de diciembre de 2020, organizamos un evento de intercambio virtual con nuestros lectores, Manu envió un correo electrónico a través de nuestro sistema de mensajería interna que decía: « Celebremos de todos modos », acompañado de un emoji en forma de botella de champán. 

A continuación, nos envió un enlace al vídeo del final de Drunk, una película danesa estrenada en 2020, el año del confinamiento. Le invitamos a saborear este momento de poesía con un pensamiento para Manu, nuestro incorregible: 

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