Entrevista con Juan Sebastián Quebrada, director de “Días Extraños”

Juan Sebastián Quebrada © Laura Morsch-Kihn assistée de Ingrid Castellanos Juan Sebastián Quebrada © Laura Morsch-Kihn assistée de Ingrid Castellanos

Cédric Lépine: Podemos empezar hablando de la relación de tu película con Juan Villegas y Rodrigo Moreno, los dos productores. Es tu primer largometraje. Tiene esta fuerza de la juventud, de lo que pasa allá ahorita. Y tiene el apoyo de estos dos productores del Nuevo Cine de los años 90. Hablamos de una nueva generación de cine más real, por ejemplo lo de filmar en la calle por Juan Villegas, y tú sigues en esto pero de otra manera. ¿Cómo ves esto en tu película, esta mezcla de tu personalidad, de tu propio estilo, y a la vez de hablar del tiempo presente con el apoyo de la generación anterior de Argentina?

Juan Sebastián Quebrada: Todo surgió porque ellos eran mis profesores en el taller de carrera de final de año. Y en realidad siempre es así como filme ejercicios entonces ellos nos motivaban a filmar mucho. Y yo en ese momento me había dedicado más al montaje, tenía un poco como un bloqueo a la hora de dirigir. Había filmado algo en tercero o segundo año y no me gustó. Yo no quería dirigir y ellos eran casi nuestros padres: ¡filma, filma filma! Entonces en un momento me animé e hice la segunda escena, la escena de sexo, la presenté en clase, a ellos les gustó y me dijeron: ¡filma más, filma más! Y así fue. Por un lado siento una gran influencia de ellos. Fue el método de producción. Ellos más o menos apuntaban a una forma hacia el cine que puede ser filmando una vez por semana: filmas, esa semana lo editas, lo miras, lo miramos en grupo y hay gente que se le ocurren ideas o lo que sea… Pero me parece una forma muy atípica y no era como siéntese a escribir sino siga más con la intuición, filme lo que usted quiere hacer porque luego vamos a ir encontrando cosas. Entonces creo que el ejercicio interesante de ellos era, más que imponer su cine,mirar qué estilo y qué historia cada uno obtenía para contar y motivarla un poco. Entonces inicialmente fue un modelo de producción muy atípico, no era sentarnos meses a pensar una historia y tenerlo todo claro. Para mí eso era muy importante. Lo acabo de mostrar en Colombia y a la gente le gustó mucho, porque en Colombia todavía hay una idea muy solemne del cine y “obra-maestrismo”. Solemne como algo muy grande o respetuoso. Y sobre todo la idea es de tratar de hacer obras maestras, esto es otra cosa, sin estas pretensiones, algo más chiquito, más sencillo y sincero. Entonces siento que rompe un poco la idea de hacer cine en Colombia, a mi modo de ver, y sobre todo para mí el presupuesto fue… nada. No teníamos dinero, alquilamos dos lucecitas y con eso nos manejamos. Eso fue un modo de producción que ya Argentina lo ha desarrollado mucho. Siento que en un momento tuvimos que hacer cine como sea, no importa si no tenemos dinero y eso es algo que todavía casi no ha llegado a Colombia. En Colombia necesitamos dinero para poder hacer cine. Creo que eso es una de las fuerzas de la película. Hace poquito un amigo me decía “Esto es la película del mal estudiante, hiciste lo que se les dio la gana, y en Colombia el cine es algo como con más respeto”. Pero no, es algo con lo que podemos jugar también, puede ser algo mucho más lúdico. Y siento que eso está bueno, que le falta a veces un poco de esa vida, esa cosa un poco más…Incluso lo comparaban con la Nouvelle Vagueen Argentina, como que hay algo vital en esta película. Y sobre todo después cuando la filmé ellos ingresaron para ayudarme un poco a moverla, para que saliera. En el taller de ellos esta es la tercera película que sale y en general son películas que van más para “un adentro”, muchas son como documentales más de auto-referencia. La mía era la primera ficción. Pero siempre hay una idea de “cómo puedes hacerlo con las cosas que tú tienes, con tu universo y con lo que tienes a la mano”, entonces es muy interesante.

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Adeline Bourdillat: ¿Cómo se pasó el casting y porqué elegiste Luna Acosta y Juan Lugo? Claro que la elección nunca es una casualidad, además hay un trabajo real sobre la piel y la sensualidad.

Cédric Lépine: También se siente mucha complicidad con tus actores, se siente mucho la presencia de sus cuerpos, en sus maneras de andar por la ciudad, etc. ¿Cómo los dirigiste? Se siente mucho esta energía, esta cercanía.

Juan Sebastián Quebrada: El actor principal es mi primo y la chica es su amiga. Solían vivir juntos, pero no eran pareja. Yo obviamente había convivido mucho tiempo con ellos, y me pareció algo interesante de ellos que de una otra manera tienen algo muy colombiano pero que se ha ido transformando. Sentía que los cuerpos de ellos, especialmente la chica, vivió como una mutación donde está Colombia, pero también Buenos Aires y también otras búsquedas. Entonces me pasó algo muy lindo. Es que en un momento estábamos compartiendo casi todo el tiempo juntos, porque vivíamos en casas cercanas y teníamos amigos cercanos. Y muchas de las ideas se me ocurrían sólo al verlos. La escena donde ella baila esa cumbia colombiana, fue una noche que estábamos todos borrachos, como las 4 de la mañana y ella se puso a bailar solita por allá. Yo me quedé mirando y dije “eso tiene que aparecer en la película”. Es más, porque ella también tiene algo muy masculino, una belleza medio atípica para una mujer colombiana. La mujer colombiana que siempre está limpia, súper maquillada, un modelo más norte americano y verla a ella con esa fuerza y facciones tan fuertes, con pelos, etc… Yo exaltaba un poco eso porque en Colombia eso no existe. De hecho, las críticas en Colombia me dicen: “¿Por qué tienen tantos pelos?”. En Colombia la gente está súper depilada, hombres y mujeres, todo el pecho, etc. Veía que esta gente está viviendo una transformación, que no solo es mental sino también en sus cuerpos. Y está bueno que la gente, en Colombia sobre todo, lo vean. Pero sobre todo se dio porque muchas veces ya escribía el guion porque sabía el potencial que ellos tenían. No iba a hacer una escena que ellos no lograran, pero fue porque ya de tanto convivir con ellos, ya sabía y ellos también. Porque esa forma de filmar de ellos estar viendo el material sobre la marcha, ellos empezaron a entender al personaje, entonces en momentos era como: “no, eso no lo hace mi personaje”. Eso fue lindo, todos llegamos en un momento a conocer el universo, entonces las ideas que ellos traían también estaban buenas. Y por otro lado no ensayábamos casi, los ensayos eran prácticamente con la cámara, y ahí siempre en los ensayos sale algo nuevo, algo lindo y eso me gusta. A uno le pasa a veces que ensayando sale algo bueno, y quieres que lo vuelvan a hacer y no pueden. Era bueno ensayar con la cámara y las luces ya puestas y ahí encontrar la escena. Y como tengo formación de montaje siempre lo veía a través del monitor, la acción y todo, y estaba pensando: “bueno, dónde puedo cortar” hasta “Cuándo dura la acción”, etc. Casi todo era en escena, lo leían y si se les olvidaba, está bien.

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Cédric Lépine: Quizás, en Argentina para un colombiano es más fácil encontrar otra forma de libertad, la de afirmar su identidad propia. Pero al mismo tiempo eso parece muy difícil porque hay que encontrarla, esta identidad. La mujer se ve así y el hombre se ve así… Es algo muy difícil psicológicamente. Tu película parece como un testimonio de la libertad de ser uno mismo, de enfrentar su libertad propia. Y se siente mucho también en los lugares. Tienen que andar casi afuera de la ciudad, a veces, para encontrar su mundo, y ser ellos mismo. ¿Qué te parece?

Juan Sebastián Quebrada: Siento que irse de su tierra es como cortar con su madre, cambiar de madre. Es llegar a otro lugar y decir soy libre de ser ahora lo que quiero ser. Igual esto es muy ambiguo porque en realidad yo creo que uno llega a otro lugar sin la contención de su tierra y de repente uno se desconoce, se da cuenta que es ansioso o neurótico o lo que sea. Como una parte muy oscura pero también como un potencial muy estimulante de cómo uno se siente, ante la posibilidad de todo. Siento que estos personajes llegan con muchas ilusiones a este nuevo mundo, primeramente es pura ilusión y puro sueño, y creo que ya están en una etapa en que los sueños se han ido derrumbando, pero esto también le da cierta libertad, porque no tienen objetivos supremos ni nada. Siento que debajo de ellos hay un nihilismo muy tremendo de que sí, podemos hacer lo que queramos, pero que en el fondo hay una angustia, como: “¿Puta qué hacemos con esta juventud?”. Siento que a veces en Argentina esa angustia se vuelve aburrimiento y pasividad, planos donde no pasa nada. En ellos, es la misma angustia, el mismo aburrimiento, pero en un hacer continuo. Les da una libertad de hacer lo que les da la gana y ahí empezar a encontrarse y conocerse. Yo siento que eso le pasa a uno cuando llega a un nuevo lugar, comienza a probar, “¿seré esto, o esto?”. Ellos se van en esto: probar, probar, probar… Y para ampliar sus barreras tanto de pareja, afectivas, y de lo que pueden ser, en realidad potenciarse, pero también con una angustia tremenda de esa libertad. Creo que esa libertad da mucha angustia, y en realidad después te das cuenta que igual hay mandatos sociales que lo limitan, que no pueden llegar a ser tan libres.

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Cédric Lépine: ¿Cómo te inspiras de la realidad social en tu película?

Adeline Bourdillat: Me parece también que hay un paralelo que se puede hacer entre el espacio de la ciudad y el espacio de la relación entre las dos personas. Por ejemplo, podemos ver el apartamento como la representación espacial de la relación. El apartamento se va cambiando de mal en peor, poco a poco todo se cae, hasta el caos, como la relación. ¿Qué te parece?

Juan Sebastián Quebrada: Yo tenía la voluntad de alejarme del realismo. Siento que a veces hay cosas realistas en que no se siente si esto es realista o no es realista, o en qué lugar está. Por ejemplo el cine colombiano siempre anda por la misma realidad. Para mí no hablar de la realidad es casi una blasfemia, o como si estuviera afuera de la realidad. El hecho de hacer una película afuera de Colombia me permitió no hablar de la realidad, me permitió cerrarme a este mundo de ellos, y para mí es una realidad construida, donde el espacio es como el espacio de ellos. El espacio no es Argentina sino el espacio que ellos construyeron. Y siento que es también una manera de protegerse ante un nuevo espacio, de un nuevo mundo, y que juntarse con otra persona, como lo hace una pareja, es un poco como protegerse del mundo exterior. Siento un poco que ellos van construyendo este mismo espacio, que también se va destruyendo por el desarrollo de su relación. Pero también es una manera de alejarme de la realidad. Y siento que es necesario, porque para los latino-americanos es un poco como que esto nos exige siempre de hablar de la realidad. ¡Hacer un cine más intimista o un cine que habla de sí mismo, es como para los europeos! Nosotros estamos enclavados en nuestra realidad. Me parece que hay una voluntad para nosotros de hablar ciertas cosas, y sobre todo en Argentina, en Colombia menos pero también existe. Creo que muchas de las decisiones que tomé, por ejemplo lo del blanco y negro, era alejarnos de esa realidad. Pensar cómo representarnos, y tratar de buscar y dar otras cosas. De hecho mi referencia sería Jim Jarmusch, por los personajes, sus cuerpos tienen mucha fuerza. Volviendo al espacio, si, la idea era un poco jugar con la ciudad, construirla y un poco también ese espíritu. Siento que el cine también es una negación de la realidad. No sé cuántas películas he visto en el cine, volvía a la calle y me decía: “¡Uhhh pero esto es el mundo!”. Y sentía que estaba haciendo un poco la película para llegar a este mundo que no existe. Me pasó algo muy bueno en Cartagena, una chica vio mi película, nos encontramos y ella no sabía que era mi película, y se puso a decir: “¡Esa película, es una mentira, eso no existe, eso no pasa!”. Y yo pensaba, que cuando hacía la película, siempre decía: “Eso no pasa en la realidad, porqué quieres filmar la realidad, la realidad está ahí, lo vivimos todos los días”. Y el cine tiene esa posibilidad de exacerbar la realidad. Para mí es una realidad más exacerbada.

Entrevista realizada por Cédric Lépine y Adeline Bourdillat el 15 de marzo de 2016 durante el festival Cinelatino en Toulouse (Francia). Agradecimientos a Diego Fernando Barba Romero por su ayuda en la transcripción.

Para más información:

Leer Entrevista con Juan Sebastián Quebrada, director de Días extraños, de Marie-Françoise Govin (el negro y blanco en Días extraños)

Leer Borderline - A propos de Días extraños de Juan Sebastián Quebrada, de Adeline Bourdillat (artículo en francés)

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