Un salvoconducto para la paz

El diplomático británico Jonathan Powell, experto internacional en resolución de conflictos, se expresa sobre el destino de Josu Urrutikoetxea, actor relevante en la resolucion del conflicto en el Pais Vasco, a pocos días de su juicio.

El presidente Macron ha sido criticado en los últimos meses por reunirse con los líderes de Hezbolá en Beirut, a pesar de que la comunidad internacional los califica de terroristas. Pero en realidad, hizo exactamente lo correcto. ¿Qué otra opción tenemos para hacer la paz con nuestros enemigos que no sea hablar con ellos? Esto es lo que hemos aprendido una y otra vez al tratar de poner fin a los conflictos armados en todo el mundo.

El 7 de julio de 1972, el gobierno británico condujo en secreto una delegación del IRA desde Belfast hasta una base militar en Londres. La delegación estaba integrada por un joven llamado Gerry Adams, que acababa de salir de la cárcel para la ocasión, y por Martin McGuinness. Fueron conducidos a Londres en coches oficiales, lo que impresionó especialmente a los dos jóvenes, a un piso privado en el famoso Cheyne Walk de Chelsea para reunirse con un ministro del gabinete británico, Willie Whitelaw, y hablar de la paz. Esto no fue un episodio de la serie Agencia de Leyendas, sino la vida real. Y, como suele ocurrir con frecuencia en la vida real, fue un fracaso. Las dos partes no se pusieron de acuerdo, pero los británicos condujeron a los hombres del IRA de vuelta a Belfast y los enviaron a casa en lugar de detenerlos.

En realidad, la reunión conllevó un aumento de la violencia en vez de encaminarla hacia su final. Pero las dos partes siguieron hablando y, 26 años después, Gerry Adams y Martin McGuinness estaban presentes en la sala cuando se alcanzó el acuerdo de Viernes Santo y se puso fin a los llamados Disturbios.

Este esquema se ha repetido muchas veces en nuestra historia desde al menos 1919, cuando el Primer Ministro Lloyd George declaró que nunca hablaría del IRA como una "banda de asesinos". Dos años después, buscó una reunión con su líder, Michael Collins, para concluir un tratado con él. Lo mismo ocurrió con los viajes secretos de la OLP a Oslo, con las reuniones secretas de los servicios de inteligencia sudafricanos con Nelson Mandela y con las reuniones secretas entre representantes del gobierno español y de ETA en Ginebra entre 2005 y 2007. Todos estos esfuerzos acabaron por desembocar en la paz.

Si aceptamos que estos contactos secretos son necesarios para poner fin a las insurrecciones sangrientas, también debemos aceptar los medios para ponerlos en práctica. Debemos garantizar que los líderes de los grupos armados o sus representantes puedan desplazarse con seguridad para participar en las negociaciones y volver, aunque los consideremos terroristas. En Colombia, fue el CICR el que sacó a los representantes de las FARC de la selva y los llevó a La Habana para iniciar las negociaciones secretas con el gobierno colombiano y luego los trajo de vuelta cuando quisieron consultar con sus partidarios los términos del acuerdo. Es esencial que los líderes de los grupos armados o sus representantes consulten regularmente y en persona con sus partidarios, de lo contrario no podrán involucrarlos en un acuerdo final que requiera compromisos difíciles y se corre el riesgo de encontrarse con grupos terroristas disidentes que continúen con la violencia.

En Doha, se están llevando a cabo negociaciones entre la República de Afganistán y los líderes de los talibanes, que están en la lista negra de la ONU desde hace décadas. Las normas se han relajado para permitirles ir allí, porque la comunidad internacional los necesita para lograr una paz duradera. Y se les permite volver a Pakistán, como hizo el mulá Barader hace unas semanas para consultar con otros líderes talibanes, aunque estuviera personalmente sometido a sanciones. Incluso el gobierno afgano ha ofrecido a los talibanes un salvoconducto. En un intento de resolver el último escollo en las conversaciones de paz, tres miembros de los talibanes llegaron a Kabul el 31 de marzo para negociar los detalles concretos sobre la liberación de prisioneros talibanes y fueron recibidos por el gobierno. Su misión fracasó, pero se les permitió regresar sanos y salvos a Doha, aunque los combates continuaban.

Se permitió a los líderes Houthi de Yemen salir de Saná para participar en las negociaciones de paz de Estocolmo en 2018 y regresar una vez terminadas las negociaciones sin que nadie intentara molestarlos o detenerlos porque era la única manera de resolver el problema del asedio al puerto de Hudaydah. Era esencial tener a los Houthis en la mesa de negociaciones para que hubiera un alto el fuego y para intentar detener la efusión de vidas civiles.

El líder del Frente Democrático Nacional Maoísta de Filipinas y su equipo fueron autorizados por el Gobierno a viajar con total seguridad en virtud de los Acuerdos Conjuntos de Seguridad e Inmunidad de 1995. El Acuerdo preveía " la libertad de movimientos en todas las regiones de Filipinas, así como los desplazamientos con destino y procedentes de Filipinas en el ejercicio de sus funciones en las negociaciones", así como la inmunidad de "todas las personas debidamente acreditadas, contra los controles, el acoso, el registro, el arresto, la detención, el enjuiciamiento y el interrogatorio o cualquier otra acción punitiva similar" con respecto a "todos los actos y declaraciones realizados en el curso de las negociaciones de paz y en consonancia con los objetivos de las mismas". En ese marco, se expidieron carnets de identidad en los que se especificaba el papel de los titulares en las negociaciones de paz y sus características físicas. Todo esto no condujo a un acuerdo de paz, pero hizo posible las negociaciones.

Por lo tanto, la libertad de circulación con garantías para los líderes de los grupos armados o sus representantes es necesaria en prácticamente todas las negociaciones de paz en el mundo. Y, sin embargo, Josu Urrutikoetxea, que jugó un papel clave en las negociaciones de paz con el Gobierno español entre 2005 y 2007 y anunció públicamente la disolución de ETA en 2018 en Ginebra, marcando el fin definitivo de una de las luchas armadas más sangrientas de Europa, corre ahora el riesgo de acabar en la cárcel en Francia. Sufre una grave enfermedad y ha sido puesto en libertad por motivos humanitarios, pero deberá comparecer de nuevo ante el tribunal los días 22 y 23 de febrero. Con setenta años, en plena crisis de salud, corre el riesgo de acabar sus días en la cárcel, a menos que la justicia francesa decida lo contrario.

Incluso dejando de lado todos los méritos de su caso particular, enviar a la cárcel a un representante de un grupo armado al que se le ha garantizado su seguridad para llevar a cabo negociaciones de paz sienta un terrible precedente para todas las futuras conversaciones de paz. Si un gobierno no respeta un salvoconducto, aunque sea una vez, ¿qué valor tendrá esa garantía en futuras negociaciones con otros gobiernos? Si admitimos que tenemos que hablar con nuestros enemigos, ¿por qué iban a hablar con nosotros la próxima vez si encarcelamos a un negociador que ha participado en dichas negociaciones? Los dirigentes y sus representantes en todas las demás negociaciones que he enumerado no fueron perseguidos una vez finalizadas las conversaciones, a menos, claro está, que el grupo reanudara la lucha armada, cosa que ETA no hizo, en gran medida gracias a la influencia de Josu Urrutikoetxea.

Esto es de suma importancia porque todas las negociaciones con los grupos armados requieren que sus líderes y representantes puedan viajar con la seguridad de que no serán detenidos, de lo contrario no asistirían a las negociaciones. Y si no asisten, y si no podemos negociar con ellos, no podremos solucionar los conflictos.

Los representantes de estos grupos deben poder viajar y negociar con seguridad cuando tengan la posibilidad de hacerlo, pues de lo contrario no habrá más acuerdos de paz para los numerosos y sangrientos conflictos que aún asolan el mundo.

Jonathan Powell es un diplomático británico, jefe de gabinete del Primer Ministro Tony Blair, negociador jefe de su gobierno en Irlanda del Norte de 1997 a 2007 y actual director de Inter Mediate, una ONG británica que trabaja en la resolución de conflictos armados en todo el mundo.

Tribuna publicada el 12 de febrero de 2021 por el diario francés La Croix

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