Capacitismo: su expresión espacial

La manera de acoger a los cuerpos disdentes en el espacio público da fe de la consideración que se les tiene, del valor que se les concede y de las opresiones que padecen.

El capacitismo erige el cuerpo sin discapacidad en norma instaurando una jerarquía entre los cuerpos. Evidentemente, esto tiene consecuencias en la manera de concebir y organizar los  espacios. Algunos estarán diseñados únicamente para cuerpos sin discapacidad, otros pretenderán ser inclusivos pero demostrarán, de múltiples modos, que le reservan una  posición privilegiada a los cuerpos normativos. La manera de acoger a los cuerpos disdentes en el espacio público da fe de la consideración que se les tiene, del valor que se les concede y de las opresiones que padecen.

¿ De qué manera los lugares considerados como accesibles acogen a los personas con discapacidad? ¿ Lo hacen preservando su dignidad?

¿ Cuántos teatros, cines, estadios prevén las plazas de peor calidad para personas con discapacidad? Asientos y plazas sin visibilidad, sin espacio suficiente en  última o primera fila, de lado, detrás de una columna…

¿ Cuántos espacios prevén un acceso pero no una verdadera plaza?

¿ Cuántos espacios supuestamente inclusivos crean espacios VIP ( Very Insignificant People) en los que se reagrupa y segrega a las personas con discapacidad?

¿ Cuántos idean accesos por la puerta de atrás o un acceso a las plazas específicas pero no a los servicios, a los bares , a los escenarios, a las tribunas, a los espacios a los que  acceden y en los que circulan libremente los demás ? (Y al escribir esto me viene a la  mente la imagen de  Pablo Echenique en el hemiciclo del Congreso y a la memoria las palabras de la senadora Virginia Felipe, que prometió no volver a jurar un cargo en una sala con barreras arquitectónicas.)

¿ Cuántos probadores,  servicios adaptados se confiscan para transformarlos en almacenes?

¿ Cuántos montacargas sirven para subir y bajar mercancía, basura y también personas con discapacidad?

¿Se nos facilita el acceso? ¿ Accedemos a los espacios con libertad?

¿ Cuántos lugares restringen no solo el número de personas en silla de ruedas que pueden acceder a ellos sino también el de las personas que pueden acompañarlas?

¿ Cuántos transportes nos exigen que reservemos con días  de antelación, tardan días en confirmarnos la reserva o el servicio, no nos devuelven el dinero en caso de tener que anular o nos transportan en condiciones indecentes?

¿ Cuantos nos exigen un acompañante que tenemos que costear nosotros mismos?

¿ Cuántos lugares, servicios, en vez de proponernos hacer reservas a través de Internet, nos exigen que llamemos a un número especial,  pocas veces gratuito?

¿ Cuántos nos exigen que mandemos un mail en el idioma del país o incluso que nos desplacemos personalmente para retirar nuestros billetes?

¿ Cuántos hoteles cuelgan fotos en sus webs de la habitaciones y cuartos de baño accesibles? ¿ Cuántas de éstas habitaciones están realmente adaptadas para garantizarnos seguridad, autonomía, funcionalidad o simplemente confort?

¿ Cuántos hoteles cuyos spas, saunas, gimnasios son  inaccesibles se jactan de ofrecer sin coste adicional habitaciones accesibles a sus clientes con discapacidad?

_¿ Cuántas rampas son realmente practicables, funcionales?

 

Accesible, vale, pero,  ¿y luego?

Tenemos acceso a algunos espacios pero en ellos se nos suele reservar un papel de espectadores o un acceso grupal: ¿ qué club de deporte con locales accesibles, qué tienda de alquiler de material para el ocio, qué agencia de alquiler de turismos piensa en los clientes con discapacidad?

Tenemos accesos a hospitales, a algunas clínicas pero ¿ dónde están los aparatos de mamografía para las mujeres en silla de ruedas, dónde las camillas de examen ginecológico o los aparatos de oftalmología pensados para nuestros cuerpos?

 

Nuestras supuestas necesidades especiales

Los discursos sobre nuestras supuestas necesidades especiales cimentan nuestra exclusión.

¿ Tenemos en realidad necesidades especiales? Necesitamos educarnos, divertirnos, recibir atención médica, interactuar con gente y acudir a donde queramos con quien queramos para estar bien y no son sino las concepciones normativas de los espacios, la oferta de equipamientos pensados exclusivamente para cuerpos normativos lo que hace que nuestros cuerpos y nuestras necesidades sean especiales.

Dicho esto, no habría que caer en el error en el que están cayendo numerosas asociaciones que defienden la accesibilidad universal por el interés que ésta representa en términos de comodidad para las personas sin discapacidad. En realidad, más que de un error se trata de una falta de cultura de la Vida Independiente y de sus combates y ello no es sorprendente. Muchas de ellas defienden o dirigen centros especiales en los que se segrega a las personas con diversidad funcional  y tienen gran parte de responsabilidad en lo referente a inaccesibilidad de los espacios y equipamientos. Es coherente, pues, que no sepan o no quieran aludir a esta cuestión bajo el prisma de la opresión y de la violación de derechos. Es lógico y coherente también que organizaciones mayoritariamente dirigidas por personas sin discapacidad tengan una visión capaz-centrada, si me permitís el palabrejo.

 

El sentimiento de verguenza

Pero el capacitismo en su expresión espacial no solo nos confina a domicilio o en centros especiales para toda la vida por falta de adecuación de los espacios a nuestros cuerpos o por los diferentes obstáculos creados que nos dificultan el acceso a los mismos, o por lo “ no pensado,  que evidencia que nuestra exclusión alcanza hasta los imaginarios. El capacitismo en su expresión espacial también nos  hace sentir vergüenza.

¿ Cuantos somos los que hemos renunciado a acudir a un concierto con los amigos por vergüenza de que éstos vieran el tratamiento Very Insignicant people que nos tenían reservado? Una vergüenza que no deberíamos sentir y que tenemos que aprender a devolver a los que realmente deberían sentirla. A veces, no es la vergüenza sino el rechazo a aceptar un trato indigno, a plegarnos a reglas liberticidas lo que nos hace renunciar a salir de nuestras casa.

Pero después de todo, hacernos renunciar, restringir nuestro número, es seguramente el objetivo de todas estas sutiles prácticas.

 

Las categorías de la diferencia

Las necesidades especiales, primero y luego las categorías de la diferencia, elaboradas desde siempre para decir quién, en función del valor que se le da, tiene acceso a qué, quién puede y quién no, quién entra y quién se queda fuera.

En 2017 visité el museo del Apartheid en Johannesburgo. Este museo abrió sus puertas en 2001. Para ilustrar el tratamiento diferenciado en los tiempos del Apartheid, quienes concibieron el proyecto quisieron impresionar al público proponiendo entradas separadas para  los blancos y para  todos los demás, no blancos, como ocurría durante el Apartheid. Sin embargo, en la época de la construcción del museo, y sigue pasando lo mismo ahora, a nadie le sorprende la entrada diferenciada para personas con discapacidad, que delimita  el espacio  para éstas y el espacio 

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para los demás.

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