De El Caso a Fiat Lux

Los sucesos ocupan hoy espacios muy destacados en los informativos y los magazines de los canales de televisión españoles, pero, en general, el género negro periodístico exhibe ahí sus peores defectos: morbo, tremendismo, impiedad, intoxicaciones interesadas, indiferencia por el contexto… La cobertura televisiva del caso Asunta lo ha ilustrado de modo penoso en las últimas semanas.

Los sucesos ocupan hoy espacios muy destacados en los informativos y los magazines de los canales de televisión españoles, pero, en general, el género negro periodístico exhibe ahí sus peores defectos: morbo, tremendismo, impiedad, intoxicaciones interesadas, indiferencia por el contexto… La cobertura televisiva del caso Asunta lo ha ilustrado de modo penoso en las últimas semanas.

Eso me hace añorar aún más la ausencia –o la escasez- en España de una buena crónica negra escrita, un ejercicio tanto de investigación como narrativo que practican de modo admirable Alejandro Almazán y Marcela Turati en México, la hispano-guatemalteca Alejandra Gutiérrez Valdizán, el equipo de Sala Negra del diario salvadoreño El Faro, los cronistas asociados en Cosecha Roja y muchos otros reporteros en distintos países de América Latina.

No voy a discutir –sería ridículo- que el lenguaje audiovisual del cine y la televisión puede ser excelente para contar los crímenes y sus causas y consecuencias, pero el lenguaje escrito tiene las mismas o más posibilidades. Por citar dos ejemplos harto conocidos, Truman Capote, con A sangre fría, y Gabriel García Márquez, con Relato de un náufrago, nos legaron ejemplos imperecederos de sucesos reales tan bien contados que se leen años después con la febrilidad que provoca una gran novela de ficción.

En el marco del festival Getafe Negro, invitados por David Barba y Lorenzo Silva, un grupo de periodistas vamos a reunirnos en la tarde del viernes 25 de octubre para conversar sobre la evolución en España del periodismo escrito de sucesos desde los tiempos del semanario El Caso hasta el reciente nacimiento de la revista Fiat Lux.

Sobre El Caso no se me ocurre ahora nada mejor que decir que lo que he publicado en el número de octubre de tintaLibre al evocar los tiempos en que coincidía con Juan Madrid cubriendo crímenes, él para Cambio 16, servidor para El País. Ahí va:

«Los cronistas de sucesos de la Transición y la Movida solíamos mencionar con cierto cariño al medio específicamente dedicado al género durante el franquismo, el semanario El Caso fundado por Eugenio Suárez. Era sesgado, sensacionalista, truculento, todo lo que ustedes quieran, pero también era muy auténtico. Esquivando como podía la censura gubernativa y eclesiástica, el llamado diario de las porteras sacó a la luz semana tras semana la persistencia del delito común en la supuestamente apacible España del franquismo: los asesinatos de Jarabo, la matanza de los Galindos, las estanqueras de Sevilla, el cadáver aparecido en un baúl, el misterio de la mano cortada, las peripecias de El Lute, la abundancia de timos del tocomocho, la estampita y el nazareno… Sus historias dibujaban una España oscura, cateta, sórdida, pícara y violenta, que, desde luego, no era la que deseaba presentar oficialmente el régimen.»

Sobre Fiat Lux, que llegó por primera vez a los quioscos y librerías a comienzos de este mes de octubre, tengo que felicitarme por dos elecciones estratégicas. La primera, publicarla a la par en versión impresa y en versión digital; no hay ninguna razón seria para que los periodistas dejemos de practicar nuestro oficio por tierra, mar y aire, en todos los soportes a nuestro alcance. La segunda, aunar en la revista las dos ramas, ficción y no ficción, del género negro.

Fui uno de los adictos a la breve existencia de Gimlet, la revista de ficción noir que alumbró Vázquez Montalbán a comienzos de los años 1980. El que Fiat Lux le añada el buen periodismo de sucesos al menú de aquel precedente, suena prometedor.

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