Golpistas se apoyan en Corona

Un analisis de la situacion creada por la actual pandemia : el uso del Corona para justificar el golpe de estado global del complejo militaro-industrial

Golpistas se apoyan en Corona

 

El golpe de estado del complejo militaro-industrial global*

 

         La situación que atravesamos es tan brutal y masiva —con un tercio de la humanidad forzada al “confinamiento” en unos cuantos días, la economía mundial paralizada y decretos de cualquier índole que se multiplican fuera de cualquier tipo de control— que me he quedado sin aliento. Concentración cero, entre esa sensación de urgencia absoluta, de cambio radical y definitivo, este sentimiento de impotencia y esta rabia al mismo tiempo —y más que nunca la sed de justicia, de justicia ahora, y del regreso del sentido común, con las decisiones tan evidentes que deberían ser tomadas y que no se toman. Detención inmediata a quienes mandan tan mal. Reorientación inmediata de la producción con miras al interés general. Abandono inmediato y definitivo del capitalismo y puesta en deliberación y en marcha de un otro mundo.

         Pero yo soñaba despierta —confinada. En esta segunda semana de auto-hétero-encierro, siento que comienzo a volverme loca, o a acostumbrarme, qué tal vez sea peor. Lo que me salva, además de una situación materialmente privilegiada (no estoy sola, pero con personas escogidas, en un lugar espacioso y protegida del frío, con una computadora y conexión a internet, comida, un sueldo que aún no está amenazado, y mi gente querida estando bien), es una cadena de mails, un vínculo de intercambio con un conjunto de amigas y compañeras feministas y lesbianas hispanohablantes de Abya Yala, principalmente de El Salvador, Guatemala, Colombia, República Dominicana, Argentina, México, Chile y la diáspora… En intercambio con ellas, me lanzo al fin a componer en el teclado algunas palabras, un análisis en borrador que me libera un poco de la inacción.  

Pandemia global, « confinamiento » desigual

         Observemos fríamente, sin olvidarnos de las decenas de miles de muertos, de duelos, de miedos, pánicos y angustias terribles que se viven sobre la casi-totalidad de la superficie de esta tierra: un buen tercio de la humanidad identificada como “amenazada” por un virus, es puesta en situación de excepción bajo diversos regímenes parecidos en nombre de una doctrina global de “confinamiento”. Las suertes son diversas, pero el confinamiento es de lo más desigual que se puede imaginar.

         En el Sur: lxs vendedorxs ambulantes (60% de informalidad en México) y las personas que sobreviven en la calle se encuentran sin ingresos de un día al otro, lxs habitantes de las favelas (apenas 13 millones de brasileñxs) y los tugurios sin agua ni servicios de salud obviamente. Muchas personas en Honduras, en Chile, “prefieren” arriesgarse al contagio antes que morir de hambre y salen de todas formas a las calles a luchar por la comida del día, con una clara consciencia que ellxs son una vez más lxs habitualmente sacrificadxs y que a nadie le importa, abandonadxs y condenadxs, siempre ya muertxs como decían lxs zapatistas. Como escribe la feminista boliviana María Galindo:

         “¿Qué pasa si asumimos que nos contagiaremos ciertamente y vamos a partir de esa certidumbre procesando nuestros miedos? ¿Qué pasa si ante la absurda, autoritaria e idiota respuesta estatal al coronavirus nos planteamos la autogestión social de la enfermedad, de la debilidad, del dolor, del pensamiento y de la esperanza? […]¿Qué pasa si pasamos del abastecimiento individual a la olla común contagiosa y festiva como tantas veces lo hemos hecho? […]¿Qué pasa si decidimos desobedecer para sobrevivir? […]Que la muerte no nos pesque acurrucadas de miedo obedeciendo órdenes idiotas, que nos pesque besándonos, que nos pesque haciendo el amor y no la guerra.”[1]

         En el Norte: aún hay sistemas de salud, de seguridad social, sobre los cuales la población puede contar. Contar más o menos porque son desigualmente accesibles. El Sur también está presente, lxs migrantes en los campos y en los centros de retención administrativa, en las fronteras, sobre el asfalto y en casitas de cartón bajo los autopuentes urbanos. Lxs racializadx, lxs proletarixs deben confinarse en las viviendas más insalubres y pequeñas y solo pueden contar con los hospitales más decrépitos. Muchxs son forzadxs por ley a ir a trabajar como sea. En Francia, como otrora en Chernobyl, la mayoría de lxs “liquidadores” enviadxs en primera fila para la batalla contra el virus, forzadxs a trabajar a pesar del confinamiento sin ninguna defensa (ni máscaras, ni guantes, ni gel, nada) son las mujeres: las cajeras, las trabajadoras domésticas, las enfermeras, las faxineras, las empleadas, las maestras, las obreras. [2] Todas esas personas que se fueron declaradas voluntarias de oficio y que son aplaudidas 5 minutos cada noche (¡5 minutos, para que vea!), son reconocidas repentinamente como “imprescindibles” al funcionamiento de la economía. Pero imprescindibles no significa mejor pagadas o simplemente pagadas [3]. Las mujeres esclavas, los hombres esclavos, las amas de casa, nunca han sido pagadxs por su trabajo, y lxs campesinxs libres tampoco. Por el contrario, cuanto más imprescindibles son, más se les maltrata, se les menosprecia y se les fuerza al trabajo, por el hambre o como consecuencia de sueldos miserables, por la policía y la “oficina del desempleo” (donde tales oficinas existen), por la milicia… En Francia, la amenaza de la requisición aflora debajo de los discursos marciales que promueven el voluntariado. Vea solo: ¡“faltan” 100.000 trabajadorxs temporales migrantes en los campos! En Alemania, 300 médicxs migrantes sin papeles han sido autorizadxs a unirse al esfuerzo nacional porque ¡ni modo! [4] En Nueva York, lxs 40.000 repartidores, la mayoría latinxs sin papeles, en Paris los jóvenes negros y árabes en sus bicicletas se volvieron de pronto más imprescindibles que nunca para llevar pizzas a las clases medias confinadas. [5] La mayoría de lxs “intelectuales”, de lxs cuales hago parte, oscilan entre lecturas eruditas, preparación de cursos virtuales y debates candentes online sobre temas que no me atrevo a revelar por lo lejos que se encuentran de las preocupaciones de la mayoría de la gente y por lo mucho que me desesperan.                          

A nivel mundial mientras tanto, la venta de islas desiertas está en aumento en las agencias especializadas, para lxs happy few que buscan un nuevo lugar donde estar cómodxs para este confinamiento y los que se vienen. [6] El fundador chino de Alibaba, Jack Ma, distribuye lotes de kits de supervivencia a diferentes países de África, de América Latina, a Rusia (1 millón 200.000 de pruebas del Covid) y a los Estados Unidos, donde esta semana, record histórico, 3.300.000 personas adicionales se inscribieron al desempleo, y donde el próximo epicentro de la enfermedad podría ser la ciudad negra de Nueva Orleans. No importa, importan tan poco como la amenaza específica que el virus acarrea sobre las poblaciones indígenas de todo Abya Yala, desde las reservas de las grandes llanuras del norte hasta la selva amazónica, pasando por todas las ciudades nuevas del continente, personas cuyo sistema inmunitario, como se sabe, esta menos acostumbrado a las enfermedades europeas y que se sabe están particularmente afectadas por la diabetes, la desnutrición y el hambre. ¡Que se mueran! ¡Que se mueran las ancianas, esos monstruos que ahora ya no sirven ni para la cama ni para la cocina, las ancianas, sí, porque ellas son la mayoría de esa población envejecida que ya se anuncia que será sacrificada sin derramar ni una sola e hipócrita lágrima —casi con alivio, porque lxs jóvenes, lxs fuertes, no tienen nada que temer! Lxs darwinistas sociales se frotan las manos (sin jabón porque son bien machínes), con los presidentes de Estados-Unidos, Brasil e Inglaterra.              

         Business as usual, sí, dicen lxs mas cínicxs. La bolsa se cae, pero hay grandes ganancias que esperan lxs más hábiles: los Estados Unidos decretan el mayor plan de rescate económico de su historia. La historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa… ¿O era lo contrario? Mis amigas, ex guerrilleras de América Central y del Cono Sur que sobrevivieron a las dictaduras y guerras apoyadas por USA, “Sesenteras o setenteras, sobrevivientes de nefastos dictadores, democracias sospechosas, malos maridos o pésimos amantes » como dice Silvia Matus[1], dicen que paradójicamente, sienten más miedo hoy que nunca. Nunca hubieran pensado vivir un nuevo estado de emergencia, un nuevo toque de queda, de nuevo los militares en las calles… Ya que, ¿no es a un golpe de Estado, o mejor dicho veinte o treinta golpes de Estado, de un solo golpe, simultáneos, a los que asistimos “acurrucadxs” y apendejadxs? ¿Golpes de Estado consentidos, pedidos en ocasiones por la población que “quiere” la cuarentena que los gobiernos irresponsables se abstienen de pronunciar (Brasil, México, Estados Unidos, Gran Bretaña…)? Bueno, tratemos de ser más precisxs sobre lo ocurre porque justamente lo que es difícil de entender es la novedad de la situación y al mismo tiempo sus continuidades con el día a día de la globalización capitalista.    

¿Crisis esperada, crisis aprovechada ?

         Se esperaba, sí, desafortunadamente, se esperaba una crisis. LA crisis. De repente la crisis final del fin del capitalismo, de repente el juicio final, de repente el último terremoto de la Naturaleza librándose de nosotrxs. En términos más racionales, se esperaba al menos una buena crisis económica como resultado de la burbuja especulativa más inflada que nunca con los préstamos estudiantiles, los fondos buitres, Black Rock y los fondos de pensiones en pleno crecimiento, invertidos desaforadamente en las energías fósiles y el armamento, tan rentables… O bien, une grave crisis nuclear después de Three Miles Island, Chernobyl y Fukushima, o entonces algo con los misiles norcoreanos y esos que Francia fabrica y vende a diestra y siniestra en el mundo (¿no? ¿No vendemos misiles nucleares? ¿Solo centrales civiles y algunos submarinos? Y ¿ofrecemos enterrar los desechos del mundo entero debajo del pueblito de Bure? Disculpen). O bien, finalmente, por fin, la guerra, con todos estos nacionalismos a viento en popa, extremismos de lo más variados, sucursales de Al Quaïda y de Daesh abriéndose en todas las partes del mundo a medida que avanza la ocupación neocolonial de los países petroleros. O bien la famosa crisis medioambiental a la cual los espíritus se van preparando poco a poco, después del hoyo en la capa de ozono, y luego las sequías, seguidas de las extinciones en masa (¿ah, sí? ¿solo los animales y nosotrxs no?), el derretimiento de los glaciares, el holocausto de un pequeño millar de pobres animales en Australia (y mientras tanto, unos snipers equipados de fusiles ultramodernos, eran enviados por helicópteros para matar desde los aires a decenas de miles de dromedarios porque esas bestias consumen la misma agua que la gente) [7].

          Y no pues, no se trata de ninguna de todas esas crisis previstas, previsibles, ¿o será de repente una mezcla de todas? Pues evidentemente, esta crisis la veíamos venir: criadero industriales y monocultivo en condiciones deplorables, cruce de fronteras agrícolas hacia reservas “salvajes” de virus (como en el caso de Ebola), transportes aéreos descontrolados que siembran de virus el planeta entero en un abrir y cerrar de ojos al transportar nuestros yogurts y nosotrxs mismxs por todo el orbe. Ya veíamos venir la subida de los nacionalismos, las fronteras que se cierran, las gated communities que se trancan contra los asaltos de lxs empobrecidxs, ya veíamos venir el reconocimiento facial, la tele-vigilancia, los drones, el control de los movimientos sospechosos y la toma de temperatura a distancia. Pero ocurría en China, y para decir verdad, apenas apuntaba a lxs Ouïghour (musulmanes, obviamente) y a algunas provincias con nombres impronunciables. O pasaba lejos, en la frontera con Italia y en el valle de La Roya (un nombre no muy francés, por cierto), en contra de lxs migrantes. Todo esto estaba bien contenido, bien confinado en nuestras mentes. Ningún motivo para preocuparse.  

         ¿Entonces doctor, qué hay de nuevo? ¿“Nos” dejamos confinar un par de semanas (mientras la policía da multas descomunales a todxs aquellxs que incomprensiblemente se quedan en las calles y que lxs jefxs obligan a venir al trabajo contagioso, todxs aquellxs que mueven los sectores ahora llamados “esenciales” de la economía) y todo el mundo espera sin chistar que esto pase? ¿Papá gobierno y mamá salud pública (en el Norte se entiende) van a encargarse de todo? Para lxs estudiantes empobrecidxs en Francia, habrá bonos alimenticios, para lxs habitantes de los barrios populares en Bolivia, en Honduras, dicen que habrá algo de distribución de comida por el ejército. [8] Pero, ¿y si papá gobierno fuera el agresor, ese que golpea a mamá desde hace años, ese que viola a su hija y a veces a su hijo, mientras que todo el mundo se hace de la vista gorda? Sospecha apenas decible: y ¿si el Estado que va a nacionalizar los hospitales (ah, bueno) o al menos requisar las clínicas privadas (¿ah, sí?), o en todo caso, hará que las fuerzas armadas monten algunos hospitales de campaña (ah, bueno), no fuera nuestro buen amigo social-demócrata, esté que demasiado temprano nos dejó, sino simplemente el apoderado de la clase burguesa, que frunce el ceño con la idea de una baja tendencial de la tasa de ganancias y tal vez antes, del fin del petróleo? ¿Qué pensar del Estado Chino y de sus “soluciones”? ¿Y de los Estados de países “antiguamente” colonizados, en guerra, empobrecidos, decapitados por distintas ocupaciones o guerras internas?

¿Estábamos en una fase de luchas ascendientes?

           Hay que decir que últimamente, por doquier, frente a distintos gobiernos, la pleba se había vuelto un poco revoltosa. Primaveras árabes (cuán lejos parecen hoy). Un millón de personas cada viernes en las calles argelinas. Lxs adolescentes de Santiago saltando los torniquetes del metro en Chile y encendiendo la revuelta general en el país modelo del neoliberalismo desde Pinochet. Los paraguas en Hong-Kong, los chalecos amarillos en Francia, el clamor continental de las mujeres de Abya Yala por la libertad de interrumpir los embarazos no deseados y el derecho a vivir sin ser violadas y asesinadas por maridos, “enamorados”, carabineros o puros desconocidos. Casi todo el mundo detesta a la policía y a la clase política corrupta hasta el tuétano, casi todo el mundo ama el código de trabajo, el sistema de jubilación, aunque sea bastante incompleto, el sistema de salud aunque sea muy cientista y tecnologizado. Salimos a las calles decenas de miles para gritarlo. Salíamos, quise decir. Hace dos semanas apenas (para Francia Metropolitana), poquito más, poquito menos en el resto del mundo, gritábamos “¡las calles son nuestras!”. Gritábamos que la vergüenza debía cambiar de lado, que la salud y la educación no eran mercancías, que ya no aguantábamos esta violencia policiaca y estas leyes migratorias.

         En Francia, bien que veíamos que no servía de mucho, al no tener ningún “eco” sindical ni político de ningún tipo, o, mejor dicho, siendo esos famosos cuerpos intermediarios vendidos, casi todos, a nuestros verdugos. Con un poco de suerte el confinamiento se acabará antes de la fecha que los sindicatos habían previsto para la próxima jornada de acción. [9] Eso sería genial y me pregunto si nuestro buen presidente nos autorizará esta salida recreativa, esta inocente caminata de salud en familia. En todo caso, acabaron las marchas sin declarar, los plantones, las asambleas generales, los bloqueos, acabaron los Black blocks abriéndonos camino, acabaron las ocupaciones de redondeles y plazas. Métanse bien eso en la cabeza: el confinamiento nos ha cortado las alas bien cortaditas. Nos movilizamos como se puede, con FacebookTM, WhatsappTM, SkypeTM o WeiboTM, y nos abastecemos de medicamos, comida y libros con AmazonTM y AlibabaTM. Algunxs, al menos, tratan de organizarse para hacer sus compras colectivamente y a mejor precio. [10]      

El credo neoliberal y la inmobilización de la mano de obra

         Entonces… ¿Cuál es hoy la tarea revolucionaria? Entender en un principio, conseguir medir bien la magnitud del problema y su índole, y al mismo tiempo organizarse, pensar colectivamente, unir las resistencias. Muy probablemente ya se nos haya pasado el momento de debilidad de los gobiernos, en el cual se podía asaltar las tiendas y los depósitos de armas o de combustible. Era en ese momento, la primera noche, en la que los gobiernos aún estaban divididos, indecisos. Ahora ya pasaron las leyes, ya reunieron y reposicionaron las fuerzas armadas, ya negociaron entre ellxs las nuevas reglas económicas.  

         Pero la gente se está moviendo. En este mismo momento, hay huelgas de obrerxs que no quieren continuar produciendo turbinas de aviones o carros arriesgando directamente sus vidas y la de sus familias [11], hay personal de salud exigiendo protecciones, herramientas y salarios decentes, hay arrendatarixs que piden el congelamiento de los alquileres y moradores de calle que exigen la requisición de decenas de miles de viviendas vacías. Hay quienes quieren aprovechar para acabar con el “crecimiento”, la contaminación, los trabajos de mierda que ni siquiera son pagados, abandonar el trabajo, sobre todo el tele-trabajo, sin colectivos, uberizado y vigilado por softwares espías en los smartphones. Y luego todxs aquellxs que de todas formas no tienen viviendas o tienen viviendas demasiado pequeñas (en Paris “se puede vivir” en un espacio de 8m2), que no tienen trabajo o cuyo trabajo que exige que estén afuera todos los días, las mujeres y los hombres en los mercados, las y los jóvenes de las periferias, todxs aquellxs que saben desde el principio que esta vida es así y no están más asustadxs que de costumbre. [12] Las violencias policiacas sistemáticas, la cárcel, la muerte temprana como siempre…      

         Entender entonces lo que nos acontece globalmente e individualmente, y llegar a discernir lo que es nuevo también. Lo que nos pasa: que las lógicas capitalistas, al borde de la crisis, en unos cuantos días hallaron la forma de retomar la iniciativa. Más unidxs contra nosotrxs que nosotrxs entre nosotrxs, mejor equipadxs, mejor informadxs porque son más ricxs obviamente, lxs capitalistas han entendido como sacar el mejor partido de la nueva situación. ¿Y en qué punto estaba el sistema capitalista globalizado, neoliberal? Por si acaso, volvamos a resumir los episodios anteriores.  

         El credo central de las doctrinas neoliberales era: las mercancías y los capitales se mueven sin obstáculos, el factor trabajo (la mano de obra, nosotrxs) esta inmovilizada. Sabemos la importancia para el proletariado clásico de la movilidad, en busca de empleos y mejores condiciones de trabajo. Pero hace mucho tiempo que ciertos sectores están inmovilizados, como lxs esclavxs prohibidxs de alejarse sin carta de autorización o lxs siervxs amarradxs a la tierra. De hecho, la mayoría de las mujeres conocen muy bien esta situación: ya en el 1978, Colette Guillaumin afirmaba que el “confinamiento en el espacio” constituía uno de los más poderosos medios de la apropiación de las mujeres. [13] Silvia Federici demostró recientemente que este encierro en el espacio doméstico que se fue creando a partir del final de la edad media en Europa, por medio de una violencia extrema (más de un siglo de cacería de brujas), había contribuido enormemente a la acumulación primitiva gracias a la explotación indirecta del trabajo de las mujeres en la esfera de la reproducción social.[14] Pues la mano de obra neoliberal está masivamente inmovilizada: amarrada a su cadena de producción, encerrada con lxs viejxs en su clínica para la tercera edad, clavada en su mina o sembrada en su depósito de basura para reciclar. Vigilada como potencial terrorista: escaneada de pies a cabeza, huella digital para marcar la hora de entrada y salida, para ir a la cafetería, para prender el celular, para sacar dinero, smart cities y smart buildings, geolocalización, cookies espiando a todo el mundo en permanencia y por su bien (¡no se suicide¡, ¡consuma!), brazaletes electrónicos para la mínima infracción, pasaporte biométrico y cuaderno “social” de notas como en China. Rastreable y ratreadx, transportadx en el mejor de los casos como un paquete que abrocha solitx su cinturón (de seguridad) durante toda la duración del vuelo, en el peor de los casos con cinta adhesiva sobre la boca y esposas en las manos y pies. Algunos movimientos, imprescindibles, son controlados ingeniosamente brindando o retirando documentos, gracias a los alambrados de púas, a los muros levantados, a los flujos organizados (esta vez, métannos un poco más de médicos, pero menos analfabetxs ya que las cosechas terminaron, y luego metan más chicas, menores sí, no hay bronca, pero que sean sanitas). Ese era el credo: no te muevas, cierra el pico, trabaja, come chatarra, consume cosas inútiles con los micro-créditos que te préstamos y asúmete feliz, y luego sonríe cuando tus dirigentes obtienen macro-créditos para pagarse casas de lujo con las mordidas (en lenguaje oficial: retro comisiones). Sonríe, porque este dinero, es un poco para ti o en todo caso, eres tú que lo pagarás al final. ¡Anda, no pongas esta mala cara, que la grandeza del país en parte es tuya, y pues… algo chorreará, por supuesto!

         Entonces para la gran mayoría de la mano de obra: movilidad restringida y dirigida. Para lxs más privilegiadxs del Norte, la correa no está tan corta y deja una impresión de libertad, con algunas vacaciones tomadas en vuelos charter que aterrizan en resorts de segunda sin contacto con el exterior. Para bastantes personas del Sur, secuestro en campos (de refugiadxs, de desplazadxs, de migrantes, esencialmente mujeres y niñxs racialzadxs), aunque muchas veces eso no les impide trabajar adentro o afuera, así sea más difícil y menos lucrativo. Otros millones de personas están inmovilizadas de Sur a Norte en diversas cárceles públicas y privadas o en campos de reeducación por medio del trabajo (básicamente hombres jóvenes racializados —records mundiales: Estados Unidos, Rusia, China, Brasil). Muy seguido, con la obligación de trabajar. En Perú, por ejemplo, en las “cárceles productivas” lxs detenidxs fabrican telas “étnicas” para el turismo o crucifijos para la visita del Papa. [15] En otros lugares, atienden llamadas telefónicas de reservación de vuelos o doblan cartones. Y finalmente, en las semi-periferias y en las zonas francas? que constituyen su quintaesencia (particularmente en China y en buena parte de Asia, a veces construidas sobre los antiguos campos para prisioneros de la segunda guerra mundial [16]), decenas de miles de mujeres jóvenes y a veces de varones igualmente jóvenes “preparan su matrimonio” juntando un poco de dinero, regalando su destreza y paciencia a lxs fabricantes de componente electrónicos, smartphones y otras computadoras civiles y militares en grandes fábricas-dormitorios. [17] En varios países de Asia del Este, “proteger” a las jóvenes y menores de la “trata” permite también encerrarlas y hacerlas trabajar hasta su repatriación a su pueblo de origen. [18]

Cuatro hipótesis sobre las estrategias de confinamiento y un horrible duda

                     Entonces, ¿cómo analizar estas nuevas estrategias de confinamiento, hoy frente al virus, confinamiento que por cierto está claramente diferencial y desigual, pero a pesar de todo es aplicado masivamente en muchas partes del mundo? Obviamente, hay un argumento sanitario y lo entendemos: evitar en parte el contagio y sobre todo “repartirlo” en el tiempo para disimular la insuficiente de las infraestructuras hospitalarias. Pero ¿Cómo leerlas en un plano económico y político?    

         Primera hipótesis: el confinamiento actual es una prolongación de la estrategia arriba mencionada de inmovilización de la mano de obra que permite reducir sus costos (ya que no tiene alternativa) y garantizar su disponibilidad y concentración. Se puede pensar esto, en todo caso para ciertos sectores que son “intensivos en manos de obra” y/o que pueden funcionar con el teletrabajo. El confinamiento le da un empujón decisivo a la tele-enseñanza, la tele-venta y a todas las tecnologías que van juntos. Además, el trabajo a domicilio permite externalizar parte de los costos, como el alquiler del espacio de trabajo, la calefacción, la electricidad.

         Segunda hipótesis: el confinamiento es un fuerte regreso a “la familia” que permite externalizar aún más los costos de numerosas actividades de reproducción social: educación, salud física y mental, alimentación… Porque en la casa, ¿quién debe, por un lado, acompañar las actividades escolares de lxs niñxs y por el otro, tele-trabajar? ¿Quién cura a lxs enfermxs forzadxs a quedarse en casa, quién le da comida a la gente aislada, quién contiene pacientemente los humores de lxs demás y les sube la moral?, ¿quién sirve de desahogo para todas las frustraciones, quién sirve como contenedor de la violencia? Se sabe que las mujeres servían para amortiguar las crisis y aquí tenemos un ejemplo más, que no conmovió mucho ni suscitó reacciones colectivas, excepto la idea de sugerir que en las farmacias se vigile de lejos a las mujeres que podrían ser golpeadas (buena idea, pero ¿por qué nadie lo había propuesto antes?), y una petición liderada por algunas ginecólogas para ampliar un poquito los plazos para interrumpir legalmente un embarazo no deseado.

         Tercera hipótesis: el confinamiento permite separar, atomizar la mano de obra y reducir sus espacios potencialmente políticos. Obviamente, durante el trabajo: adiós a las grandes concentraciones en los lugares de producción (según los sectores, porque muchas fábricas siguen abiertas), adiós a los colectivos de trabajo, a las posibles conversaciones en los descansos o en los transportes. La acción sindical está reducida a casi nada. Y también, después del trabajo: no más bares ni visitas a las vecinas. La acción asociativa, política, está siendo imposibilitada —al menos en las formas a las que estábamos acostumbradxs. No más marchas hasta la asamblea, ni espontáneas ni ritualizadas, no más riesgo que vayamos a “buscarlxs en sus casas” tal como nos lo había sugerido el presidente francés. Esta hipótesis movimientista es realmente seductora, más aun sabiendo, como lo dijimos, que en varios países las luchas sociales estaban en ascenso. Pero evidentemente ni el pangolín ni el murciélago habían coordinado sus relojes con la hora de las marchas y es difícil pensar que el salto zoonótico del virus, este salto entre especies, haya sido programado.    

         Cuarta hipótesis: el oportunismo. La sorpresa (el estupor), el pánico, el cobarde alivio del auto-confinamiento tendencia cocooning para quienes pueden, o el confinamiento parcial con la angustia anudando la garganta para las demás personas, son usados hábilmente por los distintos gobiernos. En nombre de la urgencia absoluta causada por una situación de guerra sanitaria, escudadxs por discursos de unidad nacional y sagrada, aprovechan para pasar sin oposición las mismas leyes perversas que la población combatía apenas ayer. De hecho, el gobierno francés acaba de autorizar las jornadas laborales de 60 horas por semana, de facilitar los despidos, se auto-atribuyó los poderes especiales y decidió solo sobre el rescate económico de algunos sectores a costa de otros. Esta es la hipótesis de la famosa “estrategia del shock” analizada por Naomi Klein, el arma letal preferida de los Chicago Boys, estrenada con el golpe de Estado de Pinochet y que nunca ha fallado desde aquel entonces [19]. Esta hipótesis tiene una plausibilidad muy alta, incluso si en los últimos tiempos, los sistemas llamados democráticos ya parecían moribundos y si las amenazas conturbadas del terrorismo, de la crisis financiera, de “la invasión” migratoria, del fascismo, del narcotráfico y de la delincuencia generalizada, parecían medios de chantaje bastante eficaces para tener a la población, tranquila —o al menos llevarla a “votar bien”.              

         Y, para terminar, una horrible duda: además de la estrategia del shock, del tratamiento (¿voluntariamente?) tardío y de la actitud “no me importa la pandemia” que impera en muchas partes del mundo, al Norte como en “los Sures”, ¿no permiten sutilmente y sin que se note, practicar una cura de rejuvenecimiento seudo darwiniana, una regeneración poblacional, un pequeño respiro demográfico, eliminando un máximo a lxs viejxs, lxs indígenas, lxs negrxs, lxs árabes, lxs pobres? Es feo, está mal hablar así e incluso pensar cosas así. Incluso Boris J, Jair B y Donald T no pueden formularlo en esos términos —pero créanme que aquellxs que sobreviven van a quedar bien quietecitxs.

        Entonces sí, el confinamiento permite más o menos todo esto, acentuando sobre todo las tendencias ya existentes. Pero, ¿no hay nada más? Porque el riesgo de llevar la economía mundial al borde del abismo, esta apuesta un poco loca digamos, de dejar/hacer morir a decenas, centenas, millones de personas, o mejor dicho aún, este gran experimento de nuevas técnicas nacionales y transnacionales de gestión de catástrofe y de regeneración del capitalismo: todo esto por eso, ¿era necesario?

La manipulación del virus

         Retrocedamos un poco hacia el origen inmediato de todo: nuestro pequeño Corona. Primero, es importante declarar inocente de una vez por todas, al virus. Muchxs piensan confusamente que la “Madre Naturaleza" se está “vengando”. Nada que ver. A lo máximo nos da la lección de la “acción-reacción”. En otras palabras, se trata de la co-evolución de los sistemas vivos. Los virus se transforman y se adaptan a nuestras monoculturas, a nuestros sistemas de crianza industrial, a nuestras incursiones cada vez más profundas hacia las “zonas salvajes”, a nuestros medios de transporte acelerados —¿qué más normal que eso? [20] He allí la ecología y el darwinismo de los que tanto se hablaba. Y probablemente dure, vuelva a acontecer, a menos que se esterilice todo, que se quemen los bosques de antemano como lo sugería hace poco un presidente de Estados Unidos, y que se recubra el planeta de una superficie en acero inoxidable desinfectada de una vez por todas.

      Así, el virus no es nada, el sistema social lo es todo. Ya se dijo: esta enfermedad no es particularmente peligrosa. Sabemos curar gripes. Solamente una minoría sufre complicaciones graves, que casi siempre se pueden superar sin grandes daños. En buenas condiciones, la letalidad es poca. Se pueden fabricar, incluso, respiradores por impresión 3D [21]. Lamentablemente, hay cuestiones de dinero: hay patentes por respetar [22]. El problema es que los sistemas de salud públicos han sido sistemáticamente golpeados, se han cerrado decenas de miles de camas de hospitales en todo el mundo para “gastar menos”, hay poca contratación de personal, salarios miserables, equipamiento insuficiente en material básico. Y claro, existe una guerra comercial feroz entre los gigantes de la química-farmacéutica, de los OGM y demás pesticidas, que quieren ganar dinero y no curar a lxs enfermxs [23]. El problema es la transformación de la salud en mercancía, así como la mercantilización de la educación y de todos los “servicios”, a partir de la creación de la Organización mundial del comercio (OMC) en 1995. La OMC consagra el dogma neoliberal dándole los medios institucionales-legales para imponerse (remember la lucha contra los derechos de propiedad intelectual y la lógica de patentar lo viviente) [24]. La salud de la mano de obra ya no es un derecho ni una condición del buen funcionamiento del sistema productivo (tal como lo afirmaba la teoría del capital humano), esta salud ya no está regulada a partir de un marco colectivo nacional o internacional basado en el interés general. Al contrario, a partir de ahora, la enfermedad está en el centro, ésta vez como un negocio, regido por la caridad, el espectáculo y el interés económico [25]. Por eso, no nos confinan para protegernos, sino para evitar curar a demasiada gente. Se nos prohíbe ir al hospital. Enférmense, y mueran en su casa o en la calle, pero háganlo sin costar nada o lo menos posible, o mejor aún, mueran produciendo ganancias.

           Entonces, si el virus no es nada y si “la jugada del virus” no es más que un pretexto para una especie de “golpe de estado sanitario”, notemos que la hábil utilización del Corona es una verdadera genialidad que permite aplicar estrategias de seguridad interior, de gobernabilidad de las poblaciones, particularmente perversas. Y más bien nuevas. En efecto, nos presentan de manera oficial, el virus como nuestro enemigo, un enemigo que parece particularmente vicioso por un conjunto de razones conjugadas.

         Primero, porque al ser invisible alimenta a todos los fantasmas. Esta invisibilidad también lo hace difícil de combatir. Además, su etiología es cruel porque anida en nuestro propio aliento. Y finalmente, su modo de transmisión es doblemente problemático. Por una parte, incluso nuestrxs seres queridxs (hijxs, madres, padres, compañerxs) se convierten en una amenaza constante hasta que se demuestre lo contrario (pero en Francia, no hay suficientes pruebas para salir de duda). Sin hablar de lxs desconocidxs, que se vuelven amenazas potenciales, ni qué decir de lxs extranjerxs, de lxs cuáles ya se desconfiaba. El VIH se transmitía principalmente a través de los gestos del “amor” sexual. Pero ahora, un simple abrazo, un apretón de mano, la proximidad en un radio de un metro (incluso ocho metros porque hay quienes respiran un poco fuerte) son sospechosos, deben prohibirse. ¡Vaya! Lxs demás, todxs lxs demás, en cuanto se aproximan, se vuelven una amenaza. Peor aún, por otra parte, la amenaza está en nosotrxs mismxs: la transmisión se puede hacer de nosotrxs mismxs hacía lxs otrxs: cada unx de nosotrxs puede ser portadorx sanx y contagiar a sus seres queridxs sin saberlo. Un estornudo desafortunado, una caricia en el rostro, el cubre bocas mal desinfectado que te di… O incluso sin hacer nada, solo estando ahí, cerca, respirando. ¿Se puede imaginar peor suplicio? Lxs especialistas estadounidenses, franceses e israelitas entre otros, de la tortura, ya habían imaginado técnicas de tortura donde la persona, suspendida por los brazos o doblada en dos sobre una silla, se lastimaba sola. Sin necesidad de capacitar a ningunx funcionarix-verdugx, ni pagarle, ni darle pensión en sus días de vejez cuando la culpa o la edad lo asalten. La responsabilidad, la culpabilidad son transferidxs completamente a la víctima (y eso, ¿acaso es nuevo?).

          Por eso, el virus representa un golpe fatal para las relaciones humanas (y para el trabajo, y para el tiempo libre) como los entendíamos comúnmente, hechos de proximidad, de encuentros in real life y de contacto con lxs otrxs… Se terminó la inocencia de los mercados concurridos, de las reuniones con amistades o familiares, de los paseos dominicales en los parques —por semanas, meses al menos, hasta que se encuentre una vacuna. O por más tiempo. Porque de seguro, algunas prácticas van a perdurar, sobre todo porque los virus, como se dijo, co-evolucionan con “nosotrxs” y a cada instante pueden aparecer otros. Sin hablar del hecho que la nueva organización material y legal del trabajo ideada por los gobiernos, una vez instalada, difícilmente se podrá modificar (desarrollo del teletrabajo, trabajo forzado por requisición, aumento de la duración semanal y anual del trabajo).

¿Un nuevo modelo de gobernanza global?

          Entonces, ¿dónde está la novedad? Está en el nuevo modelo de gobernanza global que se está desplegando bajo nuestros ojos, con el apoyo de una buena parte de la opinión pública que sueña con ser protegida de lxs otrxs, e incluso de sí misma. Un nuevo modo de gobernanza que consagra el papel central de un nuevo-viejo actor: el complejo militaro-industrial [26]. En efecto, lo que muchos consideran como una especie de “golpe de estado sanitario” a favor de este valiente Corona, propongo que lo pensemos más precisamente como un golpe de estado militaro-mediático-financiero-tecnológico-industrial global [27].

           El golpe de estado militaro-mediático-financiero-tecnológico-industrial global posee al menos cuatro dimensiones importantes. Primer punto y hecho remarcable, aunque extraño: los militares no toman directamente el poder. Ya habíamos visto esto con el actual presidente de Brasil, por ejemplo (es un antiguo militar, electo después de un proceso de “impeachment” que tenía todos los parecidos con un golpe de estado). Por lo contrario, segundo punto, los militares aparecen hasta ahora como los protectores y salvadores, distribuidores de comida, de hospitales de campo [28], garantes del respeto del confinamiento y tal vez, a mediano plazo, de la continuidad de la producción —cuando las cajeras y las enfermeras habrán dicho “¡ya basta!” o “se habrán levantado e ido”[2]. Pero ¿a dónde podemos irnos (a no ser ad matres, es decir, al mundo de nuestras ancestras)? Tercer punto: ¿de qué nos protege el ejército? Porque una guerra (versión gubernamental) o un golpe de estado (versión “malas lenguas”) se hace en contra de enemigxs. Pues lxs enemigxs en este caso, como dicho anteriormente, son las personas inconscientes que no respetan la prohibición de salir y quieren ir a pasear sin Ausweis, sin carta de alforria, sin decir a dónde, a qué hora exactamente y por qué. Las personas que hacen otra cosa que 1) consumir comida 2) consumir productos de la industria farmacéutica 3) reproducir su propia fuerza de trabajo física y mental con un pequeño jogging en solitario o sacando al perro a mear (el paseo del perro es un poco la cerveza de los obreros de Marx) y claro 4) ir a trabajar gratuitamente para cuidar de lxs seres queridxs enfermxs, entregar pizzas o para mantener los sectores de la economía juzgados como indispensables. Para ser todavía más precisa, el enemigo, es cualquier persona “recalcitrante” que propagaría el virus, incluso de manera involuntaria y sin saberlo (versión gubernamental) y/o desobedecería a las restricciones y obligaciones dictadas por el gobierno que tomó los plenos poderes (versión “malas lenguas”). Sin embargo, lxs recalcitrantes potenciales, claro que son lxs proletarixs que podrían rechazar ir a contaminarse por salarios miserables, lxs rebeldes en el alma y aquellxs que son “lxs siempre-ya-muertxs”.

         Pero, de hecho, y sobre todo, el enemigo es absolutamente todo el mundo. Porque el virus puede estar en cada unx de nosotrxs. Sin que se vea, sin que nos demos cuenta. Ya no se necesita estar politizadx para ser el adversario, ya no se necesita practicar una religión minoritaria, tener un color de piel inadecuado, un nombre con sonoridad extraña, un sexo sospechoso o pertenecer a una clase peligrosa. Desde la presidencia hasta la señora de la limpieza, toda la población es sospechosa. Entonces sí, una nueva doctrina de seguridad acaba de nacer, nacional y transnacional: aquella de un nuevo tipo de guerra que apunta virtualmente a toda la población. El “enemigo interior” está siempre-tal-vez-ya en nosotros… Y la guerra lanzada por el complejo militaro-industrial, a diferencia de las guerras clásicas, no obedece a ninguna convención [29]. Y en cuanto a firmar la paz con un virus… parece que el fin de la guerra va a tardar un poco.

         Ya había propuesto pensar el neoliberalismo como el desarrollo de un “par-fatal” compuesta por hombres en armas y mujeres de “servicios” (salvo para quienes pertenecen a las clases-razas privilegiadas) [30]. Después precisé un poco el análisis para reintegrar a lxs poderosxs, pensando esta vez el devenir de las “mujeres globales” del neoliberalismo, sus trabajadoras de punta (las nanas, las empleadas domésticas, y las trabajadoras sexuales [31]), en la sombra del complejo militaro-industrial [32]. El Corona, hoy, nos lleva un paso más lejos. Según el grupo Piezas y mano de obra [Pièces et main-d’oeuvre], hemos pasado en las últimas décadas, de una sociedad de control a una sociedad de vigilancia, y acabamos de pasar, sin equívoco, a una sociedad de coerción [33]. Sí, puede ser. Y lo que es seguro en todo caso, es que los grandes ganadores son todos los actores del complejo militaro-mediático-financiero-tecnológico-industrial global. Las farmacéuticas transnacionales (las mismas que proveen gas de combate y gas lacrimógeno), los fabricantes de drones, de cámaras térmicas, y otros instrumentos de control, los fabricantes de computadoras, radares, sistemas de comunicación, las empresas de inteligencia artificial que explotan todos esos datos y metadatos, los GAFAM. Porque para evitar, justamente, este famoso confinamiento, o bien para perfeccionarlo, para “trazar” nuestros desplazamientos que son potencialmente los del virus (aprecien el matiz), la solución son, como en Niza en el sur de Francia, los drones que zumban sobre nuestra cabezas ordenándonos que volvamos a casa, la geolocalización de nuestros teléfonos celulares como en Italia [34] y todo el conjunto de datos de control biométrico que en Corea, dicen dónde hemos estado hora por hora y hasta el número de asiento que hemos ocupado en el cine [35]. Incidentalmente, leemos que nuestro amigo Twitter ya excluye las publicaciones que van en contra de las recomendaciones de la OMS, y no duda en suprimir dos videos posteados en la red de un caluroso abrazo con sus conciudadanxs del presidente de Brasil …[36].

         Estas evoluciones, que aún creíamos lejanas en tiempo y espacio, ya están ocurriendo desde hace algunas semanas, en estas mismas calles que “eran nuestras” [37]. Y lo peor es que casi nadie tiene tiempo ni energía para protestar. Porque es para “no morirse”, “para no poner a lxs demás en peligro”, “para salvar la economía” evitando el confinamiento o acabando con él. La oposición es tan débil que al consentimiento (sea por pánico o razonado), se agrega la coerción: estas medidas nos son impuestas en el marco de un estado de emergencia, y todo el mundo sabe que estas medidas primero serán prolongadas y después institucionalizadas. La mejor prueba, es que el gran éxito chino, la “liberación” de Wuhan y del país, el regreso a la “normalidad”, se dan en un cuadro muy preciso. Ahora para salir, se necesita llevar consigo su celular, dotado de una nueva aplicación que se activa automáticamente (independientemente de la voluntad de la persona) y que indica su estado de salud, su estatus viral. La aplicación, cuya historia todavía no dice cuánto cuesta, cuántas ganancias genera y si es o no fiable, fue desarrollada por… Alibaba, el gigante chino del comercio en línea ya mencionado. Y las vacunas como los medicamentos “legales” serán desarrollados gracias a Bill y Melinda Gates vía la OMC, o uno de estos laboratorios internacionales cuya opacidad es tan grande como su complejidad tentacular y su intromisión en la investigación pública en materia de salud.

          Resumamos la hipótesis: el Corona que nos sorprendió a todxs al inicio de este año de gracia 2020, de donde venga y a donde vaya, está sirviendo a una especia de golpe de Estado global “perfecto” del nuevo complejo militaro-mediático-tecnológico-industrial global, en manos de un nuevo Big Brother tecno-médico. Va a permitir la apertura de nuevos mercados para los nuevos productos de vigilancia, control y coerción, que vienen a “ayudar” al crecimiento de un producto interior bruto PIB que por fin parecía haber alcanzado su límite —ya sea de recursos o respecto a la baja tendencial de la taza de beneficio. De esta manera, el “truquito del Corona” asienta un conjunto de sistemas políticos y sociales que resucita el higienismo y el darwinismo, con aromas a amor al orden, a la disciplina y al trabajo.

¿Existe hoy una tarea revolucionaria?

Volvamos, finalmente, a la pregunta inicial: ¿hay una tarea revolucionaria en este momento y cuál? Admito que no lo sé. Todo lo que nos puede llevar a revertir este golpe de estado global. Tendremos que actuar localmente. Echar a nuestrxs dirigentes políticxs y económicxs, del Sur y del Norte, nacionales, supranacionales y regionales [38]. Habremos de repensar el trabajo, su división, su remuneración, su sentido. Habrá que resolver este menudo problema del dinero (siempre que siga habiendo dinero, no habrá suficiente para todo el mundo). Habrá que acabar con las fronteras y las relaciones internacionales nacidas de la colonización. Derribar el capitalismo. Que es, por supuesto, racista-colonial y hétero-patriarcal. Y, sobre todo, buscar la manera de construir nuevos vínculos, de desmitificar las narraciones grandilocuentes, alarmistas, engañosas, culpabilizadoras e infantilizantes de los gobiernos.

          Y por el momento, de entre todas las luchas casi invisibles y sin embargo capitales que son llevadas a cabo en el Sur como en el Norte: liberación de lxs migrantes encerradxs en campos, de lxs refugiadxs, de las personas encarceladas, alojamiento y apoyo a las personas sin domicilio y sin salario [39]. Fin de las violencias policiales y de todas las discriminaciones sistemáticas en contra de quienes pueblan los barrios populares [40]. Aumento de X miles de euros para todas las mujeres, comenzando por las mujeres de limpieza, las cajeras, las enfermeras, las nanas, las obreras, las campesinas y las maestras (no, estoy bromeando, eso nadie ha pensado en pedirlo). Lo antes posible: colectivización a escala local de las herramientas de producción, comenzando por el sector de la salud [41], la alimentación, la vivienda y el transporte. Defensa, recuperación y gestión compartida de la tierra, del agua, del aire, de los bosques y de la diversidad de lo vivo. Restricción absoluta del sector financiero, restricción drástica de las lógicas de mercado capitalistas (en vista de su extinción rápida), extensión del dominio de lo común y de la deliberación popular. Y, sobre todo, por sobre todas las cosas: reír, amar, cantar, compartir. Y por qué no reivindicar con María Galindo y lxs pobres de la tierra, lxs muertos de siempre y otrxs incurables rebeldes, una desobediencia viral.

 

 

Jules Falquet, 26-30 mars 2020, Paris

 

Traducido del francés por

Sharie Neira Ríos e Inés Argueta Perez Coronado

Notas

[1] https://www.desdeabajo.info/sociedad/item/39122-desobediencia-por-tu-culpa-voy-a-sobrevivir.html

[2] https://www.revolutionpermanente.fr/Coronavirus-Mort-d-Aicha-caissiere-au-Carrefour-de-Saint-Denis-en-premiere-ligne-19927 ; https://www.mediapart.fr/journal/france/210320/face-au-coronavirus-qui-nous-protege-nous-les-assistantes-maternelles

[3] Una estudianta de segundo año es requisada como asistente social en una casa medicalizada para ancianxs que alberga más de 30 pacientes con suspición de Covid. Su pago es de 1.08 euro la hora: https://www.revolutionpermanente.fr/Augmentation-de-salaire-pour-les-etudiants-infirmiers-mobilises-dans-les-hopitaux-une-premiere

[4] https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/2020/03/25/alemania-echa-mano-de-migrantes-para-enfrentar-covid-19-9708.html

[5] https://www.startpage.com/do/dsearch?query=%C2%BFJinetes+del+Apocalipsis%3F+No...+Migrantes+al+rescate+de+ciudades+en+cuarentena&cat=web&pl=opensearch&language=francais

[6] https://www.lefigaro.fr/iles-desertes-bunkers-jets-prives-comment-les-super-riches-reagissent-face-au-coronavirus-nbsp-20200325

[7] https://www.lexpress.fr/actualite/monde/oceanie/australie-10-000-dromadaires-vont-etre-abattus-par-des-snipers-a-cause-de-la-secheresse_2113739.html

[8] Para Francia : https://www.marianne.net/societe/c-est-confirme-la-loi-urgence-coronavirus-va-revenir-sur-les-droits-aux-conges-les-35-heures

[9] https://paris-luttes.info/31-mars-manifestation-de-13697

[10] https://dndf.org/?p=18400#more-18400

[11] https://solidaires.org/Reseau-syndical-international-de-solidarite-et-de-luttes-Italie-Amazon-et-Liban

[12] https://paris-luttes.info/en-periode-de-confinement-les-13698 ; https://www.mediapart.fr/journal/france/280320/confinement-dans-les-quartiers-populaires-attention-aux-controles-sous-tension

[13] Guillaumin, Colette. 1992 [1978]. "Pratique du pouvoir et idée de nature" (pp 13-48). In Guillaumin, Colette. Sexe, race et pratique du pouvoir. L'idée de Nature. Paris : Côté-femmes.

[14] Federici, Silvia, 2014 [2004]. Caliban et la sorcière. Femmes, corps et accumulation primitive. Marseille, Senonevero ; Genève & Paris, Entremonde.

[15] Neira, Sharie, “EmPresas : femmes incarcérées et mise au travail au Pérou”, Mémoire de Master, juin 2018.

[16] Enloe, Cynthia. 1989. Bananas, Beaches and Bases: Making Feminist Sense of International Politics. Berkeley. University of California Press. 

[17] Por ejemplo : Yang ; Chan, Jenny ; Lizhi, Xu, 2015, La machine est ton seigneur et maître. Marseille : Agone.

[18] Miramond, Estelle, 2020, « Le confinement des femmes dans l’espace. Les apports de Colette Guillaumin à l’étude des politiques de lutte contre la traite », Cahiers du Genre, n°69 2/2020.

[19] Klein, Naomi. 2008. La Stratégie du choc : La montée d'un capitalisme du désastre. Paris. Actes Sud. 672 p.

[20] Ver el apasionante texto traducido del inglés (y del chino ?!): « Contagion sociale. Guerre de classe microbiologique en Chine », 1ro de marzo 2020 : https://dndf.org/?p=18327#more-18327 Asi como Wallace, Robert, 2016, Big Farms Make Big Flu. Dispatches on Influenza, Agribusiness, and the Nature of Science, New York : Monthly Review Press.

[21] Como en Italia. https://www.3dnatives.com/impression-3d-covid-19-16032020/

[22] Pero algunas empresas temen perder ventas:

https://www.revolutionpermanente.fr/Une-compagnie-medicale-refuse-de-partager-son-savoir-medical-pour-preserver-ses-profits

[23] https://www.liberation.fr/planete/2020/03/14/covid-19-etats-unis-et-allemagne-se-battent-pour-le-futur-vaccin_1781709

[24] Ver el muy interesante: Shiva, Vandana. 1996. Ethique et agroindustrie, Main basse sur la vie. Paris. L’Harmattan, Femmes et Changements. 127 p.

[25] Recordemos que hoy, la OMS es financiada a la altura de 80% por dones, de los cuales 16% provienen de la Fundación Bill y Melinda Gates, o sea la misma cantidad que los dones voluntarios de Gran Bretaña y apenas menos que aquellos de Estados Unidos. https://www.rts.ch/info/economie/8660012-les-genereux-donateurs-de-l-oms-orientent-ils-sa-politique-.html

[26] Para un brillante análisis de lo que se puede llamar más precisamente el complejo militaro-mediático-financiero-tecnológico-industrial global, y definir más precisamente como la coalición de intereses industriales, mediáticos, financieros y militares alrededor del aumento de la producción y venta de armas y de material militar y de control de varios índoles: Andrée Michel, 2012, Féminisme et antimilitarisme, Paris, iXe.

[27]  Andrée Michel, 2012, Féminisme et antimilitarisme, Paris, iXe.

[28] Para aliviar la carga de los hospitales públicos, las clínicas privadas en Francia pidieron ser requisadas, en vano. https://www.huffingtonpost.fr/entry/coronavirus-les-hopitaux-prives-veulent-etre-requisitionnes_fr_5e777307c5b6f5b7c5461687. Paralelamente, resulta que el ejército fracés resulta ya estaba trabajando « a flujos tendidos » y al límite de sus posibilidades antes de la pandemia, dirigiéndose hasta recientemente en caso de emergencia hacia … los bomberos : https://www.mediapart.fr/journal/france/200320/coronavirus-appeles-en-renfort-les-soignants-du-service-de-sante-des-armees-sont-deja-epuises

[29] Sobre las nuevas formas de guerras « neoliberales »: Falquet, Jules, 2016, Pax Neoliberalia. Perspectives féministes sur (la réorganisation de) la violence. Paris : Editions iXe. 192 p.

[30] Falquet, Jules, 2006, “Hommes en armes et femmes “de service” : tendances néolibérales dans l’évolution de la division sexuelle et internationale du travail”. Cahiers du GenreTravail et mondialisation. Confrontations Nord/Sud, n° 40, pp 15-38.

[31] Faltan por supuesto las cajeras, las enfermeras y las obreras, pero la fórmula es impactante: Ehrenreich, Barbara ; Russel Hochschild, Arlie. 2003. Global Woman : Nannies, Maids and Sex Workers in the New Economy. New York. Metropolitan Books.

[32] Falquet, Jules, 2014, «  Ce que le genre fait à l’analyse de la mondialisation néolibérale : L’ombre portée des systèmes militaro-industriels sur les « femmes globales »”, Regards croisés sur l’économie, “Peut-on faire l’économie du genre?”, n°15, pp 341-355.

[33] http://www.piecesetmaindoeuvre.com/spip.php?page=resume&id_article=1261

[34] https://lexpansion.lexpress.fr/high-tech/en-lombardie-les-deplacements-des-italiens-controles-via-leur-smartphone_2121245.html

[35] https://francais.rt.com/france/73169-vers-application-geolocalisation-masse-pour-faire-face-au-coronavirus

[36] https://www.mediapart.fr/journal/international/300320/bolsonaro-rejette-le-confinement-et-s-isole-politiquement?onglet=full

[37] https://bouamamas.wordpress.com/2020/03/23/le-corona-virus-comme-analyseur-autopsie-de-la-vulnerabilite-systemique-de-la-mondialisation-capitaliste/

[38] https://www.mediapart.fr/journal/france/260320/coronavirus-le-pouvoir-est-vise-par-plusieurs-plaintes-en-justice

[39] https://blogs.mediapart.fr/les-invites-de-mediapart/blog/300320/pour-combattre-le-covid-19-il-faut-des-mesures-radicales-et-un-choc-de-solidarite ; https://www.droitaulogement.org/2020/03/covid-19-sos-sans-logis-mal-loges-et-locataires-la-petition/

[40] https://www.facebook.com/notes/fuiqp-paris-banlieue/d%C3%A9claration-nationale-quartiers-populaires-et-corona-virus-les-tirailleurs-du-co/3628832487190416/

[41] https://etaturgencesanitaireexigeons.wesign.it/fr

 

 

* Primera publicación en francés : https://blogs.mediapart.fr/jules-falquet/blog/300320/le-coup-du-virus-et-le-coup-d-etat-militaro-industriel-global

[1] Del poema « Sientes » de Silvia Etel Matus, Fogatas y Mies, San Salvador, 2011.

[2] En alusión a la actriz francesa Adèle Haenel que a principios de marzo 2020, se levantó y se fue de la celebración cinematográfica de los Oscares para protestar contra la nominación del presunto violador de menores Polanski.

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