El periodismo, su economía y su libertad

La pasada primavera, Mediapart fue elegido como objeto de estudio por uno de los departamentos del Business School de la Universidad de Chicago. Recordamos este homenaje inesperado, cuando el modelo gratuito de información se encuentra en un callejón sin salida, mientras la necesidad de independencia del periodismo no cesa de confirmarse.

Fundado en 2009 por antiguos compañeros del diario Le Monde, la web Slate acaba de ser adquirida por un accionista especializado en la evasión fiscal (los dirigentes de la banca privada suiza Compagnie financière Edmond de Rothschild), a través de una sociedad basada en Luxemburgo, paraíso fiscal situado en el corazón de Europa (leer aquí). Cualquiera que sea la calidad de los asalariados concernidos, esta noticia ilustra la regresión ética que, más que nunca, corrompe los ideales del periodismo.

La cuestión de la independencia económica de los medios de comunicación parece haberse convertido en algo tan secundario que la profesión se acomoda, cada vez más, en torno a accionistas a mil leguas de las finalidades de un oficio que nos recomienda informar libremente, sin ninguna sumisión a intereses privados o estatales. Oportunidad para defender y refundar esta independencia, las promesas democráticas de la revolución numérica se toparon a la vez con prosaicas realidades económicas (la mejor garantía de la independencia es la rentabilidad) y con el contraataque de los intereses financieros dominantes (de Patrick Drahi a Xavier Niel, millonarios de lo digital que han echado mano sobre una buena parte de la vieja prensa, uniéndose a la oligarquía ya instalada de Bernard Arnault, Serge Dassault, Arnaud Lagardère, François Pinault…).

Cuando, en 2009, creamos, junto a otros compañeros, el Sindicato de la Prensa Independiente de Información en Línea (SPIIL), que federa la diversidad de la información digital (ver aquí), el paisaje no estaba fijado hasta tal punto. Pero, desde entonces, de los siete medios cofundadores, dos han desaparecido (Terra Eco y Bakchich) y dos han perdido su independencia económica y, por lo tanto, su identidad (Rue89 y Slate). Diferentes en sus fórmulas, reivindicando la misma tradición profesional, los tres que han sobrevivido – @rrêt sur images, Indigo Publications, Mediapart - tienen un punto en común. Apostaron por un modelo de pago, defendiendo en el universo digital lo que supuso, en el pasado, el éxito de la prensa impresa: la fidelidad del público.

Porque el fracaso de Slate, como el de Rue89 (creado en 2007), primero adquirido por Claude Perdriel, dueño de L'Obs, antes de ser vendido con el semanario a los accionistas de Le Monde (el trio Bergé, Xavier Niel y Mathieu Pigasse), pone de relieve el impasse radical del modelo gratuito, en realidad cargado de publicidad, para cualquier proyecto de periodismo de información que requiera seriedad. No se trata únicamente de que no haya rentabilidad económica en el horizonte de este modelo, sino también que su carrera hacia la audiencia impacta directamente en sus contenidos. A menudo impone brevedad, inmediatez, superficialidad. O da prioridad a la opinión y a los comentarios, en detrimento de la información y la investigación.

En otras palabras, el modelo económico tiene consecuencias sobre el valor del periodismo. No sólo sobre el valor de la empresa que lo produce, sino también en el valor de la propia información. Retomando la distinción clásica entre « valor de uso » (la utilidad de un producto) y « valor de cambio » (a qué precio se compra), si el valor de cambio de la información es cero, su valor de uso (es decir, su utilidad democrática para el lector) también terminará por tender hacia cero. El resultado final es la corrupción de la información a través del entretenimiento (que puede incluir el constante « blablablá » de los editorialistas), cuyo modelo económico se basa en un amplio público y la gratuidad de la publicidad.

Es este reto, no sólo económico, sino también político, sobre el valor del periodismo lo que ha despertado la curiosidad de los economistas de la Universidad de Chicago por Mediapart, su modelo y su éxito. Fue primero, en octubre de 2015, un artículo del profesor Luigi Zingales en el Financial Times cuyo título no tenía ambigüedad alguna: « Una prensa fuerte es la mejor defensa contra el capitalismo de compadreo » (leer aquí). Defendiendo la necesidad democrática del periodismo de investigación (investigative journalism) para poner en evidencia los abusos de la posición dominante, los monopolios de poder y las concentraciones de riqueza, este profesor del Business School de la Universidad de Chicago (Chicago Booth School of Business) mencionaba entonces a Mediapart (que había sobrepasado los 100.000 abonados), como la demostración de que esta práctica ofensiva del oficio podía encontrar su público y su rentabilidad.

Asumiendo un liberalismo económico inseparable de un liberalismo político radical, donde la acción de la sociedad es indispensable para la regulación de un capitalismo que, de otro modo, sería inevitablemente salvaje, Luigi Zingales es director del Stigler Center, centro de estudios e investigación dedicado a las interacciones entre economía y política. Italo-americano, también familiarizado con los debates económicos europeos y estadounidenses, se distingue por posiciones a menudo iconoclasta, siendo al mismo tiempo un fiero defensor del libre mercado, abogado de un mayor control de los bancos y un oponente feroz al « crony capitalism » (capitalismo del clientelismo), este « capitalismo de chantaje » retomando la fórmula imaginaria de Laurent Mauduit, cofundador de Mediapart.

Saving Capitalism from the Capitalists (Salvar el capitalismo de los capitalistas, leer aquí): este título de uno de sus dos libros, aparecido en 2003, resume la pista tan original como solitaria que se esfuerza por instaurar. Comprendemos desde entonces por qué Mediapart le intrigó: periodistas profesionales que inventan un medio de comunicación en línea, rentable haciendo sólo periodismo, sin otros ingresos que la suscripción de sus lectores y la fidelidad de su público. Es así que nos hemos convertido, con un trasfondo basado en el cuestionamiento general de la crisis histórica de la prensa escrita, en el primer « case study »  del Stigler Center, un caso de estudio profundamente perturbador ya que está en contradicción con los vulgatas económicas dominantes.

Después de una primera visita del profesor Zingales, Guy Rolnik tomó el relevo en compañía de Dov Alfon. Codirector del Stigler Center, Guy Rolnik es el fundador de un periódico económico israelí, TheMarker, editado con apoyo del diario de referencia Haaretz, cuyas revelaciones revolvieron al establishment de Israel, poniendo en evidencia los efectos desastrosos, entre los cuales la corrupción, de la concentración del poder y de la riqueza en las manos de algunos multimillonarios. En cuanto a Dov Alfon, a quien los lectores atentos de Mediapart conocen por sus investigaciones con Fabrice Arfi sobre la mafia del CO2 (véase nuestro archivo aquí y aquí nuestra emisión), ahora es corresponsal parisino de Haaretz, después de haber sido su redactor jefe.

Su investigación dio lugar a varias idas y vueltas, durante las cuales mostramos todas nuestras cuentas (son publicadas cada año, incluido en inglés, leer aquí) y respondimos a todas sus preguntas. Para la ocasión, editamos un folleto en inglés con todas nuestras cifras, en el cual François Bonnet, cofundador y director editorial, cuenta la historia de Mediapart. Se puede descargar en este enlace.

Difundido la pasada primavera, después de varios intercambios, su estudio se titula « Mediapart: ¿un modelo viable? » (Está disponible aquí en inglésaquí en francés). Bajo esta prudente formulación, dos interrogantes, que son, para nosotros, tantos desafíos: ¿Este éxito sobrevivirá a la partida de sus fundadores? ¿Es reproducible en otro lugar? Pero, colocándonos en una base estrictamente económica, nuestro punto de partida despierta asombro dado la actual rentabilidad de Mediapart, ya que, nuestra empresa, que no distribuye ningún dividendo, sirve únicamente para desarrollar sus contenidos y construir su independencia.

Hasta tal punto que el anuncio del acontecimiento del último 13 de abril (leer aquí), durante el cual este estudio fue presentado a los estudiantes de Chicago, no vaciló a la hora de subrayar la diferencia entre la rentabilidad de Mediapart… y la del New York Times en 2016 (el 18% contra el 6,6% en el resultado de explotación, el 16,6 %, contra el 1,9 % en resultados netos). « La rentabilidad de Mediapart sobresale, incluso comparada con la de sus homólogos más antiguos, más grandes, mucho más asentados », podemos leer. En vísperas de este acontecimiento público, Luigi Zingales insistía en el reto democrático de este éxito económico (leer aquí): « El estudio se concentra en un desafío muy importante: ¿Cómo el periodismo de investigación puede ser rentable en un mundo digital? No es sólo una cuestión interesante para los negocios, es una cuestión muy importante de la política pública. El periodismo de investigación desempeña un papel crucial en el funcionamiento no sólo de la democracia, sino también del capitalismo mismo. La historia de Mediapart representa una luz de esperanza no únicamente para Francia, sino para el mundo entero.»

Frente a estos cumplidos sin duda un poco excesivos, hemos intentado, junto a Marie-Hélène Smiéjan, cofundadora y directora general, de transmitir modestamente la receta de Mediapart, reaccionando a la presentación pública de este « case study » por Guy Rolnik. Nuestra respuesta no tuvo sorpresas: « ¡Periodismo, siempre periodismo, nada más que periodismo! » . Con anterioridad, James T. Hamilton, profesor de comunicación en la Universidad de Stanford, había comentado el estudio a la luz de su última obra, Democracy’s Detective (Harvard University Press, 2016, ver aquí), una vasta y exhaustiva investigación sobre la economía del periodismo de investigación. He aquí el vídeo de este encuentro:

Versión y edición española : Irene Casado Sánchez.

Le Club est l'espace de libre expression des abonnés de Mediapart. Ses contenus n'engagent pas la rédaction.